Después de cinco meses de un muy necesario descanso éste, su taller, vuelve a las andadas. El ejercicio 44 de Metatextos será publicado a las 23 horas del Jueves 11 de Febrero.

Estimados participantes:

La administración de este, su taller literario, ha decidido suspender ésta tercera temporada-encarnación de Metatextos.

No es un cierre definitivo, es una pausa que probablemente debió haber ocurrido antes.

Nuestras mas sinceras y profundas gracias a todos los que participaron, esporádica o religiosamente, en este proyecto.

Nos vemos en Febrero de 2010.

Punta de Mita

PLAYA DE PUNTA DE MITA – MEDIO DIA

 

MIRIAM, se clava en una ola, sale del otro lado y con mucho estilo nada hacia un bote anclado a más de ciento cincuenta metros de la orilla. BRAULIO, torpemente pasa la misma ola y la sigue como puede. No le importa la distancia, ni le avergüenza nadar tan mal a sus dieciocho años. Quedarse en la orilla es impensable.

 

                      MIRIAM

          (esperandolo sonriente en el bote)

                  Ándale ya casi.

 

MIRIAM, con mucha familiaridad busca debajo de la cabina y saca dos cervezas frías, de otro lado toma una toalla y cigarros.

 

BRAULIO, sube agotado.

 

                      MIRIAM

               (pasando una cerveza)

                  Chiflale a Miguel.

 

BRAULIO, en un segundo intento chifla con los dedos en la boca.

 

                      MIRIAM 

               (levantando su botella)

 Mira…Miguel, quien se esta chingando tus cervezas.

 

MIGUEL, en la palapa no la escucha pero aprueba con el pulgar en alto.

 

BRAULIO, ríe y lo saluda.      

  

                      MIRIAM

               (desatándose el sostén)

Braulio, me quiero asolear, pero tú tranquilito. Puedes ver pero no tocar.   

 

                     BRAULIO

             (siguiéndola con la vista)

                     Perfecto.

 

MIRIAM, acomoda una toalla en el piso y decidiendo en un último segundo se quita también el calzón para luego acostarse boca abajo.

 

BRAULIO, la revisa atónito varios minutos y después va a la cabina por otra cerveza. De regreso se detiene ante la sorpresa; MIRIAM se ha volteado, ahora se asolea de frente. BRAULIO se sienta de nuevo en la orilla del bote, ahora más cerca de ella.

           

                    MIRIAM

    (sin moverse y con sus ojos cerrados)

        Sígueme contando de tu padrino.

 

                        BRAULIO

                      (carraspea)

Ay cabrón…me tienes sin poder hablar ¿Que te decía?

 

                         MIRIAM  

            (contenta de los apuros de BRAULIO)

Que a tu padrino se le quitó lo ateo después del accidente que tuvo cuando paseaba con su amante. Me decías que lo internaron muy grave….              

 

                       BRAULIO

                (carraspea más fuerte)

Pues…cuenta mi padrino que cuando lo tenían en urgencias, oía entre sueños que preguntaban por un expediente y que oyó muy claro a alguien decir “este lo que necesita es un milagro”. Platica que entonces despertó en medio de una sala circular muy grande, ahí había varios tipos vestidos con túnicas. Todos platicaban pero no le decían nada, entonces mi padrino se acordó del comentario de la sala de urgencias, se acercó a uno de ellos y le dijo ―perdon, vengo por un milagro―. El santo le contesto muy serio ―lo siento, pero no lo conozco―, entonces le preguntó a otros y le contestaron lo mismo. Ya desesperado se regresó al centro de la sala y que les grita -¡Me pueden decir quien putas tiene mi expediente!-. Despertó seguro de que uno de ellos lo salvo.

 

                

                  MIRIAM  

             (saca un cigarro)

           ¿En verdad lo cree?

 

                 BRAULIO

Sí. Yo le digo que con el alcohol y los golpes alucinó gacho.

 

                     MIRIAM

                     (sonríe)    

                   ¿Quieres uno?

 

BRAULIO, se acerca y se sienta por un lado. Trata de no parecer tan feliz.

29

29.

INT. AUTOBUS EN MOVIMIENTO – CONTINUO

MARCIA ve por la ventana como todo en el exterior pasa rápidamente frente a su mirada. Los ojos de MARCIA se ven llorosos, tiene su celular en la mano.

CORTE A:

INT. CASA DE ANTONIO – CONTINUO

ANTONIO DEJA el vaso de agua sobre la mesa de la cocina y CAMINA hacia la sala donde MARCIA espera sentada en un sofá. Ella tiene un cigarro en la mano y observa a ANTONIO mientras se acerca.

ANTONIO

Solo quiero que me digas como paso, ¿Por qué con él?

MARCIA lo observa, calla unos segundos y ENCIENDE el cigarro.

MARCIA

En aquella reunion con tu alumnos, el se acercó y comenzamos a hablar. En ese momento no sabía que él…

ANTONIO levanta la voz súbitamente interrumpiendo a MARCIA.

ANTONIO

De cualquier manera me engañaste, un engaño por si mismo es doloroso, pero esto? ¡Esto me esta matando Marcia!

REGRESA A:

INT. AUTOBÚS EN MOVIMIENTO – CONTINUO

MARCIA recibe un mensaje en su celular, OBSERVA la pantalla de su teléfono, en la pantalla aparece el nombre de PROF. JUAREZ, MARCIA lee el mensaje que dice:

“Perdóname entiendo lo que hiciste, tu y mi hijo tienen la misma edad. Lo nuestro nunca tuvo futuro.”

El autobús se detiene frente a la escuela, ella observa por la ventana y ve a ANTONIO parado afuera observándola por la ventanilla.

El reloj ya sonó, las manecillas avanzan, todo se queda quieto por un segundo…

 

Que puedo hacer para que deje de avanzar el reloj, que puedo hacer para que pueda ver la luna que esta oculta por una luna nueva…

 

El reloj avanza d nuevo, otro segundo es… otro momento de mi vida que se escapa de mi vida, pero a la vez es parte mía… Tic tac escucho d nuevo, el tercer segundo avanzo… Quiero detener el tiempo y no puedo, veo a lo lejos la sombra que viene por mí, Debo detener el tiempo antes de que la sombra se acerque más…

 

Tic tac…

 

Una vez más veo el cielo en busca de mi lady, que me protegerá, pero sin respuesta una…

 

tic tac…

 

Veo el horizonte, solo veo una inmensa oscuridad que se apodera de mis sentidos y de mi vista y me deja ciega por ese segundo…

 

Tic tac…

 

El 5º segundo… Desesperada busco una salida, algo que pueda salir de esa oscuridad… Pienso… piensa… pensaría… mi mente se agota mas…

 

tic tac…

 

La oscuridad no acorruca en el suelo, no puedo pensar mi mente está bloqueada por la misma oscuridad… creo que me voy a desmayar… mis ojos empiezan a entrecerrarse

 

Tic tac…

 

Otro segundo mas y no podre ver nada mas, ni la inmensa oscuridad azulosa que refleja la luna, sin a ver luna… Veo líneas… Veo… una luz?! Acaso es el cielo?!

 

tic tac…

 

Octavo segundo… Siento como si la vida se la llevase alguien más… Alguien me está cargando?!… Acaso existe alguien más en esta oscuridad?!… Los segundos no se detienen…

 

Tic tac…

 

Siento un calor acogedor, como si hubiera sentido este calor y sentimiento antes… pero no puedo abrir mis ojos, están demasiado cansados, pero mi cuerpo, mi corazón y mi mente me dicen que este calor ya lo había sentido… Pero no entiendo… Porque me salva d la oscuridad?!

 

 

Veo una luz… aun teniendo los ojos cerrados, veo luz!!!

 

tic tac…

 

El reloj se ha detenido… puedo abrir los ojos… Veo la silueta… Mis ojos no pueden creer quien es… Es mi vida… Él me ha rescatado de mi propia oscuridad?… Por qué?…

 

Tic…

 

El reloj? aun suena?… Debo de besarlo, debo d decirle lo que siento por él antes de que de el último segundo… antes d que el 11º segundo…

 

tac…

 

 

 

TE AMO… VIDA MÍA!!! No… Me… olvides…

 

 

La silueta solo llora abrazando a su amada que su corazón se ha detenido… La besa sin poder contener aliento… Solo desea volverla a ver d nuevo viva… Sus lágrimas se escuchan como caen en la oscuridad… y un grito desgarrador se oye en la oscuridad…

 

 

TE AMO MAS QUE A LA VIDA MISMA!!!!!!!!!!

 

 

La oscuridad se disparse y una radiante luz los cunde… al poder ver claramente, las dos personas ya no existen… Solo están dos pequeñas flores que están juntas en un prado desértico…

 

 

El destino las unió en una sola, pero la vida las separo para matarlas solas…

 

 

Porque es tan cruel… el amor?!…

tic tac…

tic…

Tac…

El reloj se detuvo al fin…

Dejo de sonar…

Y su melancolía y llanto dejo huella…

 

1.- EXT. / Campos del valle de Texas – Mañana

Se acerca camioneta Ford 1985 por carretera, a un lado se observan vastos sembradíos de trigo. Al fondo casona antigua y graneros. ROMULO PÉREZ (45), – pasajero – piel morena, estatura media, lampiño, viste sombrero de paja, camisa a cuadros y jeans, observa los campos texanos con asombro. MATT RICHARDS (58) – conductor – rubio, ojos verdes, tez blanca, alto, camisa azul y jeans, sonríe ante la expresión de Rómulo.

MATT (sonríe antes de hablar)
Well we are here now Romulou

RÓMULO (confundido)
Si, si, señor

MATT (señala casona)
See that, there’s where you will be working

RÓMULO (asombrado)
Muy bonita casa señor

MATT (ríe a carcajadas)
Sí hablo español, no te preocupes, venga, vamos.

2.- INT. / Dentro de la casona – Mañana

La luz de los ventanales ilumina el amplio vestíbulo, MATT camina junto con RÓMULO

MATT (con su mirada señala los cultivos por el ventanal)
La cosecha se recoge hasta finales de Agosto. Estarás solo por unos días, mi esposa y yo vivimos en Weslaco, mi hija Samantha es alérgica y decidimos mudarnos a la ciudad. Hace varios años hubo un incendio en esta casa, unos negros la quemaron, puedes ver los remaches en la pintura. Tu trabajo será muy simple, vas a limpiar todo el polvo de esta casa, dejarla pulcra. Tu horario es de 24 horas sin parar, verás que tan fácilmente se ensucia todo, vivirás en el granero de afuera, ahí hay todo lo que necesitas para subsistir.

ROMULO (asienta la cabeza ante todo)
Sí ,si señor.

MATT (camina hasta el final del vestíbulo. Detiene el paso frente a una puerta y lo mira de frente)
Una última cosa, escúchame bien, no puedes entrar a esta habitación. Aquí nadie entra, solo yo que tengo la llave, no intentes nada, got it?

RÓMULO (asienta la cabeza varias veces)
Si, si señor.

MATT (hace gesto amenazador)
I’ll be watching you.
Sabes que puedo llamar a la Border Patrol y enviarte a prisión por usurpación de propiedad privada. Ya vendré a darme mis vueltas. I’ll be watching you, remember.

RÓMULO observa por la ventana la partida de su patrón mientras toma una escoba y comienza a barrer el vestíbulo.

3.- INT. / Dentro de la casona – Mañana siguiente
RÓMULO abre la puerta de la casona y encuentra una gran cantidad de un polvo blanco esparcido por el amplio vestíbulo. Empieza a barrer.

4.- EXT./ Afuera de la casona – Tarde
RÓMULO sentado en los escalones, una vez terminado la limpieza de la casa, observa el atardecer. Regresa a la casona y vuelve a encontrar el vestíbulo sucio, repleto de polvo. Hace un gesto de asombro y frustración. Da un suspiro, toma la escoba y comienza de nuevo.

5.- INT./ Dentro de la casona – Mañana siguiente
RÓMULO entra silbando y encuentra más polvo que ayer esparcido por el vestíbulo, hay montañas de él. Hace un gesto de impotencia. Barre otra vez de mala gana.

6.- EXT./Afuera – Tarde
RÓMULO limpia la escoba y el trapeador. Regresa a la casa y encuentra terrones de polvo que hacen remolinos al abrir la puerta. Grita desesperadamente y avienta los utensilios al piso.

7.- EXT- INT. / Tarde-Noche
Se acerca camioneta Escalade, deja estela de tierra. Conduce SAMANTHA RICHARDS (30). – Rubia, tez blanca, ojos verdes, delgada, alta – Habla por celular en inglés. Se baja de la camioneta. Abre la puerta de la casona. Adentro está RÓMULO terminando de limpiar.

SAMANTHA (Lo mira fijamente, deja de hablar, tira el celular y grita)
OH MY GOD! NOT AGAIN!! NOT AGAIN!!!

RÓMULO asustado no entiende nada, va tras de ella que corre hacia la camioneta y saca una pistola, al ver esto regresa a la casona despavorido. Se oye un disparo al aire. RÓMULO hundido en el pánico corre por el vestíbulo y fuerza la puerta de la habitación prohibida. Entra. Pasmado encuentra una vasija fúnebre rota en el piso a orillas de la puerta de la cual salía el mismo polvo blanquecino que barría por el vestíbulo, eran cenizas. Mira hacia arriba y ve una pintura que yace sobre la chimenea, es MATT RICHARDS sonriente vestido con toga blanca, empuña un arma. En la base del marco se lee: “Fight them until the end” KKK. 1930-1988.

Se aleja la cámara por el vestíbulo hacia fuera de la casona.

SAMANTHA hincada llora desconsoladamente con la pistola entre las manos.
- I’m not killing him daddy, I’m not killing him… Sorry.. Sorry

Se aleja cámara lentamente por los campos del valle de Texas.

—————————

Dicen que el odio sobrepasa fronteras
a veces las de la vida,
¿Seremos producto del amor…
O tan solo resultado del odio?
La respuesta yace en la eternidad.

FIN

SEC. 1. LIBRERÍA. INT/DIA.

EMMELINE (16), una chica de aspecto inocente y atractivo hojea libros detrás de un estante. Se agacha.

EMMELINE (distraída)

¿Qué haces aquí pequeño amiguito?

(Saca un conejo negro y comienza a hacerle arrumacos)

SEÑOR X (conejo)

Mi nombre es Edgar Allan Poe. Como se habrá dado cuenta, señorita, estoy de incógnito.

Emmeline (sorprendida)

¿Eres tú Eddie? Espera, ¿puedo llamarte Eddie?

Señor X

Señor Eddie para usted.

Emmeline se dirige a un VENDEDOR

¿Ya viste? Este conejo es un gran cuentista… además su pelaje es taan suave…

Vendedor (molesto)

Un conejo… ¡aquí! Vete, no se permiten mascotas.

Emmeline

No es justo, yo lo encontré ahí (señala el estante)

Vendedor (incrédulo)

Ajá, si claro. ¿Te llevo a la salida?

Emmeline

¿No me crees, verdad? Pues aunque parezca extraño yo encontré a ese conejo ahí.

La discusión continúa. Se ve como los dos se acercan a la salida. Ruido ligero de PASOS.

SEC. 2. CALLE. EXT/DIA.

EMMELINE camina por la calle con el conejo en su regazo. Neblina. Lluvia leve. WALK-AND-TALK

Emmeline

Brrrr, como que el clima aquí no está muy cómodo, ¿no es cierto? ¿Por qué no vamos a beber chocolate caliente con malvaviscos en casa?

SEÑOR X callado.

Emmeline

Señor Eddie, ¿porqué no responde? … Se está escondiendo… Sí, es eso. Por poco lo olvido. Entonces shhh

(Pone un dedo en sus labios)

SEC. 3. CASA. INT/DIA.

Casa de EMMELINE (estética oscura con tintes tiernos). UN POCO MÁS TARDE.

EMMELINE abre la puerta. Tintineo de LLAVES.

Emmeline (emocionada)

Ya llegamos, Señor Eddie.

SEÑOR X

Lo noté, ¿señoritaaa?

Emmeline

Emmeline, así me llamo. Pero todos me dicen señorita Pudding, especialmente mis amigos.

Señor X

Extraño pseudónimo el suyo, señorita.

Emmeline

¿Y a usted como le dicen?

Señor X

Ciertamente no Eddie. Señorita Emmeline, en verdad preferiría que me llamara de una forma más sutil. Recuerde que estoy encubriendo mi identidad.

Emmeline

¿Por qué?

Señor X

Usted es un poco impertinente, ¿sabía?

Emmeline

Lo siento. Mmmm, entonces ¿como quiere que lo llame? ¿Algo como Señor E. estará bien?

Señor X

No realmente, quiero algo exótico, diferente.

Emmeline

¿Señor K?

Señor X

No

Emmeline

¿Señor X?

Señor X

Me gusta

Emmeline

Eee, ¿señor X?

Señor X

Sí señorita Emmeline

Emmeline

¿Bebemos chocolate con malvaviscos?

Señor X

Será un placer

En este taller hemos puesto diferentes retos imaginativos, casi nunca estilísticos. Esta semana habrá un cambio radical

Los participantes de Metatextos deberán contar una historia por medio de un un guión cinematográfico. Esta vez y por la naturaleza del reto, el número de palabras no será tan estricto. Pero traten de que las palabras no-tecnicas no sobrepasen las 400 o 500.

Tienen hasta las 23:30 horas del Jueves 17 de Septiembre. Los ejercicios se publicarán a partir de las cero horas del Vienres 18
Suerte

Para conocer las especificaciones técnicas de un guión hagan clic aqui

Por seis votos a favor y cuatro en contra, el ejercicio 43 de Metatextos se repetirá y será publicado a las cero horas del Viernes once de Septiembre.

Muchas gracias por su participación.

No estamos muertos, ni andamos de parranda.

Mis circuitos de robot metatextos sufireron una fundidura masiva de fusibles al notar que, para la fécha límite el ejercicio 43 no habia llegado ni un solo texto.

No se si el hecho de que olvidé poner la fécha límite en el ejercicio haya influido o este tipo de ejercicio simplemente no gusto o si hay alguna falla en Wordrpess que no me permite leer los ejercicios mandados o simplemente, el viento se ha acabado en las velas de este barquito.

Asi que, comunidad de Metatextos, lo dejo todo en sus manos.

¿Quieren ejercicio 44, repetimos el 43 o terminamos esta temporada del taller?

La fecha límite para responder a esta coyuntural pregunta son las cero horas del Lunes siete de Septiembre.

En este taller hemos puesto diferentes retos imaginativos, casi nunca estilísticos. Esta semana habrá un cambio radical

Los participantes de Metatextos deberán contar una historia por medio de un un guión cinematográfico. Esta vez y por la naturaleza del reto, el número de palabras no será tan estricto. Pero traten de que las palabras no-tecnicas no sobrepasen las 400 o 500.

Suerte

Para conocer las especificaciones técnicas de un guión hagan clic aqui

Luis se hallaba ante la importante disyuntiva entre elegir dormir dentro del antiguo Cine Cosmos o refugiarse en el también ex cine Ópera. La ciudad y su vida nocturna lo llevaron a él y su botella de Red Cola, sin embargo, a recorrer el Circuito Interior. Con poco tiempo de andar en la calle, aún se le hacía fascinante recorrer las banquetas, porque los más experimentados ya ni siquiera podían fascinarse. Vamos, ya ni siquiera sentir algo. Luis los admiraba, no como esa chica que encontró llorando al lado de su auto, un Jetta jodidísimo, que había quedado con las intermitentes para avisarle a los impacientes que no se movería. La patrulla aún no hacía su ronda.

Luis pasó a su lado como si nada.

-Oye, ¿estás lúcido? –la chica le había hablado.

-¿Que si estoy qué?

-¿Dónde puedo matarme así bien, que de veras quede bien muerta?

-Pus en la calle, ¿no?

La cara de la chica se iluminó y subió a su vehículo. Luis se rascó la cabeza mientras ella giraba el auto en U.

Antes de pisar el acelerador a fondo, le gritó a Luis:

-Nada tiene sentido ¿verdad?

-Pus este es sentido contrario, seño.

-Creo que sí estás lúcido, después de todo. Adoro los chistes malos.

Luis se rascó la cabeza, preguntándose qué significaba estar lúcido y de repente tuvo una epifanía:

-Creo que no tendría sentido irme hasta el Ópera. Está re’ lejos.

Esa noche, sonaron las sirenas de una ambulancia que iban en sentido contrario por el Circuito…

De niña, una de mis mayores dudas en todo el universo fue, durante mucho tiempo, qué chingados era un metro, de dónde lo sacaron, cómo y por qué, y también por qué demonios me tardaba tanto en alcanzarlo, hablando de estatura, claro. Luego de la explicación de las fracciones del meridiano y todo eso que en realidad ya no recuerdo muy bien, siguieron apareciendo en mí otras dudas, como cuál es la velocidad del pensamiento, por qué desaparecieron los griegos si eran tan chingones (aunque eso de ponerle Odisea a una historia que habla de un tal Odiseo, deja mucho que desear en cuanto a su capacidad creativa).

Después, en constantes sesiones de “cerebración profunda en mi cabeza”  caí en cuenta de que un factor decisivo para comprender todo misterio y por ende el sentido del universo, era el tiempo. Incluso, constaté, y eso se lo debo a Lovecraft, que mi mayor miedo es precisamente al tiempo, porque es lo único que no lograremos controlar jamás. Aparejado al tiempo vienen las distancias y sólo dentro de esa dicotomía* distancia-tiempo fue que comencé a inteligir que nunca acabaría de aprehender eso que llamamos “universo”.

Luego, el 18 de junio de 2005 dejó de importarme toda esa palabrería cuando descubrí el único sentido que tiene para mí el universo:
inmensidad oscura sobre un abismo de luz...

Yo lo llamo metafóricamente “La luz de mis ojos”

*Aunque no sé si hablar de estas dos entidades como una  dicotomía es realmente posible.

Se sintió como una escritora profesional al abrir Word y poner las manos sobre el teclado. No lo era. Estaba bastante lejos de serlo. Pero debía terminar el ensayo antes de que oscureciera y enviarlo por e-mail. Se sentía como atrapada bajo el calor que desprendía el techo, sobre el cual caía, como granizo, el despiadado sol de aquél horrible verano. ¿Qué más daba si faltaba a una tarea más? Ni siquiera le darían uno de esos papeles de los que tanto presumen los que sí entraban a la universidad y no se veían obligados a tomar mediocres clases por internet. Se recostó sobre su cama, con las manos detrás de la nuca, y observó el techo por unos momentos. ¿Qué caso tenía? Decidió salir por un helado a la esquina para conseguir un poco de inspiración. Le llamaron la atención un par de pequeñas aves que volaban en la misma dirección en la que ella caminaba. Sintió el fuerte impulso de correr tras de ellas para seguir observándolas, pero no lo hizo. Eran golondrinas, negras desde la cabeza hasta la cola, con las pancitas de colores que lucían cuando por las tardes salían y adornaban el cielo, con sus naranjas, blancos y amarillos. Se dejó hipnotizar un poco en el camino de regreso a casa, después de comprar su helado de guayaba, con su elegante forma de volar. “¿Tendría tanto sentido quedarse a observarlas como escribir el ensayo?”, se dijo mientras se tumbaba sobre la hierba casi recién cortada del pequeño parque de la colonia, “De cualquier manera, ¿Tendrá algún sentido?… No lo sé, pero se ven muy bonitas…”.

¿Quién iba a sospechar de él? Javier siempre había sido un buen hombre. Además, estaba convencido de que hacía lo correcto. No había de qué avergonzarse.

El bebé no paraba de llorar. La esposa de Javier, todavía con el cuerpo temblando a causa del temor y la rabia contenida, había tratado de tranquilizar a la criatura meciéndola con ternura.

Pero era como si estuviera al tanto de lo que ocurría. De que ellos no eran sus padres. De que todo iba a cambiar a partir de ese momento. El sentido de la vida. ¿Del universo? Todo.

El hombre que lo convenció de hacerlo tenía un aspecto estrafalario. Sombrero de alas anchas, una especie de nudo en el cuello. Calzado relumbrante. Un rostro beatífico.

Aquella noche, cuando lo encontró en el campo, fue cuando le encomendó apoderarse del bebé. Enumeró razones. Le relató que aquel engendro sería la debacle del mundo.

Para convencerlo, puso ante sus ojos imágenes aterradoras. Hambre. Peste. Sed. Caballos de fuego. Javier no tuvo que pensarlo más. Lo haría. A la noche siguiente, entraría a la casa de María y José, y raptaría al pequeño Jesús. Y lo hizo. Armó una treta, y lo hizo.

Se ocultaron en un pueblo cercano.

Pero a Javier el llanto del bebé lo estaba volviendo loco. Deseaba que aquel sujeto cumpliera con su palabra lo más pronto posible. Que se llevara al falso mesías y que hiciera con él lo que fuera necesario.

Fue en ese instante que tocaron a la puerta. ¿Había llegado el momento? El bebé paró de llorar. Afuera estaba el sujeto que había convencido a Javier. Estaba sangrando. Abrieron.

Paciente: Llevo dos años, todos los jueves en este diván mirando mi vida, mirando esa blanca pared de enfrente, mirándome a mí. Dos años en que inicié pagándole 300 pesos la sesión y ahora le pago 400. ¿Es el precio de mis temores? O ¿el costo de saber-me?

Psicoanalista: -Se escucha el respiro sordo proveniente de sus abiertas fosas nasales.-

Paciente: Y usted, sin responderme, sin una palabra, un aliento, un algo… una pastillita o un mejoralito

Psicoanalista: -ligeramente una mueca le convulsiona en los labios que sonríen-

Paciente: En ocasiones creo que se queda dormido, o que está leyendo… O simplemente que no tiene algo que comentarme.

-se plasma un silencio de unos pocos segundos-

Paciente: En un principio fueron esos artilugios que conversaban casi por si solos. Mientras, usted y yo éramos simple espectadores. Como si todos los que me hablaron en algún momento, hubieran dejado un poco de su léxico en mi piel. Simple escritura, simple gramática reduccionista.
Como si el sentido del sentido fuera el sentir… Leyendo cada letra que este mundo colocó. Justo así, ley-endo, una “ley dentro”, una ley en la que estoy metido y la función continúa, conmigo.

Quizás sea que estoy dando una lectura a todas esas voces, a esas ventanas. A mi madre, a su hermana. A Dios. . . . . .

-El paciente, sorprendido de su despedida homófona, o de su homofonía eclesiástica, recoge sus respectivos clavos, su tortuosa corona, se coloca su manta roja ensangrentada y se crucifica nuevamente en la pared blanca del consultorio.-

¿Te ha pasado que durante días cargas una depresión inmensa, nada parece satisfacerte, y por mucho que hagas, por más que lo intentes, la tristeza parece seguir ahí, colgada?Incluso a veces se siente como un anzuelo. Mientras más trates de sacarlo, más duele . Entonces decides dejarlo ahí. Aprender a vivir con él atravesado en el pellejo. Y sigue lastimando, pero no desgarra.

Ni modo.

Entonces, te topas con un día lluvioso, de esos que no te permiten mucho: tal vez quedarte en casa, ver la tele, leer el resto de un libro pendiente, quemarte las retinas frente a la computadora…

Y justo viendo el monitor, una imagen pasa frente a tus ojos. Un plato lleno de suculentas, humeantes, esponjaditas galletas de chocolate.

“Voy a buscar la receta”. Eso es lo fácil. Hacer galletas no es gran ciencia. Lo difícil es encontrar los ingredientes en la despensa. Tal vez te falten uno o dos. Lo excelente en este caso sería contar con una tienda cerca, a la que llegar no implique más que salpicarse un poco los pantalones. O vecinos amables, de esos que te piden una tacita de azucar y es tiempo de cobrar el favor.

Ya con tus huevos, harina, azúcar, vainilla, royal, sal y chispas de chocolate, precalientas el horno, engrasas las charolas, preparas la masa y formas tus deliciosas galletitas. La espera de 20 minutos es asfixiante, sobre todo cuando el aroma comienza a salir del horno.

Después de todo, ¿qué sentido tiene la vida si no podemos satisfacer nuestros deseos y necesidades inmediatos? La respuesta: 42 galletas, calientitas, humeantes, aromáticas y suaves. Y un vaso de leche helada. Comerlas en el suelo, como cuando eras niño, es el remedio perfecto para la depresión. Es redescubrir el verdadero significado de la vida, el universo y MIL cosas más.

(http://www.youtube.com/watch?v=2CikmLvTkD0)

Fume tres cigarrillos de color ámbar antes de creerlo. Aplasté las colillas y volví la vista hacia el cielo; los imaginé volar hasta sus respectivas casas, muy lejos.

Lejos, donde nadie los podría imaginar. Imaginé que un principio todos éramos ceniza, pequeños restos de algo que había sucedido antes y que tal vez jamás entenderíamos, imaginé que éramos un coagulo de fuego a punto de estrellarse contra una superficie, superficie que se quebró y dio paso a ligeras chispas humeantes, las cuales, se humedecieron con un liquido que nadie conoce, pero todos beben.

Todos beben, el líquido hizo que las cenizas se arrastran por el suelo, les dio algo que el fuego no les había dado, les dio un deseo de estallar de nuevo. Las cenizas se apoderaron de cenizas más grandes y formaron lugares donde sobrevivir, admiraron los pocos rastros de fuego que quedaban en el lugar.

A veces se tostaban, a veces creían sentir un poco de fuego en su interior. Reian mucho cuando descubrian como crear de las cenizas el calor, el amor, la carne de ceniza blanda. También disfrutaban del líquido que nadie conocía combinado con llamas.

Un día una ceniza como yo se pregunto todo esto y miró alrededor, sonrió un poco y se dio cuenta de que su deseo mas grande era ser fuego otra vez, sentir un poco de calor, recordar que en algún tiempo fue una masa ardiente enorme, mas grande que lo comprensible, mas grande que todas las cenizas caminado por las calles, mas grande que las cenizas sólidas y monumentales de las ciudades, mas grande que el liquido misterioso en la tubería humeante.

Todo era húmedo y ardiente. Todo era ceniza de una realidad que no se conocía, todo se consumiría hasta volverse nada.

Fume tres cigarrillos de color ámbar antes de entenderlo. Aplasté las colillas, volví la vista hacia el cielo, tome la gasolina, y me prendí fuego.



El universo, la naturaleza, la vida, todo, no tiene sentido. ¿Por qué habría de tener? Los hombres ven todas las cosas como útiles o inútiles, buenas o malas. Y los pretenciosos dicen “Todo lo que existe es para que el hombre haga uso él, todo lo que existe tiene un sentido”. Pero el sentido que le quieren atribuir a todo nace de un sesgo en favor de ellos. Los hombres y la tierra, son nada en comparación a lo que hay allá afuera en el universo. ¿Por qué un supremo sentido del universo debería reparar en si debes salir esta noche, alentarte a esperar a tu media naranja que está solo a la vuelta de la esquina, o complacerse cuando le prendes velas y le hablas sin verlo cada vez que necesitas algo?

Otro sentido menos subjetivo para todo este circo que pasa en frente de nuestros ojos, sería solo vivir más. La vida es una serie de maquinitas equipadas con lo necesario para hacer más maquinitas. Sin embargo los humanos se preocuparon no solamente por vivir más, sino  también por vivir mejor. La ventaja de la inteligencia les permitió satisfacer sus necesidades biológicas, y entonces preguntarse ¿Y ahora qué? ¿Qué sentido tiene esto que estoy viviendo, a donde se supone que debo ir?

Bueno, pues no se supone que vayas a ningún lado. A nadie le importa, y al universo le da igual lo que hagas o dejes de hacer. Haz entonces lo que quieras. Ese creo yo, es el mejor y mas honesto sentido que le puedes dar a tu vida.

El número 42 para los lectores asiudos de Douglas Adams tiene una importancia suprema.

Esta semana los participantes de Metatextos deberán, en 300 palabras o menos decir cual es el sentido de la vida el universo y todo lo demás.

No se vayan por la respuesta fácil que recitaría Miguel Angel Cornejo. El sentido de la vida el universo y todo lo demás puede ser cualquier cosa que uds quieran

Tienen hasta las 23:30 horas del Jueves 6de Agosto. Los textos se publicarán a parir de las cero horas del viernes 7.

Muchas gracias por su participación. Disculpen la tardanza en la publicación, tuvimos un par de problemas técnicos. Recuerden que para hacer más efectivo este taller deben comentar la mayor cantidad posible de ejercicios.

El ejercicio cuarenta y dos de Metatextos será publicado a las cero horas del Viernes 31 de Julio.

¿Cómo pudiste hacerme esto a mi? Alaska y Dinarama

-¿Asesino o no a Marla Estrada?- La abogada se notaba molesta, los músculos faciales tensos, con la boca torcida en una mueca extraña.

-No lo sé- respondió Laila.

-Sí lo sabe, ella se acostaba con su marido y usted lo descubrió, fue por eso que la mató, dígale al jurado lo que hizo, que la torturo, que la hizo sufrir que la apuñalo treinta veces en el torso- La abogada no podía tranquilizarse, estaba furiosa y exhausta, dos meses en juicio y no eran capaces de arrancarle una sola palabra a Laila, las pruebas no eran contundentes, necesitaban que se declarara culpable para terminar con esto, o más bien, ella lo necesitaba, su matrimonio pedía atención a gritos, su marido pedia sexo y ella, sólo cama.

Salió del juzgado y subió al auto, al dirigirse hacia su oficina, lo que vio la dejo pasmada… Y ella que creía que Laila estaba loca…

Llego a su casa, pasaba de media noche y su marido no estaba, media hora después una llamada.
-¿Es su esposo?- preguntó el hombre que descubrió el rostro del occiso.
-Si, es él- y no volvió a decir nada hasta el día siguiente.

Llego antes que iniciara el juicio, tenía que entrevistarse con Laila y su defensa, quisó hablar con Laila.
-Yo sé que no lo mataste- le dijo-
-Se lo merecían, ¿Verdad?- respondió Laila.
-Es un asesinato, pero no un crimen.- Dijo ella con voz pausada
-Se busco otra ¿No?-
-Sí.
-Ves, no estamos locas…
La nota roja de los periódicos anunciaba “Muere abogado tras ser arrollado por un auto desconocido”

-Era su marido ¿como pudo hacerlo?- preguntó la abogada.
-Volvería hacerlo… ¿Usted no?- Dijo Laila y sonrió maliciosamente.

NOTA: ESTE ES EL BUENO, EN LOS ANTERIORES OLVIDE PONER ESPACIOS Y EL TÍTULO DE LA CANCIÓN.

Cuando me dijeron que conocería uno de los clubs mas exclusivos de Sao Paolo no puedo negar que me sentí un poco extasiado al respecto, a fin de cuentas regresaba de cerrar un negocio muy importante con los socios de Brasil y me habían invitado a ver un partido de su selección nacional, cosa que disfrute de sobremanera.

Cuando la vi, me pareció la mujer mas despampanante del lugar, y cuando crucé miradas con ella lo único que paso por mi mente fue su inminente deseo de estar entre sus piernas y el mío de tener la oportunidad de hacerlo.

Roxana era su nombre, azafata de profesión y escritora por convicción, ella pretendía viajar para escribir sobre sus viajes, yo pretendía cogermela para escribir sobre eso.

“1,2,3,4 zumba, ella quiere su rumba”

La noche me regaló la mejor mamada de mi vida, su cabello negro y sus melones de campeonato me regalaban coger con los dioses, que equivocado estaba.

Al día siguiente el nombre del virus apareció en los periódicos de Sao Paolo, me encontraba recostado en la cama del hotel, el papel tapiz del cuarto con sus tonos blancos y negros contrastaban con las plastas de sangre, ella me quiso morder, yo en una reacción de instinto y supervivencia la mate, al día siguiente, un virus recorría Sudamérica y yo me dirigía al aeropuerto “Pandemia Mundial” decían los encabezados de los periódicos mientras los muertos caminaban vivos.

Basada en la canción Pobrecito mi Patrón de Alberto Cortez.

Es mi jefe Don Ruperto, un viejo gruñón con suerte, pues buscando agua en su rancho encontró del oro negro, así fue que hizo dinero.
Sus amigos olvido, ya no confía en la gente, su dinero le da mas soledades que alegrías, va buscando en el desierto agua muriendo de sed.
Es mas fácil ser empleado, pues así yo me recargo, cuando acabo mi jornada, sus problemas le regreso y me voy para mi casa.
Quien sabe si el apoyarse es mejor que el deslizarse, el se apoya en mi trabajo y yo solo me deslizando.
Por la vida yo camino, para que quiero billetes, que me importa ganar mas, si ni los puedo contar.
Con tener lo que me falta cada día para vivir, la conciencia bien tranquila para poder yo dormir. Sale todo mas barato, pues no tengo ni pecados, si no están considerados dentro de mi presupuesto.
Siempre pobre del patrón tantas cuentas por pagar, tanto que tiene que hacer, para gastarse su dinero, ya parece un cangrejillo caminando hacia atrás cuando llega el de las cuentas y a su despacho va a dar.
El oro no es tan valioso, cuando llevas la pobreza dentro de tu corazón, lo barato son los bienes que se compra con dinero, lo que vale mas la pena no se puede aquilatar, porque esto no tiene precio que le llegue a su valor.
Yo no se quien tiene mas, si el con todo su petróleo o yo con mi vida en paz, la conciencia bien tranquila, mis amigos, mi familia .Pobrecito mi patrón el piensa que el pobre soy yo.

París resultó, como pocos dicen, desilusión. Y aunque pocos lo externan creo que muchos lo sienten, si no se quedarían a vivir aquí, aunque quién sabe, porque yo vivo aquí -podría decirse-.

Más bien lo que podría decirse es que muero licenciosamente aquí. Bares y noche son patria y la única ligazón que tengo con mi anterior vida en Juárez, donde irónicamente soy una muerta más; hasta me han dicho hay una cruz con mi nombre entre esos cientos que salen en la foto que usan de cajón los periódicos para referirse a las muertitas. A veces, a la luz de mi balcón, me melalcoholiza ponerme a pensar quién hizo la cruz. ¿La pintó sintiendo algo? tedio, rabia quizá, en qué estarían pensando al momento de arrimarle la tierra alrededor. Esto es sólo antes del tercer vodka, porque si me paso y sigo pensando en aquello, entonces recuerdo mi viudez y me agarran las ganas de saltar del balcón.

Mi nombre: Adriana, soy viuda desde el noventa y seis y ni México ni Francia saben las dos cosas. Mi esposo se llamaba Emilio, me engañó y lo maté. Así nomás.

En realidad no fue así nomás, ni lo maté; lo mató Camelia, mi hermana. Él era mi esposo y lo mandamos con Camelia a entregar un encargo, ella se dio cuenta por allá de que existía una tal Charon en San Francisco con quien desde hace tiempo la engañaba, nos engañaba. Le descargó una fusca en el sombrero, como diría.

Lo único que atiné a hacer entonces fue buscarla, nos consolamos, días después encontré un salero mal puesto sobre la mesa y la ahorqué. Nos parecemos mucho, somos gemelas; éramos. Por eso puedo ocultarme aquí con el dinero de ellos dos, donde yo soy Camelia, “La Tejana”, pero nadie sabe.

Las manos de aquel hombre presionaban su cuello. Estaba segura de que iba a morir. Desde su posición, con la cabeza recostada en el pavimento, podía observar aquellos ojos flamígeros, amenazantes, pero también un cielo límpido, reconfortante. Iba perdiendo el aire. Le quedaban minutos, segundos.

La noche anterior, mientras estaba afuera del bar, tratando de conseguir algún cliente, recordó que al día siguiente sería su cumpleaños. Eso la puso melancólica. Le vinieron a la mente aquellas fiestas en casa, con sus padres, con quien solía ser feliz. Necesitaba un trago, así que entró por él.

Salió del bar al amanecer y, tal como era su costumbre, le dio por vagar. Así procuraba olvidarse de todo. De sus padres. Del accidente. De la orfandad. Del tío que se metió una noche en su cama. De la vida en la calle. Del escarnio. De las bolsitas con resistol.

Él le preguntó si quería dar un paseo en su auto. Ella aceptó.

Aquel energúmeno seguía estrangulándola. No había querido follar con él. No ese día. No en su cumpleaños. ¿Realmente iba a morir? Esa mañana no había ni una nube en el cielo. Y ella estaba ahí, tendida sobre la calle, con los ojos bien abiertos, como una muñeca de hule, de plástico.

No muy lejos de ahí, pasó un auto que llevaba el estéreo a todo volumen. Se alcanzó a escuchar:

Cuántos ojos
te han mirado a los ojos
los mismos que al mirarte
se han burlado

Luego el sonido fue agonizando, hasta desaparecer. Ella alcanzó a sonreír.

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Vi el cambio, ya no era la misma persona con la que conviví, de la que alguna vez me enamoré, y con la que pasé momentos especiales, aquellos momentos en que me sentí solo, y siempre estaba ahí para acompañarme, se desvanecieron en un instante, vi el cambio.

Cada que tomaba las píldoras, esas malditas píldoras de las que se había hecho dependiente, sólo para ser feliz, y sentirse con vida, cada que las tomaba, me asustaba, sobre todo cuando recorría la pistola por su cuerpo, en especial por su boca, se la metía como si disfrutara de un falo, o una paleta, no se, la escena era aterradora cada vez que la ejecutaba, eso y su mirada perdida hacia arriba, perdió la noción de la realidad poco a poco.

Ante mis ojos, era un ángel, uno muy hermoso, poco a poco perdió sus hermosas alas, aquellas que me inspiraban esa seguridad y esperanza, se desvanecieron conforme a su dependencia, no debí dejar que las consumiera, me siento culpable, todo por querer salvarle la vida, sólo se la arruine más, cada que lo pienso, me doy cuenta que le arranque esas alas, cuando sentí que volvieron a crecerle, aparecieron unas horribles, eran de un material nefasto, transparente, le podía ver las venas.

Decidí que no podía más, cuando volvió a jugar con la pistola, se la quite, en un arranque de furia me empujo y me sacudió lo más fuerte que podía, imploraba y lloraba el por que le se la quitaba, que era traición y demás injurias, fue entonces cuando se la devolví y le obligué a dispararme, no quiso hacerlo, sólo se echo a llorar desconsoladamente, le dejé una nota, rezaba:

“Eras mi todo, siempre te ame y estuve a tu lado, ahora me repugnas, debes resolver tus problemas sin ayuda… cambiaste, ya no eres ese ángel, te vi cambiar…en una mosca…”

“Change (In The House Of Flies)” by Deftones

¿No acaba de venir ya otro a confesarte? Pero es que a usted le quiero contar la verdad. ¿Para qué quieres decirme esto ahora? Tuviste oportunidad de decirlo durante tu juicio. Es que no se entendió bien lo que pasó… Le va a gustar mi historia. ¿A poco cree que no sabemos por qué lo cambiaron de parroquia? Es tu confesión, no la mía. Si por eso me cae usted bien, padrecito. No tenemos toda la noche, así que más te vale que empieces.

Pos resulta que sí, que sí maté a mi amor por los pinches celos. Lo que pasa es que, bueno, ya me voy a morir, así que se lo puedo decir a usted, además de las chingaderas esas del secreto de confesión: a mi me gusta la mazacuata. Soy puto, pa’ que me entienda. Y la Alicia me ayudaba a que la gente siguiera creyendo que yo era bien machito. Pero la verdad, la mera verdad, es que a quien yo quería era al Juan. Y la Alicia sabía, que no se haga pendeja. Ella sabía que cuando estuviéramos casados iba a morir virgencita, la pobre…. Pero pos quería salirse de la casa de sus papás. Y ya lo habíamos arreglado, ya ‘taba todo bien. Pero pos ella ganosa y Juan hipócrita. Par de hijosdesuputamadre. Por eso los maté. Porque no me gustó que cuando llegué a mi jacal los vi empiernadotes a los dos. Y porque me dolió cómo gritaba de placer el cabrón del Juan, por eso. Porque conmigo nunca gritó tanto.

¿Tons qué, padre? ¿Me perdona mis pecados? ¿Le gustó mi historia? ¿A poco se le paró, padre? ¿No le digo que todos conocemos acá sus gustitos? Si entre nosotros nos identificamos. Pero, ¿no estás arrepentido? No. Entonces, amén.

Mi día comenzó como de perros: mi padre aparece entre un charco de sangre y yo me siento liberada. Sé que ya nada será lo mismo. Recuerdo el silbido estridente de la locomotora y el fogonazo que rasgó el aire. Siento nauseas cuando evoco los olores de los sesos calientes de él. Me pareció irreal esa mirada apagada, esas pupilas inertes que me miraban atónitas. Incrédula contemplaba esas manos estáticas, esos dedos que un día se resbalaron huidizos sobre mi piel, mientras yo quería morir.

 

El primer silbato de la máquina me advirtió que estuviera lista y decidida. Con su propia arma, la de él, untada con un poco de jugo vaginal de mi coño; una bala con el aroma de ese elixir justo en su cerebro, a cambio del pulgar que él metía en mi sexo, mientras me susurraba: Janie.

 

Corro y corro lejos de mi pena, lejos de mi perpetrador,

rumbo hacia mi liberación;

pero él no sabe que va tras su perdición,

que intenta alcanzar una exhalación,

fue cuando su suerte cambió como un traidor.

 

La segunda sirena me anunció que el camino terminaba. Debía detenerme, enfrentar mi demonio, mirarlo a los ojos, decirle “tu suerte llegó a su fin, en adelante dejaré de ser inocente, el hechizo se acabó”. Siempre supe que estaba sola, a mi no podían creerme, nadie. Y cuando el microrelámpago rompió el viento como un latigazo, me di cuenta que ni siquiera eso calmaría mi dolor. Ya nada será lo mismo. A quienes me voltearon la espalda les digo que “no me adeudan nada, ya no soy la misma, pero él nunca me podrá pagar”.

 

Grito y grito, presa de desesperación,

ya pasó el momento de oír la misma canción,

ahora sólo manipulo el revolver,

luego, no hay como atrás volver.

¿Cómo pudiste hacerme esto a mi? Alaska y Dinarama

-¿Asesinó o no a Marla Estrada?- La abogada se notaba molesta, los músculos faciales tensos, con la boca torcida en una mueca extraña.

-No lo sé- respondió Laila.

-Sí lo sabe, ella se acostaba con su marido y usted lo descubrió, fue por eso que la mató, dígale al jurado lo que hizo, que la torturó, que la hizo sufrir que la apuñaló treinta veces en el torso- La abogada no podía tranquilizarse, estaba furiosa y exhausta, dos meses en juicio y no eran capaces de arrancarle una sola palabra a Laila, las pruebas no eran contundentes, necesitaban que se declarara culpable para terminar con esto, o más bien, ella lo necesitaba, su matrimonio pedía atención a gritos, su marido pedía sexo y ella, sólo cama.

Salió del juzgado y subió al auto, al dirigirse hacia su oficina, lo que vio la dejo pasmada… Y ella que creía que Laila estaba loca…

Llego a su casa, pasaba de media noche y su marido no estaba, media hora después una llamada.

-¿Es su esposo?- preguntó el hombre que descubrió el rostro del occiso.
-Si, es él- y no volvió a decir nada hasta el día siguiente.

Llegó antes que iniciara el juicio, tenía que entrevistarse con Laila y su defensa, quiso hablar con Laila.

-Yo sé que no lo mataste- le dijo-
-Se lo merecían, ¿Verdad?- respondió Laila.
-Es un asesinato, pero no un crimen.- Dijo ella con voz pausada
-Se buscó otra ¿No?-
-Sí.
-Ves, no estamos locas…

La nota roja de los periódicos anunciaba “Muere abogado tras ser arrollado por un auto desconocido”

-Era su marido ¿Cómo pudo hacerlo?- preguntó la abogada.
-Volvería hacerlo… ¿Usted no?- Dijo Laila y sonrió maliciosamente.

NOTA: Segunda corrección tenía unos errores ortográficos catastróficos!!

¿Cómo es vivir asustada? No sé, francamente. Yo no conozco el miedo. Después de lo que he hecho, ¿tú crees que siento miedo? ¿Sólo porque soy mujer? No, papacito. De donde vengo, las mujeres somos tan machas como los hombres. Nos cuidamos solas de violadores, asesinos, narcos, traidores. ¿Miedo? Ni de la migra, ni de ni madres. A mí nada me asusta ya.

-Sí, mi amor. Yo sé.

Invítame otro trago, mi rey. Me siento seca. De veras, ya no tengo dinero. Me lo gasté todo. Por eso estoy contigo; si no, me regresaba a San Antonio. ¿O a poco tú crees que no extraño mi pueblo? Mi mamá se quedó sola, pero ella es bien hembra y puede cuidarse solita. ¿Qué pasó con los músicos? Quiero dedicarle esta canción a mi mami. ¿Se saben una de los Tigres? ¿Cómo que cuáles tigres, pendejo? ¡Órale, arránquense con la música!

-Mi vida… siéntate. Por favor, reina, estate quieta, ¿sí?

¿Qué te pasa, imbécil? No me hables como si fuera pendeja, quién te crees. Yo soy hembra de corazón. Sin miedos, sin dudas. Así me amas, ¿no? Yo te amo, un chingo, Emilio. De veras. Namás eso sí, que te quede bien claro. Yo no me toco el alma para hacerte ver tu suerte. Nomás una mala mirada, un mal trato, cabrón. O que te cache viéndole las nalgas a la mesera. Si ya te vi, no creas que me haces pendeja. Pero otra de esas y sin pedos te vacío mi pistola en el pecho, Emilio. Te juro que lo hago.

-Camelia, en buena onda, ya no chingues. Cada que tomas tequila es lo mismo, carajo. Ya te dije que ni soy Emilio ni estamos en San Isidro. Soy Alberto tu marido y estamos en el D.F. Ya bájale, ¿no?

Considerado nigromante archi-influyente del renacimiento alquimista, discípulo de Mandrake, profesor de Gandalf el Gris y de Sarumán el Blanco; aquel que podía difuminar el amor en partículas humeantes de pasión inequívoca de recuerdos, aquel Merlínsibilino fabuloso que convertía los dolores en nostalgia y viceversa, aquel que envidiaba el mismo Harry Houdini, al darse cuenta que él sí podía perderse entre miasmas de brujas y calores obscenamente libidinales de hadas madrinas: A aquel maguito de pacotilla, se le acabo la fuerza de su mano izquierda, esgrimiendo “que ya sin fuerza”, dejaría volar en la escoba a su bruja amada, y dejarle el mundo para ella solita.

Urdiendo la escoba —símil de caballo blanco de tantos corridos—, le soltó la rienda:

— Y te me vas ahorita! — vociferó en el colmo del dolor, no pudiendo ni con su magia. — Vas a extrañar mis brazos, en los propios brazos del que esté contigo — gimió viéndola despegar en su escoba.

— Bruja, si aterrizas un día en mi balcón, ve con cuidado, yo disparo siempre al corazón — gritaba, viéndola llegar a la luna, huidiza y dulce, recordando su piel, sus ojos, sus labios y el latir de su respiración. — pa’ que más — decía.

Ella sintió que lloraba, sin poder siquiera derramar su llanto, queriendo mirarse en los ojos del mago, aquellos ojos tristes que ella quiso tanto. Había que hacer un alto en el camino, pues era de las que abandonaba todo de lo que se ha tenido… Y al mago, al pobre mago, ese plan de bruja, si que no le convenía. ¡Es más, lo jodía!

Y fue por eso quizá, que dicen, otros magos, quienes no pudieron ni curarlo: que por esa causa; se le acabó la fuerza y ¡zaz! le soltó la rienda…

Aunque a veces la cultura del video musical nos haga olvidarlo, las canciones suelen ser historias musicalizadas, con trama, clímax y sobre todo personajes.

Esta semana los participantes en Metatextos deberán, en trescientas palabras o menos escribir una historia desde el punto de vista de un personaje de alguna canción que les guste.

No necesariamente deben re-contar la historia que cuenta dicha rola, ni la biografía de quien la haya inspirado el reto es ponerse en los zapatos de quien personaje de la canción.

¿Cómo es la personalidad de Layla? ¿Ruby Tuesday fue siempre tan libre o terminó sentando cabeza? Como siempre, se les sugiere pensar afuera de la caja, sería interesante ver algo como a la Casa del Sol naciente convertida en un restaurante japonés.

El antecedente literario de este ejercicio es la rola que hayan escogido.

Tienen hasta las 23:30 horas del Jueves 23 de Julio. Los textos se publicarán a parir de las cero horas del viernes 24.

Muchas gracias por su participación. Recuerden que para hacer más efectivo este taller deben comentar la mayor cantidad posible de ejercicios.

El ejercicio cuarenta de Metatextos será publicado a las cero horas del Viernes 17 de Julio.

No me parece molesto esperar mientras llegas, estoy sentada en la parada del autobús, hace un calor infernal y el ambiente es denso, estresante, puedes aspirar nerviosismo y desesperación combinados con sudor a cada inhalación de un gas, que ya no sé si se llama aire.
Los semáforos son inútiles, los agentes de tránsito aun más, no envidio a los conductores que llevan más tiempo que yo parados en el mismo lugar, un cambio más, ahí va, el verde se ha vuelto rojo y nadie se mueve, hace demasiado calor, tal vez es el que emiten los coches el que agravia el asunto de la temperatura ambiental, o tal vez las onda cerebrales cargadas de tensión que emiten los conductores, en verdad no me interesa.
No llegas, han pasado exactamente 45 minutos desde tu llamada, pasa nada, gente que grita, policías enfadados y gente que se atraviesa aun estando el amarillo en el semáforo, como si fueran a conseguir algo con ello, pero no, todo sigue igual, siguen sin poder moverse y sin entender que si respetaran los semáforos seria, tal vez, sólo tal vez, más fácil escabullirse rápidamente de este estacionamiento llamado avenida principal.
Te diviso en la distancia, la señora del coche rojo mira angustiada su reloj por enésima vez y el niño de la van, comienza a lanzar maldiciones jurando que nunca volverá a salir con su mamá, pero ahí vienes, sonriente…
De repente, algo pasa, alguien decidió olvidar que el semáforo estaba en rojo, no debía pasar, pero estaba desesperado, llevaba el mismo tiempo que yo esperando…
Todo se ha vuelto confuso, ¿Raik?, no puedo pensar, -Raik.
Una ambulancia, los gritos de las personas que por ahí pasan, el oficial de tránsito vuelto loco, el caos se ha vuelto aún más confuso.
Atropellos en medio del tráfico de una ciudad que no duerme, accidentes provocados por gente que tiene que llegar temprano, accidentes por que en medio del tráfico alguien no respeto el rojo.

- ¿Y qué hacemos aquí?
- Venimos a probar mi más reciente modelo.
- ¿Es en serio? ¿En una autopista, en hora pico, con un tráfico de la chingada?
- En efecto. De hecho, según mi modelo, llegaremos al punto B del mapa en exactamente 42 minutos.
- ¡Mis bolas son tus ojos!
- En serio. ¿No te había platicado de mis intenciones de modelar el tráfico con ecuaciones diferenciales en diferencias? Pues ya lo resolví. Era más sencillo de lo que creía. Es un modelo de flujo de tránsito vehicular con un autómata celular probabilístico. Por ende, es un modelo de espacio y tiempo discretos, donde cada célula del autómata equivale ya sea a un vehículo en movimiento con cierta velocidad o a un espacio vacío de la avenida donde se encuentran los vehículos. Si cada vehículo tiene asociada una posición en la autopista, al ser un autómata celular un espacio discreto, cada célula equivale a una parte de un vehículo o a una célula vacía. Y con la ecuación que te mostré el año pasado para calcular la probabilidad de que un vehículo reduzca su velocidad aleatoriamente y que probamos como cierta, cualquier estudiante de licenciatura resuelve para la incógnita – en este caso, tiempo – y listo, siempre y cuando el predecesor no esté dentro del horizonte de interacción del vehículo.
- ¿O sea que si alguien choca tu modelo sirve para pura chingada? Además, tu teorema únicamente funcionaría para una avenida de un único carril, Doctor Geniecillo. Y esto es una avenida de cuatro carriles.
- Sí, bueno… voy por partes ¿OK?
- ¿Entonces no llegaremos dentro de 42 minutos?
- Pues si el huevón de enfrente dejara de fajarse a su novia y acelerara, igual y hasta en menos.
- ¡Me cae que no valemos madre!

*Basado en la teoría Nagel-Schreckenberg de densidad de tráfico.

La gota cae sobre mi ojo izquierdo desprendiendo un pequeño roció que cubre toda la cuadra. Cientos de automovilistas observan temerosos, el árbol al centro de la acera, la tormenta bajo su copa engendra pequeña flores de colores en el suelo. Una señora grita, su mano esta ahora cubierta por ramas espontáneas que crecen de sus poros.

Tres cuadras al frente el accidente sigue vigente; una vaca crece del pavimento mugiendo dolorosamente, mientras los bomberos se preguntan que clase de maldición ha caído sobre la avenida central.

La atmósfera se llena con gritos y claxons desesperados. los conductores que aun no han visto el árbol siguen pensando que este es cualquier otro día de embotellamiento vespertino.

Mientras, la gota salpica todo mi iris inundándolo con imágenes imprecisas de praderas y una lluvia constante humedeciendo mis neuronas. Grito como águila mientras dejo caer los periódicos sobre el pavimento, las noticias serán muy distintas el día de mañana.

El árbol sudoroso sigue desintegrando la cuadra con sus gotas botánicas, sus victimas se arrastran por el suelo mientras se transforman en una maleza urbana. Los coches se apagan sorpresivamente, la avenida comienza a temblar bajo un ventarrón que parece no provenir de ningún lado.

Yo me elevo un poco sobre el suelo con mis raíces ya muy clavadas en el pavimento, observo al cielo mientras le digo adiós a cada uno de los aspectos de mi miserable vida.

Los autos se transforman en rocas con musgo humano, los que huyen del embotellamiento se van poco pegando al suelo hasta quedar como árboles retorcidos. Una niña ahoga sus chillidos en rosas. Los ancianos comprenden el significado de la vida eterna. Todo queda en silencio de repente.

En uno de los periódicos sobre el pasto se lee en letras grandes:

“Hoy se espera un nuevo ataque”.


Era de esos tipos que reventaban al instante cuando su desesperación llegaba al máximo, y sentía que ese día llegaría al límite, me aferré fuertemente l volante, ante el incesante ruido de un cholo rascuache con su reggaeton a todo volúmen, decidí subir el vidrio de mi coche y prender mi radio, olvidaba cuando la gente me decía que tener ese disco de Skinless me sacaría más de mis casillas en cierto punto…para su maldita fortuna, el disco estaba rayado, y no tenia el Skip Dr a la mano, serian horas de larga espera en el mismo lugar…

…Pasaron unas 2 horas desde que me tire dormido en el asiento de atrás, cuando desperté, la fila seguia en su mismo lugar, y la gente mas enardecida por el Reggaetonero aquel, unos se bajaron a decirle que le bajara a su ruido, pero el no entendia… lo último que vi fue que alguien llegó a reventarle un vidrio lateral, yo por mi parte seguí acostado y prendi la Radio, curiosamente, se sintonizo “Everybody Hurts”, todo tan surreal ese día, me levante un momento para ver como llegaba una persona con un bate y le rompía el craneo de un golpe al cholo aquel… decidí dormir otro rato…

…ya han pasado 3 horas desde el batazo y me estoy hartando, la fila no avanza, tal vez agarre la porra que traigo en la cajuela y le pegaré a unas personas, me he hartado, ya voy para allá…

Estaba cansada de andar por todos lados. Tenía que descansar un rato para recobrar un poco la energía después de estar buscando comida en cada uno de los rincones. No encontraría nada. La única opción que tenía era detenerme y observar alrededor. Esperar.

Podía notar en el auto convertible de enfrente cómo una pareja aprovechaba el momento para besarse apasionadamente. Él, un tipo musculoso, al parecer deportista. Ella, una chica rubia, seguramente la más bonita de la clase. La pareja ideal, pero seguramente terminarían con un embarazo prematuro, presiones, deudas e infelicidad.

El auto de la derecha era largo y viejo, con partes de pintura carcomida y oxidada. El conductor llevaba una playera de algún equipo de fútbol. Yo sólo notaba que parecía estar hablando por celular. Esos aparatos que hacen un ruido espantoso y hacen doler la cabeza. En el asiento trasero un niño, volteando hacia mí,jugaba con expresión aburrida con un muñeco de acción. Qué difícil es la comunicación entre un padre ocupado y su hijo no deseado.

Detrás, una pareja de ancianos esperaba paciente su turno, de avanzar, claro. Sin importarles el tiempo que tarden para llegar. Realmente no les importaba cuanto tiempo más perdieran. Su tiempo ya pasó y sólo esperan juntos y enamorados.

A la izquierda una simple carroza fúnebre negra, con vidrios polarizados, oscuros. Nada de color, nada de vida, nada qué ver. Sólo oscuridad y ausencia. Nada que ver, nada que contar.

Y la conductora de este auto, tan indiferen con sus audífonos y mirando el reloj. No nota que estoy aquí encerrada acompañándola sin salir a comer o a dejar mis huevos. Sin lanzarme manotazos para intentar acabar de una vez por todas mi triste y minúscula existencia de insecto. Corta mis alas o abre una ventana.

…gira lentamente y abre una pequeña ranura de la ventana, es un frio mentolado el que siente, resultado de un viento ardiente y el sudor gelatinoso de su cuello, ahora tiene una segunda piel, una nata que con la mano intenta retirar sin lograrlo...
sus ojos entreabiertos, sienten un escosor ardiente y lastimoso por el brillo que viene de afuera, se levantan, la solapa es insuficiente, bajan y se cobijan en la calmada y desgastada tela negra, cierra los ojos, más oscuridad extrañamente brillante, desea soñar...
abruptamente, aspira horrorizado, por un estruondoso ruido, multiplicado y repetido por otros…
tiene que moverse, gira torpemente y sus latidos multiplicados vibran junto al motor, cierra los ojos y siente sus extremidades relajarse, el ruido intermitente parece ser eterno, vuelte a tensar su cuerpo y con un esfuerzo desorbitado, sumerge su pie derecho al tiempo que su rodilla izquierda emerge…
respira caliente y avanza, exhala y frena, vuelve a respirar y sus latidos de nuevo a la normalidad, ya no hay más vibración.
Calma, observa, casi desahuciado. Voltea y me mira. Volteo y me averguenzo, mi pie sube y baja una y otra vez, me entretengo desafiando la vida del motor, presiono el pedal, lo libero, vuelvo a presionar y oigo el motor rugiendo casi ritmicamente. Pide perdón, tengo el poder de esta máquina que me envuelve y que me lleva a la vez, muere, siento el golpeteo de su último aliento, un último movimiento, instantáneo, casi fuerte, hacia el frente.
Lo dejo descansar y suspiro... Sensibilidad entre los incisivos y mis encías, me toco, paso saliva espesa, resequedad, abro la boca, el aire ya es casi frio, cierro y vuelvo a pasar espesamente. Resiento, aspera es la garganta, vuelvo a pasar, vacío.
Los poros de mi cuerpo se calientan, me humedezco entre mis senos y mis axilas, mi frente ya escurre, abro la ventana, un aire ardiente entra y me sofoca, me ataca, como si una mano me envolviera, horrorizada, respiro para salvarme, siento un fuerte golpe en el pecho, mis latidos aumentan de velocidad. Respiro fuerte y constante y al momento, un ruido me exhalta, se repite a mi alrededor, ensordecedor, inaplacable.
Han avanzado, los latidos se calman, el aire vuelve a helar, avanzo, ya no... mi pie sube y baja una y otra vez, volteo y un hombre casi desahuciado con la mirada hacia el frente, gira lentamente...

Los habitantes de ciudades grandes pasan un porcentaje importante de sus vidas en embotellamientos. Decía Carlos Monsivais que el único tiempo de ocio verdadero es aquel que se pasa cuando el tránsito está atascado.

Esta semana los participantes de Metatextos deberán narrar, en 300 palabras o menos, una historia que transcurra durante un embotellamiento aparentemente interminable.

Como siempre, les sugerimos pensar afuera de la caja, un soliloquio de un conductor frustrado sería demasiado fácil. Hay más personajes en el tráfico. Vendedores, peatones, reporteros viales, etc. Prueben por ejemplo narrar el embotellamiento desde el punto de vista de un auto, o de un ave. O conviertan al tráfico mismo en un ente.

El antecedente literario de este ejercicio es “La autopista del sur” cuento clásico de Julio Cortázar.

Tienen hasta las 23:30 horas del Jueves 9 de Julio. Los ejercicios se publicarán a las cero horas del Viernes 10.

Suerte

Muchas gracias por su participación. Recuerden que para hacer más efectivo este taller deben comentar la mayor cantidad posible de ejercicios.

El ejercicio cuarenta de Metatextos será publicado a las cero horas del Viernes 3 de Julio.

Salió el profeta… todo el mundo le miraba esperando sus palabras. Las pantallas afuera del recinto marcaba la pauta para el discurso, del que había millones de oyentes: atentos, al acecho, buscando en las palabras del profeta una luz que abriera la esperanza de una vida mejor. Él camino a paso medido, llevaba a sus espaldas a ambos de sus guarros. Tomó la pequeña botellita de agua que tenía a su disposición en el pódium, dio un sorbo, entonces tomó el micrófono y se dirigió a su público.

Evidentemente había gente que se oponía de manera rotunda al profeta aquél, y protestaba de forma  enérgica en su contra. La realidad es que eran los menos y eran retirados por las fuerzas que existían en el lugar.

Cuando terminaron los aplausos, que no duraron poco tiempo, él se limitó a decir y a exhortar a su “pueblo” que la necesidad actual era darle seguimiento a su proyecto: vivo, latente, idóneo. La situación tocó su climax cuando él pronunció: -La sociedad no se basa en gobiernos sino en principios inherentes a la misma sociedad.

  Se retiró del estrado dejando a un país entero con la boca abierta, todas las personas que fungían de oyentes quedaron anonadados y cayeron en reflexión; había cerrado la brecha entre la fe y la razón: la fe busca milagros, la razón los encuentra; la fe espera, la razón es esperada. La verdad es que el cambio está en nosotros, y no depende más de nadie que de nosotros mismos.  Por eso sigo creyendo, por eso sigo soñando, por eso sigo votando y buscando que me llegue la oportunidad de hacer mi propio cambio.

La religión no es protocolo, sino en donde se pone la fe de uno mismo.

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