Uno

—A ver, Donchuy. Platíquenos lo que le pasó con aquel compita suyo, que dizque ya se había muerto. Yo le invito su mezcal si nos lo cuenta.

—¿Para qué? ¿Para burlarse? —El ebrio agachó el rostro y volvió a hundirse en sus pensamientos. El joven le ordenó entonces a la mesera que le llevara dos copas de mezcal a aquel sujeto.

Luego del primer sorbo, el ebrio comenzó a balbucear: —Andaba fuera del pueblo, cuando me avisaron que mi amigo había muerto. Llegué tres días después. Cuando me vio en la puerta, la hermana de mi amigo me abrazó, gritando: “¡está muerto, Jesús, está muerto!”. Me acerqué hasta donde estaba él, y lo contemplé un rato largo. Parecía dormido. Para entonces yo ya tenía algo de fama como mago/adivinador. “Hacedor de maravillas”, me decían. Así que me pareció normal gritarle que se levantara. Llorando, le grité una vez más. Abrió los ojos. Intentó erguirse. ¡Lázaro!, gritó una de sus hermanas. Ella se desmayó. Casi me cago del susto. No terminaba de acostumbrarme a lo que podía hacer. Ya ves, a eso me dedicaba yo en aquellos tiempos. Pero ahora…

La burla del grupo no se hizo esperar: “¿Entonces se levantó y andó?”, preguntó el joven. “¡Anduvo, pendejo!”, le contestó otro, siguiendo el juego. “Bueno, sí anduvo pendejo un rato, pero ya después se compuso”, contestó éste, completando la broma. El estallido de risas fue generalizado. El joven sacó un billete de 50 pesos de su cartera. Lo arrugó y lo lanzó al piso. Todos reían a carcajadas. —A ver Donchuy. ¡Ahora baile! —El ebrio, terriblemente humillado, recogió el dinero. Éste era el precio de la inmortalidad, la insignificancia de ser dios.

Le dio un sorbo a su mezcal, cerró los ojos y —sin llorar, casi— se puso a bailar.

Doble i.

Jajajajajajá. Anduvo pendejo un rato, pero después se compuso.

Ah, que borrachín nos salió el Chucho. Con razón todo el mundo lo anda buscando pero nadie lo encuentra.

Un dios humillado y alcohólico, eso me gusta.

Chiste viejo en cuento nuevo.

Si muy bueno el cuento, aunque creo que la gastada y ya muy choteada broma de “anduvo pendejo” lo desmerece, pero aún así está muy chido. Sobre todo de dónde acabó Don Chuy: bailando para seguir mezcaleando.

JAJAJAJAJAJAJAJAJAJA que gusto que tu no te detuviste, como lo hice yo, de poner el clásico de “anduvo pendejo”

Está divertido

Ja, de las humillaciones más grandes que he leído jamás, y a chuchito. Me gustó.

Jejeje no pensé que se fuera a repetir el tema de Jesús y Lázaro pero así fue, y los dos que he leído me gustaron bastante… la broma choteada si lo desmerece un poco pero pasa…

Gracias y saludos!

La humillación estuvo excelente. Me parece un gran cuento. Sin zombis post-apocalípticos, pero chido.

ay… a mi me dio como tristeza… pobre.. que humillacion… me gusto.

Tsss el mezcal no se sirve en copas. Normalmente se usan vasos, aunque lo tradicional son jícaras de bule.
con “un para de tragos de mezcal” habría sido suficiente.

Chuchito humillado… snif.

“un par…” quise decir

Buena idea la de retomar el chiste y darle ese giro de la ex-celebridad caída en desgracia. Excelente la reflexión: “Éste era el precio de la inmortalidad, la insignificancia de ser dios.”

Uff es que ese chiste es un clásico y aun hay mucha gente que no se los abe, lo conté hace unos días a mis roomies y no se lo sabían!

Me latió la idea de que dios anda valiendo queso de pedote!

El patético fin de un dios… Su terrible final con el trasfondo de un grupo de gente haciendo mofa del borracho del pueblo me gustó.
Aquí la reflexión es: ¿cómo y por qué llegó hasta ahí? Muy interesante.

Genial, cuidado solamente con el vengador anónimo que te va excomulgar, muy chido.

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