‹ NaNoWriMo + BBC Sessions • Desde Tlön ›
Sentado en una roca, una pierna flexionada, la otra estirada hacia la arena. Abrió los ojos y con gesto gentil rechazó a los emisarios y sus obsequios. Para quien únicamente consume agua y alimañas del desierto, todo es superfluo.
Pero un día llegó ella. La reina Updur interrumpió la meditación del anacoreta.
- Santo varón, traigo reposo de tú carga, el conocimiento de la otra inteligencia debe usarse con benevolencia y sabiduría para beneficio de todo Tlön.
- Mujer, contestó, cuando no comamos los frutos arrancados a la tierra con esfuerzo, ni vistamos la creación del artesano o reconozcamos en cada utensilio el ingenio del orfebre, comenzaremos a perder nuestra alma. Todo carecería de valor, Tlön se convertiría en un infierno sin sentido. La otra inteligencia, como la llamas, es una maldición que morirá conmigo.
- ¡Necio!, seriamos dioses, dueños de la creación.
- ¡Anatema!, grito él, ¡Lárgate!, ¡jamás será tuya!. Tortúrame si quieres, sabes que nada diré. Puedes buscar después lo que deseas entre mi carne muerta.
Cuando Updur se retiraba enfurecida, seguida de su sequito; Bálmina volteó hacia el anciano mientras seguía a su madre, encontrando por un instante sus ojos y bajando después la mirada tímidamente. Estaba destruido y la bruja sonriendo demoníacamente, lo supo.
Angustiado por el deseo, derrotado por una visión en su senectud. No era lujuria. Era algo más simple. La contemplación de la belleza de la niña, perecedera, ilógica; pero rebosante de perfección, pureza y verdad. Cuando la reina volviera, daría todo para admirarla por siempre.
Al siguiente día, Updur marchó acompañada por Bálmina ataviada como una princesa celestial. Se colocó un toldo especial en el palanquín imperial, para evitar que el sol se deslumbrara con su belleza.
Al entrar en la ermita, la reina rugió como una bestia herida. Lo encontró sentado como de costumbre, a sus pies, en la arena, yacían dos esferas ensangrentadas y sobre su apacible sonrisa, dentro de las cuencas vacías, se vislumbraba la infinita tranquilidad del universo.
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13 comments
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Diciembre 7, 2007 at 6:07 pm
Kuruni
Diciembre 11, 2007 at 10:26 am
Cazador de Tatuajes
Diciembre 11, 2007 at 4:42 pm
l i l i t h
Es el mejor texto que he leído hasta ahora.
Nomás un punto y coma me cortó la inspiración por ahí, pero luego la volvi a agarrar.
Diciembre 11, 2007 at 6:09 pm
Sara
muy bueno
saludos!
Diciembre 13, 2007 at 7:17 am
Damián de Victoria
Cazador: Gracias por tu comentario, que bueno q.
Diciembre 13, 2007 at 7:19 am
Damián de Victoria
lilith: Muchas gracias.
Sarita: A veces se necesita fuerza para evadir la tentación, yo no la tengo y estoy condenado. Gracias por tus comentarios.
Diciembre 13, 2007 at 8:44 am
TheJab
Saludo.
Diciembre 13, 2007 at 8:47 am
Damián de Victoria
Diciembre 13, 2007 at 11:53 am
Triquis
Saludotes
Diciembre 14, 2007 at 1:28 pm
Mulder
Pinches viejas, para que vean que podemos ser inmunes a su más grande arma… pero el precio es muy caro.
Diciembre 14, 2007 at 7:30 pm
Damián de Victoria
Mulder: Si podriamos ser inmunes a su más grande arma, pero necesitariamos arrancarnos algo más que los ojos.
Diciembre 15, 2007 at 2:54 am
controlzape
Nomás le revisaría la parte después del diálogo, en donde queda turbado por la niña, creo que puede quedar más claro y contundente. Lo mismo el párrafo del cierre.
Muy bueno. Fue el que más me gustó.
Diciembre 15, 2007 at 8:48 am
Damián de Victoria