¡Maldición! Este puto bloqueo de nuevo, llevo dos días sin dormir, me he comido las uñas hasta sangrar y ya voy por la cuarta cajetilla. Lo he intentado todo. He caminado bajo estas temperaturas y a medianoche. Me he embriagado. He escuchado desde música clásica hasta rock, folklórica, tibetana, instrumental, experimental. Estoy a un paso de hablar con el piedrero del piso 4 para que me financie un pase. ¡Maldito artículo! De nuevo este estreñimiento mental y el deadline que me corta la respiración.
Son las 2:57 am, acabo de ver cambiar los dígitos del radio/reloj. Tomo el control remoto y paso los canales de la tv. Me detengo ante un programa de entrevistas. Una mujer de unos cuarenta y algo de años con un cigarrillo en la mano, sentada con una confianza y sugerencia que transpira por la pantalla, habla pausadamente, a sabiendas del poder hipnótico de cada uno de sus movimientos, de sus palabras y miradas, cuenta, sin tapujos, cómo ha sacado provecho del asesinato de sus cinco maridos, es la viuda negra literaria, la mujer que se hizo famosa al entregarse a la policía mediante la publicación de su novela como asesina, escrita por ella misma. ¡Vaya forma de asegurar un best seller!.
En la entrevista preguntaron qué ocurría primero, el asesinato o la concepción literaria del mismo, ella respondió, que nada se comparaba al nacimiento de la idea, ese momento que ella vivía con tanto placer, un estremecimiento que le recorría desde el vientre hasta la garganta, para, de vuelta, anidarse en su pelvis. Luego, una claridad mental del cómo, sin importar aun, el por qué, el cuándo ni el dónde.
Debo admitir, escuchar semejante respuesta me dejó con una erección intelectual que volqué rápidamente sobre la portátil.






