¡Maldición! Este puto bloqueo de nuevo, llevo dos días sin dormir, me he comido las uñas hasta sangrar y ya voy por la cuarta cajetilla. Lo he intentado todo. He caminado bajo estas temperaturas y a medianoche. Me he embriagado. He escuchado desde música clásica hasta rock, folklórica, tibetana, instrumental, experimental. Estoy a un paso de hablar con el piedrero del piso 4 para que me financie un pase. ¡Maldito artículo! De nuevo este estreñimiento mental y el deadline que me corta la respiración.

Son las 2:57 am, acabo de ver cambiar los dígitos del radio/reloj. Tomo el control remoto y paso los canales de la tv. Me detengo ante un programa de entrevistas. Una mujer de unos cuarenta y algo de años con un cigarrillo en la mano, sentada con una confianza y sugerencia que transpira por la pantalla, habla pausadamente, a sabiendas del poder hipnótico de cada uno de sus movimientos, de sus palabras y miradas, cuenta, sin tapujos, cómo ha sacado provecho del asesinato de sus cinco maridos, es la viuda negra literaria, la mujer que se hizo famosa al entregarse a la policía mediante la publicación de su novela como asesina, escrita por ella misma. ¡Vaya forma de asegurar un best seller!.

En la entrevista preguntaron qué ocurría primero, el asesinato o la concepción literaria del mismo, ella respondió, que nada se comparaba al nacimiento de la idea, ese momento que ella vivía con tanto placer, un estremecimiento que le recorría desde el vientre hasta la garganta, para, de vuelta, anidarse en su pelvis. Luego, una claridad mental del cómo, sin importar aun, el por qué, el cuándo ni el dónde.

Debo admitir, escuchar semejante respuesta me dejó con una erección intelectual que volqué rápidamente sobre la portátil.

29 de Abril de…

Querido blog (perdon, diario –ejemmm…):

Mi editor quiere que termine con el capítulo de la novela para la otra semana. Ok, ya tenía el esbozo de todo, el plan de proyecto bien estructurado con capitulos, subcapitulos y escenas importantes (digo, de algo me sirvió estudiar Ingeniería y que a pesar de lo infernal que es la programación, por lo menos el diagrama de Gantt ayuda a estructurar ideas)…. me senté frente a la máquina…

Y nos dieron las 10…

Y las 11…

Las 12 y la una, y las dos y las tres…

¡Y ni un pendejo párrafo! ¡Por favor! Estuve dándole de vueltas, puse mis videos favoritos de Youtube para ver si hacía lo mismo que en una película de Julio Alemán (en que la sirvienta espantaba un gato con la escoba y decía que él había cazado un león en Kenia), fui al baño, me senté en el trono y en pleno proceso casi me suicidé al tratar de inspirarme…

Y nada. Nel. Niguas. Nothing.

El caso es que fui al bar de la esquina, pedí una chela, y para mi mala suerte llegaron dos de mis brothers y agarramos una jarra monumental. De las mejores de mi vida. Of course, el dia siguiente traia una cruda de esas de pulquero, pero me sirvió para que me cayera la idea de que al protagonista lo habían envenenado unas brujas, y en su agonía su adorada princesa llegaba a darle el previsible beso salvador que … en fin, lo mismo de siempre. De ahí la escena de sexo salió sola –jejejeje.

Moraleja: si alguien dijo que la penicilina cura enfermos, y el jerez resucita muertos… la chela es la madre de todas las ideas.

¡Salud! (¡Hic!)

El inicio

Iniciar y terminar o terminar e iniciar, ¿Qué es lo correcto? Al final es un proceso, un esfuerzo que ponemos para escribir lo que siente el corazón, lo que dicta la mente, lo que sienten mis dedos que no quieren detenerse, un juicio entre la razón, la coherencia, las emociones y mi tiempo. Mi, tu, nuestro proceso, una vez iniciado no se detiene quiere escribir solo, quiere correr en vez de caminar y me recuerda que debo detenerme y reflexionar de vez en cuando, y luego la duda, los miedos, ¿Sigo? ¿Continuo? ¿Me detengo?, y la nueva pregunto ¿lo termino?, no lo sé, pero lo dedos no quieren contenerse y la ideas aparecen de repente como en una cascada que te ahoga, te tira, te revuelca, te arrastra, y de repente la bocanada de aire, y piensas ¡lo hice!, respiras profundo, llenas tus pulmones y empiezas de nuevo…

En principio, como escribidor me asgo de mi única formación académica (y profesional). Procuro, eso sí, que el bagaje de teorías, modelos, supuestos, etcétera, no se conviertan en fardo que asfixie, aplaste o cercene letras y palabras. Así, por ejemplo, cada texto puede ser un modelo en el que convivan variables que guarden entre ellas alguna relación y cuyo entramado sea lo suficientemente claro para contar una historia.

Para la redacción, dicho sea, me sirvo —como un investigador— de fuentes y herramientas externas, es decir, consultas bibliográficas (incluídos diccionarios) y lecturas, sin llegar a un burdo copiar-pegar de textos, estructuras o frases hechas. Una vez con las maneras y utensilios pongo manos a la obra.

Tengo una sola restricción para la tarea en sí, a saber: que las variables tengan sentido dentro del marco. Como con un modelo —realidad reducida— que a no todos importa y no todos entienden, el contenido del texto apunta a una lectura y no precisamente a un lector. Me despreocupo de su realidad y me ocupo de aquella que pueda yo crear. Aquí, a diferencia de la economía, cuya exposición, como ciencia que es, siempre debe ser sin artificios, en los textos literarios echo mano de tales.

Viene entonces lo más entretenido: quitar y poner palabras y frases. El cómo acotar el funcionamiento de cada una de las partes es un asunto de dos dividendos: i) definir el texto (su forma) y ii) vertir en letras la historia (el fondo). El común divisor es tiempo y esfuerzo, donde siempre esto representa la mayor proporción (para, según yo, obtener una literatura libre de andamiajes y elementos superfluos). Digo quitar y poner seguido de acotar porque en mi opinión esto es escribir: definir a base de un mucho hacer y deshacer. Modelar, pues.

Regresemos a la metaliteratura

Escribir es a veces un embarazo, una gestación y un parto. La idea llega a la cabeza, se implanta. Crece, sube, baja y cuando tiene que salir, no antes, sale.

Esta semana los participantes de metatextos deberán, en 300 palabras o menos. Narrar este proceso. Ya sea la concepción de una idea o el parto de la misma. O ambas.

Tienen hasta las 23:30 horas del Jueves 29 de Abril. Los ejercicios se publicarán a partir de las cero horas del Viernes 30

Suerte.

[…]
Valga recordar que las actividades de la Fundación seguirán siendo independientes de la persona/familiares de Gabriel Siria Levario; la administración depende del Consejo y este, a su vez, rinde anualmente informes en ocasión del Premio Entrega Total (de compositores a intérpretes), que, dicho sea, las SAYCO, SESAC y SACM auspician.

El capital inicial se ha triplicado gracias a las constantes aportaciones de particulares, así como de distintas ONG mexicanas que, a raíz del L Aniversario Luctuoso (y su ya histórica conmemoración), han respaldado tanto reediciones como estudios de la obra del cantante y becas para nuevos valores. Por supuesto, en dicho respaldo financiero se cuenta también con la participación de instituciones y asociaciones musicales de América Latina y España y, en menor medida, de fondos vía INBA y CONACULTA (ver Anexo).

Por otro lado, a cuatro años de su estreno en el Auditorio Nacional y dos de su puesta en escena en Broadway, el musical Sombras repite su éxito, esta vez en escenarios europeos, y llega este otoño al West End de Londres. También, internacional (y sorpresiva para algunos) resultó la acogida de la película Esclavo y Amo (Carrera, 2016) que recibió el Premio del Jurado al Mejor Guión en la 64 edición del Festival de San Sebastian.

La edición remasterizada de todo el material discográfico (respetando su catálogo original) se hace disponible al público y, en el mismo año, se pone a la venta el cancionero-ensayo Amigo Organillero (FCE 2016), con textos de Yuri Herrera, Tryno Maldonado, Santiago Roncagliolo y Juan Villoro (compilación y edición de Mael Aglaia).

No menos importante resulta la recién apertura en Los Ángeles, California, de la primer filial de la tienda «¡Qué va!», que desde su inauguración, hace cinco años, continúa como punto de referencia del renovado barrio de Tacubaya, Distrito Federal.
[...]

Todo se esfuma frente a mi cara cuando ella abre la ventana y los deja entrar, se introducen a la habitación gimiendo y apretando sus dientes, listos para devorar uno a uno  nuestros sueños. Cierro los ojos muy fuerte, me tapo la cara con ambas manos, aprieto duro y recuerdo su aliento, como aflojó el cuerpo de mi madre cuando salieron de aquel agujero, como se llevaron el alma de su cabeza para después dejar su cráneo flotando y con hambre. Ellos siempre tienen hambre.

Poco a poco percibo su aliento colándose por entre mis fosas nasales, ya no siento los brazos, ya no siento la cara, abro de nuevo los ojos y los veo, con su mirada llena de odio.

Siento como la historia se me escapa de los ojos, el agujero, las primeras victimas,

“enciérrate que andan flotando allá afuera y cualquier día tu cabeza flota también.”

“ellos siempre flotan hijo, ellos siempre tienen hambre”

Mi madre se me escapa de los ojos, estos últimos años se me escapan de los ojos, las latas de comida fría, el dolor, la huida, el miedo de escuchar su grito cerca de mi oreja…  los brazos de Maria tocándome en medio de las sombras, los brazos de Maria abriendo la ventana… todo, absolutamente todo se me escapa de los ojos.

Siento como mi cabeza se desprende de mi cuerpo y comienza a flotar. Mi opinión cambia de repente,  solo tengo ganas de saber que tiene Maria en la cabeza y chuparle las imágenes hasta que empiece a flotar también. Solo tengo ganas de flotar, hasta el día en que podamos regresar al agujero para soñar con las historias que nos robamos de todos los humanos, y dormir con ellas un par de milenios, hasta que el hambre nos haga despertar una vez mas.

15 de abril del año 2020

Esta mañana me despertaron visiones de fuego y sangre; como si los recuerdos conjugaran en perfecta sinfonía con predicciones. 5 años han pasado desde que la sociedad sucumbió ante las adversidades; 5 años que nos han revelado la naturaleza animal del ser humano, 5 años de fuego y sangre…

¿Cómo llegamos a esto? Una pregunta sencilla de responder a mi parecer, nunca he confiado en el control humano sobre sus propios instintos y emociones, solo era cuestión de tiempo y un detonante para que destapara la humanidad como en realidad es…

La economía fracturada, el oscurantismo causado por el cambio de polos en las tormentas solares de la década pasada, las protestas sociales y los golpes de estados originados por el SOB, las guerras prolongadas por el terrorismo nuclear; miles de factures culminantes en este al que muchos le llaman el infierno en la tierra.

5 años desde el ataque nuclear masivo; evento que selló lo inevitable, la muerte de la sociedad, el triunfo de los instintos animales. Aquí solo existe una regla; solo el más apto y dispuesto a todo podrá sobrevivir. Hace 5 años que fundé esta colonia, siguiendo el plan elaborado tras años de ver esto venir, solo queda crecer e intentar restaurar todo lo perdido, corrigiendo los errores del pasado y rogando por que el humano por primera vez pueda aprender de sus errores; eso, es una apuesta por la vida, la apuesta que Dios y el Diablo han mantenido durante el inicio de los tiempos, civilizaciones llegan y se van, pero las arenas de la vida seguirán corriendo a partir de este nuevo Génesis que se ha alcanzado.

Cuando en aquella época escuchábamos la noticia, pensábamos: si no son capaces de hacer mantenimiento a una planta hidrológica menos van a poder construir una planta nuclear.

Así lo creímos, hasta que comenzaron el proyecto. Nos dijeron que iba a ser energía limpia, “mejor que emigrar a la termoeléctrica” por el daño sufrido en las turbinas del Guri. Sin embargo, al pasar los años, la información sobre el proyecto se fue colando.

La construcción de la planta no seguía los parámetros de diseño que garantizaban el uso exclusivo para la generación de energía de consumo, sino que había serios indicios de la posibilidad de usos militares de algunos reactores.

Mi entorno, ampliamente señalado como subversivo, hizo todo lo posible por conseguir los planos de la construcción. Nos pusimos en acción y nos hicimos llamar: Aneké-Eco.

Con el pasar del tiempo, radicalizamos las medidas en proporción a la persecución que sufríamos, hasta que decidimos, después de 5 años, volar lo que llevaban de estructura.

Alex -más interesado en meterse entre mis pantaletas que en evitar el desarrollo de armas nucleares en el país- era mi compañero para el estudio de los planos; e idiota que fui que no me di cuenta que debía revisar por dos, en absolutamente todos los aspectos.

Hoy, mi hijo de 4 años y medio se queja de un dolor indescriptible, la radiación del material que -ya clandestinamente- se comenzaba a tratar en la planta, se expandió con la explosión que generamos, causándole desde mi vientre malformaciones y deficiencias inmunológicas.

Ya no soporto su dolor que es como el mío propio. Compartiremos una papilla, le contaré una historia y esperaré a morir.

Ya los días no eran días, sino lapsos que transcurrían así porque sí. Quizá por costumbre,  pero los que quedaron en la tierra después del corte extrañaban  la hermética cadencia del devenir citadino. Los que quedaron, obviamente muchos, vivían en la impacibidad dentro del millón de dudas que dejó la situación después del último día en que se conoció el mundo como tal. Por un lado ellos no recordaban más que el tremendo silencio después del estruendo y la luz. Algunos hombres de Estado utilizaron todas las medidas diplomáticas posibles para controlar la nueva situación, pero la inexperiencia en temas celestiales y la indiferencia ficta del Ser Supremo dictaron un fracaso más para la humanidad ante este nuevo reto. Los más arrepentidos quisieron regresar a lo básico y buscaron por cada uno de los rincones los libros y las señales que no observaron o mejor dicho que optaron por ignorar.

Ya no había nada.

Todo eso fue en un día de dos mil doce. Pensaba que de alguna forma me iba a ir. Al menos tenía la esperanza porque en el fondo siempre creí en ello, pero siempre me llamó la atención las cosas que me rodeaban, las cosas que me enganchaban  y que no eran las cosas que dictaba la norma para poder irme pronto  de este lugar al que estoy confinado. Han pasado más de cinco años yaún no sucede nada. La gente ha buscado un nuevo orden y gobierno, pero de antemano sabemos que estamos en sus manos. Nuestro libre albedrío fue siempre una broma . Lo más chistoso de todo es que la persona que predicaba todas las enseñanzas correctas aún sigue aquí. Está más sólo que Dios desde ese día. Lo veo y sus ojos están más  allá de una tristeza perdida.

Cuando el miserable bosón de Higgs fue encontrado, supimos que las acciones planeadas no podían esperar más.

Inicialmente lo llamaron “Neoludismo” y, si no del todo, en gran parte la nominación era acertada: esa diabólica máquina de las tres letras era el más grande enemigo de la humanidad. Y no lo era por creer que tales experimentos darían lugar a un agujero negro, noooooo: sino que al conocer el pensamiento de Dios, el hombre moderno estaba probando el fruto del árbol prohibido, la pulpa y el néctar del fruto… Simplemente, no lo podíamos permitir.

No fuimos vulgares asesinos: fuimos guiados por divinas señales. No lamentamos el sacrificio de quienes se creyeron grandes hombres: los demonios habitaban sus cuerpos y era necesario, en lo posible, rescatar sus empobrecidas almas. Fue una lástima que ninguno se mostrara arrepentido.

Ahora, lo que queda de Ciencia y Tecnología está al servicio de Dios, como siempre debió ser. A cinco años del triunfo definitivo de la Teocracia, no podemos sino estar agradecidos con nuestro creador; mostrémosle nuestra gratitud.

Enseguida nuestros voluntarios pasarán por sus lugares con la terminal bancaria a fin de que efectúen el correspondiente depósito para el mantenimiento de la Santa Iglesia…

[feedback]

♪ El arroyito da, siempre da, siempre da… ♪

———————————————————————————————

14.2 años de educación para entender este texto (basado en palabras por oración y en palabras difíciles).

10.7 años de educación para entender este texto (basado en sílabas por palabra y en palabras por oración).

Dificultad Facilidad para leer el texto: 42/100 (entre más alto, más fácil).

En este taller hemos hecho ejercicios de ficción especulativa de la manera usual. Imaginando como las decisiones tomadas hoy afecatarán el mañana.

En esta ocasión le daremos un pequeño giro a la Técnica. Narraremos el futuro como si fuera el pasado.

Los participantes de Metatextos deberán en 300 palabras o menos narrarar las repercusiones a cinco años de distancia de un acontecimiento histórico tan grande como el once de septiembre o el asesinato de Luis Donaldo Colosio.

Dicho acontecimiento debe ser ficticio y haber ocurrido dentro de cinco años (Es decir narrarán desde la perspectiva del 2020 como a cambiando el mundo o el pais o su narrador a raiz de lo ocurrido en 2015)

Suerte

Gracias a todos por tu participación. Les recuerdo que entre más textos comenten más enriquecedora será la experiencia de este taller.

El ejercicio 2.5 se publicará a las cero horas del Jueves 8 de Abril

Abres los ojos. El techo, que es lo que siempre ves cuando despiertas, tiene una carencia de algo que te es familiar, pero que de primera mano no recuerdas. De hecho  en ese instante todo súbitamente  se desdibuja. El calor hace que tu cuerpo se sienta incómodo y pegajoso a la superficie de una cama. Tus pupilas se adecuan a la oscuridad y te haces la pregunta, la eterna pregunta situacional. Realmente no sabes dónde estás… La Paz, Guadalajara, Querétaro, Chihuahua, un hotel… otro, pero esta vez es diferente. No recuerdas quién eres. Intuyes de alguna forma que llegaste ahí por una razón que no se hace aparente aunque está más que sabida desde tu fórmula interior. Una décima de segundo que se vuelve una eternidad que te hace comprender la relatividad del tiempo. Estás desnudo. Estás de humor ennegrecido. En ese momento, puedes ser todo y a la vez la nada del universo de cosas que se te vienen a la mente. Quizá en unos de esos momentos ella te juega la broma de hacerte creer que eres quién tú quisiste ser alguna vez: jugador de béisbol, músico prolífico, escritor tenaz de producción abultada, predicador de la palabra de Dios como único motivo de vivir. Levantas la cabeza y ves el espejo del hotel que te regresa poco a poco a tu realidad inferior. Te levantas sudoroso y  con la boca seca. Enciendes la luz y poco a poco te das cuenta de tu entorno: el escritorio revuelto, la computadora hibernada, tu estómago prominente, tus ojos gastados, el lado contrario de la cama intacto con tus lentes de lado. Apagas la luz y poco a poco va  apareciendo en el techo lo que cada noche te ubica a la realidad: un círculo rojo en el centro del techo que va creciendo, te va envolviendo y te va diciendo que si… efectivamente eres tú, lo que te hace sentir algo triste, pero feliz en el fondo. Lentamente tus ojos se van cerrando y vas desapareciendo en tu habitación de hotel.

Los parpados me pesan. A lo lejos escucho el leve goteo que golpetea una superficie metálica, intento abrir los ojos y cuándo lo consigo una luz intermitente corona mi cabeza. Intento ponerme de pie y mi frente pega de lleno con una superficie dura y fría. El estruendo no se hace esperar, un sonido puntiagudo me taladra los oídos y mi garganta de pronto asemeja el aspersor  de un jardín, no puedo contenerme y volteo la cabeza hacia un lado antes que el vómito se abra paso en mi boca.

Después de aliviar mis entrañas, por fin consigo enfocar los ojos y lograr procesar las imágenes que aparecen ante mi vista, estoy en una especie de rectángulo gris, no es un cuarto, no tiene ventanas o puertas. Solo hay pared; una pared fría y gris. ¿cómo llegue aquí? ¿quién soy?

Trato de hacer un flashbacks como en los simpson’s; ¿Por qué no recuerdo mi nombre?  Intento sin éxito recordar algo, lo que sea. Cualquier tipo de información que me diga quien soy. Mi camisa esta sucia, tengo puesto solo un calcetín, y un pantalón de lana con colores pálidos.

Cierro los ojos intentando tener una imagen mental de mi pasado, solo vislumbro penumbras.  Un destello hace que recapacite y voltee hacia la izquierda. La luz intermitente esta cambiando de color, se torna azulada y deja de parpadear hasta extinguirse en medio del cuarto.

El goteo continúa, siento los pies húmedos y las manos entumecidas. Intento quitarme la camisa para secarme los dedos y algo cruje en el interior de uno de los bolsillos, lo saco y el tacto de mis dedos me dicen que es una hoja de papel doblada en cuatro. La luz azulada vuelve a encenderse. Me acerco a ella y leo el interior de la hoja.

Diagnostico: feocromocitoma.

-¿Sobre qué vas a escribir?- Preguntó colocando las manos sobre sus hombros.

-Quiero escribir sobre una persona sin memoria que despierta en una habitación.

-¿Quieres hablar sobre lo que te pasó?

-Sí y no. Quiero exorcizar mis demonios, pero a la vez no quiero que esté influenciado por mis vivencias. Pero no sé cómo empezar.

-En primer lugar debes saber de quién hablarás.

-Sí, pero, me pongo a pensar, si tu no estuvieras aquí, estas paredes color crema, el espejo incrustado en el closet, las sabanas floreadas, el olor a canela que por alguna razón me hace un nudo en el pecho, no significarían nada. Pienso, que como seres humanos sin memoria dependemos completamente de lo que nos digan, si me hubieras dicho que era policía, tal vez te lo habría creído. He estado pensando mucho. Esto de no recordar nada y de tratar de hacer memoria, incluso de ese día en que desperté. Es extraño, tú misma has dicho que vives acá pero no he visto tu habitación. ¿Por qué es que toda la ropa guardada es exactamente igual? Si esta máquina de escribir no estuviera aquí, frente a mí, como modelando ¿habría decidido escribir? ¿Qué tal si, en vez de esto, estuviera, no sé, un arma, un set de maquillaje, un látigo?

-Mi amor, relájate, confía en mí. Gracias a Dios te encontré antes que algo malo te pasara.

-Entiendo que no me gustara salir, tú misma me has dicho los motivos, pero, si me hubieras dicho lo contrario ¿Sería capaz de salir? ¿Me habría levantado a girar esa manija de acero liso?

-Mi amor, siempre preocupándote tanto, no has cambiado nada.

Le sonrió mientras miraba rápidamente hacia el espejo, asintió con la cabeza, sacó la jeringa del bolsillo de la bata -también floreada- y le inyectó el contenido.

Me miro al espejo extrañada. Abro y cierro los ojos, saco la lengua y toco el vidrio. Sí, es un espejo. No parece que esté soñando. Escucho unos ronquidos y me aterro. No quiero despertar a nadie hasta averiguar que hago aquí. Siento frío en mis pies y me doy cuenta que estoy descalza. Visto una bata blanca larga, no parezco tener ningún golpe. Cierro la puerta del baño.

Trato con cuidado de averiguar si el espejo tiene también un gabinete. El ruido al abrirse es un poco más fuerte de lo que esperaba pero al acercarme a la puerta no escucho a nadie acercarse. Hilo dental, rastrillos, algodón, alcohol y pastillas. Muchos medicamentos. Leo rápido las cajas de diferentes tamaños y colores: antiácidos, jarabe para la tos, varios tipos de pastillas para el dolor de cabeza, artritis. Veo un bote de pastillas atrás de las cajas. Tiene una etiqueta pero no alcanzo el envase. Al alcanzarlo tiro algo, escucho como a lo lejos un ruido pero no me importa. Comienzo a sentirme muy asustada.

El envase tiene una etiqueta: un nombre y una dirección que no me suenan familiares. Pero una palabra llama mi atención. Por fin siento acercarme a algo conocido:

—Clo-za-pi-ne. —Escucho mi voz y me suena hueca. Esa palabra es importante… ¿Porqué no puedo recordar?….
—¿Mami?

Volteo y detrás de mí, está un pequeño que me mira sorprendido.

Me desperté. Sentí sobresalto al no reconocer la habitación donde me encontraba ni a quienes me acompañaban; incluso no podía recordar mi propio nombre. Al ver el rostro de mis acompañantes intuí que compartían la misma ansiedad que yo. Antes de hablar con alguno entró el capitán, mi reacción inmediata fue pararme en firmes y saludar, en ese instante no sabía quién era ese sujeto pero su voz y presencia evocaban sentimientos contradictorios, una gran ira me evocaba al mismo tiempo que respeto. Habló acerca de nuestro gran día, que debíamos estar listos y orgullosos, no entró en detalles. Antes de iniciar nos ordenó estrictamente no hablar hasta que él mismo revocara la orden. Una vez uniformados nos asignó por número. Comenzó el examen, campo traviesa, disparos, ensamble de armas, etc. Todo marchaba a la perfección, aprobé sin contratiempos. Al atardecer fue cuando nos llevaron a la perrera. El capitán nos ordenó eligieramos una mascota instintivamente me dirigí a la última jaula sin siquiera voltear a ver a los demás perros. No sabía porque lo hacía sólo sentía que ahí lo encontraría. Lo vi, un callejero, nisiquiera de raza pero sus ojos me provocaban ternura, no recordaba haberlo nunca antes y sin embargo sentía una extraña familiaridad por él. Entonces el capitán nos ordeno tomar la correa y llevarnos al que cada uno había elegido. Nos puso en fila y uno a uno fue ordenando que mataramos al perro. Al llegar mi turno no reaccioné, el capitán argumento que acatando esa orden me graduaría, finalmente al no ver actividad por mi parte no concedió permiso para hablar: Señor, si quiere lo mato a usted pero no haré nada al perro. ¿Por qué respondí aquello? A pesar de no tener recuerdos de aquel canino estaba seguro que nunca me hizo nada.

—Me desperté. Sentí sobresalto al no reconocer la habitación donde me encontraba ni a quienes me acompañaban; incluso no podía recordar mi propio nombre. Al ver el rostro de mis compañeros intuí que compartían la misma ansiedad que yo. Antes de hablar con alguno entró el capitán, mi reacción inmediata fue pararme en firmes y saludar, en ese instante no sabía quién era ese sujeto pero su voz y presencia evocaban sentimientos contradictorios, una gran ira me evocaba al mismo tiempo que respeto. Habló acerca de nuestro gran día, que debíamos estar listos y orgullosos, no entró en detalles. Antes de iniciar nos ordenó estrictamente no hablar hasta que él mismo revocara la orden. Una vez uniformados nos asignó por número. Comenzó el examen, campo traviesa, disparos, ensamble de armas, etc. Todo marchaba a la perfección, aprobé sin contratiempos. Al atardecer fue cuando nos llevaron a la perrera. El capitán nos ordenó eligieramos una mascota instintivamente me dirigí a la última jaula sin siquiera voltear a ver a los demás perros. No sabía porque lo hacía sólo sentía que ahí lo encontraría. Lo vi, un callejero, nisiquiera de raza pero sus ojos me provocaban ternura, no recordaba haberlo nunca antes y sin embargo sentía una extraña familiaridad por él. Entonces el capitán nos ordeno tomar la correa y llevarnos al que cada uno había elegido. Nos puso en fila y uno a uno fue ordenando que mataramos al perro. Al llegar mi turno no reaccioné, el capitán argumento que acatando esa orden me graduaría, finalmente al no ver actividad por mi parte no concedió permiso para hablar: Señor, si quiere lo mato a usted pero no haré nada al perro. ¿Por qué respondí aquello? A pesar de no tener recuerdos de aquel canino estaba seguro que nunca me hizo nada.—Me desperté. Sentí sobresalto al no reconocer la habitación donde me encontraba ni a quienes me acompañaban; incluso no podía recordar mi propio nombre. Al ver el rostro de mis compañeros intuí que compartían la misma ansiedad que yo. Antes de hablar con alguno entró el capitán, mi reacción inmediata fue pararme en firmes y saludar, en ese instante no sabía quién era ese sujeto pero su voz y presencia evocaban sentimientos contradictorios, una gran ira me evocaba al mismo tiempo que respeto. Habló acerca de nuestro gran día, que debíamos estar listos y orgullosos, no entró en detalles. Antes de iniciar nos ordenó estrictamente no hablar hasta que él mismo revocara la orden. Una vez uniformados nos asignó por número. Comenzó el examen, campo traviesa, disparos, ensamble de armas, etc. Todo marchaba a la perfección, aprobé sin contratiempos. Al atardecer fue cuando nos llevaron a la perrera. El capitán nos ordenó eligieramos una mascota instintivamente me dirigí a la última jaula sin siquiera voltear a ver a los demás perros. No sabía porque lo hacía sólo sentía que ahí lo encontraría. Lo vi, un callejero, nisiquiera de raza pero sus ojos me provocaban ternura, no recordaba haberlo nunca antes y sin embargo sentía una extraña familiaridad por él. Entonces el capitán nos ordeno tomar la correa y llevarnos al que cada uno había elegido. Nos puso en fila y uno a uno fue ordenando que mataramos al perro. Al llegar mi turno no reaccioné, el capitán argumento que acatando esa orden me graduaría, finalmente al no ver actividad por mi parte no concedió permiso para hablar: Señor, si quiere lo mato a usted pero no haré nada al perro. ¿Por qué respondí aquello? A pesar de no tener recuerdos de aquel canino estaba seguro que nunca me hizo nada.

Mañana

Sam despertó esa mañana, y como era habitual se quedó un rato más con los ojos cerrados, disfrutando de la tibieza de la cama que se le hacía tan familiar; tan íntima, que le hablaba de alguien que lo esperaba con los brazos abiertos y una sonrisa que de tan sólo imaginársela, lo llenaba de felicidad; que en alguna parte del mundo –de su mundo- brillaba dándole sentido a su existencia.

“Bendito seas, Altísimo”

Comenzó a incorporarse –ya eran casi las nueve de la mañana. En la medida que fue desperezándose, reconoció su cuarto de hotel en Londres. Pero como que algo no encajaba.

Poco a poco, se dio cuenta que su mente estaba casi completamente vacía salvo fragmentos a veces inconexos: gente en el aeropuerto, el personal que limpiaba la habitación… y náusea, tras náusea, tras náusea. Alarmándose, vió que en la mesa de noche estaba un sobre con una nota.

“No te angusties. Esta carta la escribiste tú mismo hace unas horas, y entiendo que estés confundido. Amigo, debes saber que estás buscando la redención de tus pecados…”

No se había dado cuenta, pero junto a su almohada estaba una pistola.

Cada palabra hacía que su yo se fuera derrumbando por completo. Muy especialmente, el final:

“Llámalo cinismo si quieres; un supremo cinismo. El Dia del Juicio, nadie te va a condenar por algo que no recuerdes; ni siquiera el Creador tendría argumentos para destruir tu alma así que, sencillamente, volverás a ser inocente…”

Pasaron horas antes de que saliera del shock. ¿Qué era él? Y sobre todo, ¿qué podía ser tan grave como para que hubiera tenido que llegar a eso? Otros párrafos hablaban de una pérdida selectiva de memoria, de la sangre de millones, y que a final de cuentas, el que estuviera ahí, en ese momento, y en medio de una gran nada, había sido una elección voluntaria.

Lloró tal vez por horas, pero al final recuperó la serenidad. Se puso de pie, estoicamente, vistiéndo el traje oscuro que había comprado la noche anterior en Harrods; ocultó el arma en el saco, y salió dando un portazo dispuesto a que si el mundo tenía que derrumbarse, que así fuera. Si había tomado la decisión equivocada… entonces, que lo pagaran todos.

Comenzando por Dios.

Luz que taladra los sentidos, abominable luz del día. Encuentro en el despertar un dolor tan profundo como el de la incertidumbre y la resignación. La cama que sujeta mis muñecas, los desechos en los que me hundo, las paredes recubiertas, las partículas en el ambiente, todo, absolutamente todo, brilla con la abominable luz del día.

Si deseara recordar qué me trajo aquí, estaría persiguiendo una ilusión y una pesadilla al mismo tiempo. Sé, intuyo, que día a día entra al torrente de mis venas la inconsciencia que me tiene en este limbo. Llevo tanto tiempo aquí que mi mente está completamente en blanco. Cualquier atisbo de recuerdo sería aún más lascerante. ¿Para qué tratar de recordar quién soy, si el mínimo presentimiento de ello haría caer sobre mí toda la miseria de mi condición actual?

Lo hago también por ti que estás aquí adentro, conmigo. Si tú supieras quién soy yo, no tardarías mucho tiempo en conseguir, tu propio doloroso despertar con la abominable luz del día.

Al abrir mis ojos lo primero que sentí fue un inmenso dolor en la parte izquierda de mi rostro.
En la T.V. una reportera hablaba de el inmenso impacto económico de el país y de cómo las agencias federales estaban tras de la pista de una célula terrorista sin aun tener certeza de los responsables de los atentados mas destructivos en la historia de América.
Me levanto de la cama, el cuarto parece bastante austero, se escuchan en el piso de abajo, risotadas y frases de celebración, afuera de lo que parece ser mi habitación de recuperación, (lo intuyo por las gasas y el fuerte olor a alcohol de la mesita de a lado) escucho un diálogo entre dos sujetos, uno pregunta como sigue su líder, le responden que es demasiado fuerte para caer ahora, ahora que hay tanto por hacer.
Apenas había distinguido eso cuando veo a mi lado, sentado en una pequeña silla a un hombre rubio, no mayor de 30 que fuma un cigarro y suelta una risotada cuando lo veo a los ojos.
- Ja!, que si somos fuertes?, esos soldados no saben de lo que somos capaces –
Lo veo con extrañeza, solo alcanzo a gemir un “¿Qué?”
La puerta se abre y entran 2 tipos vestidos de negro.
- Señor, (risas) es un placer volverlo a ver en pié-
Mi mente se vuelve a poner en blanco mientras me dirijo nuevamente a la cama, el rubio rie al ver la T.V., los dos hombres de negro me ayudan a recostarme de nuevo.
- Tranquilo Sr. Durden, esta en casa.
Es extraño como no recuerdo haber llegado ahí, ni por que me llaman señor, pero es mas extraño reconocer que en la habitación de a lado se escucha “Where Is my mind” de Pixies.

Empecemos por el retrato. Seguro que no recordarás del todo el por qué del marco —siempre confundiendo la b del lugar de compra con la m del lugar del material—, pero sin duda alguna a ella sí: una cosa es ser pendejo o cabrón, y otra muy distinta un hijo de la chingada.

Después de ese gran detalle lo siguiente será… este trío de libros —apártalos del resto, no vaya a ser que te confundas y, brincos dieras, escritor te creas—; claro, no esperes enseguida dar con lo que cada autor postuló, pero sus nombres (Keynes, Smith y Friedman) serán garantía de ayuda. ¿Cuántas veces habrás tenido que consultarlos? O presumirlos, mamón.

Y como la tercera será la vencida, acércate este par de cedés: Con orquesta y En Nueva York. No desesperes, por el momento que sean sólo de referencia, Javier puede esperar y, ya te digo, pasada la tempestad —con las rancheras y, sobre todo, el resto de la pléyade: José Alfredo, Jara, Carrillo, Pepe Pepe— la calma de su voz te traerá, quieras o no, de vuelta.

Ahora sí, todo listo, si hasta guapo te ves, ¿te servirá dejar también algo de ropa? Saca pues esas las corbatas con animalitos y el par de mancuernillas que te regaló cuando la primera vez que te visitó… O mejor que no, dejémoslo en un par de sudaderas colegiales. Todo sea por asegurar el, insisto, sano regreso.

Sea pues, al mal paso darle prisa. Salud.

Desperté a media madrugada debido a una pesadilla terrible. Esperé unos segundos hasta que mi mirada se adaptara a la oscuridad de la habitación donde me encontraba.
Dónde estoy?, Mi corazón comenzó a latir apresuradamente mientras yo buscaba algún objeto familiar. Ahora si metí la pata hasta el fondo- pensé. La habitación era pequeña y olía a limpio, definitivamente el cuarto de un hotel. Bajé las escaleras y no fue hasta que la mirada inquisitiva del portero me escaneara de arriba a abajo, que me di cuenta que andaba con ropa de dormir.
Qué lugar es este?-pregunté
Hotel Villalobos me respondió el portero sin dejar de analizarme.
Cómo he llegado aquí?-le pregunté
Cuál es su nombre por favor ?-
Me quedé totalmente anonadada pensando en cuál era mi nombre. No lo sé-respondí mientras trataba de contener el temblor de mi barbilla anunciando el inminente llanto que se avecinaba.
Justo cuando comenzaba a usar el segundo paquete de servilletas un hombre trigueño entró corriendo por la puerta del hotel y pasó de largo hasta la carpeta, allí lo vi intercambiar agitadas palabras con el portero, quien le señaló en dirección al sillón donde yo me encontraba.
No sabes lo preocupado que estaba-me dijo- perdóname por favor .Apenas traté de explicarle lo que sucedía me interrumpió. Dime que me perdonas y todo queda olvidado-me dieron ganas de reír al escuchar la irónica frase, mas mi sonrisa fue interpretada como un ¨estoy de acuerdo¨ y en menos de dos minutos estábamos en un taxi rumbo a ¨casa¨
En el camino pude ponerme al tanto de mi situación, la noche anterior había tenido una trifulca con la madre del hombre (quien resultó ser mi esposo) y esta me había golpeado en la cabeza con un sartén. El me había dejado en el hotel luego de asegurarse de que no había derramado nada de sangre y regresó a la casa a hablar con su madre.
Cuando llegamos a la casa todas las luces estaban apagadas. El se adelantó para abrir la puerta y todo lo que recuerdo fue que tras un fuerte dolor en mi cabeza volví a perder el conocimiento.

Abro los ojos … me encuentro confusa, perdida.
—¿Que es este lugar? esta penumbra me ciega un poco… ¿Dónde estoy? —
Al fondo distingo un débil haz de luz, trato de incorporarme pero esta cama es demasiado aguada, me hundo en ella de nuevo.
— Me digo — haz un esfuerzo ¡Uf¡ estoy endeble, ¡Vamos tú puedes!… lo logro detenida del buró; caen cosas al suelo, oigo como se rompen; siento a mis pies; agua, vidrio y un objeto pesado, lo levanto; es una fotografía, hay dos viejos y un niño que sonríen —¿ Quienes son?—
Camino hacia la luz atravesando la recámara donde hay un viejo ropero, un tocador con cintas, cepillos y —¿Limones exprimidos ?— su olor me reconforta. Noto los retratos de santos colgados a la usanza de antaño y el altar de una virgen.
Llego al umbral de la puerta … un corredor largo, tamizado por la luz del crepúsculo; lleno de jaulas tapadas. Oigo voces, llantos. Ayudada por las paredes, cruzo la entrada de un baño. A escasa distancia la luz es intensa, el gimoteo aumenta, siento que tengo que atracar esa luz ese gimoteo, me afano por llegar; camino despacio, un paso a la vez.
Arribando la luz me ciega por un instante; llena de velas la habitación alberga, al centro, un féretro blanco rodeado por cuatro cirios, acotado por los dolientes que al verme se callan, entonces al fondo, descubro la foto; ahora comprendo; los limones, las jaulas tapadas, el altar, la foto de los viejos y del niño; bello, risueño como en esta del fondo abrazado a su madre, abrazado a mi.

¿Somos algo más que la suma de nuestros recuerdos? ¿la memoria nos forma o nosotros a ella? ¿como podemos estar seguros que no fuimos creados hace un instante pero con una memoria de años posteriores?

Imaginemos que despiertan una mañana con la memoria borrada en un cuarto aparentemente desconocido (que puede o no ser “su” cuarto) ¿que hay junto a uds y en su cercanía que los ayude a inferir quienes son y donde están?

Los participantes de Metatextos deberán, en trescientas palabras o menos, responder las preguntas anteriores (las del cuarto, no las “filosóficas” de introducción) con una historia.

El antecedente literario de este ejercicio es “Viajes por el Scriptorium” de Paul Auster.

Tienen hasta las 23:30 horas del Jueves 1 de abril. Como siempre los ejercicios se publicarán a las 0:00 del Viernes 2.

Suerte.

Muchas gracias a todos por su participación. Traten de comentar el mayor número de ejercicios posibles, eso enriquece la experiencia de este taller.

El ejercicio 2.2 de Metatextos se publicará a las 23 horas del Jueves 25 de Marzo.

.

El aspecto realista habla por sí mismo; los elementos abstractos son dignos de mayor análisis.

Expresa familiaridad, como “En la Barca” (Manet); un fragmento de vida.

Parece Realismo Anecdótico, como en “El Duelo después de La Mascarada” (Gérome)… incluso existe similitud a causa de la nieve.

La escala de grises no enfatiza tragedia, como en “Guernica” (Picasso); ni nobleza o resignación, como en “Arreglo en Gris y Negro” (Whistler)… pero sí una tónica espiritual compuesta –siento yo– de reflexión, tranquilidad, armonía, optimismo.

La soledad de los paseantes no refleja aislamiento del entorno, como en “Dos Damas en la Calle” (Kirchner), sino unión –en menor grado intromisión– del hombre y la naturaleza, como en “Paisaje Imaginario” (Durand).

La composición parece, en primera instancia, incidental. Al segundo vistazo se advierte arbitrariedad: un camino curvo, como triángulo torcido, nos lleva en su punta truncada a un espacio abierto como en “Campos de Trigo” (Van Ruisdael), pero obstaculizado por la hilera de árboles como en “Los Funerales de Foción” (Poussin) con lo cual resulta un espacio semi-abierto definitivamente romántico.

Es curioso cómo las personas están casi fuera del cuadro, fórmula empleada por Degas en su “Mujer con Crisantemas”… aunque en realidad dudo que los peatones sean los protagonistas, ordinarios más que enigmáticos.

¿La historia? Es difícil. No hay mucho qué agregar…
Dos personas, despreocupadas de los estragos que el invierno europeo acarrea, pasean tranquilamente por las calles de Barcelona. Luego de conversar acerca del creciente desempeño de “los galácticos”, apuestan quién quedará campeón al final del torneo.

–Puyol y Messi siguen sólidos, Guardiola ya trabaja los puntos débiles; el Real está dividido. Voy por los nuestros.
–Diez euros… ¿Apostamos al mundial?
–No, que ahí no hay duda: España será campeón. ¿Pipa o puro?
–No hay duda. Puro.

Enseguida me buscaste para mostrarme el ramo y lo único que se me ocurrió —acaso para disimular mi pueril nerviosismo— fue tomar la instantánea. Ni siquiera te abracé, sólo bromeé con el resto de comensales y solté un muy fingido: «ahora sí ya me chingué».

—Pero si hasta la silla te arrimaste —te reclamó una.

—Si con tus brazos te hubiera bastado —remató otra.

Me limité a seguir con la cámara en mano y a brindar con un desconocido. La novia te buscó y me susurró: «ves, lo sabía». Presumiste el “trofeo”, tus ojos se veían más grandes aún y su azul incluso combinó a la perfección con el vestido (ese que con trabajos e indecisión empacaste un día antes). Lo mejor sin duda era, cual corolario, tu sonrisa.

Bailamos como nunca y hasta mi improvisado canto se escuchó bien. Los invitados nos felicitaban y repetían el «hacen buena pareja». Las flores descansaban en la mesa, «no se las vayan a llevar», insistías.

Tan así era tu gusto que no te importó mi descarado coqueteo con una de las invitadas y a ella tampoco: lo confundió con una particular demostración de alegría de mi parte. Sólo el buen ánimo de la pareja principal nos superaba. Gracias a ti, sin duda, pues de mi parte había más bien preocupación: en semanas haría efectivo el ritual.

Hice todo lo posible por no mostrar signos de lo ya para entonces planeado. Creo que por eso no te tomé la cara y me concentré en tus manos; el ramo fue de más y, ya lo ves, tu mano izquierda no salió. Quizá ahora estuviéramos jugando al antes y después, algo así como un «primero esto, después esto», «ramo sí, ramo no»…

Hoy me queda solamente aquella foto y su historia.

“Se acabó”

No hubo necesidad de que alguien lo gritara… ese portazo una tarde de Enero lo firmaba a sangre y fuego.

Después de una relación tan conflictiva, donde todo comenzó como en un sueño y en 3 años me había dejado una inmensa amargura, aproveché para que la beca en el extranjero me permitiera olvidarlo todo como en una borrachera monumental. Porque para mí, nada –absolutamente nada- tenía sentido.

Serían como las 6 de la tarde en Londres. Por alguna razón tomé el metro y salí en la estación de Westminster bajo un cielo gris, pesado, más deprimido que nunca y sintiendo el frío de principios de Marzo como una cuchillada en la cara. Sin ganas de ir a algún lado en especial, me apoyé sobre la barandilla y comencé a ver a la gente que pasaba por mi lado.

Tenía frente a mí al Parlamento. Todo en ese lugar, de alguna forma, me hablaba de una antigua grandeza. Traté por un momento de imaginarme las sesiones, y entre sombras recordé las imágenes del Blitz alemán de la Gran Guerra… la coronación de Victoria… cómo los nobles habían obligado a Juan Sin Tierra a firmar la Carta Magna…

Y de ahí, algo llamó también mi atención: dos jóvenes que intentaban cruzar la calle pero que en realidad se quedaron en ese punto como media hora. Pude escuchar a uno de ellos (de chamarra roja), visiblemente emocionado, contar cómo había huido de la limpieza étnica de Bosnia, llegar a Inglaterra, reconstruir su vida, y soñar con un futuro en el que cada día le parecía un milagro.

No necesité más. Se me hizo un nudo en la garganta, y creo que lloré durante un largo rato por mi propia estupidez. Por un momento pude ponerme en los zapatos de aquél desconocido, y compartir, con él, el milagro de la existencia.

Lomo London

Monika.

El frente a frente es, a pesar de toda previa experiencia, siempre una primera vez. Irrepetible e inolvidable en idénticas proporciones.
Se me ocurre, por ejemplo, aquel que tuve con Monika, representante de Moscú en mi variadísimo álbum fotográfico; Desenlace inesperado de una noche helada que, por momentos, pensé me llevaría a una elección basada en azares repugnantes, sacrificio necesario para cumplir mi compromiso soliloquista.
Afortunadamente, las horas de espera recompensan a quien tiene una misión, e introducirme, presa de la deseperanza, a beber un trago en ese bar ubicado entre la nada, me llevó a encontrar ese maravilloso rostro, promesa de expresiones únicas e ideales para mi ansiado cometido.
Pagué, generoso, una botella de mezcal, considerablemente cara en tierras rusas. Habría pagado cinco más de ser necesario, las consecuencias lo valen.
Pagaría fortunas por repetir las incontenibles carcajadas que Fabián me provocó al preguntarme si había sido testigo de situaciones peligrosas en mi viaje por la Europa oriental, ”¿pues qué no viste hostal, guey?” dijo el muy imbécil mientras cambiaba de página. 
Aceptaría la quiebra si a cambio pudiese presenciar de nuevo los gestos de admiración ingenua que me brindaron Jaime y Santiago mientras llenaban sus ojos con ese cuerpo lechoso y exquisito, incapaces de apreciar cómo, por orden mía, la chica fingía una sonrisa a pesar del terror que estaba sufriendo al saberse pronta a encarar la fatalidad.

 http://www.flickr.com/photos/paatryk/4424791877/

-¡Rápido! ¡Debemos de ir más rápido!

-No hubiera pasado esto si hubieras pisado el freno.

-Lo pise antes de darle ese móndrigo besito, malditos chakas de mierda, ¿sólo nos persiguen por un besito?

-Ya ni modo, sigue acelerando.

Al ritmo de la música que llevaban en el iPod, el conductor decidió pisar a fondo el acelerador, viajando a una velocidad inimaginable, rápida y de una aceleración nunca vista dentro de aquel túnel, obviamente, era ilegal, ni la policía en moto pudo alcanzarlos, ni a ellos, ni a sus perseguidores.

-¡Debo de atrapar a esos pendejos!

-¡Ya se wey!  ¡Tengo unas ganas tremendas de tronar a alguien!

No muy atrás de nuestros personajes, sus perseguidores estaban decididos a  golpear (incluso sodomizar) a nuestros personajes, no fue un golpe en si lo que les dieron, sólo un pequeño empujón, lo que ellos querían nada mas era golpear a alguien por el placer de hacerlo, típico de la gente de su calaña: Hip hopera, amante del Reggaeton, altanera y habladora.

Nuestros personajes lograron lo impensable, aceleraron aún más, hasta se sintió el jalón al momento de dar vuelta en una de las curvas. Ese era un viaje que nunca olvidarían, tal vez sería el último en sus cortas vidas.

“Rápido, Acelera, Adelante” era lo único que había en la mente del conductor, su copiloto estaba más que aterrado, no podia creer la velocidad, fue aún más su horror cuando los chakas los emparejaron, estaba por darles un golpe a lado, cuando de pronto, fue tarde, sus perseguidores se estamparon por la parte de atrás de un trailer de doble remolque, los diarios del dia siguiente declararon que murieron al instante, sis cabezas fueron encontradas, pero no en muy buen estado.

Nuestros personajes siguieron acelerando, pero no vieron lo que les esperaba al frente…

http://www.flickr.com/photos/jfleming701/4424301013/

Ella me dejo. Hacían 67 días que ella había partido. Es una situación curiosa: yo no soy una persona que se comprometa, sufro de ansiedad y unas alarmas imaginarias empiezan a sonar cuando siento esa presión que me somete al compromiso. Pero no ella; ella estaba igual o peor de asustada por cómo iba nuestra avanzando nuestra relación, era una relación con futuro, un hermoso futuro. Yo omití por primera vez el sonido ensordecedor de contingencia en mi interior. Lo descarté por ella. Y después se fue. Irónico y patético a la vez. ¿Quién iba a pensar que la primera persona que me haría comprometerme, fuera la primera que me dejara? He tenido otras relaciones, algunas dramáticas otras salvajes, pero esta -ella-,  eran diferentes. Yo las hice de esa forma. Y ahora mientras huyo de mi país en busca de algún tipo de paz espiritual, mientras siento la vibración de los rieles en constante fricción con las ruedas del vagón, sus palabras resuenan en mi interior golpeteando mi esternón en una secuencia cadenciosa e inhumana. ¿Qué significa “sentirse más cómoda siendo solo amigas por el momento”? ¿Cómo pudo hacerme esto, conociéndome de la forma en la que ella lo hizo?

Pero nada de eso importa ya. Estoy en el otro lado del mundo, viajando, conociendo, mientras ella esta enfocándose en su carrera. Estoy celosa y sintiendo pena por ella a la vez. Todo esto revolotea en mi mente, trato de secarme el sudor de mis manos alisando mi pantalón, hago una nota mental de comprar uno o dos pares antes de llegar al hostal, tienen que ser pantalones divertidos, efusivos, que no tengan una pizca de ella. Veo por la ventana una pared repleta de grafitis. Sonrío, ya sé lo que necesito.  Quiero un par de Rodeo Pants.

-       Padre perdóneme pues he pecado.

-       ¿Agnés? ¿Qué haces aquí? ¡La casa de Dios no es lugar para pecadoras como tu!

-       Lo se padre, pero también se que mi última confesión debe ser con quien me dio el bautismo, por eso acudo a su oído.

-       ¿Qué más puedes decir después de que deshonraste a tu familia huyendo con ese gitano? ¿Acaso no sabes el dolor que le causaste a tu familia?

-       Sí padre, se el dolor que le causé a mi familia, por eso es que aquí estoy. Vengo a contarle como fue que cada uno de ellos lloró y rogó por su vida y como mi mano fue cortando cuellos con sutileza. Vengo a contarle como fue que mi madre sollozaba que me daría sus joyas a cambio de seguir viva. Vine a contarle como es que después de tantos años, mi padre dijo que me quería. Vengo a pintar de sangre la nieve en la entrada de la sacristía.

-       ¡Insensata! ¡Cómo te atreves a venir a decirme tales atrocidades!

-       ¿Atrocidades dice? ¿Y cómo se le llama al destierro al que me obligaron ellos por seguir a mi corazón? ¿Qué le dice a una madre cuyos 6 hijos murieron por manos de su abuelo que no quería sangre gitana en su progenie? ¿Cómo le explico al hijo que espero que tuvo una familia que no conoció?

-       ¡Maldita!

-       Sí, pero desde el día en que nací lo he sido. Y fui bendecida cuando conocí a aquel gitano que tanto despreciaban. A aquel que me llenó de amor y que fue muerto por mis 6 hermanos. Maldita, sí, pero nunca arrepentida.

-       ¡Largo de aquí! ¡Ya no eres hija de Dios!

-       Gracias, ya puedo entrar a mi nueva vida.

http://www.flickr.com/photos/7148266@N03/4428270653/

Así la recordaré siempre. Cansada pero hermosa, con el vestido de fiesta de la noche anterior, mirándome.

Estaba yo despertando un poco desorientado por todos los huecos en mi memoria. Recordaba la pelea de la noche anterior, recordaba haber salido a caminar, pero no tenía idea ni cómo, ni a qué hora, ni en qué estado volví. La ignoré para ir al baño y despabilarme un poco. Volví a sentarme en el mismo sillón y ella seguía allí. Sentada en la orilla de la cama viendo hacia la ventana, esperando.

Me preocupó su expresión… era la primera vez en varios años que no me miraba con odio. Sus ojos no tenían lágrimas, simplemente me veían con tristeza. Empezó a hablar. No puse atención a sus palabras exactas… era obvio que se estaba despidiendo. En cuanto supe de qué se trataba preferí observarla que seguirla escuchando. Preferí guardar esa imagen para siempre. Su cuello estilizado, sus ojos brillantes… su expresión decidida y melancólica. Me di cuenta que realmente no tenía nada que decirle, no había ya nada que rescatar. En ese instante supe que ya no la amaba y me dolió.

Fue la última vez que la vi.



El teléfono sonaba insistentemente, cualquier esfuerzo de mi parte para ignorarlo resultó inútil. Con todo el desgano contesté y era él, había mucho ruido de fondo y me costaba trabajo concentrarme para lograr entender lo que me decía.

-Estoy en el aeropuerto…-

Mil ideas daban vueltas en mi mente, ‘en el aeropuerto’, dijo. Los latidos de mi corazón se aceleraron considerablemente y la emoción que me embargaba era simple confusión. La otra noche dijimos que no queríamos saber nada el uno del otro, la despedida fue de común acuerdo y la idea de poner tierra de por medio fue suya.

-No puedo vivir sin ti…-

Sin poder creer lo que me decía me limitaba a intentar entender sus palabras mientras me frotaba los párpados somnolienta. Yo tampoco podía vivir más sin él pero mi dignidad y amor propio estaban de por medio.

-¿Puedo ir a tu departamento?…-

Sin entender aún por qué, dije que sí. Colgué el teléfono, comenzaba a amanecer y una suave luz se colaba por mi ventana. Mi cabeza estaba tan revuelta que distraída me vestí con lo primero que encontré. Mis opciones eran tan reducidas que aún me preguntaba la razón por la que había aceptado la visita de un hombre que en su momento me hizo tanto daño. Amor, era la respuesta.

Clavé mi mirada en el panorama urbano que se alcanzaba a ver desde mi apartamento, los recuerdos, las aventuras, las risas y hasta las lágrimas, que convirtieron a esa relación en la más importante de mi vida, volvieron como una ráfaga de imágenes que saturaban mi cerebro… y mi corazón.

Las manos me sudan, no debe tardar en llegar y no tengo idea de lo que voy a decirle…
¡Ding dong – ding, dong!

[Lo siento, no supe como insertar la imagen y, asumiéndome ignorante al respecto, dejo la liga correspondiente: http://www.flickr.com/photos/sergio_serj_buss/4439898213/]

Tendrías que verte con otros ojos. Sería en vano detallarte cada una de las fascinantes cualidades que te hacen hermosa si tu ceguera cuelga cortinas que no te dejan ver y construye ventanas en los que consideras tus peores defectos.

No es necesario que frunzas el ceño cuando te lo digo, sé que preferirías que te convenciera y me gusta hacerlo, pero si por un momento te vieras como los demás te vemos sería más fácil distinguir entre la gente que te lo dice sólo por cortesía  y los que te lo decimos porque nos encanta como sonríes cuando lo escuchas.

Mira por la ventana. El amanecer, la ciudad, el olor a lluvia, es hermoso.  ¿Por qué ahora no me dices exagerado? ¿Qué tienen de diferente las gotas en la ventana y los lunares de tu espalda? No lo digo por que sea cursi (y no estoy diciendo que no lo sea), sólo no me puedo explicar cómo es que estás de acuerdo conmigo en lo que vemos a través del cristal y diferimos tanto en lo que hay del otro lado del espejo.

Flash.

—Voltea.

—No, estoy toda fodonga.

—Claro que no, te ves hermosa.

—Exagerado.

—Tendrías que verte con otros ojos…

En Mayo, exactamente el día de mi cumpleaños, papá me regaló dos pasteles, uno para mi amá y abuela, el otro para mí. Le dije que era innecesario que con uno bastaba, pero él insistió. Fuimos a la pastelería Lourdes por recomendación de un conocido suyo. El local es limpio, bien iluminado y cuenta con refrigadores-mostradores, en aparencia una pastelería como cualquier otra. Al entrar en el establecimiento lo primero que llamó mi atención fue un ridículo pastel que más bien parecía un bote donde guardar chucherías colocado en el aparador. ¿Qué es esa madre! exclamé sin moderar el volumen de mi voz, la señora que atendía hizo caso omiso de aquel comentario y nos trató amablemente. Me decidí por un pastel de fresa cubierto de merengue y rebadas de la fruta y un pastel de chocolate. Después de pagarle a la señora, ésta mandó por los pedidos y salió a entregarnoslo la chava más bonita que hubiera visto en mi vida. Me quedé atónito un instante: su rostro resplandecía, su sonrisa me cautivaba, su andar y delicados movimientos eran hipnóticos. Toda ella irradiaba un aura que me hizo feliz.

Pasaron dos semanas y yo no olvidaba a la pastelera, deseaba verla de nuevo, hablar con ella pedirle que fuera mi novia. Pero no había ninguna razón para volver. Después de mi cumpleaños el próximo que festejaríamos sería hasta Septiembre. Una amiga me aconsejaba y animaba a que fuera y la esperara terminara su turno. Después de una semana finalmente lo hice. Estuve todo el día pero ella no apareció. Entré a preguntar por ella a la misma dependienta de la vez pasada, se la describí: chaparrita, pelo enchinado, piernas y brazos delgados pero llenita.
—Ya no trabaja aquí.
Contestó. También que el ridículo pastel lo preparó ella. Lo compré.

Ana veía de reojo los estantes acomodados. Era rara la sensación de simetría que se producía entre los pasillos y la iluminación. Inmediatamente pensó en la luz que poco a poco recorre las escalinatas de la Pirámide de Kukulcán  en el equinoccio de primavera: qué marcadas diferencias había  entre épocas para la consecución de alimentos. El hombre, al inicio, tuvo que aprender a cazar, a salir de la cueva y a usar fuego. Tuvo que modificar su entorno físico para sembrar  y cosechar.  Tuvo que pasar por varios estadios socioeconómicos para darse cuenta que lo que importa es comer. Las revoluciones sociales son resultado de gran carencia de alimentos. Qué diría el hombre antiguo al ver esta mercancía  enlatada. Mercancía refrigerada. Luz y simetría. Las técnicas de cultivo han sido sustituidas por reglas de mercadotecnia: el precio unitario es la medida que controla y no las características intrínsecas de los alimentos: color, sabor, tamaño… eso no importa. Todo debe ser lo más barato. Lo más conveniente al bolsillo. El dinero es el único bien que el hombre no ha podido sembrar ni cosechar. ¿Qué pensará el hombre posterior a nosotros? ¿Qué pensará de las ruinas de estos negocios, de estos supermercados? ¿Templos al consumo? ¿A cuál dios adoraremos? ¿Seremos considerados como una “inteligencia superior” necesaria para el desarrollo de su civilización o seremos el bache existencial que fue difícil afrontar y superar? Es gracioso que por un lado necesitemos toda esta parafernalia para poder allegarnos alimentos y por otro lado Ser recordados como la civilización pragmática que tuvo que destronar todo su mundo para poder sobrevivir en él…

 Aunque pensándolo bien, sí fuera conejo y pudiera elegir, escogería zanahorias en lata que tenerlas que conseguir sin ser cazado. Y más si están de oferta… es una vida totalmente fascinante.

http://www.flickr.com/photos/annouchkalapirate/4429023063/

Casiopea fue una mujer bendecida con la belleza más grande que se pudo ver durante la segunda década del siglo pasado. Desgraciadamente, también fue maldecida con la vanidad más irritante e insoportable de la que se haya escuchado jamás.

El único ser capaz de soportar la antipatía de Casiopea era su blanca gata de angora: Andrómeda. Por lo tanto, Casiopea iba con ella a todos lados, la cuidaba, la bañaba y la admiraba durante horas; sentía que juntas representaban un nivel de belleza jamás antes visto e imposible de igualar en ningún otro momento. Deseaba que Da Vinci hubiera estado vivo, pues él era el único con la habilidad necesaria para retratar tan vasto despliegue de hermosura.

Casiopea pertenecía a una familia acomodada que habitaba en el sur de Francia, pero que ocasionalmente vacacionaba en los Bosques del Norte.

En una ocasión, a mediados de Noviembre, cuando Casiopea se disponía a dormir, Andrómeda salió corriendo de la cabaña. Casiopea –que tan sólo contaba con dieciséis años- no podía dejarla ir, su vanidad no le permitiría volver a ser feliz sabiendo que su accesorio perfecto había desaparecido, así que salió corriendo tras ella en su ropa de dormir y se adentró en el bosque a mitad de la noche hasta desaparecer en la penumbra. Fue la última vez que su familia la vio con vida. Tres semanas después encontraron sus restos que abrazaban el cadáver de un gato de angora blanco. Casiopea se había perdido y murió de hambre.

Desde entonces, la leyenda cuenta que Casiopea se aparece a todas las mujeres bellas que osan poner pie en los Bosques del Norte, no para recordarles que la vanidad puede llegar a ser mala, sino para demostrarles que ella sigue siendo la más hermosa de las mujeres que han existido.

Tengo ese día tatuado en la memoria.

Parecía cualquier otro día pero me partió la vida en dos. Ese día amaneció radiante, lleno de potencial. Desde mi ventana te vi salir tempranito de tu casa, con tu gorrito azul y vestido a juego. Fui detrás de tí, acechando sombra, larga por el sol de la mañana imaginando que suspirabas al escuchar mis pasos siguiéndote.

Llegamos al árbol, nuestro árbol. El último de la fila, donde inicia la vereda hacia el lago, donde siguiendo el ejemplo de enamorados de película tallé tus iniciales junto a las mías. No las rodée de un corazón porque me creo romántico pero no infantil, esas cosas son de niño ñoño. Pero yo contigo, estoy aprendiendo a ser adulto. Apresuré el paso para alcanzarte.

En un movimiento te tomé de los hombros para girarte y robarte un beso premeditado. Tu cara de sorpresa no ocultaba la alegría de tus ojos. Estabas esperándome. Había pasión en tu mirada. Lo sabía entonces y lo sé ahora.

¿Cómo olvidar que tan sólo dos días antes estuvimos en este mismo camino pero escondidos por los arbustos? ¿Cómo olvidarlo si aún tengo el sabor de tus labios y el toque te tus manos sobre mi cuerpo? Tanta emoción que explota y se desborda en tan pocos minutos. Y tú con tus ojos llenos de lágrimas y esa sonrisa tan grande.

Te llamaron y corriste a tu casa, quedamos de vernos más tarde, tal vez pasear en bote por el lago. Todo era perfecto. ¿Porqué entonces llegué para encontrarte en el centro del lago, dentro de nuestro bote con mi hermano?

Link a la foto

Esta semana haremos un ejercicio de los más viejos del libro, que por lo mismo es de los mejores.

Los participantes de Metatextos deberan asumir que la imagen central que salga en ésta página http://www.flickr.com/explore/interesting/7days/cuenta una historia y escribir dicha historia en 300 palabras o menos.

Deberán tambien linkear la imagen que les salió

Suerte.

Tienen hasta las 23 30 horas del Jueves 18 de Marzo. Los textos se subirán a las cero horas del Viernes 19

—Tenías razón es mejor esperar en tu habitación. Me empiezo a desesperar con tanto turista quejumbroso.
—¿Cómo le haces entonces para soportarlos en  los vuelos?
—Esto es sólo temporal, si Dios quiere, el año que entra se me hace lo de la artisteada. ¿Y tú, cómo le haces para poder pagarte esta suite?
—Soy ingeniero.
—¿Ingeniero de los que construyen edificios o de los otros?
—Ingeniero en desarrollo de software.
—Sé ve que te va bien, mira ese minibar que el Doc está abriendo es más grande que el refri de mi casa.
—Espero no te moleste, pero abrí una botellita para amenizar la espera.
—Agarren lo que quieran.
—Me gustan los hombres de pocas palabras, como tú.
—Cuando quieras.
—No me tientes que en una de esas te agarro… la palabra.
—Creo que estoy estorbando aquí, voy a darme una vuelta por las albercas, me llevo esta botella para el camino.
—No Doc, no se apure. Además, aunque quiera hoy no se puede, asuntos de chicas. Pero un día de estos me doy una vuelta a México.
—Nunca he entendido, ¿por qué le dicen México al DF?
—No sé, por costumbre supongo.
—Es interesante, yo también alguna vez me lo pregunté, la conclusión a la que llegué fue que se debe a las señales de las carreteras que siempre dicen México.
—Yo casi no nunca he viajado en en carro. Cuando era niño nunca viajábamos y ahora que tengo dinero siempre viajo por avión.
—Yo igual, la primera vez que salí de Sinaloa fue cuando conseguí este trabajo.
—¡Oh Sinaloa! El año pasado que el Atlante jugó contra los Indios fui a verlos, había mujeres hermosas por todos lados.
—Las famosísimas Culichis.
—¡Salud por nosotras!
—Y como parece que va para largo, de una vez abro la otra botella.

- Me llamo Ricardo, ¿y usted?
- Sonia.

Su acento me da buena espina, es de por aquí. La gente de la península es tranquila y amable. Me relajo. Se sienta en el suelo, me extiende la mano y la estrecho. Se ve mucho más calmado que el muchacho de playera que salió de la habitación para averiguar si había otra salida.

- ¿Tuvo suerte con eso? -Señala mi celular.
- Nada. -Digo tratando de verme tranquila-. Casi no tiene pila, entonces creo que lo voy a apagar un rato.

El chavo de playera deportiva regresa, me vuelve a mirar de reojo y se sienta al lado de Ricardo.
- El domo de la recepción debió caerse, no estoy seguro de que material estaba hecho pero al parecer la estructura parece no haber soportado tanta humedad…
- Mire, le presento a la señorita Sonia. – Dice el señor Ricardo, tratando de integrarme.

Estoy acostumbrada a sonreír en situaciones incómodas así que lo hago.
- Mucho gusto.- Digo, extendiendo mi mano.
- Encantado, Ingeniero Oscar Tejeda para servirle ¿Es empleada de este hotel?
- No, mi empresa tiene contrato y me quedo seguido… pero no.
- ¿A qué se dedica?
- Trabajo para la Aerolínea del Caribe…- Me detengo antes de recitar el eslogan de la compañía, debo estar muy cansada ya.
- No la conozco, digo, viajo mucho pero casi siempre es por negocios…
- ¿Y usted Ricardo? – Interrumpo. Observo cómo Oscar se molesta un poco, pero no dice nada.
- Soy médico, pero estoy de vacaciones.- Su rostro se endurece.
- ¡Qué interesante! – Ahora interrumpe él.- Yo estuve admitido en medicina pero a última hora me decidí por Ingeniería Civil…

Me excuso para ir al baño. Un insistente dolor en mi vientre me avisa que dentro de algunas horas voy a necesitar con más urgencia agua limpia.

Older entries »