‹ La perversidad está ahí fuera • Y se hizo la luz…….. ›
El metro estaba lentísimo y yo tenía mucha prisa por llegar a la escuela. Estúpido examen. La estación se llenaba de gente y el metro no abría las puertas. Era la ironía hecha vida: los vagones vacíos y afuera todos moríamos aplastados, como un chicle debajo de alguna banca.
Magia: se abrieron las puertas y todos entramos para ganar lugar. Me quedé de pie pues sólo recorrería dos estaciones. Se cerraron las puertas y mucha gente se quedó afuera. “Se llama suerte, perras”, dije con los labios, mientras muchos ojos me veían a través de las ventanillas.
De súbito, noté que alguien se me estaba acercando demasiado, más de lo legal. Pensé ir a otro lado, pero ya no había espacio. Me moví en señal de disgusto, pero él puso sus manos en mis caderas y me acercó –violentamente- hacia él. Mi moral retrógrada me decía que esto no estaba bien. Puso sus labios junto a mi oído y empezó a respirar profundamente. Me sentía como líquido en sus manos; como si el aire que emanaba de su boca entrara a mi oído, viajara en espiral hasta conectar mi cerebro con lo que había estado muerto, durante mucho tiempo. Primera estación: se cerraron las jodidas puertas y yo me deshacía en el extraño que me fulminaba poco a poco. Puso su mano en mi cuello y, mientras susurraba palabras, me asfixiaba un poco. Éramos dos átomos a punto de explotar. Justo cuando empezó a acariciar mi cartílago con su lengua, llegamos a la siguiente estación y salí corriendo de ahí. Se me hacía tarde… aunque no fui al examen. No entregué mis tareas, no hice el papeleo que debía ni levanté la mano en las clases: la mano la ocupé, todo el día, encerrada en el baño de la escuela.
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14 comments
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Marzo 21, 2008 at 4:59 pm
Sara
particularmente odio a los tipos que se acercan demasiado, ew!
pero tu relato me gusto, estuvo bueno, rapido, descarado y sexual.
objetivo muy bien logrado.
saludos.
Marzo 21, 2008 at 9:49 pm
elmonares
Marzo 21, 2008 at 11:58 pm
Lidia
Marzo 22, 2008 at 1:13 am
l i l i t h
defintivamente, no veo forma de disfrutar un texto como éste, en que un lector descuidado podría encontrar hasta una apología del acoso sexual.
delgada es la línea entre lo excitante y lo insultante.
Marzo 23, 2008 at 8:55 am
Raúl V. Ortiz
Marzo 24, 2008 at 9:20 am
3rn3st0
Marzo 25, 2008 at 6:42 pm
Cazador de Tatuajes
Ah por cierto, me causa comezón que te hayas puesto como personaje central porque lo de “se llama suerte, perras” te lo escuché con estos oidos que se han de comer los gusanos.
Marzo 26, 2008 at 11:54 am
Rox
Marzo 28, 2008 at 6:04 pm
El Satánico Dr. Iosephus
Marzo 30, 2008 at 12:46 am
Buba
Sara: Oh, yo tmb los odio. Demasiado, yo por eso sí grito y sí me precipito jaja.
elmonares: Muchas gracias :3
Lidia: Lo sé, muy real. De hecho hasta resulta increíble. Pero, citando a una maestra: “increíble, no de extraordinario, sino de que no lo crees, no!”
l i l i t h: El texto contiene dos parafilias reales, que serían el dude que acosa y la tia que, digamos, se siente bien en manos de un extraño (el punto del texto, no me fije tanto en las parafilias en sí, sino en la coincidencia, una en dos billones, creo, en que uno le corresponde al otro y en una situación como lo es el terrorífico METRO! [tema de la coincidencia: metro a morir, la hora, se encuentran, se da, vámonos]). Ahora, no puede ser una apología del acoso sexual porque no se hace ni una sola afirmación universal del gusto por ser acosado sexualmente (que no existe). De haber escrito “A todas las mujeres en verdad nos encanta ser tocadas por un extraño” pues ahí si qué, aparte de que resulta ser una premisa totalmente falsa. Hum, te diría que esto se debería considerar como total ficción, pero tengo amistades que, de hecho, se han visto en esas situaciones y realmente les agrada. Kinda weird, I know. Por mi parte, yo repruebo el acoso sexual.
Raúl V Ortiz: Muchas gracias
Aunque, el original es como de 600 palabras o menos jajaja, fue un problemón arreglarlo.
3rn3st0: Muchas gracias!
Cazador de Tatuajes: Gracias! Yey! P-pero sólo son frases comunes! Aunque, sí lo he aplicado. Oza, para los que se quedan afuera y así. Sí me explico, ¿Verdá? jaja
Rox: Ay, si a mi me pasara sí hago un show. Faltaba más. yo por eso siempre voy bien eriza en el metro, no sé. Es rara esa sensación de inseguridad que se respira automaticamente en el metro. x_x
El Satánico Dr. Iosephus: Hay de todo en la viña del señor. Lo juro, citando lo que dije arriba “es increíble, oza, de no creerse” brbrbrbr-
Marzo 30, 2008 at 8:12 pm
l i l i t h
Mi observación es “que un lector descuidado puede encontrar una apología del acoso sexual”. Y lo digo por lo siguiente:
Lo que tú piensas y plazmas en un texto al escribirlo es muy diferente de lo que otro va a pensar al leerlo.
En ese sentido va mi observación. Para ejemplo basta la interpretación del Cazador “le asusta pero le gusta”.
En la mente del que acosa sexualmente existe una distorción, piensa que el acosado lo disfruta y que si se resiste es precisamente por esa “moral retrograda”. Para él, que se resistan no significa que no quiere.
Y con lo que explicas sobre la parafilia del personaje femenino y la coincidencia de los dos en el metro, el texto me parece más contradictorio, ¿por qué entonces ella no se queda ahí si es lo que disfruta, o no se va con el tipo?
Marzo 31, 2008 at 2:37 pm
Buba
Lo de la chica (que no se queda o se va con el tipo), bueno, creo que en la línea de la “moral retrógrada” es donde intenté dar énfasis (también) a una parafilia recién descubierta. Me faltó especificar (y talachear) eso, my mistake.
Mi punto sería; si ella ya tuviera experiencia, no se habría hecho ni la víctima silenciosa y, quién sabe, tal vez sí se hubiera quedado (Es como ese viaje de no “disfrutar” de las cosas por la culpa implícita [en este caso, la que le otorga su moral]). Y, claro, de tener experiencia en esto, tampoco hubiera mencionado, siquiera, a esa moral retrógrada. La evocación de la moral resultaría inútil, que le dicen.
Saludines
Marzo 31, 2008 at 5:06 pm
l i l i t h
Perdón por ser tan insistente pero la cuestión aquí tampoco es de hermenéutica en el estricto sentido metodológico. Todos hacemos labor de interpretación en todo momento, en diferentes niveles, esa es la base del lenguaje.
La cuestión es que la ambiguedad en la actitud del personaje evidencia la reproducción inconsciente de esquemas de violencia. Y eso es lo que se puede llegar a malentender.
Piénsalo, nomás, piénsalo.
Abril 4, 2008 at 11:44 am
Buba
Ah!!! ya , ya entendí la cuestión jajaja, yo andaba perdidísima en otros viajes. Yo lo atribuyo, creo, a que me faltó construir más el personaje. Aún sigo en la cuestión de escribir menos de 300 palabras, me cuesta mucho trabajo, siento que quedan muy incompletos (por ejemplo, mi primer metatexto era de dos hojas, imaginad). Probablemente una mejor construcción del personaje (y otro poco de la situación interna) hubieran quedado un poco más acorde a la idea que quería dar (todo lo que mencioné antes).
Gracias y saluditos