‹ La perversidad está ahí fuera • Y se hizo la luz…….. ›
“En tiempos ancestrales, cuando los varones buscaban el placer en soledad, ofrecían su simiente a la tierra en nombre de la diosa de la fertilidad, que al sentirse fecundada entonaba un hermoso canto que los llevaba a un incontenible placer. Así, semilla por semilla, lograban abundantes cosechas”.
Esa leyenda persiguió a Lucrecia Albassini, pues su increíble voz de soprano y su rostro angelical rebasaban lo terrenal. Su fama se aderezaba con diversos rumores: los mozos decían limpiar pecaminosas inmundicias en los teatros, los envidiosos aseguraban que el encanto de su voz se debía al impuro gusto de beber de sus amantes el néctar que antaño fertilizara la tierra.
Indiferente a las habladurías, el Cardenal Aguilanti, auténtico apasionado de la ópera, fue el primero ocupar su balcón en el estreno de Ariadna.
Aquella noche, Lucrecia, ataviada con una túnica de blanca seda, entregaba su voz a la melancolía del Lamento. Conmovidos hasta sus más sensibles fibras, mujeres y hombres escuchaban. Éstos, devoraban con los ojos tan hermosa visión, mientras sentían dentro de sus ropas el empuje de sus turgentes miembros. El mismo Cardenal, dejaba caer un hilo de baba.
Por un misterioso infortunio, la túnica de la diva resbaló, dejando a la vista sus voluptuosas formas. La lujuria se apoderaba del teatro mientras ella, en total concentración, proseguía inocentemente su canto, elevando a los presentes al éxtasis. Dulces y salados fluidos mojaban el terciopelo de los trajes que eran arrebatados con frenesí, chorros impulsivos golpeaban los rostros y desbarataban los altos peinados de las damas.
Las beatas mujeres, sin comprender el placer experimentado, estallaron en ira contra Lucrecia, causante de toda esa depravación. La arrancaron del escenario y la martirizaron hasta el límite de sus fuerzas.
La historia se contenta diciendo que al enfermar la cantante, Monteverdi la sustituyó con una actriz.
El Cardenal, en agradecimiento a su musa, no descansó hasta lograr que se le otorgara la gracia de la canonización, por supuesto, en nombre de la ópera.
Tags: no comente este texto, si nunca se ha venido en seco escuchando música
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13 comments
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Marzo 21, 2008 at 5:11 pm
Sara
ah! que bueno!
me gusto la forma de decir todo con otras palabras jajaja si hasta poetico y bonito sono.
y la forma de representar la hipocresia y de buscar chivos expiatorios, muy muy muy buena.
saludos.
Marzo 21, 2008 at 9:58 pm
elmonares
Marzo 21, 2008 at 11:53 pm
Lidia
Marzo 22, 2008 at 4:38 am
l i l i t h
y le diste al clavo, sobre todo cuando se habla de parafilias y de erotismo y sexualidad en general, hay mucha hipocresía y doble moral.
Gracias
el monares y Lidia
gracias, qué bueno que les gustó.
Marzo 22, 2008 at 7:35 pm
Raúl V. Ortiz
Marzo 22, 2008 at 11:19 pm
semidios
Marzo 24, 2008 at 12:43 am
Chosty
Marzo 24, 2008 at 8:58 am
3rn3st0
Es broma
La verdad luego de leer a Kuruni dije que ese era el mejor escrito que había leído en éste ejercicio, sin embargo, ahora me veo en la obligación de darle un segundo lugar, éste, éste es el mejor escrito que he leído de éste noveno ejercicio.
Mis aplausos Lilith, mis aplausos y mi sincera admiración por un escrito que no tiene pérdida. ¿Se vale eyacular en seco leyendo?
Marzo 24, 2008 at 9:02 pm
l i l i t h
Vaya halago, gracias.
Semi
jajaja tons considero que está bien escrito, jajaja, digo, para eso son los textos eróticos no?
Chosty
de nada de nada, los tags también cuentan, afortunadamente Sara 3rn3st0 y tú los notaron…
Gracias
3rn3st0
Gracias, ora sí que a mí me estan tocando los aplausos que a la pobrecita Lucrecia le cambiaron por madrazos, jajajaja
Marzo 25, 2008 at 7:04 pm
Cazador de Tatuajes
Tambien pienso que es el mejor gatita.
Marzo 25, 2008 at 8:29 pm
l i l i t h
Y pues el que rulea es Stravinsky, ja, que era del que quiería escribir en un principio pero luego se atravesó Monteverdi y pues así pasa cuando sucede
Qué bueno que te gustó ^^.
Marzo 27, 2008 at 1:21 pm
Rox
Marzo 28, 2008 at 6:27 pm
El Satánico Dr. Iosephus