‹ De Mártires y Vírgenes • En la oscuridad ›
Tíííía. ¿Quieres un dulce? Son de los que mi abuelo repartía. Los guarde en mi pantalón y mira, aquí estaban. Ten, toma.
-Gracias nena.
-¿Susana, aquí estas? Ven ya. Te estamos esperando y los demás empiezan a impacientarse.
-Déjame Rodrigo, que empiecen sin mí.
-Sabes que no puedo hacer eso. Daniela: anda, vete a jugar con tus hermanas. Deja que tu tía y yo hablemos.
-Ay papaaá.
-¿De qué quieres hablar Rodrigo? ¿Del tiempo que llevaba sin hablar con papá? ¿O de las palabras hirientes que le dije la última vez que lo vi?
-De cuánto nos amaba; y nosotros a él, Susana. Ya no puedes seguir torturándote. El jamás te recriminó nada y, si acaso, cuando hablábamos, reía y se alegraba al referirse a ti como su chamaquita celosa, su caramelo sonriente.
-Mira Rodrigo, déjame en paz, te lo pido, por favor.
-¿Te acuerdas que nos decía que no había mejor regalo que un buen caramelo? ¿Ý que acostumbraba llevarnos cada tarde a la dulcería, después de clases? Si lo piensas, es casi un milagro que no seamos obesos.
-No seas tonto Rodrigo, jaja.
-Tú eras su favorita Suz; tienes que animarte y pensar alegremente en él. Mi papá se dedicó a mamá y a ti; nunca querría que su dulcecito esté triste. Baja ya, estamos todos esperándote.
-¿Natasha está aquí?
-El me dijo alguna vez, muy serio en sus palabras, que era hora de reencontrarse con las libaciones de su juventud…
-Entonces se separó de mamá y se fue a viajar por ahí, y cuando regresó traía del brazo a esa vieja más joven que nosotros, que además ni habla.
-Es rusa. ¿Qué esperabas?
-Es una puta.
-Es familia, y alegró los últimos días de un viejo dócil y benévolo. Ten, cómete este dulce y llévale el otro a papá.
-¡Crema de limón, sus favoritos!
-Al final, él me dijo que había descubierto unos dulces aún más excepcionales; jamás dijo cuáles, sólo que eran azules…
Tags: Caramelos
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14 comments
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Abril 4, 2008 at 1:02 am
Leon
Ah! Tal vez no sea muy obvio cuáles dulces valoraría más que cualquier otro durante mi senectud. Lógicamente serían azules, revitalizantes, y en pastillas rómbicas; es decir: viagra.
Después de todo, lo único que le queda a los viejos es coger.
Abril 4, 2008 at 1:13 am
Leon
¡Ya descubrí dos errores de acentuación!
Como se nota que ahora sí lo escribí con prisa.
Ustedes dispensen.
Abril 4, 2008 at 8:56 am
3rn3st0
Abril 4, 2008 at 4:10 pm
Raúl V. Ortiz
Abril 4, 2008 at 5:46 pm
l i l i t h
Que piiiinche cursis somos eh 3rn3st0, yo también pensé que eran los ojos de alguien, sólo que no atinaba a saber si eran los de Susana o los de Natasha.
La introducción en la que habla la sobrina o sobrino, me sacó de onda, pero se me hace una entrañable historia de familia.
Nomás no te pelees por tanto tiempo con tus hijas.
Abril 4, 2008 at 6:21 pm
Kuruni
Abril 4, 2008 at 7:47 pm
Fargok
No puntualizo sobre los errores porque veo que ya tú los encontraste. Me gustó mucho, saludos.
Abril 4, 2008 at 8:28 pm
Cazador de Tatuajes
Abril 4, 2008 at 9:50 pm
Azhatoth
Bueno el cuantecito esta chido,a veces por diferentes causas nos quedamos sin decirle a la gente que la queremos, eso es triste.
Abril 5, 2008 at 7:52 am
Leon
Oigan, de veras, no mamen.
¿Pues qué creían que serían?
A ver, denle una pensada:
¿Qué es lo que más valoraría un anciano (raboverde -ejem-), junto a una mujer RUSA, seguramente despampanante y que es probable que no supere los veintitantos? ¡VIAGRA, señoras y señores! Viagra es la respuesta; la única y correcta además.
Me parece que al momento todos han caído aquí. Chale. Viven en un mundo de fantasía, me cae.
Para que aprendan a no confiarse tanto de las lecturas que hallen por ahí…
Y bueno, voy a hacer algo para lo cual normalmente no cuento con el tiempo necesario, pero hoy voy a darme el lujo: contestar sus amables comentarios -esto escrito con sinceridad-
.
La verdad es que muy poco me veo en la “costumbre de justificar mis textos”. Si acaso es más bien la compulsión de ampliar el contexto en el que se desarrollan, tal como me acusa Lilith, de cuasi perfeccionista. Además, posteo la aclaratoria desde un principio pues es improbable que pueda aparecerme aquí con la periodicidad que me gustaría, y me sabe descortés dejarlos así, tan ramplonamente.
Contrario a cualquier impulso de justificación, quedé muy satisfecho con este texto. En parte por que refleja algo personal, íntimo inclusive; en parte por que las condiciones en que lo escribí fueron precarias, casi incidentales. Para no hacerles largo el cuento llegué tardísimo de la oficina, entradas ya las once, así que tuve como quince minutos para escribir y dar coherencia al diálogo. Sobra decir que apenas y alcancé a postearlo
, y que fue por ello que se me fueron esos horrendos errores ortográficos, además de que tuve que servirme del Robot para dar formato a una última parte -de nuevo gracias-. Claro que debí echarle más galleta, pero en realidad lo que me faltó fue tiempo. Como dije, quedé muy a gusto con este cuento; ninguna justificación requerida.
3rn3st0, Lilith, Cazador, Azhatoth y Kuruni: la cursilería los reclama, no la hagan esperar.
Raúl V. Ortiz: a ti no, tú eres muy ojete wey.
Fargok: bienvenido. Siempre es un gusto que se den su vuelta por mis escritos.
Y ya, esta vez no me voy a la merga, pero me voy al ( * ) -léase culo- que es casi lo mismo.
Saludos.
Abril 5, 2008 at 8:26 am
Damián de Victoria
Abril 5, 2008 at 2:46 pm
Rox
Muchas veces esos pasa cuando uno escribe cosas muy personales, solo uno le entiende bien porque tiene todo el contexto.
Saludos
Abril 5, 2008 at 6:13 pm
Spotless
Un consejo: evita justificar lo que escribes. Si está bien hecho, el lector se enterará; si está mal hecho, nadie sabrá qué pasó. Así de simple.
En éste varios nos dimos color con los caramelos.
No dejes de escribir.
Abril 11, 2008 at 9:30 pm
Sara
saludos.
pd: jejeje una vez yo si entendi jeje