Delirium Tremens

Chilaquiles podridos y crema rancia, únicos inquilinos del refrigerador; lo supe hace días al tratar, ingenuamente, de comer algo en esta pocilga. Mi cerebro, inerme ante el hambre, hizo la absurda deducción de que el tiempo podía haber mutado espontáneamente esos despojos en manjares. Y tenía razón, devoro las tortillas frías, aún no totalmente invadidas de moho, tragadas con lágrimas que caen por la cárcava formada bajo mis ojos por el llanto de la rabia.


Meditabundo, me sorprende el último recuerdo de mi padre: “¡Volverás!, ¡rogándome te acepte nuevamente!”. “¡Jamás!”, grite, largándome para siempre de esa casa de odios y miseria. ¡Por fin, libre y poderoso!, con el destino como herencia, arrancaría a la vida éxitos a mi antojo, el mundo era una confitería para mi exclusivo deleite.


No necesitabas ser un adelantado en el arte de la
quiromancia para adivinar mi futuro de desengaños y fracasos; el único que lo ignoraba era yo. “Eres fácil de emborucar”, frasecita con que mi adorable abuela me decía pendejo. Con los descalabros dudé de mi talento; ahora sé que no tengo ninguno, pero eso no impedía a los poderosos señoritos de la alta sociedad acceder a becas y honores. Una y otra vez, pasaron por encima de mis méritos esos bastardos afeminados.


Borracho y hambriento. Que sencillo es encontrar invitaciones para beber, pero imposible mendigar pan, sin sentir la bofetada infame de la vergüenza. Mi
lucidez sale de escena con afectada caravana al público de la última función del delirium tremens. Una libélula violeta revolotea entre lánguidas luces, con una sonrisa pletórica de colmillos. Tirado en el inmundo suelo, sujeto la botella de ron, productor del milagro de la alucinación tenaz, mi última compañera.


El
minutero avanza, y aquí, la nada devora la existencia de un poeta, espejo de un fantasma que pretendió atacar con polvo de hadas, las estúpidas conciencias de los monstruos sin alma, que se llaman a sí mismos “la gente decente”.

Este ejercicio se trataba de escibir algo que incluyera las palabras que estan en negrillas.

Uta, te quedó bien chingón y las palabras en negritas fluyen de manera natural, no sentí que alguna estuviera forzada. Aunque la de emborucar no sé que es. Y aparece en el diccionario. La entendí como “sonsacar”

Y no aparece en el diccionario…

Al igual que Boqueño le dí la misma interpretación porque recuerdo que de niña mi abuela también la utilizaba por no mencionar sonsacar.

La selección de palabras resultó de lo mejor dando como resultado una narración más que buena.

Muy bien elaborado, me gustó, y una vez mas recordar este ejercicio (en el que tampoco participé, es mas, aun no existia en esta comunidad metatextera, pero que si lo leí) me provoca comer chilaquiles…

Muy buen texto. Excelentemente bien manejado. Resultó muy refrescante en este ejercicio.

Ya se le extrañaba.

Boqueño: La palabra significa algo así como engañar ó confundir. Según la RAE emborucarse es confundirse. Que bueno que te gustó, saludos.

Ivonne: Gracias, las palabras las seleccionaron los responsables del taller.

Lidia: Gracias y no detengas tus apetitos porque es nocivo para la salud.

Lilith: Gracias y aquí estamos de regreso. Yo tambien extrañé.

Gracias por recuperar este ejercicio master. Gran resultado, hacia falta.

Muy buen texto, muy de tu estilo. Impecable narrativa (como siempre)

Me encantó como usaste las palabras requeridas en “…ron, productor del milagro…” jajaja

La neta que chido está, muy poético y fluído. Felicidades.

Cazador: Eres muy amable, un abrazo.

Rox: Es que yo bebo del milagroso, muchas gracias por tus comentarios. Saludos.

Azhatoth: Gracias.

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