‹ Paranoia segunda parte… • Tomás Rey ›
Un hombre cortó con su silueta el haz de luz que recién se filtraba al cuarto a través de la puerta desvencijada. Su sombra creció sobre los confines de la habitación, conectando las tinieblas en una amenaza; fija sobre la mujer y el pasaporte.
Ella reaccionó con un giro del torso hacia la puerta, constriñendo un chillido bajo su esternón y forzándose a espetarlo como gemido de angustia. Al descubrir esa mirada puesta en ella comprendió la identidad del invasor. El pasaporte le pesó entonces como una sentencia; observó sus dedos entreverados con las hojas ensangrentadas y sintió cómo éstas le acosaban la garganta repugnantemente. Tosió. Tosió desde la base del estómago y lanzó el pasaporte con el último de sus espasmos; comenzó a tallarse las manos frenéticamente contra el regazo; intentando borrarse el veneno incipiente de la violencia.
El hombre emitió un bufido osco y se lanzó sobre ella.
Monique saltó del asiento pateándolo hacia atrás, provocando que el negro trastabillara sobre éste; más no lo suficiente para caer. Tras otro impulso, el hombre la atajó a medio paso, derribándola sobre la mesa y luego al suelo, quedando encima de ella. La mujer sintió su cuello preso de las manazas de la bestia y pronto empezó a perder oxígeno. Intentó defenderse. Golpeó al agresor con cualquier resto de los objetos de la valija, pero era como integrarlos a la fuerza paquidérmica de su furia.
El negro sintió avidez por el cuerpo de su presa. Sorprendido, soltó una de sus manos para levantar las faldas de la mujer y contener sus pataletas con el tórax. Frotó sus muslos con ligereza y apenas tocó el triángulo blanco de sus bragas, eyaculó frenéticamente.
Ella también arrojó un gemido placentero, asfixiado…
Quedáronse impávidos por horas.
A lo lejos, el encendedor refulgió con el brillo de la calle; la inscripción enlució prístina: “Cuando los elefantes pelean, es el pasto el que sufre”
…
El hombre intentó encenderse un cigarro; sí, él: bastardo, profanador, carne de miseria. Phillippe.
Tags: Phillippe
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9 comments
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Mayo 2, 2008 at 5:15 pm
Azhatoth
Además, y aunque probablemente no sea el momento para señalarlo dado que el ejercicio se trataba de elaborar una secuela, me parece que la repetición de los temas y los personajes comienza a ser tediosa, al menos para mi gusto.
Mayo 3, 2008 at 12:41 am
Boqueño Inapasionado
Mayo 3, 2008 at 12:47 pm
Leon
Retomé además los lineamientos del ejercico nueve (parafilias), cosa que creo no han advertido.
Y para lo que aún no estén familiarizados con Phillippe, éste relato es la continuación directa de éste: http://metatextos.com/2008/04/17/lastres/ ,y que junto con El Niño Del Tambor, Son Redentor y PeekABoo forman los -hasta ahora- cinco relatos escritos de Phillippe para éste taller.
No pueden culparme, es uno de mis personajes favoritos.
Por último, admitan que dada la diversidad y abundancia de temas que se han manejado en los distintos ejercicios del taller, mantener la narrativa de un mismo personaje requiere también su esfuerzo.
Y ya, sácome yo, y sáquense uds a la merga, que es sábado y son horas de juerga y decadencia.
Mayo 5, 2008 at 10:04 am
Damián de Victoria
Mayo 5, 2008 at 10:29 am
Lidia
Mayo 5, 2008 at 8:23 pm
l i l i t h
sí, es una continuación, predecible, bueeno, es una continuación.
la cuestión es que se ve más hecha a la carrera.
hay frases que no encajan. el lenguaje al menos para mí no es problema, pero no dudo que otros no le agarren el gusto.
no pensé que Phillippe fuera un desgraciado. ni modo
Mayo 6, 2008 at 4:32 pm
Cazador de Tatuajes
Mayo 7, 2008 at 9:34 am
Rox
Por lo demás, Philippe tiene pedos escondidos.
Mayo 7, 2008 at 4:35 pm
El Satánico Dr. Iosephus