‹ Con una basta • El último de mi vida ›
Bolso al hombro, llaves y celular en una mano y café recién hecho en la otra, salí con prisa de mi departamento. En la puerta, me esperaba un hombre vestido de negro que al verme, me miró a los ojos al mismo tiempo que me entregaba lo que parecía una caja de aluminio.
Estiré mi mano para recibirlo y me sorprendió un poco que, sin parecerlo a simple vista, era muy pesado. Al subir la mirada me di cuenta que el hombre había desaparecido. Sin una palabra me dejó en claro que yo era la única destinataria del contenido de lo que ahora me daba cuenta era un maletín.
Decidí de una vez descubrir lo que me esperaba al interior del maletín. Un documento escrito a máquina, un sobre con fotografías y una pistola con sus balas. Mi primer pensamiento fue que la pistola era sumamente hermosa, líneas muy definidas en metal obscuro. La acaricié sin sacarla de su lugar mientras leía el documento. Cortos párrafos y sin desperdicio de palabras me informaron que en el sobre había pruebas irrefutables de la identidad de quien tanto daño me había hecho exactamente dos años atrás. “Si lo decides, utiliza la pistola, nadie, nunca sabrá quién jaló el gatillo y podrás seguir con tu vida sabiendo que tus propias manos hicieron justicia y cobraron su venganza”.
En ese instante supe qué hacer, salí a la calle y tomé el camino que había recorrido mentalmente muchas veces, pero nunca me había atrevido a conducir. Al final del recorrido la ví, estaba saliendo de la casa y se dirigía a su camioneta, me estacioné sorprendida de la calma que sentía en mi interior. Ahora si saqué la pistola del estuche, sabía que estaba cargada con 14 balas y que ninguna fallaría en atinar al objetivo.
“Ey” - le llamé y volteó a verme. Me acerqué disparando, descargando con cada bala todo mi coraje contenido.
¡Puta! Bang ¡Puta! Bang ¡Puta! Bang ¡Puta! Bang ¡Puta! Bang ¡Puta! Bang ¡Puta! Bang ¡Puta! Bang
Las últimas balas las recibió su cuerpo ya tirado en el pavimento.
Los disparos hicieron que él saliera corriendo de la casa. Miró primero al piso, luego me miró a mi. Me dijo “Hola, mi amor”. “Hola, mi vida” - Respondí- “Sigues tú”.
Y caminé hacia él de regreso a la casa que alguna vez compartimos.
Tags: 11:00, Cien Balas, desamor, regresé, venganza
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4 comments
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Noviembre 28, 2008 at 5:04 pm
Rox
Como sea, me gustó. Muy bien narrado y el último párrafo es muy comiquero. vientos.
Noviembre 30, 2008 at 9:48 pm
Caldo Primigenio
Diciembre 1, 2008 at 3:35 pm
Dib
Diciembre 3, 2008 at 1:35 pm
Lu
Pero el texto está chido, sobre todo eso de “Hola mi vida, sigues tú” jajaja, nomás la última frase me perdió ¿camina hacia quién?