La posada estaba en todo su esplendor. Jazmín se acercó a un gordo desaliñado y borracho para ofrecerle bocadillos:
- Señor, ¿gusta un bocadillo?
- ¡¿Señor?!… ¿acaso no sabes quien soy?… ¡¡¡¡Soy Santa Claus, por Dios!!!!
~ pinche borracho, ya esta desvariando ~
- Pues mil disculpas Señor “Clos”, pero no lo reconocí. ¿El amo y Señor de las sonrisas navideñas querrá un ponche o un bocadillo acaso? ¿Y qué anda haciendo por estos rumbos?, ¿no se supone que debería de estar alistándose para entregar los millones de juguetes a los niños que lo esperan con la enorme ilusión de recibir un presente el día de hoy?
- Esos tiempos quedaron atrás… por si no lo sabes yo recibía donaciones millonarias, pero esos días ya están muy lejos de mi alcance. Con el teletón, el juguetón y las crisis mundiales, ya todo el mundo prefiere trabajar para su santo… nadie me da ya nada, y lo poco que recibo, no me alcanza. Los chiquillos ya no piden cosas sencillas que antes fabricaba yo mismo, ahora la tecnología me comió. Ya ni del servicio postal recibo nada, ahora todo es por Internet, y llevo mucho sin abonar a mi cuenta telefónica, así que me cortaron el servicio. ¡Bahh!, de todos modos de nada sirve checar mi mail, porque no tengo para enviar los obsequios. La semana pasada cenamos el ultimo reno que me quedaba: Rodolfo, y su pinche nariz la adapte para usarla de lamparita… pero todavía puedo recibir tu petición si te sientas en mi regazo…

