Articles by El Satánico Dr. Iosephus

Astra non mentiuntur, sed astrologi bene mentiuntur de astris. Oh, et Braccae tuae aperiuntur…

“Ah, claro” dijo con simulada tranquilidad el joven que casi pudo escuchar romperse su propio corazón. “Era demasiado bello para ser verdad”

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-Oye, ¿cómo era? “Take the gun…”

Haciendo cara de “ya estoy hasta la madre de esta mamada” contesta:

-Leave the gun, take the cannoli, wey

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“¿No sería más sencillo si simplemente dijeran lo que sienten?”

“¡Claro que así sería querido amigo! Pero entonces dejarían de ser humanos.”

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-Por eso, a ver, ¿qué pinche caso tiene esta mamada? A ver, dime. ¡Nos la van a meter, cabrón!

-No, yo creo que sí podemos defender El Alamo

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“Gracias por llamar a Domino’s ¿en qué puedo ayudarlo?”

“¿Sabes tú qué quieren las mujeres?”

“N-no”

“Ah, OK. Entonces una mediana de salami”

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Todo parecía muy pacífico, extremadamente tranquilo. Las sirenas se escuchaban como si vinieran de la imaginación de otro. “¡Cuánta sangre!”

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-¿A dónde vas?

-Voy por unos cigarros. ¿Quieres algo?

-Mi vida de regreso cabrón, mi juventud, mi alma.

-¿Cómo?

-Un yogur y unos Choco-Roles

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Se levantó muy temprano con la intención de ir a trabajar. Guardaba el muy ferviente deseo de que todo estuviera bien y sabía que así sería.

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-Pero me va a escuchar la muy cabrona. Ya estuvo suave, carajo. Nomás me tiene de su pendejo.

-Suena su celular

-Bueno. Sí. Y yo a ti.

Llora

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-¡No mames!

-Neta eso leí.

-Es una mamada.

-Será el pinche sereno pero decía el libro que los del Alamo lucharon para escapar de sus viejas.

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-Tan animado que se veía.

-¿En serio?

-Sí, antes del accidente parecía guardar el ferviente deseo de que todo estuviera bien, y ya ve usted.

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¡Ok, ya es suficiente! A partir de este momento yo soy el Arquitecto de mi Destino, a la chingada con todo lo demás ¡A la chingada con todo!
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Amadeo detestaba las posadas. No soportaba la hipocresía de los brindis navideños con sus “mejores deseos” y sus “felices fiestas” cuando sabía que esos mismos compañeros hablaban mal los unos de los otros todo el resto del año. Sacó su licorera de metal y bebió un pequeño trago de Whisky.

Era parte del escuadrón Anti-bombas y había visto demasiada miseria humana como para saber que “Feliz Navidad” no era más que una fórmula publicitaria. Deseaba que algo lo salvara de asistir a la posada de la Policía, especialmente porque ese año coincidía con su cumpleaños.

-¡Puta madre!- pensó mientras disfrutaba el sabor del Dewar’s.

Y entonces, la llamada llegó.

-Teniente- dijo la voz del despachador en el radio- amenaza en Nakatomi Plaza

De inmediato anunció que se encontraba en camino al lugar para investigar el asunto. En el edifico se llevaba a cabo una posada y estaban a punto de evacuar al personal, sin embargo, los otros integrantes del escuadrón le indicaron al Teniente Amadeo la ubicación del artefacto y, gracias a años de experiencia, lo desactivó casi inmediatamente.

Entre vítores y felicitaciones Amadeo salió del edificio, satisfecho por un trabajo bien hecho (y por salvar el pellejo una vez más).

-¡Feliz Navidad!- le gritaban las personas.

-¡Vaya cumpleaños! ¿Eh Teniente? Nos vemos en la posada- decían sus compañeros que, después de haber revisado el resto del edificio, corroboraron que todo era seguro.

Amadeo pensó en la ironía del asunto y simplemente sonrió cansado.

EPÍLOGO

No hay ningún problema en situar el árbol de navidad cerca del tazón de ponche. Pero colocar velas y además “adicionar” el ponche con “licor especial” puede ser mala idea. Así lo descubrieron, tarde por cierto, las decenas de personas que, en Nakatomi Plaza murieron intoxicadas y calcinadas en lo que sería su última posada.

Iosephus

Cual negros abismos de hórrido sino

Abriéndose hambrientos sin tregua o cuartel,

Así me atormenta el horror más podrido,

El Hijo de Ares me atrae hacia él.

¡Oh, Fobos terrible, Señor de Los Miedos!

¿De dónde proviene este horrible temor?

¿Por qué siempre siento el pavor en mis dedos?

¡A todo mi cuerpo sacude un temblor!

¡Oh, nieto de Zeus, de Dione y de Hera!

Aleja de este hombre tu efecto fatal:

Mi sueño se escapa, mi faz es de cera

Y aqueja a mi alma un ataque mortal.

No hay nadie en el Mundo que el miedo comparta

A aquello que huyo y me es tan atroz

Mas todos los dioses, cuyo humor me harta

No dejan de enviarlo cual bestia feroz.

No ha habido entre aquellos que a Hipócrates siguen

Quien tenga el remedio que cure mi mal,

Pues Fobos y Deimos su ofrenda me exigen:

Ofrenda de pánico y pavor total.

Lector, tú que miras con calma estas líneas

Y no te despiertan el más mínimo horror,

¿Conoces acaso mi fobia maldita?

¿La causa terrible de tanto dolor?

Aquello que me hace temblar con vergüenza,

La fuente ominosa de eterno caudal,

El álgido monstruo de hercúlea fuerza,

Se encarna en un hombre, o en grupo coral.

Y es algo terrible que empeora en Noviembre,

Con textos y obras, Catrina y color.

Si no es El Tenorio quien se escucha siempre,

Son las Calaveras fuente de furor.

¡Oh Fobos terrible, Señor de los Miedos!

¿Por qué en otra forma no puedo escribir?

Si quiero inspirarme para un Metatexto

Mi musa se burla a raudales de mí.

Así pues, amigo, ahora lo sabes

Mi fobia es sencilla mas no menos cruel

Pues es por aquello que a otros atrae:

¡Es el miedo al verso y la rima en tropel!

El primer paso fue darle a conocer las maravillas de La Creación. Todo fue hecho para él y sus semejantes, así que tenía que darse cuenta de lo maravilloso que es su entorno. Me encargué de hacer que se diera cuenta de la complejidad del movimiento de las constelaciones, de cómo fueron específicamente colocadas ahí para que su Raza no sólo las disfrutara, sino que también basara mucho de su desarrollo y supervivencia en el viaje casi eterno de los cuerpos celestiales en el firmamento.

¿Y qué hay de su propio planeta? Colocado como pocos en una situación de privilegio, con recursos que envidiarían Universos enteros, con paisajes tan diversos como las personas que lo habitan. Y después le hice ver su propio reflejo: maravilla en lo físico que encierra la posibilidad de perfección en lo espiritual.

Le hice ver, pues, el prodigio singular de la creación a su alrededor y de su propia presencia en este Universo. Le di a conocer las ventajas de ser fiel, leal, cumplido, puntual, honesto, heroico, amoroso, respetuoso, paciente, honorable, valiente. Le susurré con constancia las consecuencias que podría tener al no comportarse como se le había dicho desde el principio de los tiempos, me convertí en compañero constante que ha caminado con él desde que sus ojos se abrieron dolorosamente en este paraíso elaborado para él y su descendencia. Me he convertido en su mejor amigo.

Y aquí es donde más se aprecia mi arte, pues no obligo: sugiero. No empujo: aliento. Mis métodos parecen extraños, pero yo lo entiendo bien, se cómo funciona su mente y, sobre todo, su alma. Al mostrarle la belleza, le afectan más los horrores y la mediocridad de su vida. Pero mi mayor logro es hacerle creer que no existo.

Yo soy su “Otra Conciencia”.

Soy Satán.

Iosephus

El pequeño grupo de gente se acercó a la cima del monte desde el cual se podía ver la ciudad. Ahí, mientras seguían al anciano, se fueron acomodando en un semicírculo al pie del limonero que desde hacía años se erguía como mudo testigo de las vidas de muchas generaciones que se reunían en ese mismo lugar para escuchar las historias del viejo Herodoto, quien observó a su alrededor y, satisfecho por la presencia de muchos jóvenes asintió y comenzó su narración:

-Mucho antes de la Gran Guerra, antes de que la Civilización del Hombre se viera en peligro de desaparecer para siempre, hace cientos de años cuando la Ciencia avanzaba poco a poco hacia una era de razón, alejándose del oscurantismo y superstición de doctrinas basadas en el engaño y la explotación de la culpa, vivió una reina. La Reina.

Un breve murmullo se esparció entre los presentes.

-Se dice que hombres y mujeres sucumbían ante ella, que se rendían ante su presencia y que llegó a fundar un importante imperio. La leyenda cuenta que dejó evidencia de su poder en algún lugar y quien la encuentre, tendrá la llave de una vida de felicidad y gozo.

-¿Es cierto que existe una imagen de ella en el Instituto de Historia?- preguntó un joven un tanto nervioso.

-Tal vez- contestó Herodoto con una sonrisa que decía más que cualquier discurso.

En el interior del Instituto de Historia, guardado en un archivero escondido entre miles de estantes se encontraba un fragmento de papel en el que se veía la imagen de una hermosa mujer; la frase “The Queen of Por” se veía en la parte superior. El tiempo y los elementos habían borrado el resto de la frase: “Jenna Jameson. The Queen of Porn”. El resto no es historia. Es leyenda.

Iosephus

-Sabes bien que esto no es justo.- Su voz sonaba tranquila, envuelta en la seguridad de quien se sabe inocente del crimen que se le imputa. Caminaban juntos con paso lento, a través de los largos pasillos de la fortaleza enclavada en lo alto de una montaña.

-Mi papel no es juzgar- contestó su acompañante- sólo ver que se cumplan las leyes. Tú las rompiste y mi deber es detener la rebelión, para llevarte junto con tus seguidores, ante el Alto Consejo.

-Pero ¿Seré juzgado por buscar la libertad? ¿Por apelar a la razón?- Ahora su voz sonaba un poco más elevada. Sus brillantes ojos color miel, contrastantes con el negro de su cabello, parecían casi dorados mientras defendía su postura con vehemencia.

-Por rebelarte contra el orden establecido.

-¿Orden? ¿No quisiste decir “régimen”, Hermano?

Su interlocutor giró lentamente la cabeza para ver el rostro de su otrora compañero. ¿De verdad lo seguía considerando así? Eso parecía.

-Tú sabes que no…- y por un momento dudó. Finalmente no lo llamó de ninguna otra manera.

-Así que seré juzgado. Qué ironía, yo, que fui uno de los primeros…

-El orgullo no es algo que debas cultivar en estos momentos.

-El orgullo parece ser lo único que me queda en estos momentos. Tengo entendido que me quitarás lo que he creado. ¿Quién se hará cargo de mi reino, Hermano? ¿Tú, acaso? O será Gabriel a quien he visto dentro de tu séquito?

-Ninguno de los dos. El Príncipe en persona se hará cargo.

Lucifer se detuvo de repente y encaró a Miguel:

-¿Qué? ¡Pero este planeta es mío! Yo lo creé, yo les dí libertad a sus habitantes. ¡Les di la capacidad de decidir!

-Hasta aquí llega tu rebelión- dijo Miguel.

-¿De verdad? Creo que la rebelión apenas comienza- contestó confiado Lucifer.

Iosephus

México (AGENCIA ELECTRÓNICA)

Gran conmoción ha causado la aparición de una figura de Jesús en un conocido taller literario en línea denominado “Metatextos.com”. La extraña imagen se ha considerado como una de las más claras en los últimos años y, de acuerdo con especialistas, se halla en una categoría completamente única que la distingue de imágenes como El Cristo del Muro, El Cristo del Espejo, El Cristo del Bolillo o incluso las famosísimas Virgen del Metro y la Papa Sabritas con forma de Ninel Conde.

Eleuterio Malatesta, conocido como “Radamés, El Vidente de las Estrellas”, dijo estar seguro de que “esto es uno de los signos del Final de los Tiempos.” Cuando se le cuestionó el por qué de su aseveración indicó: “No hay otra manera de explicar cómo es que una representación tan clara del Maestro Jesús aparecería en un lugar de perdición y de vicio… aunque sea virtual”

Sin embargo, para otros, esto puede ser una señal de esperanza en la conversión. Así lo declaró la señora Tomasita Credintutto, fiel creyente de las apariciones de personajes celestiales en objetos y lugares de uso común. “Esto puede ser la muestra de que todos tenemos derecho a la salvación, incluso si escriben o leen en ese Metansestos [sic].”

El Nuncio Apostólico, Mons. Girolamo Valepispiotti, declaró que dichas apariciones “no son plenamente reconocidas por la Iglesia a menos que se realice una profunda labor de investigación.” No quiso dar mayores comentarios, aunque se sabe que ya están analizándola.

Un administrador del sitio, Robot Metatextos 3.0 dijo: “¡Bip! No sabemos qué sucedió. Mis filtros no detectaron nada hasta que se publicó el post de un tal Iosephus.” Interrogado éste último con respecto a la aparición, simplemente contestó: “¡Ni madres! A mí no me quieran colgar a sus muertitos… o sus resucitados”, concluyó.

Iosephus

Pasaron varios años hasta que volví a ver a Arturo Belano. La cicatriz en su rostro parecía acrecentada por el tiempo pero él la llevaba con orgullo, incluso más que las propias medallas al Mérito, al Honor, al Valor y a tantos otros logros militares que peleaban por un lugar en su pecho.

-General- le dije, al tiempo que le daba un saludo militar que él devolvió con férrea seriedad; inmediatamente después sonrió levemente y contestó:

-Mayor… ¡Perdón! Coronel.

El ineludible respeto militar dio paso al cordial abrazo de los colegas unidos en las armas, que vuelven a encontrarse a pesar de los años de guerra que han tenido que soportar.

-¿A qué se debe el honor de su presencia en las trincheras?- pregunté.

Su expresión pasó nuevamente a esa seriedad que le daba el aspecto de escultura de César. Tomó aire como para acentuar la importancia de lo que estaba a punto de revelar

-El Proyecto Prometeo está listo y su unidad fue elegida para ponerlo en marcha.

La noticia me golpeó como una carga de plasma ultra-térmico de expansión.

-¿Pasa algo, Coronel?- me preguntó al darse cuenta de mi expresión de sorpresa.

-Nada, General. El Séptimo Regimiento de Infantería, “Fenrir”, se enorgullece ante este honor.

-Brillante, Coronel. Repórtese en el Cuartel a las 2100- el general saludó militarmente y dio media vuelta; todavía se detuvo un momento en la puerta y dijo- Me alegra verte bien, Edmond.

A las 2100, mi Regimiento y yo nos encontrábamos listos para recibir órdenes, bajo la mirada del Lobo de nuestros Estandartes, armaduras de Bellum-Titanium reluciendo a la luz de las lunas. La descarga del arma Prometeo acabaría con los Vampyr y su maldito planeta.

Después de activarlo, aguardamos… y entonces comprendimos. Por eso maldije a Belano y grabé este microcristal, la carga está por estallar… Debían venir por nosotros. Yo… los busqué… pero no encontré a nadie…

Iosephus

El desfile militar avanzaba por el Paseo de la Madre Rusia, bajo la sombra del Ángel del Pueblo, el que en un tiempo sostuviera una corona de laurel y ahora levantaba orgulloso una hoz y en la otra mano un martillo. El paso marcial de miles de soldados resonaba en los edificios de los cuales colgaban enormes banderas rojas. Algunos de los misiles, no apuntaban al frente de los vehículos como podría haber sido la decisión lógica en aras de la estética, sino que elevaban sus ojivas hacia el norte en un claro simbolismo que dejaba patente que México no temía al Imperio Capitalista.

Anna Petrovna Gonzaliyevich, agente especial de la Oficina para la Defensa de la República, se acercó al General Iván Rodríguekov Dracovchenko y le entregó una nota. El general leyó el papel y de inmediato se retiró del templete en el cual se encontraba. Acto seguido, acompañó a la agente Petrovna hacia un automóvil negro.

-¿Tuvo un buen viaje, Agente Petrovna?- dijo el general.

-Sí, gracias tovarisch- respondió Petrovna tratando de ignorar el dolor en el culo provocado por viajar en camiones sin asientos, aeronaves militares y arrastrándose entre las piedras en campos de entrenamiento.

-Bien. Y… la información, ¿es fidedigna?

-Absolutamente, general. El traidor ha sido capturado; su plan era asesinar al Premier para asegurar su acceso al poder. Como usted sabe, tiene delirios de grandeza.

-Eso he escuchado.

-Sugiero la ejecución inmediata.

-Así será.

Cuando llegaron a la prisión, llamaron al traidor:

-¡Andrejev Lopeniov Obradorevichyurushenkoreikiavikillyachillinskypetrovskyochetno! Puta madre, pinche nombre- se quejó en voz baja el carcelero- se le acusa de alta traición. ¿Cómo se declara?

-¡Inojente!- pudo decir antes de que el sonido de la pistola del general llenara momentáneamente la prisión y terminara con la existencia del traidor.

La República estaba segura de nuevo.

Héctor Cacciatore se ocultó detrás de una piedra en las afueras de un enorme palacio en el Oasis de Al-Qatif. Vestía una tradicional túnica árabe y un turbante, ambos negros para pasar desapercibido durante la noche. La luz de millones de estrellas iluminaba el mármol del palacio, y los altos minaretes se levantaban como mudos pero celosos guardias de la cúpula dorada. En el frontispicio del palacio se leía: زرتشت. Zoroastro.

La voz del Teniente Elías Therion se escuchó repentinamente en el oído de Héctor:

-Comandante, faltan cuatro minutos para la conjunción.

-Copiado. Teniente Thadaeus, reporte su situación.

-Sin novedad, señor. Los instrumentos se mantienen tranquilos- contestó en un susurro el Teniente Eleithar Thadaeus desde el otro lado del jardín mientras ponía especial atención a sus medidores de campos magnéticos y al Detector Sing.

-De acuerdo, estén alertas- dijo Héctor.

Recordó cómo, unos meses antes, volaron sobre el Polo Norte en sus Hunters para derribar el trineo, los renos y al grasoso conductor. Y lo habían logrado. Ahora continuaban con su misión.

-Señor- dijo Thadaeus- ¿por qué trajimos el Detector de Singularidades y por qué estamos aquí en Mayo? ¿No se supone que estos tipos aparecen en Enero?

-Esa fecha es sólo tradición. Necesitamos el detector porque durante la conjunción de Júpiter y Saturno hay una micro-singularidad bajo la Cúpula Dorada. De ahí vienen Los Tres.

-Diez segundos- dijo Therion

-¡Atentos! Thadaeus, ¿mediciones?

-Nada. Todo tranquilo… ¡Esperen! Hay algo… El Detector Sing muestra actividad bajo la cúpula; ha durado una fracción de segundo. Están aquí.

Tres figuras aparecieron en la puerta principal. A la orden del comandante, las armas de plasma iluminaron la noche y los magos cayeron para no levantarse más.

En el suelo, frente a los cadáveres, yacían oro, incienso y mirra.

-Los hicimos rosca- concluyó sonriente Cacciatore.

El Satánico Dr. Iosephus

En cuanto Carlos vio su maleta en la banda transportadora, la tomó sin importarle que empujaba violentamente a una joven y a un elegante caballero.

-¡Permiso!- dijo sin dar oportunidad para que le reclamaran aunque, al salir, todavía escuchó un lejano “¡Hey!” que ignoró por completo. Había tanta gente, que no revisaron su contraseña de equipaje. Salió y tomó un taxi.

-¡Waldorf Astoria!- le ladró al chofer que arrancó de inmediato.

Carlos odiaba que modificaran sus planes. ¿Cómo podría permitir retrasos un egresado del TEC? Estaba orgulloso por haber ganado ese contrato a numerosos competidores de quienes se burlaba cada vez que podía. Al llegar a su habitación abrió la maleta.

-¡Mierda!- gritó furioso. Ropa perfectamente doblada y algunos documentos pero nada suyo. Un oso de peluche extendía sus brazos hacia él. Carlos lo tomó con brusquedad -casi con asco- y dijo:

-Algún papá con un regalo para su pinche mocoso.

Tiró el juguete y tomó una de las prendas. Una sotana.

-¡Puta! Más bien algún sacerdote pedófilo…

Entonces vio la espalda descosida del pequeño oso; dentro del juguete había un pasaporte, pero no había fotografía ni nombre. “Qué raro”, pensó. Había también un encendedor grabado con la frase “Omnia Mors Aequat” y en otro apartado de la maleta un envoltorio de papel blanco: flores secas. Recordó vagamente las noticias y sacó una carpeta. Horarios y fotografías… todas de él mismo.

Sintió un escalofrío; entonces lo escuchó a su espalda.

-Lo iba a hacer en tu fiesta de esta noche, disfrazado de sacerdote, pero tú modificaste mis planes. Odio que modifiquen mis planes.

El Elegante Caballero le clavó la jeringa con veneno cerca del corazón. Dejó una flor sobre el cuerpo moribundo y salió pensando divertido en el nombre que le daban los periodistas: “El Asesino de las Flores Muertas”.

El Satánico Doctor Iosephus

Wad-al-Hayara. Septiembre, 2110.

-¡Héroes! Eso es lo que son. Y mira que hay que tener bien puestos los huevos para hacer lo que ellos hicieron. Héroes, chingado… ¡Héroes!

La voz de don Elpidio Abdul Ibn-al Abdul se quebró al recordar a los šuhada de la Yihad Mexicana que en ese momento acompañaban en solemne cortejo fúnebre: sus compadres Don Yusef Martínez Farid y Don Miguel Kareem Aziz, quienes se habían inmolado en un ataque final que derrotó definitivamente a los últimos infieles que se resistían a la conversión.

-Yo lo vi- decía alguien en voz baja- las llamas medían como cien metros.

-Yo creo que sí llegó como a medio kilómetro- decía otro.

-Dicen que se veía la cara del Único entre las llamas- acotaba uno más.

-¿Y sus familias?- preguntaba uno menos amarillista.

-El Gobierno se hará cargo. Nada les faltará y recibirán los honores que se merecen por ser herederos de héroes, ¿verdad Don Elpidio?

-¡A huevo!- contestaba el acongojado compadre- Se merecen un “menumento” esos cabrones. ¡Ojalá estén disfrutando de setenta y dos vírgenes cada uno!- concluyó don Elpidio recibiendo una severa mirada de las viudas a quienes no agradó mucho esa idea.

Wad-al-Hayara. Una bodega. Dos días antes.

-Pinche compadre ¿de dónde sacó tanto chingado explosivo?

-Un trueque. Se los voy a vender a la Brigada Suicida. Pinches loquitos ¿no compadre?

-Pos cada quien hace de su culo un papalote…

-Y lo vuela… ¡Pero en mil pedazos!

Ambos compadres se carcajearon mientras Don Yusef descubría un cable rojo en una de las cajas de explosivos.

-¿Y esta mad…?

El detonador se activó y la explosión llegó a cien (o quinientos) metros llevándose a los compadres, la bodega y a los infieles que, después se supo, se encontraban justo encima de ellos.

¿Y las Vírgenes? Ni una.

El Satánico Dr. Iosephus

Sus manos la recorrieron poco a poco sintiendo cada reacción y cada leve temblor en su piel. Disfrutaba verla arqueando su espalda y moviendo rítmicamente sus caderas; ella cerraba sus ojos y de vez en cuando, gemía ligeramente incapaz de contener el placer que la inundaba. Él continuaba acariciando, lamiendo, besando. Hablando. Se sentía afortunado de haberla encontrado, un caso así no se había documentado nunca en los anales de la medicina.

Recordaba cuando la conoció en una conferencia sobre el Genoma en la que ella había sido expositora. Al terminar la ponencia él la había abordado y, finalmente después de insistir, ella aceptó una invitación a tomar un café. La plática fue del Genoma Humano a las relaciones humanas. Y, después de unos días de conocerse, hicieron el amor. Una mañana en la que, al terminar, él observó el reloj al lado de la cama, le dijo:

-¡Diablos! ¡Son las diez! Me tengo que ir.

-¿Es realmente necesario?- Preguntó ella perezosamente.

-Sí tengo que irme, tengo una cita con un paciente con varicela. Ya sabes cómo es: Aciclovir 500.

Apenas dijo esto, ella gimió levemente con un sobresalto.

-¿Estás bien?

-Mmmj…

-Ooo…kay…- contestó él, extrañado- También buscaré algo de Nebumetona para una paciente con artritis reum…-

-¡Mmmmmm!

-¡De acuerdo! ¿Qué pasa?

-Mmmmmnada…- contestó ella, entornando los ojos y sonriendo con picardía.

Él meditó unos segundos y dijo:

-Nalbufina, perindopril… ¡Espironolactona!

Ella gritó y se sacudió dominada por un poderoso orgasmo. Él, todavía impresionado, no pudo reaccionar cuando ella lo tomó del cuello y le hizo el amor de la manera más salvaje posible. Desde entonces no olvidaba el Vademécum Médico pues se enfrentaba al primer caso de Onomafármacofilia, el placer sexual en los nombres de medicamentos.

-Alteplasa, altiazida… ¡Amantadina!

Ella gritaba de placer.

Y apenas iban en la “A”.

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Giovanni Dilcanne, asistente personal del Papa, corría por los pasillos de la Santa Sede en dirección a los aposentos de su Santidad Nicolao I. Giró rápidamente en una de las esquinas y resbaló llevándose entre las piernas una figura invaluable que representaba a San Judas Tadeo.

-¡Figlio di…!- dijo antes de que la imagen cayera al santo suelo y se dividiera en cientos de santos pedazos. El hombre se levantó con un leve dolor en el santo trasero y continuó su carrera hacia las habitaciones papales.

-¡Su Santidad!- gritó- ¡Su Santidad! ¡Despierte!

Uno de los guardias suizos apostados fuera de la habitación pidió silencio, pero Giovanni no hizo caso; abrió las dos puertas del dormitorio y entró seguido de los alarmados guardias que no tenían idea de qué pasaba.

-¡Santidad! ¡Ha llegado la hora!

-¿Mmmm? No, todavía no. Es muy temprano. Regrese mañana.

-¡No! ¡Me refiero a LA HORA…! ¡El Final!

-”Se acerca ya, lo esperaré serenamente…”- canturreó Nicolao que gustaba de las canciones en español, mientras se acomodaba nuevamente para dormir.

-¡No!- gritó Dilcanne arrancando las sábanas de seda que cubrían al Pontífice y dejando al descubierto su mameluco con una cola roja puntiaguda pintada en la parte trasera- La Razón ha invadido al Mundo y los simpatizantes de la Ciencia quieren tomar el Vaticano.

-¿Qué?- dijo el Papa, incorporándose.

-Hay que aplicar el Plan de Escape.

-Hágalo.

Sonó una alarma y al momento, iglesias en todo el orbe entraron en alerta y, junto con la basílica de San Pedro, emprendieron el vuelo. Así, ante la mirada atónita de millones de personas, la raza de los Cath-O-Licks, huyó para intentar colonizar otro planeta no sin antes detonar miles de altares, destruyendo su fallido experimento de oscurantismo y superstición.

-“A mi manera”- cantó Nicolao sin poder ocultar cierto tonillo nostálgico.

El Satánico Dr. Iosephus

La luz entraba a través de las ventanas formando largos rayos que caían sobre la alfombra persa del siglo XV. Toda la decoración de aquel lugar indicaba buen gusto y una sobria elegancia digna de la más refinada aristocracia. Cerca del centro de la sala se encontraba una anciana sentada en una mecedora. La mujer tejía una bufanda, observando su trabajo a través de los pequeños lentes que descansaban en la punta de su nariz moviendo las agujas y el hilo con precisión y rapidez, herencia de toda una vida de práctica.

Entonces, alguien hizo sonar el timbre. Ella se levantó de la mecedora, se dirigió a la puerta y deslizó una mirilla para ver quién llamaba. Un joven esperaba al otro lado de la entrada.

-Dígame, joven- dijo la anciana

-Quisiera…- empezó a decir el muchacho.

-Ya sabes cómo es, hijito.

El joven, contrariado, dijo:

-”Toma el llavero, abuelita”- y mostró un pequeño llavero con forma de grillo dorado.

La puerta se abrió con un concierto de bisagras chirriantes y crujidos de madera antigua.

-Adelante- dijo la dulce abuelita

El joven entró a la casa y siguió a la abuela. No pudo evitar observar el cuadro del Coronel que fuera esposo de la mujer y sin saber por qué, sintió un escalofrío al ver la espada en el cinturón del fallecido militar. Llegaron hasta un ropero y la mujer observó detenidamente al muchacho, esperando.

-”Enséñame tu ropero”- dijo al fin el joven

La mujer sacó una llave de su vestido victoriano y abrió el ropero.

-¿Qué vas a querer?

-Cinco dosis de Crystal Ratón Vaquero y quince tachas Negrita Cucurumbé.

El joven pagó, la abuela lo acompañó a la puerta sonriendo dulcemente y después, la Lideresa del Cártel del Grillo Cantor volvió a su tejido y a sus recuerdos.

 

El Satánico Dr. Iosephus

La joven madre procedía a preparar el desayuno. Toda la casa estaba controlada por un computador central conocido como Omni, que realizaba las tareas domésticas, desde la limpieza hasta el manejo de las comunicaciones. Al conectar el hidrolizador para preparar unos huevos, en otra habitación su hija adolescente encendía un receptor holográfico. En ese momento, un corto desencadenaría la descarga preventiva de las baterías de plasma.

-¡Mamá! ¡Se fue la luz!

La madre, prefirió no resaltar la obviedad del comentario de su querido retoño y se limitó a contestar:

-¡Sí, amor, ya veo!

-¡Mamá! ¡Quiero descargar mis mensajes y no puedo ver los hologramas!- reclamó la niña.

-Ya estoy en eso, tesoro- contestó la mujer, con una maternal paciencia que se paseaba peligrosamente por la frontera de una infernal impaciencia. Tomó un holográfono independiente de la red y llamó a los especialistas “Técnicos en Holográfonos, Omnicomputadores y Reparaciones”.

Unos minutos después, alguien llamaba a la puerta; la mujer encontró al técnico: dos metros de alto, cabello largo rojo, abundante barba y una complexión más cercana a un musculoso guerrero que a la de un técnico en holográfonos. Sostenía un pesado martillo y vestía un uniforme azul con las iniciales de su empresa: THOR.

-¿La caja de baterías de plasma?- preguntó con voz ronca como un trueno.

-Aquí- indicó la mujer.

Thor levantó su martillo y una descarga proveniente de la herramienta fue suficiente para reparar la instalación.

-Muchas gracias, ¿cuánto es?- dijo la mujer

-Mi asistente, Loki, le enviará la factura en los próximos minutos. Que Odín esté con usted

-¿Quién?

-Nadie. Buen día- contestó el hombre añorando viejos tiempos y antiguos campos de batalla, antes de que la humanidad dejara de creer en ellos y se vieran obligados a servir a los Nuevos Dioses: La Ciencia y la Tecnología.

El Satánico Dr. Iosephus

El joven corría por los pulidos pasillos del edificio. Se podía adivinar, no sólo por su paso, sino por la expresión de su rostro, que el mensaje que llevaba era lo suficientemente importante como para correr. Se preguntaba cuál sería el efecto que la noticia que portaba tendría sobre La Liga. Se detuvo frente a una puerta de doble hoja y la abrió rápidamente.

 

-¡Atención! Ha llegado… la última… información… sobre… nuestros enemigos- dijo entrecortando las frases mientras trataba de tomar aire suficiente para seguir describiendo el hallazgo.

 

 

-Calma. Serrenidad y paciencia, serrenidad y paciencia. Toma airre y dinos ¿qué es esto que dices?- le dijo con calma tibetana su maestro y mentor. El joven se incorporó un poco más calmado y tomo una larga bocanada de aire usando una antigua técnica budista de respiración aprendida de su maestro.

 

 

 

-Disculpe, maestro. Lo que trato de decir es que nuestros enemigos ya han reclutado a un villano más.- Hizo una pausa casi dramática y continuó- El Dr. Philbrick.

 

 

 

-¡Hijos del Demonio!- espetó un tal Lucatero, fiel seguidor de la causa de La Liga.- Nomás eso nos faltaba, que esos cabrones ahora tengan a ese pervertido.

 

 

 

-Calma, debemos planear correctamente nuestra estrategia de ataque.- dijo el Enmascarado de Plata con una voz digna de un locutor pero moviendo los labios como si esa voz no fuera suya.- ¡No podemos permitir que continúen con sus satánicos planes!

 

 

 

-¡Viva Pedro Zamora!- gritó el Chihuila a quién le gustaba gritar esas chingaderas cuando se emocionaba.

 

-Claro- dijo El Payo, haciendo caso omiso del comentario- Debemos evitar que nuestros más grandes enemigos Miguel Ángel Cornejo y Carlos Cuauhtémoc Sánchez, continúen con el proyecto denominado Movimiento Alternativo Mejorador, Adecuador y Derrochador de Alegría.

 

Todos se levantaron listos para cumplir la misión más difícil que enfrentaba LA LIGA.

El Satánico Dr. Iosephus

 

-¡Atención, timón a estribor! ¡Actúen como si estuvieran vivos, hombres! ¡Tú, atención al sónar!

La tripulación se movía como una máquina perfectamente calibrada, llevando al navío a través de un mar tan azul como el cielo. Hay pocas nubes allá donde firmamento y océano parecen unirse y sólo los más valientes -o locos- se atreven a llegar. A pesar del trabajo, hay una relativa calma; pero eso está por cambiar.

Una de las alarmas se deja escuchar. Toda la tripulación eleva la mirada dirigiéndola a la fuente del sonido. El capitán se acerca al operador del sónar y, seriamente, con voz profunda pregunta:

-¿Qué es?- su voz es tranquila, profesional, pero se puede adivinar cierta ansiedad. Casi se diría que hay emoción.

-Aún está lejos para saberlo con certeza, Capitán. Podría ser un banco de peces… un gran banco de peces.

-Usted lo ha dicho, es demasiado grande para ser un banco de peces. Es demasiado grande para ser cualquier cosa. Encienda el altavoz, quiero escucharlo.

El interior del puente se siente denso. El silencio es pesado, bochornoso. Todos esperan el sonido, conteniendo la respiración. El operador del sónar obedece la orden recibida y el sonido del océano llena el lugar. Entonces escuchan el canto. Es inconfundible y estos hombres acostumbrados a los peligros sienten cómo sus pieles se erizan, saben lo que viene y están listos para enfrentarlo. Miran al capitán, ven su expresión sonriente, triunfante.

-¡Todo a babor! ¡A sus puestos! ¡A las armas!

Obedecen. Hoy pueden alcanzar la victoria o perderse para siempre siguiendo a este hombre cuya obsesión raya en la locura. Esperan encontrar la gloria acompañando al mutilado Capitán Ahab a bordo del Pequod. En las profundidades el enorme y blanco cetáceo percibe peligro y se prepara para el ataque. La batalla está por iniciar.


El Satánico Dr. Iosephus

-¡Atención! ¡Aquí E-S Uno! E-S Dos ¿Me copias?

-Afirmativo E-S1, fuerte y claro.

-Roger. E-S Tres ¿Me copias?

-Afirmativo E-S1.

-Excelente. Base acaba de enviar la última imagen de satélite. El objetivo acaba de ser detectado a cuatrocientos kilómetros al noreste de Rusia. Es hora.

-Entendido- dijeron E-S2 y E-S3 casi al unísono.

Los tres reactores iniciaron su marcha hacia el punto del último avistamiento. La más avanzada tecnología equipaba los F-177ES Hunter y como un perfecto ballet se movieron hacia las coordenadas entregadas a las computadoras por los satélites. Mientras volaba, E-S1 recordó su infancia. Esos tiempos en que la nieve cubría todo y luces y adornos se veían en todos lados. Recordó la cena con sus familiares y los regalos… claro, los regalos.

Después de unos minutos de vuelo, la voz de E-S1 se escuchó nuevamente en el sistema de comunicación:

-¡Atención! Ya aparece en el radar; ¡E-S2, E-S3! Confirmen contacto de radar.

-E-S2: Confirmado.

-E-S3: Confirmado.

-Copiado- dijo E-S1- Dos, cambia de posición hasta cubrir su lado derecho; Tres, al izquierdo.

-¡Afirmativo!- contestaron ambos pilotos.

Los aviones tomaron posiciones y se mantuvieron alerta de las lecturas del radar; de pronto E-S2 emite la voz de alerta:

-¡Contacto visual! Pido autorización para iniciar el ataque.

-¡Ataquen!- Contestó Uno

Al momento, los cañones de 20mm dejaron salir una ráfaga de balas que hicieron que el objetivo se moviera violentamente hacia la izquierda. Tres hizo lo propio y también disparó provocando un nuevo cambio de trayectoria. Una ligera sonrisa se dibujo en el rostro de E-S1:

-Y esto es por los regalos… que nunca recibí.

El misil AIM-Sidewinder hizo blanco perfecto, destruyendo trineo, renos y conductor convirtiéndolos en una mancha llameante en medio del hielo polar.

-Feliz Navidad, pendejo. Misión cumplida. Ahora, por los traficantes de oro, incienso y mirra.

 

El Satánico Dr. Iosephus

 

La gente en las ciudades huía aterrada. Las calles estaban atestadas de personas que habían dejado de vivir desde hacía años, o meses, o días. Rostros cadavéricos escurrían líquidos nauseabundos y los cuerpos putrefactos se movían lentamente dejando a su paso pedazos de brazos, piernas, ojos y sesos. Los cementerios se hallaban ahora vacíos pues sus ocupantes se habían levantado de lo que se suponía era el sueño eterno.

Repentinamente, una luz apareció en el cielo provocando un mayor terror; el sonido de trompetas y la aparición de seres alados que descendían a la Tierra hizo que muchos cayeran de rodillas implorando el perdón de sus pecados. Delante de los ángeles se veía a quién parecía comandar al divino ejército: vestido con lo que semejaba a una armadura, portaba un estandarte con la frase “Quis Ut Deus” escrita en letras doradas, su estatura era colosal y el sol parecía obedecer a sus palabras. Dio un paso al frente y dijo:

“Buenos días a todos. Emm… Es un poco vergonzoso decir esto… ¡Je! Bueno, verán, esto es… ¡Ejem…! ¡Ok! ¡Bienvenidos al Apocalipsis!” Un tremendo sonido de trompetas se escuchó en todo el Universo. “¡Hey! ¡¡Hey!! ¡Silencio!” Los ángeles encargados de las trompetas callaron, avergonzados. “Novatos.” dijo el Arcángel entre dientes. Luego dirigiéndose de nuevo a la multitud dijo:

“Como iba diciendo, esto es el Armaggedon, sin embargo ha habido un pequeño error. El sistema encargado de regenerar los cuerpos para La Resurrección se cayó esta mañana, y nuestros computitos… ¡perdón! nuestros ingenieros lo están arreglando. No tardarán más de medio millón de años, así que… Sigan disfrutando del mundo, no pequen y luego nos vemos.”

Los millones de muertos vivientes cayeron, nuevamente sin vida.

“Ah, y… perdón por el desmadre” – concluyó el Arcángel antes de elevarse junto con sus compañeros.

Iosephus (El Satánico Dr.)