Articles by Sara

Complicada. Extraña para la gente normal y normal para gente extraña, por tanto siempre en medio de todo, en medio de nada.

¡Maldición! Este puto bloqueo de nuevo, llevo dos días sin dormir, me he comido las uñas hasta sangrar y ya voy por la cuarta cajetilla. Lo he intentado todo. He caminado bajo estas temperaturas y a medianoche. Me he embriagado. He escuchado desde música clásica hasta rock, folklórica, tibetana, instrumental, experimental. Estoy a un paso de hablar con el piedrero del piso 4 para que me financie un pase. ¡Maldito artículo! De nuevo este estreñimiento mental y el deadline que me corta la respiración.

Son las 2:57 am, acabo de ver cambiar los dígitos del radio/reloj. Tomo el control remoto y paso los canales de la tv. Me detengo ante un programa de entrevistas. Una mujer de unos cuarenta y algo de años con un cigarrillo en la mano, sentada con una confianza y sugerencia que transpira por la pantalla, habla pausadamente, a sabiendas del poder hipnótico de cada uno de sus movimientos, de sus palabras y miradas, cuenta, sin tapujos, cómo ha sacado provecho del asesinato de sus cinco maridos, es la viuda negra literaria, la mujer que se hizo famosa al entregarse a la policía mediante la publicación de su novela como asesina, escrita por ella misma. ¡Vaya forma de asegurar un best seller!.

En la entrevista preguntaron qué ocurría primero, el asesinato o la concepción literaria del mismo, ella respondió, que nada se comparaba al nacimiento de la idea, ese momento que ella vivía con tanto placer, un estremecimiento que le recorría desde el vientre hasta la garganta, para, de vuelta, anidarse en su pelvis. Luego, una claridad mental del cómo, sin importar aun, el por qué, el cuándo ni el dónde.

Debo admitir, escuchar semejante respuesta me dejó con una erección intelectual que volqué rápidamente sobre la portátil.

Cuando en aquella época escuchábamos la noticia, pensábamos: si no son capaces de hacer mantenimiento a una planta hidrológica menos van a poder construir una planta nuclear.

Así lo creímos, hasta que comenzaron el proyecto. Nos dijeron que iba a ser energía limpia, “mejor que emigrar a la termoeléctrica” por el daño sufrido en las turbinas del Guri. Sin embargo, al pasar los años, la información sobre el proyecto se fue colando.

La construcción de la planta no seguía los parámetros de diseño que garantizaban el uso exclusivo para la generación de energía de consumo, sino que había serios indicios de la posibilidad de usos militares de algunos reactores.

Mi entorno, ampliamente señalado como subversivo, hizo todo lo posible por conseguir los planos de la construcción. Nos pusimos en acción y nos hicimos llamar: Aneké-Eco.

Con el pasar del tiempo, radicalizamos las medidas en proporción a la persecución que sufríamos, hasta que decidimos, después de 5 años, volar lo que llevaban de estructura.

Alex -más interesado en meterse entre mis pantaletas que en evitar el desarrollo de armas nucleares en el país- era mi compañero para el estudio de los planos; e idiota que fui que no me di cuenta que debía revisar por dos, en absolutamente todos los aspectos.

Hoy, mi hijo de 4 años y medio se queja de un dolor indescriptible, la radiación del material que -ya clandestinamente- se comenzaba a tratar en la planta, se expandió con la explosión que generamos, causándole desde mi vientre malformaciones y deficiencias inmunológicas.

Ya no soporto su dolor que es como el mío propio. Compartiremos una papilla, le contaré una historia y esperaré a morir.

-¿Sobre qué vas a escribir?- Preguntó colocando las manos sobre sus hombros.

-Quiero escribir sobre una persona sin memoria que despierta en una habitación.

-¿Quieres hablar sobre lo que te pasó?

-Sí y no. Quiero exorcizar mis demonios, pero a la vez no quiero que esté influenciado por mis vivencias. Pero no sé cómo empezar.

-En primer lugar debes saber de quién hablarás.

-Sí, pero, me pongo a pensar, si tu no estuvieras aquí, estas paredes color crema, el espejo incrustado en el closet, las sabanas floreadas, el olor a canela que por alguna razón me hace un nudo en el pecho, no significarían nada. Pienso, que como seres humanos sin memoria dependemos completamente de lo que nos digan, si me hubieras dicho que era policía, tal vez te lo habría creído. He estado pensando mucho. Esto de no recordar nada y de tratar de hacer memoria, incluso de ese día en que desperté. Es extraño, tú misma has dicho que vives acá pero no he visto tu habitación. ¿Por qué es que toda la ropa guardada es exactamente igual? Si esta máquina de escribir no estuviera aquí, frente a mí, como modelando ¿habría decidido escribir? ¿Qué tal si, en vez de esto, estuviera, no sé, un arma, un set de maquillaje, un látigo?

-Mi amor, relájate, confía en mí. Gracias a Dios te encontré antes que algo malo te pasara.

-Entiendo que no me gustara salir, tú misma me has dicho los motivos, pero, si me hubieras dicho lo contrario ¿Sería capaz de salir? ¿Me habría levantado a girar esa manija de acero liso?

-Mi amor, siempre preocupándote tanto, no has cambiado nada.

Le sonrió mientras miraba rápidamente hacia el espejo, asintió con la cabeza, sacó la jeringa del bolsillo de la bata -también floreada- y le inyectó el contenido.

Bienvenidos al Paradise Beach Hotel, habitación 313. Mi nombre es Gabriela Rodríguez, fui aeromoza de American Airlines y he prestado servicios en una línea de vuelos nacionales, hablo tres idiomas con bastante fluidez y procuro no denotar acento alguno mientras me expreso.

Llevo bastante tiempo en esta habitación para mi gusto.

Él es Javier, supongo que ingeniero, aparte de su dura infancia, su conversación se limita a anécdotas sobre solución de problemas técnicos mediante análisis matemáticos que sólo el entiende.

Y éste, es Rodrigo.

Es tiempo de huracanes y Rodrigo acaba de llegar, ebrio, se dirige al baño pero no llega, se vomita encima, resbala y se golpea la cabeza con el lavamanos.

Ya está listo -le digo a Javier- deja de ver el partido y ayúdame. Rodrigo se incorpora ya sin signos de ebriedad, pregunta por su esposa e hijos.

Se escucha, in crescendo, Sympathy for the devil.

Al recién fallecido le comento: él es Javier, murió en una estampida humana durante un partido de futbol, sólo quería gastar su propio dinero, se alojaba en esta habitación. Yo soy Gabriela, por estas épocas una de las sillas de la piscina entró por esa ventana rompiendo el vidrio y clavándomelo como estacas, estaba practicando mi rutina de canto y baile, morí rodeada de un asqueroso olor a sangre.

Bienvenido.

-¿Zarcillos?
-Para que te veas mas femenina.
-Pa, ya te lo he explicado antes.
-Me niego a que un descendiente de Ivan M. Lutsenko no sea normal por gusto.
-No quiero discutir, me voy.
-¡Alina! ¡Ponte los zarcillos!
-Ok, ok, no se por qué no me entiendes, si hasta los mismos gustos tenemos.
-No digas eso, tú eres quien debería entender a tu padre.

Ambos se despidieron con su rutinaria frialdad y cuando ya habían tomado sus respectivos caminos un calor inusual recorrió sus cuerpos instalándose detrás de sus orejas creando un casco de vapor, luego, un mareo, desorientación, y la sensación -y posterior certeza- de estar en un cuerpo que no conocían.

Un día, en el que aun no daban con la solución al problema, el padre preocupado por el futuro de su hija decidió asistir a una entrevista para una pasantía en Chernobyl.

Por otro lado, Alina, en el cuerpo de su padre, se dedicó a visitar la zona roja de Kiev y entre prostitutas de melenas alborotadas y labios fucsia, se perdió sin pudor.

Una de ellas, le preguntó si el regalo para su hija había servido, a lo que Alina respondió: claro, está gozosa. La mujer rápidamente ató cabos y con un tono grave le dijo que en cuanto a carácter y capacidad amatoria tenía más aguante, y agregó misteriosamente: esos zarcillos me los vendió una bruja.

Incorporándose en la cama, Alina abrió los ojos comprendiendo la seriedad del asunto, la prostituta le explicó que sólo después de entenderse el uno al otro y desear de nuevo volver a sus cuerpos, estaría el hechizo roto.

Sin embargo, interrumpiendo el instante, entraba en el cuarto una sudorosa matrona, gritaba, en Chernobyl había estallado una planta y había arrasado el pueblo.

Alina mordió sus  labios y esbozó una sonrisa.

-¡Mátala!
-¡No puedo!
-¡Que la mates te digo!
-¡No! ¡No puedo!
-No seas cobarde ¡Que lo hagas!
-¡Esta bien! ¡esta bien!.

Al otro lado del universo estaba la rosa esperando, preguntándose dónde se encontraba el ingrato, ese, que no apreciaba su belleza y su compañía, ¿dónde estaba el fanal para protegerla del viento y el agua con que la regaban cada día?.

Ella sabía que él no le creyó lo de poderse defender de los tigres con sus espinas; nada más había que ver el lugar y notar que, obviamente, allí no habian tigres.

Se negaba a admitirlo, pero era cierto, le hacía falta el principito, cada pétalo que se desprendía, llevaba un poco de tristeza, pero ella, aún en la soledad, se mantenía erguida, orgullosa.

No podía sobrevivir sola como creía, estaba anclada a la tierra, a ese pequeño mundo y no notó que el viaje sideral de su cuidador y compañero podría costarle la vida.

Cayó poco a poco su colorido traje, sus espinas se endurecieron, se fué haciendo cada vez más delgada, se fué secando, hasta que un día una fuerte brisa la partió en la base y su cuerpo se fue volando hacia el espacio exterior.

-¡Ya! ¿Feliz?- dijo dejando correr el caudal de lágrimas que no podia contener más.

-Si, ha vuelto el orden al universo, puedo descansar.

La valse d’ Amelie – Yann Tiersen

Cuando le conocí no habían colores que faltaran en el festín del día: lilas, rojos, naranjas, amarillos, verdes, ¡azules!

Acababa de llegar el circo al puerto, hemos visto siempre gente que va, que viene, llena de sueños, esperanzas de una nueva vida y también al rutinario y amargo habitante.

Pero la llegada de un circo era un acontecimiento que no ocurría mucho por estos lares ¡y vaya que pasaban cosas!.

Bajaron cajas y cajas, me acerque al muelle para ganarme unas cuantas monedas extras y aliviar los pagos de la colegiatura. Así conocí los domadores, las bailarinas, al traga fuegos, a los gemelos trapecistas, al mago de la barba larga y rojiza, al hombre de goma y a los payasos -son buenos estos tipos después de todo-.

En mi torpeza y emoción por tanta propina recibida dejé caer un baúl azul metalizado. Santiago -el hombre de goma- gimió dentro de él, estaba practicando contorsionismo aunque no era su principal arte; el hombre era irrompible, su extraña genética no le permitía romperse un hueso, gracias a ello se había convertido en el ‘dueño de las alturas’, una especie de diva masculina que arrancaba la admiración del más incrédulo mientras presentaba su acto a más de 10 metros del suelo; pero al ras de la tierra, al ras de la tierra era un señor sin igual, afable, un poco caprichoso a veces, aunque argumentaba bien sus antojos.

Nos caimos en gracia rápidamente, el inconveniente del baúl no generó mucho roce, más bien nos permitió tener una buena excusa para conversar y comenzar a hilvanar esta amistad que duró y durará, hasta que yo muera, pues aun mantengo en mí las buenas conversaciones de nuestros encuentros y las cartas que intercambiamos aun bajo nuestros más disímiles itinerarios.

Precedente 1

Precedente 2

La decadencia está de moda.

Pasar de ser la cuarta ciudad importante del país a ser la sexta no puede más que deprimir.

De ciudad jardín a ciudad basura. Ciudad hueco a veces me dicen, como si fuera mi culpa y no de los ciudadanos deteriorados.

Ahora resulta que soy cara, solo una cifra más en la inflación.

La bota militar en desarrollo siempre ha estado acá, la de pie en guerra y la de aire. Esa bota que me patea y me ve de reojo desde el corazón y los limites; se instaló en los lejanos tiempos de Gómez quien me hizo capital para aquellos tiempos.

Esas montañas lejanas que dan pie a mi valle, a mi aposento, son imposibles de ver cuando por la quema de basura se me nubla la vista.

Mis calles, local abierto de la economía informal, quedan al desamparo, victimas de la indolencia.

Sabe a decadencia mi congestionamiento, mi creciente calor y mi falta de cuido.

Sin embargo, yo aún recuerdo los días que nadie guarda en su memoria.

***

Mi ciudá, es muy chica pa’ sé CIUDÁ y muy grande para sé pueblo, se cae a pedacitos y va en picá como toitiiiico, pero acá me siento en mi casa, puedo vé otras ciudaes, pueden sé muy boniticas, pero a mi Maracay, no la cambio por ná.

Hay mas arbolitos en las calles que en otras partes y tó es planito, no como la capital, ni tampoco como el llano.

Tó los días son soleados y no hay tanto corre-corre, la gente no vive de lo que dirán como en otro lao, somos uno solo, en especial cuando hay beisbol.

Pa’ mi esto es tierra santa, me abrió los brazos después de la tragedia de Vargas.

Veinticinco años. Veinticinco. Me hincho de orgullo, no hay otra palabra, pecaré una y mil veces pero lo que siento es eso: ORGULLO.

Aquí estamos a más de 2.000 Mts. como hacía mucho que no estábamos, compartiendo el silencio de la montaña, la majestuosidad del paisaje, en contacto con la naturaleza, como un solo hombre, un equipo hecho de sangre atado por un cordón umbilical que ni Madeleine tendría con él.

Aun recuerdo cuando nació, me faltó el aire más que en mi primera montaña, sostenerlo fue la experiencia más maravillosa de mi existencia, me sentí pleno.

De regalo decidimos hacer cumbre en este pico. Fue todo un reto en tus 18, un reto que nos venció por falta de preparación.

Esta vez, vas dispuesto a probarme algo que ya sé, me has superado de buena manera y ya eres todo un hombre.

Estoy orgulloso hijo mío y hoy, para celebrar, haremos cumbre…

¡Mierda!

¡Sujétate!

¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda! ¡No aguantará! ¡No aguantará!

AVARICIA

Estaba atenta, en el momento en que lo dijeron la sangre se disparó en mis venas, ¡Al fin! Me dije para mis adentros, carta blanca, el comodín, el joker que necesitaba; debo admitir que sonreí y se iluminaron mis ojos, como el día que la vi, radiante y entregada… si, un sabor a lujuria recorrió mi lengua.

Recibí el memo, había sido elegida junto a un grupo de 143 personas para ese experimento, fuera conciencias, 100 balas irrastreables en mi poder.

Nosotros, un grupo de egocéntricos, vanidosos y soberbios en negación ahora dueños del poder de Dios, algo limitado, claro, sólo podríamos elegir un centenar de víctimas.

Comencé a recordar merecedores de balas, busqué entre mis pertenencias la lista, esa donde anotaba a mis enemigos, aquellos que ofendieron mi orgullo.

Y mientras la repasaba y mordía mis labios imaginando el placer de su inexistencia futura comprendí… 100 balas no bastarían.

Sentí congojo y me eché en la cama. Luego sonreí ¿Por qué tener 100 balas cuando podrían ser fácilmente 10.000 o más?

Sería una inversión, si.

Total la mayoría ni estaba enterada del ejercicio, perezosos. Y los que si, de seguro están engolosinados escribiendo y describiendo un buen uso para las 100 míseras balas.

En todo caso mi mayor virtud es la paz, vista como la tranquilidad con la que muevo mi espíritu lleno de paciencia… sé esperar, sabía que este día llegaría y ahora sabe mejor.

Todos los días pienso lo mismo.

¿Qué retorcido sujeto coloca un espejo frente a su victima torturada?

Cierto, él no cree que esto sea tortura, para él somos menos que ratas de laboratorio.

Lo único medianamente humano que ha hecho ha sido dejarme cuadrapléjico intentando emular a Mengele con sus experimentos sobre siameses.

Cada vez que miro, deseo morir, sería un alivio a otro día más con mi cuerpo hecho pedazos.

Comienza seccionando mi piel, le veo llegar al hueso y tiemblo, sé que tiemblo, aunque no me mueva; pude escuchar como deslizaba el bisturí sin delicadeza, dividiendo cada capa de piel y el momento en que chocó con el hueso. Si al menos no me obligara a ver, no sé quien le dio licencia de siquiatra y carnicero.

Según, estudia las enfermedades del alma y qué mejor forma que inducirlas para su estudio, ‘un ambiente controlado’.

He muerto varias veces ya y aun no me termino de ir.

¿Por qué?

¿Por qué?

¿Por qué?

Estaba en su momento de descanso –si acaso eso existe para quien ya vive en el cielo- cuando recibió el memorándum, el momento había llegado y debía iniciar la preparación, los ángeles elegidos iban alistándose y partiendo, los sellos, uno a uno se iban a abrir.

Él recordó aquella mirada de dolor que una vez vio, ¿Cómo esa alma torturada iba a seguir sufriendo? ¿Acaso no bastaba lo que ya había vivido? ¿Necesitaba aun pasar por este último paso, simplemente para demostrar su fe?

Fue al armario, sacó los planos y los libros ¡Tanto tiempo guardados! Tanto que había querido ejecutar este plan tan perfecto, le brillaban los ojos, y, sin embargo, no podía sacarse esa mirada de adentro.

Desenrolló los planos de un tirón sobre la mesa y puso su dedo en un punto específico, abrió luego el libro de la planificación.

Sólo a través del dolor se puede purificar el espíritu y sólo así se puede demostrar la verdadera fe, la última prueba, antes del juicio final.

Una enfermedad que discriminaría religión, afectando sólo a aquellos que clamen su credo; enfermedad certera, dolorosa, lenta para sufrir, rápida para la ciencia y su afán de hallar cura.

Dubitativo unos segundos, se mordió el labio, volvió a mirar el punto señalado y la seguridad lo embargó, él sabía qué marcaba: “Que comience aquí, no quiero que sufra la esperanza de la ciencia, un último aliento le queda y no debe decaer… Siempre espera que su salvador llegue”.

Estamos navegando de acuerdo a los patrones establecidos, buscando un vestigio que explique nuestra existencia.

 

Se dice que decenas de miles de años antes, cuando no estábamos tan expuestos a las fuerzas de la galaxia ni a las radiaciones, no teníamos esta capa suave de vellos blanquecinos sino solo en sitios muy particulares y en colores oscuros, entre otras características que dice la historia poseíamos.

 

Esta misión hace años que se siente infructífera, encontramos rastros de varias civilizaciones no ligadas con la terrestre, pero nada que nos permita como antropólogos tomar datos certeros y nuevos para el estudio de nuestros antepasados.

 

Solo contamos con una base de datos que ya se agoto en cuanto a la información que se podía obtener de ella.

 

Lo que sabemos de los últimos días, es que nuestros antepasados salieron debilitados de la Tierra por la enorme radiación generada, cuando, por un error de calculo el Quinto Colisionador de Hadrones genero un agujero negro de pequeña expansión, que salió de control tragándose –literalmente- el planeta y haciéndolo salir de su orbita hacia lugares insospechados aun.

 

Un grupo muy selecto de científicos lograron escapar, previendo, que ese incidente podría ocurrir algún día, luchando contra las grandes fuerzas que succionaban al planeta alcanzaron escapar y seguir desarrollando modos de vida capaces de adaptarse al medio ambiente agreste y estéril del espacio.

 

“El hombre es un ser adaptativo”, diría nuestro Padre, pero yo dudo que aun seamos Hombres.

En una esquina, rodeada de total oscuridad, estaba ella sentada en el suelo, se halaba las mangas del abrigo nerviosamente, queriendo desaparecer.

 

Abría sus ojos como si así pudiera ver lo que sus oídos le decían. Escuchaba sus palpitaciones reventar en su cabeza, sonaban mas alto que las pisadas de la ex Policía Secreta, podía escuchar el golpe de las puertas, cómo volteaban las camas, abrían los closets, las ollas caían de los estantes de la cocina. Rompieron la vajilla de la abuela, pensó.

 

Hace meses que duerme en la habitación falsa, uno por dos metros, tras el closet, puede ser un lugar fantástico si te devuelve la confianza de un día más de vida… junto a los tuyos.

 

Al papá se lo habían llevado en la mañana acusado de disidencia, sólo por quejarse en la cola de racionamiento de alimentos; y ahora venían en busca de la familia por supuesta conspiración.

 

Cada cuarto tiene su propio escondite, pero hoy, el primo que compartía la casa con ellos se rindió en la jefatura, no aguantó los modernos estilos de tortura, tan vejantes e indelebles como los de épocas pasadas, y dejó escapar el número exacto de habitantes de la casa.

Santiago

En una noche de brisa fría y cielos rojos, los relámpagos lejanos y mudos iluminaban el espacio.

Una música al aire libre, densa y opresiva, era la atmósfera impuesta para la ocasión.

Los pobladores se habían congregado a las afueras de la villa para ver el espectáculo, era el pueblo natal de Santiago del Valle y aunque siempre volvía para ensayar sus nuevos actos, la admiración por él sólo podría compararse con la de un niño de cinco años hacia su padre, cuando éste arregla su juguete favorito.

Se saboreaba la intranquilidad del ambiente, de repente, se encendieron unos reflectores para iluminar la aparente frágil figura de Santiago.

De gesto serio y concentrado, con la mirada como perdida en algún asunto que sólo él conoce. Levantó sus brazos y su cuerpo se estilizó más aun por el efecto de su traje gris plata.

Dio muestras de su elasticidad al lentamente deslizar sus manos por su cuerpo hasta tocar el suelo; colocó sus manos, una tras otra, sobre una delgada cuerda y se paró lentamente sobre ellas, con un misticismo asombrante.

Una vez equilibrado su cuerpo totalmente, subió la mano derecha quedando apoyado en la izquierda. Hizo un pequeño gesto y sus ayudantes comenzaron a subir la cuerda.

El auditorio presente seguía con atención cada movimiento; y al unísono contaban las marcas que cubría la soga al ser elevada… medio metro, un metro, metro y medio, dos metros…

Inesperadamente, Santiago colapsó y cayó al vacío, un sonido de asombro fue la primera reacción, pero al contacto del suelo, el asombro se hizo pánico y se oyeron gritos, siendo el más desgarrador -de esos que dejan ardiendo las entrañas- el de Serena, como siempre tras las butacas, viendo a su esposo tocar la gloria acrobática y caer, esta vez para esparcirse en pedazos rojos y gris plata, coágulos solidificados de un ser mágico.

Ayer tarde, en la estación de policía, Serena del Valle, viuda del hoy occiso Santiago del Valle se quebró ante la mirada atónita de los detectives que investigan su extraña muerte. Santiago, un trapecista reconocido en el mundo del show bussines por sus extravagantes actos de equilibrio en las alturas y las veces que sobrevivió a impresionantes caídas, fue apodado desde 1991 como el hombre de hule mágico; su muerte, como se recordará, aconteció en el momento en que era elevado en un apoteósico acto. La nota extraña fue que al caer desde solo dos metros de altura su cuerpo quedo esparcido por el suelo en varios pedazos de apariencia solidificada. Las autoridades aun realizan las pertinentes investigaciones con el fin de dar con la extraña sustancia que aseguran debió habérsele suministrado.

Aunque no se descartaba ningún sospechoso, en especial los posibles rivales de Santiago en el mundo del espectáculo, en la toma de declaración a la señora de del Valle, ésta ha contradicho su coartada al declararse como culpable de la muerte de su esposo por haberle proporcionado un coagulante sanguíneo “preparado”, por preparado la doña explicó que mediante conjuros quiso hacer del brebaje una pócima que hiciera vulnerable a su –según sus palabras- alado esposo y que su intención sólo era que sufriera alguna fractura que lo mantuviera más cerca de ella.

Al culminar su confesión, se desplomo en llanto y asfixia, motivo por el cual fue necesaria la intervención de los cuerpos de salud para su traslado al hospital estadal donde se encuentra recluida herméticamente para evitar su huida por evaporación.

Frio

-Pasaron varios años hasta que volví a ver a Arturo Belano

-¿Quién?

-Ése, el que me hacía erizar la espalda.

-¿El de las manos grandes?

-Sí.

-¿El de la fuerza desencadenante de temblores?

-Sí, Carlos, el del frío previo a la sensación de plenitud.

-Ja! No sigas, que no tengo que comer en casa.

-Jajajaja… ¿Tienes el marica en on?

-Si, búrlate, cuando sales del mercado mucho tiempo la ansiedad de volver ahí paraliza.

-Lo sé, ¿no te digo? Arturo Belano

-Y que quería?

-No sé, lo vi al abrirse las puertas del metro, cuando cerraron y comenzamos a movernos ya no estaba.

-¿Qué querrá?

-Ni idea… ¿otra vela?

-¡Deja de jugar con esas vainas! ¡Ya me estas asustando!

-¿Qué? ¿Acaso no puedo?

-No sé, Fer, eso de buscar placer con las ánimas cómo que no entra dentro del concepto de espiritualidad generalmente aceptado.

-Jajajaja, pero si siempre es como la primera vez, me voy acompañado y al despertar… vacío.

-No sé, Fer, aunque entiendo, yo lo quise intentar pero no encontré a nadie.

La veo a mi lado y respiro su aire, su delicioso olor, la serenidad cuando cierra sus ojos y el mundo entero cuando los abre, el alma que me esconde pero que me da paz si me deja pasar; aun recuerdo cuando pregunté su nombre, Atina, me dijo, y yo en mi mayor ignorancia ¡Cómo la ciudad griega! Sí, como esa, respondió.

Hay algo más allí, no me dejas saber qué es.

Tantas veces que asistí al yoga buscando serenidad y ni allí te pude encontrar, sólo banalidades jugando a la profundidad.

La vez que la vi, por primera vez, no sentí deseo en mi piel, no jugué con picardía, no puse a prueba la seducción, sólo sentí armonía y la seguridad de poder descansar, mi pulso disminuyó, ya no había necesidad, necesidad de nada; podía morir al instante sin sentir que lo iba a hacer.

Ojos de experiencia, de ecuanimidad, de sosiego… remanso es lo que encuentro cerca de ella, he cambiado lo sé, ¿Se podía? No lo que se piensa sino lo que se siente, lo que se creía era necesario, imperioso. Ya no me asalta la curiosidad de ver más allá de las paredes ajenas, no más nerviosismo en busca del placer.

A su lado desempolvo recuerdos, cuentos de mi infancia, vuelvo a aquel estado de protección total, de confianza, vuelvo a creer en trenes mágicos, en ángeles, veo magia donde antes no había, sueño, he vuelto a soñar, creo que ese es el mayor cambio.

No se cómo lo hace, por primera vez no ha habido piel de por medio, ni sudor, ni drama, sólo una taza de café y una larga conversación como hacía muchos años no tenía.

Una sotana de lino, vieja y roída, lleva a cuestas una gran cantidad de dudas. Ha rozado esa piel que se eriza a falta de voluntad, llena de marcas y vacilaciones.

Busca la paz, llenar el vacío, respuestas, una verdad más real, una fe más tangible que no sería fe pero seria más sincera.

Un pasaporte, varios sellos, muchos países, un nudo en el pecho, no sabe quién es, ni para qué vino, no encuentra sitio al cual llamar hogar.

Querer ser y no saber. Luchar por un futuro sin tener las bases del pasado. En un ataque de rabia arruinó su espejo legal, necesita quedarse, necesita dejar de huir.

Un encendedor, “Dios, mi familia y yo” la frase grabada, único recuerdo de aquel padre ausente, otra guerra que se lleva un hombre digno -la justicia nunca ha estado de vuestra parte-.

En su honor, ha decidido enorgullecerle, pero ¿realmente lo valdrá? Idealizó un recuerdo, nadie es perfecto y menos un mortal.

Un oso de peluche, tres generaciones de mujeres lo han tenido, no es su culpa haber nacido varón, un oso de peluche rosa no es para niños, sin embargo, apreció cuando su madre, dejándolo ya sin raíces, se lo legó con la casa.

Flores, flores secas, el ramo de su propio funeral, tiene la extraña costumbre de tomar una flor de cada tumba que le importa… flores de muertos para recordar la vida.

Cinco historias, un hombre. Tendido en el suelo, una bala huérfana y certera se aloja en su pecho. Lo bordea un aura de sangre, ahora el vacío se llena, ahora que nada busca.

A su lado, un mendigo se pregunta de qué le sirve el contenido de la maleta del recién estrenado occiso. Sólo ropa y detalles nada extravagantes, una bata negra, un librito con hojas rotas, un encendedor desgastado, un peluche sin ojos y flores secas… a lo mejor era marica.

-Atención por favor… estamos acá reunidos…

-¿Y ese quien es?

-Tengo entendido que un ex.

-¿Pero no debería darle vergüenza? De seguro lo hizo por su culpa.

-No vale, es un ex de su juventud, creo más bien que ahora era su amigo.

-Pues tan bueno no fue, mira lo que hizo.

-Bueno con ella nunca se sabía.

-Eh… disculpen allá atrás, un poco de silencio por favor… gracias… prosigo, sus padres me han pedido que diga unas palabras y lea la carta que dejó, todos acá sabemos lo difícil que es este momento y sé que muchos no estarán de acuerdo con lo que hizo, pero creo que es justo leer su visión de los hechos, pues al fin y al cabo ninguno de nosotros llegó realmente a comprender lo que ella sentía.

Yo sé que quienes sufren más son los que quedan, por eso, mamá, papá, perdonen, amigos, si, ustedes tres, cada uno tiene su carta, disculpen por irme así, de forma tan abrupta y sin decirles nada, pero es que ya no aguanto más, se supone que descubrir hace tres años que soy bipolar me haría sentir mejor, y no sólo por el tratamiento, sino porque sé que no estoy loca, que es sólo un trastorno, pero es que nunca me he sentido normal, nunca encajé en este mundo y no nací con las fuerzas para cambiarlo, me sorprende más bien haber durado tanto; y estoy agradecida por todo lo bueno que tuve, aunque lamento no me haya hecho sentir feliz. Creo que soy yo la incapaz, algo esta roto acá dentro y nunca he podido repararlo.

Sé que me tildaran igual de loca por lo que voy a hacer, pero creo que mis niños estarán bien conmigo, no quiero ser una carga más allá de mi muerte ni quiero que ellos sufran lo que yo.

Con los nervios a mil, hago malabares sobre la tapa del inodoro, necesito ver por esa pequeña ventana, si aún lo haces.

Tras de mí, una puerta que no cierra bien y una reunión familiar que atenta contra mi salud mental y auditiva.

Hace varios años que dejé este apartamento y admito que al principio extrañé verte, cuidarte desde mi silencio, ser tu cómplice, testigo de tu danza con la muerte y tu gusto por las camisas de cuello alto.

La adrenalina de saber que alguien puede entrar sólo acelera mi excitación, siento las palpitaciones en mis oídos tan fuerte que apagan el sonido exterior, el calor del bajo vientre se apodera de todo mi cuerpo logrando arder detrás de las orejas, comienzo incluso a temblar. No puedo detenerme, voy al ritmo de tu jadeo y sudor. Veo tu cara enrojecida y cómo abres la boca con cada vez más desesperación, las sensaciones se van magnificando por la falta de aire y el desafío a la muerte, siento tu placer como propio, haciéndose más grande, más profundo, adquiriendo una nueva dimensión, es el placer en su máxima expresión.

No puedo desviarme de lo que veo, no puedo pestañear, no debo perderme ni un milímetro de tu cuerpo, de tu tiempo, eres mi adicción como en aquellos tiempos, tu maximización del placer incrementa el mío, me fascina verte, intuirte, sentir una leve asfixia y la explosión de las sensaciones.

Si no fuera por la evidente diferencia de edad -que me remuerde la conciencia- intentaría una aproximación… por tanto, sólo procuro cuidarte sin que lo sepas e imaginar el sonido de tu respiración apagándose, mientras yo respiro por los dos.

Debo velar porque puedas desatar el nudo de la corbata colegial que usas y que no tardes en recuperarte.

-¡Paredes! Ahora si se jodió.

-¡Maldición!- balbucea golpeando las barandas de la cama.

No podías sólo sufrir tu mugre vida. Tenías que desangrarte ¿verdad?

Estaba tranquila, hacía tiempo que no me veías, no me tocabas, me convertí en un fantasma, en algo insignificante y eso me dio paz, no más ojos hinchados ni prótesis dentales, era feliz.

No entiendo, me había acostumbrado a tu olor a vómito de borracho, sabía que lo hacías con otras, tus nudillos rotos me lo decían, pero no me importaba, ya no era a mí.

Me volví visible y no sé por qué ¡si esa noche ya habías gozado! No recuerdo imágenes sólo sensaciones: la puerta que azotaste, el golpe en la cara al caer, el peso de tu cuerpo amorfo y grasiento, el olor sofocante y nauseabundo, mezcla de sudor, alcohol y cigarrillo, la presión en el pecho, tu jadeo, las ganas de morirme porque sabía qué vendría, la fuerza, el ardor, dolor, si fueran sólo golpes y no la humillación de suplicar por cinco eternos minutos.

Después de tu segundo goce, para el cual ya había dejado de luchar -no hay forma que mi cuerpo pueda con tu peso y lo sabes- fuiste a dormir, satisfecho.

Compensas tus deficiencias con violencia y tu egoísmo no tiene límites, solo fui a lavarme la cara en la cocina pero temblando tomé las tijeras para despresar el pollo, sí, ésas que tanto usas cuando cocinas para tus amigos.

Aun dibujabas tu plenitud cuando te convertí en eunuco, despertaste aturdido de dolor y golpeando más fuerte que nunca, pero mi rabia era mayor, tomé lo que quedó en mis manos y comencé a destazarlo como habías hecho en mi interior por tantos años.

-¡Paredes!

-¡Se nos va, entró en paro!- gritó el médico.

Después del trabajo

como un vaquero

llegó a su casa

se quitó el sombrero

depuso las armas…

Y con voz ronca y acento gringo dijo:

-¡Hey, girl! ¡Azótame!

En un tren rumbo al este va ella, con su mochila de cuero y metal al hombro, solo un pequeño dije la adorna, sencilla como es y con su mirada plena de sabiduría y eternidad, sólo una pequeña lechuza de oro puede representarla.

Ve por la ventana absorta en sus pensamientos, recordando que la última vez que vio su pasaporte ya casi no se distinguían los países donde había estado: Sudán, Croacia, Serbia, Argelia, Sierra Leona, Ruanda, Bosnia-Herzegovina, Palestina, Vietnam, siempre ayudando, no solo a las personas, los refugiados, sino salvando culturas enteras. ¿Cual otra forma de revelarse podrían tener los mortales sino sobrevivir? negarse a morir, a desaparecer de la historia del mundo. No hace falta la violencia para dejar huellas, solo resistir el embate de la autodestrucción propia de la condición humana, de aquel que no conoce los sabores de la inmortalidad. La perseverancia del conocimiento era ahora la bandera de su rebeldía.

Ya hace mucho tiempo que dejó de apoyar las guerras con sus estrategias, ya estaba cansada de ver como buscaban su bienestar propio, siempre anteponiendo la violencia sin medida sobre cosas tan sublimes y de mayor carácter como las artes o las ciencias.

No más estrategias, no más batallas, al menos no como las que apoyó en la antigüedad. Dejó atrás los rumores y comentarios malsanos que se hacían en torno a si, esos dioses con los que se le vinculaba, nunca llamaron su atención sino para su favorito hobbi, la guerra.

Varias amantes tuvo y era mucho lo que había recorrido, pero aun así seguía dispuesta, con el viento al rostro y la mirada fija al horizonte.

Recuerdo aquella época en la que retomé la escritura, un paso pequeño pero importante fue haberme inscrito en un taller on line que me retaba a crear una historia cada 15 días, una pequeña obsesión in crescendo cuyo punto mas álgido fue la vez que me dieron en el orgullo, haciendo patente mi ignorancia literaria. Una sensación de desamparo, odio y humillación se apoderó de mí, sólo comparada con la vergüenza y el autodesprecio que siente un bulímico por su cuerpo… ¡que remordimiento! ¿Mi nueva meta? desempolvar en una semana algo de la literatura venezolana.

Tanto me sumergí en ese mundo que lo siguiente se convirtió en mi pesadilla recurrente por 7 putos días.

En el porche de una hacienda Maria Tolete se deshace en lágrimas porque el hijo de la patrona se murió asfixiado con el anillo, a su lado Blanca Nieves, con su cabeza llena de papillotes, trata de aplacar su llanto.

Una angustia impregna el aire limpio y fresco del atardecer llanero ¡algo raro estaba pasando!

Al galope en su caballo y con su infaltable pelo e’ guama aparece Florentino, había olvidado todos los santos que conocía y así no podía seguir enfrentando al diablo.

La extrañeza de la situación abría una gama de posibilidades, la niña Blanca Nieves se hizo a un lado y murmuró una plegaria ferviente en la que pedía que su cabello fuera crespo de una vez.

¿Sería esto la consecuencia de un nuevo intento de Doña Bárbara de atar a su destino a Santos Luzardo?

Consultaron dicha tesis con Juan Peña quien, como siempre, estaba dándole a su diente roto y por la locura del conjuro, pensó y contestó ‘así parece’.

Comienza entonces el debate neuronal entre estos personajes y deciden que Florentino, con los nombres de las santas y vírgenes que aún quedaban en su mente, se enfrentara a Doña Bárbara, para poner fin a semejante desastre y volver a la normalidad de sus respectivos finales.

Yoga

Buscando un poco de paz y salir de la rutina, me encuentro realizando una posición conocida como saludo al sol, en medio de un ambiente ficticio amparado por música de sonidos naturales e incienso; colores verdosos y ocres dominan mi campo visual, cuando apareció, entró en la habitación, interrumpiendo la clase de yoga a la que me inscribí para liberar tensiones y conocer gente como ella, con toques de bohemia, con aroma a libertad, con un cabello negro de olor frutal, unos ojos profundos de paz y pícaros de independencia.

Pero no es solo verla llegar e iluminar el salón de práctica, es respirar con ella el mundo e imaginar cómo sus muslos me amarrarían a su cuerpo, cómo su sudor seria el hidratante ideal para mi piel, su lengua, el campo de batalla y el despertar de mi inquietud: víveme, lámeme, siénteme, quémame, márcame, muérdeme.

Es, con un movimiento, visualizar el preludio de un orgasmo, la tensión de soportar hasta el último segundo, tratar de extender el tiempo… y las convulsiones.

Sería una aventura, algo delicioso y divertido, sin ataduras, sin leyes naturales opresoras, corazón a grito palpitante, es la seducción en movimiento.

Nada mas sentir su presencia a tres cuerpos del mío me eriza la piel y otros lugares. La deseo, si. Me mira, lo sé.

Un relato para niños

by: Sarita

Había una vez un juguete preparado por los angelitos, de esos que el Niño Jesús debía repartir el mismo día de su nacimiento, éste juguete era un muy delicado y azul trencito de tres vagones, con sus ventanitas pintadas y con sus rueditas móviles. Este trencito ya había pasado la última etapa: había sido rociado de alegría, inocencia y amor; además, ya conocía a quien iba destinado.

Llegó el día del nacimiento y el Niño Jesús, entre alistarse para llevar el mensaje de unión, hacerse chiquito y pensar en todas las comodidades que dejaba para depender por unos cuantos años de su madre, ¡se le ha quedado el trencito azul!.

Pero el trencito azul estaba decidido a llevar alegría a su destinatario y se propuso hacer por su propia cuenta el viaje; transformándose en polvo mágico y atravesando el portal de la fantasía para materializarse al pie de la representación del nacimiento de aquel Niño que le dio razón de ser; una sonrisa en otro niño que contagiaría a los adultos a su alrededor cumpliendo así su misión, expandir la alegría a todos los que pudiera.

Desde Tlön

He venido a aclarar unos cuantos conceptos que se han podido prestar a confusión en el relato-investigación realizado por el señor Borges. Haré el intento de exponer una franca y concisa explicación de nuestro modo de vida, utilizando un lenguaje sencillo, corriente.

Los tlonenses respiramos, comemos, cagamos, nos reproducimos, pero sobre todo pensamos.

Espero haberme dado a entender.

Nos estamos viendo.

Inexorablemente somos todos y somos uno solo.

Zombie… who?

Consideraciones previas:

  1. Mi experiencia y conocimiento acerca de los zombies esta limitada a Resident Evil 1, Exterminio (28 Days) y a Triller de Michael Jackson.
  2. Según Wikipedia: Un zombi es una figura legendaria propia de las regiones donde se practica el culto vudú… un muerto resucitado por medios mágicos por un hechicero para convertirlo en su esclavo… muerto viviente y… quien hace las cosas mecánicamente como si estuviera privado de voluntad

Querido Diario:

Uy! No! Q rabia! Q stress! Mi papi me dijo q no m va a poder comprar el cel nuevo..no q lata! Y éste q está so last seasson! Le dije q ya no lo quería mas!..es q… osea!!! Hello? Como m va a dejar así?

Arrggg!

Mejor me relajo un poco porq si no capaz y m salen arrugas..ay no! y luego d nuevo a hacerme el retoque de la nariz pfff… no pues no puedo… debo enfocar toda mi energía en lograr el permiso d mi mami para hacerme mis lolas pa’ mi cumple… ya verá la perra esa de Vicky cuando m vea llegar con mis tetas nuevas… ash! Lo malo es esperar hasta mi cumple el año q viene… 15 no se cumplen todos los días jeje y menos se festejan con un par de ese tamaño ja!

Como m muero por bajarme ese churrito bello de ♥David♥ ay! Si me viera.. cómo me derrito… bueno no me derrito me hago agua si me entiendes, no? jajaja… es q es tan lindo… tan ♥Ryan♥, si ese… el de The O.C. ay nooo!!! Es q cuando veo a ese niño… hasta los calzones me tengo q cambiar!!!

Anyway… hoy me pelee con Susie la muy estúpida cree q si no se traga no queda embarazada… yo le dije daaaa osea!?… va para el mismo sitio!!!

Ay! No! hoy fue un día stresante!!! Hoy todo mundo amaneció como sin cerebro!!!

*Dele no mas… destroce!