Articles by eugenioabraham

un poco loco, no tan cuerdo. Andando en todo, quedando en nada. Pero andando, siempre andando.

 “¡Santos sanitarios extra higiénicos Batman!” Fue lo que me dije al entrar. Y es que, cínico como soy, jamás pensé que con la remodelación de la tienda fueran a poner tanto esmero en arreglar los baños. Mas aún, nunca espere que tras 21 días de haberse reinaugurado el centro comercial me fuera yo a topar con algo tan pulcro y tan.. ¿lindo?

Pues si, lindo; estaba fascinado por lo que vi. Abriendo la puerta ya se podía contemplar una pared hecha de esos tabiques traslucidos como cristal y una maceta… ¡con plantas de verdad!  Entré, me quede como bobo contemplando el lugar: paredes pintadas completamente en color beige y adornadas con una elaborada cenefa en tonos pastel. ¿Lo mas asombroso? Lavabos resplandecientes, piso impecable, cero papeles tirados,  es decir…¡el lugar estaba perfectamente limpio!  Es mas, hasta olía rico allí adentro.

Tan absorto estaba, que se me pasaron las ganas de orinar. Fue entonces cuando lo note, por fin me percataba del error. “Pero que estupido…”, pensé mientras me reía para mis adentros, “digo… ¿a quien se le ocurre poner unos sillonzotes rojos donde deberían estar los mingitorios? … hay que ver a estos diseñadores modernos.” 

Satisfecho conmigo, me dispuse a entrar a un excusado cuando note que todos estaban ocupados… “Ni hablar, tendré que esperar mi turno”… “válgame, ese tipo usa tenis rosas”… “momento, ¿y por que ese de allá trae zapatillas verdes? ¿Es eso una tanga? ¡Oh por D… ”  ¡Zas! Sentí una mano estampándose contra mi mejilla seguida de un bolsazo en mi espalda. Como pude salí de allí, abrí la puerta contigua y me refugie en el oloroso, desaseado, bien conocido y no renovado baño de hombres. “Ya lo suponía, no lo remodelaron”. Y sonreí gustoso de tener la razón. 

Eran las cinco cincuenta y nueve de la mañana cuando mire el despertador y apague la alarma antes de que esta sonara. No había necesidad de despertarlos. Para que? Si de todos modos seguirían durmiendo. Arropándome en mi abrigo decidí no perder mas el tiempo. Salí de la habitación.

La mañana era fresca, había llovido durante toda la noche. La humedad en el ambiente no hacia mas que ensombrecer mas mis ánimos.  El canto de las aves, las flores en el jarrón sobre la mesa de la cocina,  sus coloridos rayones de crayola pegados al refrigerador… todo… todo… absolutamente todo me parecía gris.

Ellos que sabían de lo que habría de venir? Nada. Para ellos todo había sido siempre solo juegos y mimos. Correr libremente, sin preocupaciones, en el parque de enfrente. Ir los domingos a misa en el templo de la esquina. Comprar dulces a Don Beto en la tienda junta a la casa. Pero todo eso estaba por terminar el día de hoy. Ellos lo ignoraban. Yo haría algo al respecto.

Tome las llaves y determinado me dirigí a la cochera. Mi corazón palpitaba acelerado, lo sentía retumbar en mi pecho como tambores indios que anuncian un combate.  Abrí lentamente la puerta para no hacer ruido, no quería despertar a nadie. Fui hacia la caja de herramientas y tome todos los clavos que encontré, uno a uno los puse cuidadosamente en el lugar donde causarían mas daño. Estaba hecho: mamá no podría cambiar todos los neumáticos a tiempo y papá la detendría cuando llegara. Mis hermanitos y yo ya no nos iríamos de casa.