Articles by Dib

Desabrido, insulso, etereo, amargado, aburrido. Joven normal, sarcástico. Inteligente, pero flojo. Considerado entre los que se dicen cools como matado. Abrumado por el peso de ser como soy. El decir que no ruleo sería mentir. IQ 140: El que sea un genio no me hace muy listo. Frustrado la mayor parte del tiempo.

- ¿Y qué hacemos aquí?
- Venimos a probar mi más reciente modelo.
- ¿Es en serio? ¿En una autopista, en hora pico, con un tráfico de la chingada?
- En efecto. De hecho, según mi modelo, llegaremos al punto B del mapa en exactamente 42 minutos.
- ¡Mis bolas son tus ojos!
- En serio. ¿No te había platicado de mis intenciones de modelar el tráfico con ecuaciones diferenciales en diferencias? Pues ya lo resolví. Era más sencillo de lo que creía. Es un modelo de flujo de tránsito vehicular con un autómata celular probabilístico. Por ende, es un modelo de espacio y tiempo discretos, donde cada célula del autómata equivale ya sea a un vehículo en movimiento con cierta velocidad o a un espacio vacío de la avenida donde se encuentran los vehículos. Si cada vehículo tiene asociada una posición en la autopista, al ser un autómata celular un espacio discreto, cada célula equivale a una parte de un vehículo o a una célula vacía. Y con la ecuación que te mostré el año pasado para calcular la probabilidad de que un vehículo reduzca su velocidad aleatoriamente y que probamos como cierta, cualquier estudiante de licenciatura resuelve para la incógnita – en este caso, tiempo – y listo, siempre y cuando el predecesor no esté dentro del horizonte de interacción del vehículo.
- ¿O sea que si alguien choca tu modelo sirve para pura chingada? Además, tu teorema únicamente funcionaría para una avenida de un único carril, Doctor Geniecillo. Y esto es una avenida de cuatro carriles.
- Sí, bueno… voy por partes ¿OK?
- ¿Entonces no llegaremos dentro de 42 minutos?
- Pues si el huevón de enfrente dejara de fajarse a su novia y acelerara, igual y hasta en menos.
- ¡Me cae que no valemos madre!

*Basado en la teoría Nagel-Schreckenberg de densidad de tráfico.

Soy demasiado listo para trabajar, así que estudiaré una maestría. ¡A ver si paso lo exámenes! Mejor no me arriesgo y entro a los cursos.

Han comenzado los cursos propedéuticos… de haber sabido que no contaban para la admisión, me hubiera quedado en mi rancho.

Fue bien fácil que entrara a la maestría: nada más estudié todo lo que vimos en la carrera y le recé a todos mis santitos.

- Ya que vamos en la misma maestría, sería bueno que nos conociéramos mejor… ¿Te puedo invitar un café?
- No.

Pinche vieja, ni que estuviera tan buena. No’más porque es la única mujer en la maestría. Pero va a ver cuando necesite que le explique.

- ¿Cómo te fue en el examen? – Pregunta uno, y el otro rota la muñeca con la palma abierta
-  Ah, ¿Más o menos?
- No, me metieron la mano y me hicieron así.

Sólo odio dos cosas en la vida: a los que no les caes bien por ser de provincia, y a los de Ciudad Valles.

Pinche madre, no está jalando. En el simulador sí me da, las gráficas salen como se debe y hasta tiene lógica, pero el puto circuito no jala.

Cómo vez, ya nos van a correr a los dos. ¿Le ponemos?
Y vivieron felices para siempre.

- ¿No mames… qué te pasó?

- No sé. Era un día perfecto. Recuerdo que iba cantando en el auto mientras pensaba lo lindo que estaba el día:

¡Todas las mañanas entra por mi ventana el señor sol! ¡Buenos días mundo! Hoy parece ser un excelente lunes. Estamos exactamente a 20 grados centígrados y no hay tráfico.

Me sentía genial. El día anterior había probado lo del MForce y funcionó divinamente. No podía creer que mi esposa me hubiera despertado con sexo oral. Me acaban de ascender de puesto y ganaría más del doble de lo que ganaba. Me cae que soy la ley.

En eso, poco antes de llegar a un semáforo un cabrón en un Porsche se metió sin avisar y casi le pego. Eso me enojó. Me cae que sí. ¿Cómo es que un cabrón me fuera a arruinar mi lunes perfecto? ¡Ni madres! Que acelero y se la rayo con el claxon. El semáforo nos agarró en rojo y el perro me la rayó también. Me enojé  y le menté la madre hasta que me harté. Ya sabes, lo clásico:

- ¡Pinche vato… fíjate!

- ¡Que te valga! ¿O qué me vas a hacer?

- ¡Pues bájate!

Y que se baja.

Jajaja. Pinche vato indio. Me cae que hasta pensé que era un lavacoches. No creo que pesara más de 50 Kg y que midiera más de 1.70 m.

Me bajé. Pensé que mis 1.90 m y mis 100 Kg lo iban a intimidar. Pero ni madres. Me la hizo de pedo, se la hice de pedo. Me empujó, lo empujé y cuando le tiré el primer madrazo ya no supe más. Hasta que desperté en el hospital me enteré de que el cabrón era Mani Pacquiao.

- ¡Te vas a arrepentir!

- ¿Perdón?

- ¿A poco crees que tu disfraz de taxista nos iba a engañar, John?

Justo antes de que McClain pudiera colgar, una voz femenina hizo eco en el teléfono.

- ¿Papá?

- ¡¿Hija?!

- ¡Te dije que plañirías John! Es una lástima que no vuelvas a verla.

- ¡Déjala fuera de esto o te mato!

- No estás en posición de exigir nada. De hecho, no estás en posición de hacer absolutamente nada… en algunos segundos, ni de existir siquiera.

McClain abre la puerta del taxi, se arroja rápidamente fuera de él y corre. Apenas se aleja tres pasos y un cohete se estrella contra el vehículo haciéndolo volar en cientos de incandescentes e inservibles pedazos. La onda expansiva arroja a McClain varios metros por el aire. En cuanto se repone del impacto alza la vista y ve cómo más de catorce hombres armados lo rodean. El teléfono suena y McClain lo levanta lentamente, mientras la mirada firme de los guardias sigue cada uno de sus movimientos, esperando el mínimo motivo para vaciarle el cartucho.

- ¿Qué vas a hacer John?

- Voy a rescatar a mi hija y matarlos a todos. O voy a matarlos a todos y rescatar a mi hija.

- ¡Qué valiente John! Pero tu heroísmo es tan de la década pasada… sólo tengo seis palabras para ti: Yippie Kai Yai… hijo de puta.

Después de decir esto, colgó y una lluvia de balas atravesó el cuerpo herido de McClain.

No. No. No.

¿De dónde sacas que McClain puede morir en Duro de Matar cinco? Y luego lo matan usando la frase que él ha hecho famosa en las otras cuatro películas… entiende esto, McClain es EL PROTAGONISTA. Él no puede morir.

Yo soy el director y te digo que McClain no va a morir… ¡estás despedido!

¿En qué acabo de meterme?
No hay forma posible de salvarme de esta. ¡Qué bueno que nunca tuve hijos y que mis padres ya están muertos! No me gustaría que me vieran después de lo que está a punto de sucederme.
Acabo de cagarla, y por esa desobediencia, recibiré un nuevo tipo de recompensa: la agonía.
Aquí viene…
Una angustia incesante, un dolor indescriptible, el tiempo se ha detenido y sólo me queda la soledad y un odio enfermizo hacia la hipocresía que me ha condenado a este infierno.  Ya van varios segundos, y mi tormento aún no termina. El dolor inmisericorde del que soy presa va menguando poco a poco, mientras siento la inevitable llegada de la inconsciencia. Sé que si me desmayo no despertaré nunca; pero no puedo evitarlo. Los huesos de mi cráneo se van rompiendo poco a poco, en fracciones de segundo que para mí son eones. Mi quijada casi se desprende de mi cara al contacto con esa indescriptible fuerza. Pero al final, sé que es mi culpa; sé que yo me lo busqué. El dolor no me deja pensar en otra cosa que no sea el desear que todo termine. Al parecer pronto será así.
Todo lo que dicen es cierto: “No hay teoría de la evolución… sólo una lista de criaturas a las que Chuck Norris deja vivir”. Y él no me eligió. Su patada giratoria es letal.

No

Avanzo lentamente por la avenida. El estupor que causan tantas personas me sofoca rápidamente y con imperiosa necesidad aumento mi velocidad. Espero impacientemente al microbús durante pocos minutos que se van alargando conforme me siento observado por dos sujetos con apariencia de vagos…

De alguna manera llego al metro. La repulsión natural que tengo por la gente detiene su increscendo para llegar al clímax. Pulula gente. Se esmeran tratando de entrar a los vagones aunque ya no es posible. Apenas hay espacio para respirar…

Salgo de la estación completamente hastiado y lo único que encuentro al mirar hacia el cielo son imponentes edificios que se yerguen pomposamente frente a mi persona. Larguísimas calles flanqueadas por negocios inútiles y llenas de irrespetuosos ciudadanos, rodeados por el siempre presente temor de ser asaltado, secuestrado o asesinado…

La escuela aparece de pronto. De no ser por el colosal letrero que la identifica como un centro de investigación se confundiría como un parque. Los despreocupados estudiantes de comunicaciones conversan alegremente en la cafetería del lugar, mientras, en cambio, los estudiantes de física se muestran ojerosos y cansados, frustrados con sus profesores y con sus compañeros, pero sobre todo con ellos mismos. Paso la soberbia biblioteca de ingeniería, prácticamente cuadrada de construcción para después avanzar indiferente por el estacionamiento, tan mal planeado que pone en duda que ahí estudien posgrados. Llego al edificio principal. Me detengo y reviso mi vestimenta. Me patea la entrepierna el hecho de ver mi camisa arrugada. Maldigo a la gorda del metro aun sin saber si fue ella la culpable. Entro y pido direcciones…

Me entrevisto con un doctor. Explico mis motivos y él se ve complacido. Charlamos largamente…

Balbucea muchos detalles técnicos. Finaliza con que no hay presupuesto. No puedo quedarme.

Por eso me gusta más San Luis Potosí.

Llevaban más de cuatro horas jugando y a Dib le quedaban doce minutos en su reloj. La partida se había desarrollado lentamente. Dib había sacrificado su alfil muy temprano en el juego con tal de dominar la posición. Planear esto le tomó mucho tiempo. Más de veinte minutos en pensar si sacrificaba o no. Las siguientes ocho jugadas se sucedieron como esperaba, pero la novena no. Su rival improvisó y ofreció un sacrificio. Después de dos horas quedaron en la posición que estaban ahora.

Dib, con negras tenía una torre y un peón en H5. Las blancas tenían únicamente una torre. El peón coronaría y se acabaría la partida en un final de torre contra Rey. El tiempo avanzó dejando únicamente siete minutos a Dib y seis a su rival. Si no calculaba bien las posiciones, perdería la oposición y el partido terminaría en tablas. Únicamente quedaban dos opciones: Avanzar el Rey o alejar la torre. En ambas las posiciones se complicaban horriblemente y no había tiempo de pensar. Mientras Dib sudaba y se ponía las manos sobre la frente trataba de pensar en el mejor movimiento… ¿Está bien? ¿No pierdo mi torre? ¿Corona el peón? La presión era demasiada. No podía empatar.

Casi cinco horas de juego, el torneo nacional y su orgullo propio dependían de un peón. Levantaba los talones en un movimiento repetitivo, signo de nerviosismo. ¿Avanzar, alejar, atraer, desviar? Finalmente decidió: movió la torre.
El juez, que llevaba más de cuarenta minutos viendo la partida suspiró y se alejó, signo de que algo había pasado… la partida estaba decidida. El jugador de blancas atrasó su Rey y sonrió. Dib utilizó tres de sus últimos cinco minutos en observar la posición. Sonrió irónicamente. Extendió la mano a su rival y firmaron las papeletas en ½ – ½.

El pequeño extraterrestre se regodeaba felizmente al comprender la magnificencia de su plan. Tuvo tanta suerte de encontrar a ese vagabundo disfrazado de Santa Claus. Con su avanzada tecnología logró chupar los conocimientos que el vago tenía  y de alguna enferma manera relacionó a Santa como el único que podía lograr juntar a todas las personas del mundo en un único lugar y destruirlas, preparando el planeta para su invasión.
El alienígena creó un sofisticado disfraz robótico de Santa con inteligencia artificial avanzada y se introdujo dentro de él, pregonando por el mundo la felicidad y la importancia de las fiestas navideñas. La gente, estúpida e impresionable se dejó llevar por las promesas de Santa y se reunieron todas en el mismo lugar, esperando alcanzar un poco de la felicidad que el  gordito bonachón les ofrecía.
El único que se dio cuenta del plan era el increíblemente cabezón Dib, que trataba inútilmente de convencer a la gente de que todo era un engaño. La gente lo exiliaba por considerarlo raro y arruinar el mundo perfecto que Santa les prometió.
Con increíble suerte y después de muchos intentos fallidos y burlas hacia su gran cabeza, Dib logró desenmascarar al alienígena, que terminó por huir en su traje de reserva:  “El ornitorrinco de pascua”, mientras el traje trataba de autodestruirse por instrucciones del alien, pero debido a su inteligencia programada, evolucionó a un robot asesino incontrolable, que finalmente fue exiliado al espacio por la fuerza conjunta de Dib y el extraterrestre.  Desafortunadamente, cada año regresa en navidad a tratar de destruir la navidad como venganza.

Tomado completamente del episodio: “The Worst X-mas ever” de la serie “Invasor Zim”.

Cien balas. Noventa y nueve más de las que necesito, cincuenta más de las que me gustaría, pero sobre todo, cien menos de las que esa perra merece.
Mi vida estaba decidida desde que tengo memoria: Graduarme el primero de mi clase, ganar varios concursos de conocimientos y luego obtener una beca para estudiar en la mejor universidad del mundo una maestría y un doctorado en alguna ciencia desconocida en México. Eso me aseguraría la vida. Sería profesor de posgrados en mi rama y ganaría bien, descubriría cosas y tal vez, algún día, hasta un Nobel ganaría.
Pero la muy maldita tuvo que reprobarme. Tuvo que negarse a escuchar mis razonamientos superiores y me reprobó. Se regodeaba en sus adentros por saberse más poderosa que yo. Con una materia reprobada ya no podré graduarme el primero y mucho menos entrar a la maestría que deseo, puesto que únicamente los mejores entran. Y los mejores no reprueban materias.

Cien balas. La pregunta nunca fue si lo haría, sino cuándo. Busqué incansablemente, pero no hay forma de que una persona resista noventa y nueve balas con vida, para que al final la mate con el tiro de gracia. Lo más que podría hacer antes de que muera desangrada son cuarenta y nueve balas, más la del tiro de gracia. ¿Qué puedo hacer con el resto? ¿Cómo castigarla por arruinar mi perfecta vida?

Y entonces, por arte de magia, apareció la respuesta. Serían cincuenta para el dolor físico y cincuenta para el dolor del alma. La voy a secuestrar y la voy a amarrar a una mesa. Pero no la voy a amordazar. Quiero escuchar sus gritos, tanto en su dolor del alma como en su dolor físico.
Sí, está decidido. Ella recibirá cincuenta; pero las otras cincuenta, serán para su hijo.

“… Nada hay más fascinante, más poderoso, más peligroso que el manejo de las palabras. El que supiera aprovechar sus secretos se convertiría en un mago. La más alta magia no es ya otra cosa que una ciencia de palabras. Con el poder de las palabras se ha revolucionado al mundo. Las palabras hacen la guerra, restauran la paz, forjan la historia. Después de que ellas se pronunciaran en la boca de los inspirados, los sucesos se ponen a seguirlas y las voluntades a obedecerlas”.

José Vasconcelos.

Allá por el ejercicio doce, leyendo el blog de Rox, me enteré de la existencia de metatextos. Y me gustó la idea de un taller así, en el que el aprendizaje se diera por medio de críticas de personas comunes, desconocidos; no de profesores que creen comprender la belleza (o la ausencia de esta) en los escritos de los demás. Aunque primero imaginé que estaría lleno de hipócritas que adulaban todos los textos me llevé la grata sorpresa de que los comentarios eran sinceros, duros y la mayoría acertados. Y fue cuando entré, obligado más por mi megalomanía que por mi habilidad.
Y dejándonos de mamadas, está chido. Desde el primer momento en el que me incorporé he encontrado textos sobresalientes, de autores aún más sobresalientes. He encontrado textos con temas que nunca hubiera imaginado y soluciones a los ejercicios tan imaginativas como la vida misma.
Agradezco a los creadores por hacer una página así y a los metatexteros por entretenerme, enseñarme y leerme.

Feliz cumpleaños metatextos.

¿Es que alguien puede sentir miedo a una situación así? ¿Puede alguien sentir miedo a una situación inevitable? Miedo a la muerte, miedo al fin del mundo, al juicio final. ¿Cómo puede haber personas que tengan miedo al leer novelas que tratan de criaturas intergalácticas existentes desde el principio del todo? ¿Cómo puede tener alguien tener miedo a un videojuego repleto de zombies hechos de polígonos?
Pocas personas pueden diferenciar entre miedo y un susto. Yo puedo.
Un susto es cuando estás viendo una película e intempestivamente aparece el asesino con un acorde agudo y fuerte de la banda sonora; es cuando te levantas inconscientemente del sillón debido a la sorpresa que luego pasa y te deja la sensación de que estás bien pendejo por asustarte por esa clase de cosas.
Pero el miedo, el miedo es la más horrible de las sensaciones. Es cuando te sientes impotente, cuando no importa lo que hagas, siempre te sientes desolado y oprimido, conocedor de que no puedes hacer nada y esperas creer en una deidad que nunca te contesta. No muchos saben lo que es tener miedo.
Miedo es la horrible sensación que te aqueja cuando te sabes inútil. Cuando sabes que no podrás proveer de alimento a tus hijos por más que lo intentes. Miedo es saber que aunque tú eres la única fuente de ingreso de tu familia, te verás obligado a someterte a una operación que podría dejarte como vegetal. Miedo es cuando recuerdas que la recuperación tomará meses, largos meses en los que no podrás trabajar en ese taxi que tanto odias, pero que tanto te ha dado. Eso es miedo.

¿Me dices que eso es arte?
Eso no es arte. Tú no reconocerías el arte aunque da Vinci te aplastara el escroto con la Mona Lisa.
Es tan grotesco. Es tan enfermo. Es tan malo como mis textos.

Ahora cualquier individuo con una personalidad jactanciosa, otrora megalómana; con acceso a una computadora puede crear porquería multimedia y decir que es arte. Esa pequeña nimiedad pretenciosa a la que le gusta llamarse artista se regodea en su nunca visto talento sintiéndose merecedor de todos los halagos habidos.

Con abrumadora angustia nos muestra la dualidad de sus sentimientos. Su arisca personalidad se divide al enfrentarse a la luz de las críticas para después evolucionar a un elemento más completo en el momento justo cuando se conecta con el mundo. Pero esto no basta para saciar su deseo de expresión que por tanto tiempo han reprimido. Se ha esforzado mucho y finalmente puede decir lo que piensa. La espontánea generación de pensamientos pululando copiosamente es expelida por sus hinchados poros cual geiser de ideas, para finalmente repetir todo, dejando en claro que las situaciones de la vida redundan invariablemente como una lemniscata de Möbius.
¡Nah!. Seguramente nada más lo hizo para ayudar a las menopáusicas a masturbarse. ¿Qué sé yo? Posiblemente nada más representa un exceso de marihuana.

Lo más fascinante de esto es saber que hay personas que creen entenderlo. Se figuran como elegidos y sofisticados elementos de la sociedad que tienen el don de vislumbrar arte en dónde no lo hay. Es por individuos como ellos que existen creadores como el que hoy tengo la desgracia de criticar.

Tú me dices que eso es arte. Yo te digo que eso son mamadas. Y esas ya sabes a dónde van.

- Sácalo ahora y larguémonos.
- No, ya llegaste hasta aquí. Termina el trabajo.
- No seas pendejo. Tienes que salir ahora.
- ¿Qué no eres macho? Planeaste esto por meses. ¿Vas a desperdiciar TODO por el consejo de un grillo llamado José? Los machos no nos echamos pa’trás; terminamos el trabajo.
- Si no te vas ahora pasarás mucho tiempo recordando este momento.
- No va a pasar nada. Exagera este cabrón. Además, te puedes zafar fácil si algo sale mal.
- No queda mucho tiempo, si no sales ahora la vas a cagar. Tu vida se va a ir a la verga. Es cadena perpetua.
- ¡No te me rajes ahora! Si terminas esto, todos estarán complacidos. Tu reputación aumentaría. No eres precisamente el más popular en estos menesteres.
- Ya vienen cabrón, chingao’ hazme caso por una puta vez, yo soy el bueno.
- ¡A la verga todo! Termina rápido.

Todo eso pasó por la mente del sujeto en una fracción de segundo. La llegada de los indeseables era inminente. Él  ya no pensaba. Oyó lo que quiso: Macho. Al individuo le gustó como sonó. La decisión estaba tomada: terminaría el trabajo.
Dejó de pensar y regresó a lo suyo. Estaba a punto de conseguirlo y él lo sabía, ya no había marcha atrás; era ahora o nunca. Sudaba, aunque definitivamente no era por los nervios. Ya había terminado.
Sin prestar oído a la voz que le aconsejaba retirarse, se afianzó de donde pudo y se limitó a gritar:
- ¡Me vengo!

Querido Dib:


Tú conoces el número de combinaciones en el Melate: 18 millones 9 mil 460 combinaciones. Sé que estás al tanto de la probabilidad de obtener una combinación ganadora: 0.0000000555. Y aunque tú estás convencido de que es un juego de azar, yo sé que no lo es.
Se qué has revisado escrupulosamente cada resultado desde el primer sorteo en el que yo participé y que tus intentos han sido fallidos. Convertiste los resultados en binario y los metiste a una computadora, sin obtener resultados. Probaste con toda clase de códigos: Gray, BCD, Exceso 3, ASCII; inclusive metiste los números en una matriz y la invertiste para buscar nuevas posibilidades.
Nada resultó. Pero yo estoy convencido de que los números están libres de azar y caos. Y mi confianza me ha dado resultados. Finalmente resolví el dilema.
¿No es demasiada coincidencia que hace tres días decapitaran a 15 personas y en el sorteo salió el número 15? ¿Y cuándo mataron  a 4 personas y ese mismo día haya aparecido el número 4? El lunes hubo un atentado en el que resultaron heridos 153 personas y misteriosamente hoy aparecen en el Melate el 51 y el 3. ¿No te has dado cuenta? 51 multiplicado por 3 da 153. Las estadísticas no mienten.
La morbidez con la que los números son seleccionados me abruma. ¿Quién es capaz de utilizar los crímenes  en un sorteo? ¿Para qué? ¿Cómo se beneficia él o ella? ¿Es que mi descubrimiento develará una conspiración en la que alguien se hace rico con la muerte? ¿O simplemente me tacharán de loco?

Solo sé que si estás leyendo esto, entonces ya formo parte de las estadísticas.

- A veces, es mejor no saber tanto. – Dijo sonriendo un personaje mientras doblaba la carta que a él iba dirigida.

- Hacía mucho tiempo que no veía al jefe tan enojado.
- Sí, desde que crucificaron al patroncito. ¿Qué habrá pasado?
- Sabe tú. ¿Y si le preguntamos al Mike?
- Pu’s vamos.

Las figuras de los que conversaban eran fácilmente distinguibles. Eran jóvenes cuyas características asemejaban a varones. Un enorme par de alas emplumadas de color blanco con un toque de sutil gualdo emergía de sus espaldas. Sus túnicas blancas impecables y sus rostros infantiles indicaban sin duda que se trataba de ángeles.

- ¿Qué te pachó, Mike? – Fue la pregunta que uno de los ángeles hizo a un ser similar, más alto y significativamente más imponente, cubierto con una armadura romana y cargando una espada que se adivina celestial. – ¿Qué le hiciste al jefazo?
- Yo nada. – Respondió serenamente – Anda frustrado.
- ¿Y eso? ¿Otra vez Lucy?
- No, la señorita Fernández no tuvo que ver en esto. Lo que pasa es que hoy fue el día en que se anunció a los dignos de venir en cuerpo y alma para acá. Ya saben, lo de “El rapto”. – Contestó irónico el arcángel. Se notaba que no le hacía gracia.
- ¿Y eso qué? ¿Fueron muchos? Híjole, van a poner a chambear extra al Peter. – Expresó sin esperar respuesta uno de los curiosos ángeles.
- No’mbre. De los siete mil setecientos setenta y siete millones, setecientos setenta y siete mil setecientos setenta y siete personas que hay en la tierra, no’más una fue la elegida para venir.
- ¡Pelas! Con razón el jefe se puso como aquella vez en la que le robaron el mandado… tanto que quería sus manzanas.
- Lo peor es que la única que iba a venir para acá se suicidó cuando supo que el Dib no venía.

Basado parcialmente en la novela: Artemis Fowl

- Niños, siéntense y cállense.
- Hija, no regañes a mis nietos. Están aburridos.
- ¿Por qué no les cuentas una historia, papá?
- Vengan niños, les voy a contar una leyenda. Es una leyenda que me contó mi abuelo y a él se la contó su abuelo antes de partir a las guerras clónicas.

Hace mucho tiempo, cuando la principal fuente de energía eran los combustibles fósiles, existió una persona que destacaba por sus cualidades. Irónicamente no era muy fuerte o muy rápido, pero era muy listo. Su coeficiente intelectual no podía ser medido entonces, pero ahora sabemos que sobrepasaba el millar de puntos.
A los catorce años comenzó a investigar a las criaturas mágicas, conocedores del todo y poseedores de infinitas riquezas. A los quince años aprendió el idioma élfico, con el que tradujo un libro en el que todos los secretos de los poderes sobrenaturales cedieron ante él. Con todo el conocimiento que adquirió del libro y con su inteligencia superior, logró engañar a los centauros y capturó a duendes y hadas por igual. Con el oro mágico que obtenía compraba lo que se le antojaba, hasta que un día, la magia se volvió parte de él y simplemente obtenía lo que quería con sólo desearlo.
Fundó un emporio en el que realizaba ingenios para la comodidad humana y donaba esporádicamente cantidades importantes de riquezas. Pero la magia tenía un límite. Sus artefactos que funcionaban por hechicería, ahora fallaban irremediablemente de la misma manera.
Orillado hasta la locura por la incomprensible falta de magia decidió que el mundo debía pertenecerle a él únicamente y con lo poco que le quedaba de poder se otorgó el mundo. Y así fue como nació Gatelópolis. El planeta de nuestro Señor William Gates.

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- ¿Hace cuánto tiempo que se extinguieron? – Pregunta un personaje alto de complexión delgada y con un cráneo enorme. El lenguaje es incomprensible para los no iniciados pero conciso para el resto. Se puede adivinar fácilmente que no es de es del planeta tierra, extinto desde hace tanto tiempo que su nombre casi se ha perdido en la cuarta dimensión.

- 2 millones de perigeos terrestres – Responde ávidamente otro personaje similar al anterior, aunque no tan alto. Ambos parecen desnudos pero en realidad están ataviados por túnicas delgadas cuyos colores están más allá del infrarrojo.

- ¿Qué sabemos por los estudios arqueológicos?

- Eran criaturas abyectas. Coexistían en pequeñas construcciones con formas caprichosas y poco eficientes. Encontramos rastros de cadenas proteínicas que utilizaban para nutrirse. Aún no comprendemos por completo la naturaleza de su alimentación pero por los restos bélicos que encontramos podemos deducir que era una lucha aciaga por conseguir el nutriente.

- ¿Y que son estas entidades de forma rectangular? – Preguntó el más alto de los seres al examinar de cerca una televisión y un monitor de computadora.

- Suponemos que era un ídolo muy apreciado en el planeta, – respondió con tranquilidad el otro individuo – lo consideraban un Dios. Encontramos vestigios en todas las unidades de vivienda que revisamos. Los había en todas partes, inclusive en los centros de curación de las criaturas terrícolas. Descubrimos que pasaban muchas unidades de tiempo simplemente contemplando al ídolo.

- ¿Sabemos que los exterminó? – Fue la última pregunta del más alto.

- Eso sí lo sabemos con seguridad – respondió el inquirido. – Usaron en demasía del arma más peligrosa del universo: La ignorancia.

-         What’s up my nigah?

-         Nuthin’

-         ¿Ya con empleo?

-         ¡Nah!

-         ¿Y eso? Signo inequívoco de que no vales madre.

-         Soy demasiado listo para trabajar.

-         ¡Éramos un chingo y parió la abuela!

-         ¡Putísima y se casó de blanco!

-         Te pasas. Tus padres te van a poner de hinojos, luego de a perrito y no’más te van a temblar las piernitas.

-         Es que me entrevistan pero nunca me hablan. Te digo, soy demasiado listo.

-         ¡Mis bolas!

-         Sí, también más listo que tus bolas.

-         ¿Pues qué te dicen?

-         Lo de siempre, no nos llames, nosotros te llamaremos.

-         ¡Pelas!

-         Te digo que soy bien listo. Hablo español mejor que el 99% de la población hispanohablante, sé francés, se inglés, sé alemán, he ganado chingo de premios de conocimiento, hice una tesis de robotitos que hasta los japoneses mojarían sus bragas por entenderla y pu’s los cabrones no me hablan, eso los asusta.

-         No sabes alemán.

-         Pero ellos no saben que yo no sé.

-         ¿Qué te preguntan?

-         Ignominiosas mamadas psicológicas, ya sabes, mi peor defecto, mi mejor cualidad, cómo me veo en cinco años… lo de siempre.

-         ¿Y qué les contestas?

-         Cabrón, soy prácticamente perfecto en todo lo que hago. Y tengo buena ortografía.

-         ¿Y eso de qué les sirve?

-         De perdido los reportes saldrían divis divis.

-         ¡Qué maricón! Además, el Word los corrige.

-         Si goey, el Word es la gran patata.

-         Salve la gran patata.

-         Y mi mejor cualidad… pues por algo me llaman Dib 28 centímetros.

-         ¡Ja! Te la arrancas.

-         No, no’más me la jalo.

-         Por cierto ¿Quién habla español mejor que tú?

-         Los de metatextos

-         Salve.

Así

Ella es bajita; los 160 centímetros parecen estar apenas alineados con su cabeza; pero su cuerpo está perfectamente proporcionado para esta longitud. Es más bien delgada, dudo que alcance los 50 Kg. Afortunadamente para todos, esos cincuenta kilogramos están divinamente distribuidos por todo su cuerpo. Aunque omite el gimnasio se ejercita con juegos deportivos. Su entallada ropa muestra una figura estilizada. Su abdomen tal vez no sea tan firme como una tabla, pero es plano y le da un toque de sensualidad. No tiene esos senos enormes que hacen la delicia de los hombres, pero son suficientemente apetecibles para que nadie los desaire. Para el que tenga la suerte de verla de espaldas, es su trasero el que se lleva las ovaciones. Redondo, firme y ligeramente levantado por esos pantalones de mezclilla que tan bien se ven en las mujeres.

No es para nada fea. Sin embargo, dista mucho del ideal de belleza femenina. Su atractiva cara nunca es apagada por retoques artificiales. Sus pequeños labios siempre rosas muestran su saludable estado. El acné, fácilmente disimulable bajo una base de maquillaje, se mantiene ahí como una muestra física de madurez. Aunque su ovalado rostro níveo es opacado por un sutil pero visible rastro de vello facial son sus profundos ojos cafés los que alejan la atención de cualquier defecto. Son estos ojos capaces de enamorar a cualquier infeliz que los vea, como una sima misteriosa que se abre y luego se cierra intempestivamente en su parpadear.

Su cabello es del color del azabache – como escribían nuestros antepasados – oscuro, brillante y muy lacio. No tan largo para ser una molestia en verano, pero no tan corto para oprobiar al sentido de la vista.

Ella es ciertamente perfecta. Al menos para mí. Y esa es la mejor descripción que puedo darte.

Londres, Inglaterra.

La empresa médica “Best future” acaba de anunciar al mundo el proyecto más ambicioso de los últimos tiempos en cuanto a manipulación genética se refiere.

Según el vocero de la empresa, se ha investigado durante años un proceso que permite obtener los mejores genes de cada individuo y fusionarlos para obtener un descendiente con capacidades superiores. Para probar esto, la empresa ha lanzado una convocatoria que probará la eficiencia de sus procedimientos.

La prueba consiste en lo siguiente: Lucy Pinder, modelo británica considerada como la mujer más sexy de Reino Unido donará sus óvulos para ser fecundados in vitro por el esperma del hombre más inteligente del mundo. La empresa confía en que el producto a obtener será una mujer de belleza extrema y de inteligencia superior, lo que denominan un ser “casi perfecto”.

La farmacéutica convoca a todos aquellos hombres que consideren tienen el IQ más alto del mundo a realizar un examen de inteligencia el cual determinará cuantitativamente su IQ. El hombre que obtenga el título del más inteligente del planeta recibirá la cantidad de diez mil euros por donar al menos 15 mililitros de su esperma.

Los resultados comenzarán a verse en cuanto el producto alcance los 9 años de edad.

Esperemos que el resultado sea el esperado y no un niño con la belleza del padre y la inteligencia de la madre.