Articles by Caldo Primigenio

Terror de los vexilólogos y amo del choro mexiquense. Puede comunicarse con los lepismas. Le gusta la vainilla.

Luis se hallaba ante la importante disyuntiva entre elegir dormir dentro del antiguo Cine Cosmos o refugiarse en el también ex cine Ópera. La ciudad y su vida nocturna lo llevaron a él y su botella de Red Cola, sin embargo, a recorrer el Circuito Interior. Con poco tiempo de andar en la calle, aún se le hacía fascinante recorrer las banquetas, porque los más experimentados ya ni siquiera podían fascinarse. Vamos, ya ni siquiera sentir algo. Luis los admiraba, no como esa chica que encontró llorando al lado de su auto, un Jetta jodidísimo, que había quedado con las intermitentes para avisarle a los impacientes que no se movería. La patrulla aún no hacía su ronda.

Luis pasó a su lado como si nada.

-Oye, ¿estás lúcido? –la chica le había hablado.

-¿Que si estoy qué?

-¿Dónde puedo matarme así bien, que de veras quede bien muerta?

-Pus en la calle, ¿no?

La cara de la chica se iluminó y subió a su vehículo. Luis se rascó la cabeza mientras ella giraba el auto en U.

Antes de pisar el acelerador a fondo, le gritó a Luis:

-Nada tiene sentido ¿verdad?

-Pus este es sentido contrario, seño.

-Creo que sí estás lúcido, después de todo. Adoro los chistes malos.

Luis se rascó la cabeza, preguntándose qué significaba estar lúcido y de repente tuvo una epifanía:

-Creo que no tendría sentido irme hasta el Ópera. Está re’ lejos.

Esa noche, sonaron las sirenas de una ambulancia que iban en sentido contrario por el Circuito…

Llevaba una vida apacible, no me faltaba nada. Lo que me distinguía estaba en mi capacidad para realizar un sueño ajeno. Pero para mí es la realidad, simplemente, lo que he podido hacer siempre. Decían que era lindo verme ahí y no por eso mismo no alcanzo a entender qué. Es decir, no va conmigo. Yo pertenezco a esta vida que vivo ahora; es más, temo. Ese cambio fue verdaderamente un giro de tuerca, mi paso fue fugaz por su vida y el motivo de más de un disgusto, de más de un conflicto, de grandes cambios.

Vi la salida frente a mí. No supe qué hacer. Di dos saltos hacia ella; el instinto me lo ordenaba. Un horizonte nuevo se abrió ante mí y me lancé a explorarlo. Atrás dejé la seguridad y el alimento permanente, el agua fresca. Sin embargo, en vez de ir muy lejos, decidí quedarme a merodear, mi ahora antiguo hogar. El responsable de mi libertad había hecho algo que, después averigüé, era imperdonable. Mi ausencia provocó una verdadera ola de tristeza, enojo y cobro de cuentas pendientes entre ese hombre y una mujer destrozada por mi huída.

No quise ver más. La felicidad de esa mujer no era mi problema porque, después de todo, mi cautiverio era su gozo. Ahora me doy cuenta de que no tomé ninguna decisión, porque no soy como ellos. Yo tengo un camino trazado y debo seguirlo, aunque tenga miedo.

Lo mejor de todo, yo no soy capaz de sentir lo que ellos llaman culpa. Así que extendí mis alas y salí volando de ahí.

-Ya inventariamos los daños. Son, en total, noventa y nueve espejos rotos. Nos quedamos sin espejos, de hecho. Los huéspedes arrinconaron al atacante y ahora lo tienen vigilado. Aunque…

-Aunque qué, Enrique.

-Resulta que ninguno de los huéspedes pudo quitarle el arma que traía y ahora que lo tienen arrinconado, él solo mira al piso, sentado en posición fetal y con la pistola apuntándose a la sien.

-¿Ya llamaste a la patrulla?

-Si, “señor”. Oye, si me permites una pregunta, ¿por qué te importa tanto lo que perdimos? Todavía ni tenemos al loco fuera de aquí y tú ya ordenaste el inven…

-Enrique, preguntas demasiado. Sólo llévame donde está ese hombre.

El jefe bajó de su auto y caminó hacia el inmueble. Enrique sabía que su jefe siempre tenía la sartén por el mango. No había de que preocuparse. El jefe sacaría al loco del motel y todo arreglado… y con espejos nuevos.

-¿Ya viste al atacante, Enrique?

-Eh, no. De hecho lo que te informé me lo dijeron.

-¿Cuánto tiempo lleva el loco acorralado?

-Horas. Desde la medianoche.

Llegaron al pequeño lobby. Hombres y mujeres, de las más diversas edades y complexiones, la mayoría en ropa interior o vestidos, al parecer, con prisa, a juzgar por el escandaloso desacomodo de las prendas, estaban congregados ahí. Enrique se sentía seguro; el jefe iba con él y sería capaz de sacar al loco de ahí. Su poder de persuasión era increíble. La gente siempre salía satisfecha del motel aunque el servicio hubiera sido terrible. Todo gracias al jefe…

-¡Es él!

-¿Quién de los dos?

Una detonación. Enrique yacía en el suelo, con una bala en la cabeza. Había contado mal los espejos rotos. Su hermano sonrió, pues ahora sí serían 99. Afirmó, definitivamente, por qué él era el jefe.

Querida R.:

Supongamos que sí es cierto. Tengo mis dudas, pero me parecen opciones plausibles. Bien: no me has dicho nada porque existe algún extraño mensaje subliminal en las canciones de Stereolab que tanto te gustan; un mensaje introducido en los discos del grupo por órdenes de los más altos mandos británicos al servicio de la Nobleza Negra en las ediciones para Latinoamérica con el propósito de introducir en las mentes de los escuchas la idea de una vida individualista-consumista programada para adquirir únicamente lo que producen las grandes compañías transnacionales propiedad de las oligarquías anglosajonas.

No, ridículo. Además, ¿por qué no otra banda?

Bueno, puede ser que esos atentados en Morelia hayan sido perpetrados por grupos encubiertos de paramilitares fascistas que trabajan al servicio de los sectores radicales de El Yunque para orillar al débil presidente en turno a una completa militarización del país, mediatizando el fenómeno para llevar a cabo la privatización de la industria eléctrica y la petrolera, en un paso previo a la incorporación a la Unión Norteamericana, compromiso firmado por Fox en 2005: un narcoterrorismo inventado para distraer la atención del pueblo mexicano. Tú, por ejemplo, no me das una respuesta por la misma razón. El aparato de embrutecimiento del Estado te ha hecho olvidar las cosas importantes. Como yo.

¿El sistema de la oligarquía mundial financiera con propósitos genocidas y totalitarios conspira en contra de todo lo que creo? ¿Libertad? ¿Justicia? ¿Igualdad? ¿Sexo libre? ¿Buen gusto? ¿Libertad emocional? ¿Arte? ¿Underground? ¿Autogestión? ¿Anarquía? ¿Libre albedrío? ¿Tú?

¡Bah! Hay razones de sobra. Mejor dime las tuyas. Por alguna razón no me has contestado. Lo peor es que puede ser lo más simple: no quieres.

¡Chingao! ¡Qué cómodas son las teorías!

Un anciano a una niña:

- Durante generaciones se sabía y durante generaciones se pasaba la estafeta del elegido. Si los cristianos (ortodoxos, católicos, evangélicos, luteranos, coptos, etíopes, metodistas, sectarios en general; incluso los herejes) se habían dado cuenta de que su Dios se la había cedido a un infiel, era algo poco seguro. Las reglas eran simples: para garantizar el lugar de un infiel en el paraíso de los cristianos el día del Rapto, el Cristo le había indicado al primero de ellos que debería darle el honroso título a quien creía que lo merecía, pero que después de encomendarle exactamente lo mismo al relevo, el primer elegido debía suicidarse…

- El suicidio es pecado entre los cristianos, ¿n…

- ¡No interrumpas! En este caso no. Su profeta le garantizaba al suicida un recibimiento digno en los cielos del Dios triunfante. Al final, el día del Rapto, sólo un infiel sería ascendido para salvarse junto a los cristianos.

- ¿Eso significa que, en el cielo, todos los suicidas eran perdonados o se hacían cristianos? ¿Cómo toleraría el dios cristiano a esos infieles?

El viejo hizo una mueca y la miró de lado.

- Cállate y pásame el arma. Hay que averiguarlo, ¿no crees?

Ese día, al paraíso cristiano le hizo falta un invitado y le sobraron intrusos.