“Nine Inch Nails te pone horny.”
A los apasionados de la música y el amor les gusta hacer soundtracks de sus relaciones. La canción del primer beso, del primer viaje, de la primera vez, etc. Úrsula era de gustos relajados, pero apenas supo de la vena rockera de Eduardo, no dudó en presentarle a un personaje que extrañamente su novio no conocía: Trent Reznor.
Una noche, Úrsula le confesó a Eduardo lo mucho que le excitaba escuchar eso de “I want to fuck you like an animal.”
-Trent comienza el trabajo, cariño. Tu continuas.
Eduardo si que continuaba. Entre días de placer, gemidos y orgasmos, Úrsula pensaba que lo acercaba a Dios. Eduardo aprendió a pedirle que lo volviera otra persona, y creyó en sus promesas y mentiras. Los dos se envolvieron en esa nube tan real y abstracta, ese mundo de locura y perdición que resulta del sexo cuando se le da el control como a una droga perfecta.
Bastaron unos meses para que la nube erótica se desvaneciera, y entonces cambió el track. “There is no fuckin´ you. There is only me.” Fin.
Todo terminó entre la pareja, pero no entre el chico y Reznor. Eduardo hizo suya la música de NIN durante el noviazgo y no la echó al destino típico de los soundtracks de las relaciones cuando rompen: la negación y el olvido. Las canciones tomaron otro sentido y el músico la hizo de terapeuta, hasta el día en que Eduardo pudo escuchar a NIN dándose cuenta que de sus canciones había logrado desaparecerla, al igual que de todos sus lados emocionales. Llegó el año cero.
“…porque preferiría morir antes que darte el control.”

