Articles by ashauri

Puta leyenda de vagon averiado

Todo se esfuma frente a mi cara cuando ella abre la ventana y los deja entrar, se introducen a la habitación gimiendo y apretando sus dientes, listos para devorar uno a uno  nuestros sueños. Cierro los ojos muy fuerte, me tapo la cara con ambas manos, aprieto duro y recuerdo su aliento, como aflojó el cuerpo de mi madre cuando salieron de aquel agujero, como se llevaron el alma de su cabeza para después dejar su cráneo flotando y con hambre. Ellos siempre tienen hambre.

Poco a poco percibo su aliento colándose por entre mis fosas nasales, ya no siento los brazos, ya no siento la cara, abro de nuevo los ojos y los veo, con su mirada llena de odio.

Siento como la historia se me escapa de los ojos, el agujero, las primeras victimas,

“enciérrate que andan flotando allá afuera y cualquier día tu cabeza flota también.”

“ellos siempre flotan hijo, ellos siempre tienen hambre”

Mi madre se me escapa de los ojos, estos últimos años se me escapan de los ojos, las latas de comida fría, el dolor, la huida, el miedo de escuchar su grito cerca de mi oreja…  los brazos de Maria tocándome en medio de las sombras, los brazos de Maria abriendo la ventana… todo, absolutamente todo se me escapa de los ojos.

Siento como mi cabeza se desprende de mi cuerpo y comienza a flotar. Mi opinión cambia de repente,  solo tengo ganas de saber que tiene Maria en la cabeza y chuparle las imágenes hasta que empiece a flotar también. Solo tengo ganas de flotar, hasta el día en que podamos regresar al agujero para soñar con las historias que nos robamos de todos los humanos, y dormir con ellas un par de milenios, hasta que el hambre nos haga despertar una vez mas.

(http://www.youtube.com/watch?v=2CikmLvTkD0)

Fume tres cigarrillos de color ámbar antes de creerlo. Aplasté las colillas y volví la vista hacia el cielo; los imaginé volar hasta sus respectivas casas, muy lejos.

Lejos, donde nadie los podría imaginar. Imaginé que un principio todos éramos ceniza, pequeños restos de algo que había sucedido antes y que tal vez jamás entenderíamos, imaginé que éramos un coagulo de fuego a punto de estrellarse contra una superficie, superficie que se quebró y dio paso a ligeras chispas humeantes, las cuales, se humedecieron con un liquido que nadie conoce, pero todos beben.

Todos beben, el líquido hizo que las cenizas se arrastran por el suelo, les dio algo que el fuego no les había dado, les dio un deseo de estallar de nuevo. Las cenizas se apoderaron de cenizas más grandes y formaron lugares donde sobrevivir, admiraron los pocos rastros de fuego que quedaban en el lugar.

A veces se tostaban, a veces creían sentir un poco de fuego en su interior. Reian mucho cuando descubrian como crear de las cenizas el calor, el amor, la carne de ceniza blanda. También disfrutaban del líquido que nadie conocía combinado con llamas.

Un día una ceniza como yo se pregunto todo esto y miró alrededor, sonrió un poco y se dio cuenta de que su deseo mas grande era ser fuego otra vez, sentir un poco de calor, recordar que en algún tiempo fue una masa ardiente enorme, mas grande que lo comprensible, mas grande que todas las cenizas caminado por las calles, mas grande que las cenizas sólidas y monumentales de las ciudades, mas grande que el liquido misterioso en la tubería humeante.

Todo era húmedo y ardiente. Todo era ceniza de una realidad que no se conocía, todo se consumiría hasta volverse nada.

Fume tres cigarrillos de color ámbar antes de entenderlo. Aplasté las colillas, volví la vista hacia el cielo, tome la gasolina, y me prendí fuego.



La gota cae sobre mi ojo izquierdo desprendiendo un pequeño roció que cubre toda la cuadra. Cientos de automovilistas observan temerosos, el árbol al centro de la acera, la tormenta bajo su copa engendra pequeña flores de colores en el suelo. Una señora grita, su mano esta ahora cubierta por ramas espontáneas que crecen de sus poros.

Tres cuadras al frente el accidente sigue vigente; una vaca crece del pavimento mugiendo dolorosamente, mientras los bomberos se preguntan que clase de maldición ha caído sobre la avenida central.

La atmósfera se llena con gritos y claxons desesperados. los conductores que aun no han visto el árbol siguen pensando que este es cualquier otro día de embotellamiento vespertino.

Mientras, la gota salpica todo mi iris inundándolo con imágenes imprecisas de praderas y una lluvia constante humedeciendo mis neuronas. Grito como águila mientras dejo caer los periódicos sobre el pavimento, las noticias serán muy distintas el día de mañana.

El árbol sudoroso sigue desintegrando la cuadra con sus gotas botánicas, sus victimas se arrastran por el suelo mientras se transforman en una maleza urbana. Los coches se apagan sorpresivamente, la avenida comienza a temblar bajo un ventarrón que parece no provenir de ningún lado.

Yo me elevo un poco sobre el suelo con mis raíces ya muy clavadas en el pavimento, observo al cielo mientras le digo adiós a cada uno de los aspectos de mi miserable vida.

Los autos se transforman en rocas con musgo humano, los que huyen del embotellamiento se van poco pegando al suelo hasta quedar como árboles retorcidos. Una niña ahoga sus chillidos en rosas. Los ancianos comprenden el significado de la vida eterna. Todo queda en silencio de repente.

En uno de los periódicos sobre el pasto se lee en letras grandes:

“Hoy se espera un nuevo ataque”.


Miro hacia el hombre de las palomitas con ojos redondos. Todos tenemos los ojos redondos ya lo sé, pero yo seguro los tengo super redondos por que el señor de las palomitas me responde con su voz de freidora “¿que me ves con esa cara de bola, niño?

Las voces de freidoras se remontan a años luz de esta época, cuando no había tiempo y todo estaba formado por calor y aceite. Ese era nuestro mundo. Y en ese mundo había un señor de las palomitas enorme que por cierto se llamaba cácaro.

Cuenta la leyenda que el señor cácaro agregó un poco de maíz estelar y las especies empezaron a brotar como rosetas sobre el aceite de la creación, ¡pop! ¡Un dinosaurio! ¡Pop! ¡un elefante! ¡pop! ¡la maestra de historia! ¡pop! ¡Nació otro señor de las palomitas! Gran problema

El señor Cácaro después de ver el problema decidió que sus hijos debían de tener un templo, uno bonito. Creó los cines; pero se dio cuenta de que los edificios en si son aburridos como las iglesias, entonces se invento un buen de historias que proyectaba todos los viernes en la tarde a través de sus ojos. Un día de esos mientras cocinaba mas especies tuvo un accidente; una gota de aceite le pego en el ojo izquierdo y bueno por eso los proyectores son de un ojo solamente, por que el señor primero de palomitas llega y se mete al cine y proyecta con su único ojo. Pero hay días en que esta muy cansado y se duerme entonces mi papa le grita ¡Cácaro! ¡Cácaro! y se despierta como yo lo estoy haciendo ahorita mientras el señor de las palomitas se me queda viendo fijamente. El no sabe que es un descendiente directo de una raza superior y creadora del mundo. A el, lo único que le importa, es mi cara de bola.


Yamistan

Estoy desnudo sobre la mesa de la cocina, moronas de pan a mi lado, un cuchillo en mi pecho,  los ojos de mi madre fijos sobre la sangre, mi sangre. La luz del sol colorea la escena.

“El reverendo nos pidió un sacrificio”.

Mi estomago se inflama con las ultimas bocanadas de oxigeno. Huele a carne fresca. Justo como aquel bistec de hace meses, cuando todo comenzó. Cuando el reverendo dijo:

“Ustedes mis niños van a hacer los dioses del nuevo mundo”.

Hace dos días Surruica fue encontrada en su estanque ahogada, alguien le había cortado el oxigeno a media noche. Mi madre y yo asistimos a su ceremonia vestidos con las túnicas reglamentarias. Después, nos desnudamos y nos bañamos en su estanque lleno de sangre hasta quedar completamente cubiertos de sus diecisiete años de sufrimiento.

Ahora mi vista se congela en el techo. Siento un hormigueo en los hombros, los oídos me zumban mientras tocan el timbre de la casa. Minutos después, la cara del reverendo sonríe al ver mis gestos desfigurados por el dolor que ya se apago, que ya se fue. Lentamente escucho como sacan el cuchillo prohibido e inmediatamente el reverendo dice: “Hay que cortar ahora, cuando la sangre esta aun caliente.”

Alguien de los asistentes comienza a serruchar mi brazo izquierdo mientras el reverendo da su discurso de sacrificio con una voz que poco a poco se pierde entre los gritos de dolor de mi madre. Me elevo lentamente, falta poco para que Surruica y yo podamos gobernar el mundo de los hombres desde nuestro palacio infinito de universo. Esa es fue promesa, un palacio infinito de universo.

She

No quiero que vengas otra vez a arrancarme mis frases. No vengas vez a arrancarme  frases. No vez arrancarme. No vez.  No…

6/01/88 Mi nuevoPanchito Rex compuso una melodía bellísima, miró fijamente hacia un punto de la atmósfera y las notas surgieron ante el como si fueran gatos en la noche. En cuanto terminó, sintió como si hubiera llorado por siglos. Es muy sensible, demasiado para mi gusto; veamos que le sucede.

10/01/88 El otro día Panchito Rex estaba en el mar y le llego uno de estos espasmos melódicos; fue al ver el horizonte. Inmediatamente despues pensó ella, en todo lo que habían vivido y la extrañó y le robó al mar historias para convertirlas en estrofas. Durmió toda la noche en aquel lugar. Yo dormí mientras me imaginaba esas estrofas.

15/01/88 Panchito Rex me tiene preocupado, no se que hacer, a donde llevarlo, cada vez su mente se me hace mucho mas difícil de penetrar. Pobre de Panchito, llora por que sigue en la playa y de ahí no lo he sacado. El otro día lo descubrí intentando robarme una parte de mi voluntad para tomar la pluma e inventarse una amante. Lo detuve a tiempo y se hecho a llorar. Durante la lucha logró crear una tormenta que destruyo la pequeña casita que antes le había construido. Ahora esta más furioso que nunca y lo peor del asunto, es que siento ya ve a través de mis ojos.

23/01/88 Ya no puedo controlarlo, es demasiado fuerte. Le habla a mujeres en la calle, se va con ellas a la cama, me ataca en las noches para que le escriba sus partituras… siento que ya no soy yo. Tengo que encerrarlo, tengo que mantener esta libreta libre de su existencia. La voy a esconder donde nunca jamás la encuentre, seria desastroso si descubriera donde lo tengo atrapado. Ahí viene de nuevo, tengo que esconderme…

24/01/88 Hola ¿que tal? ¿Bonita tarde no? Ahora mismo no tengo nada que escribirte dulce libreta, estoy muy cansado. Pero mañana seguro te pinto unas cuantas notas, yo se que te encantaría.

PD: tu anterior dueño se fue a la playa, y no creo que regrese.

¡Saludos!

Panchito Rex