Todo se esfuma frente a mi cara cuando ella abre la ventana y los deja entrar, se introducen a la habitación gimiendo y apretando sus dientes, listos para devorar uno a uno nuestros sueños. Cierro los ojos muy fuerte, me tapo la cara con ambas manos, aprieto duro y recuerdo su aliento, como aflojó el cuerpo de mi madre cuando salieron de aquel agujero, como se llevaron el alma de su cabeza para después dejar su cráneo flotando y con hambre. Ellos siempre tienen hambre.
Poco a poco percibo su aliento colándose por entre mis fosas nasales, ya no siento los brazos, ya no siento la cara, abro de nuevo los ojos y los veo, con su mirada llena de odio.
Siento como la historia se me escapa de los ojos, el agujero, las primeras victimas,
“enciérrate que andan flotando allá afuera y cualquier día tu cabeza flota también.”
“ellos siempre flotan hijo, ellos siempre tienen hambre”
Mi madre se me escapa de los ojos, estos últimos años se me escapan de los ojos, las latas de comida fría, el dolor, la huida, el miedo de escuchar su grito cerca de mi oreja… los brazos de Maria tocándome en medio de las sombras, los brazos de Maria abriendo la ventana… todo, absolutamente todo se me escapa de los ojos.
Siento como mi cabeza se desprende de mi cuerpo y comienza a flotar. Mi opinión cambia de repente, solo tengo ganas de saber que tiene Maria en la cabeza y chuparle las imágenes hasta que empiece a flotar también. Solo tengo ganas de flotar, hasta el día en que podamos regresar al agujero para soñar con las historias que nos robamos de todos los humanos, y dormir con ellas un par de milenios, hasta que el hambre nos haga despertar una vez mas.

