Articles by Lu

No estoy armada de certezas

Luz que taladra los sentidos, abominable luz del día. Encuentro en el despertar un dolor tan profundo como el de la incertidumbre y la resignación. La cama que sujeta mis muñecas, los desechos en los que me hundo, las paredes recubiertas, las partículas en el ambiente, todo, absolutamente todo, brilla con la abominable luz del día.

Si deseara recordar qué me trajo aquí, estaría persiguiendo una ilusión y una pesadilla al mismo tiempo. Sé, intuyo, que día a día entra al torrente de mis venas la inconsciencia que me tiene en este limbo. Llevo tanto tiempo aquí que mi mente está completamente en blanco. Cualquier atisbo de recuerdo sería aún más lascerante. ¿Para qué tratar de recordar quién soy, si el mínimo presentimiento de ello haría caer sobre mí toda la miseria de mi condición actual?

Lo hago también por ti que estás aquí adentro, conmigo. Si tú supieras quién soy yo, no tardarías mucho tiempo en conseguir, tu propio doloroso despertar con la abominable luz del día.

Milagro

No volveré a descuidar mis bebidas. A huevo, debió ser algo así.

Ni me acuerdo a qué bares fui hace dos meses. Y lo peor, sí hubo días en que llegué cayéndome de borracha y sin recordar gran cosa. Pero ahí están las pendejas de mis amigas con su “Hay que cuidarnos entre todas”. Idiotas. A ver si un día de estos las vuelvo a salvar de los güeyes que se las fajonean.

Debió ser eso, no hay otra explicación. Y por supuesto, no puedo poner en peligro mi futura boda, ya suficiente tengo con casarme con un ruquito como para encima, salir con un cuento de este tamaño. Mi pinche familia con sus costumbres ancestrales.

Por lo menos espero que el guey que me cogió haya sido guapo y espero que mi pedez no me haya apendejado tanto como para cogerme a un argentino, con eso de que se sienten Dios los putitos sudacas.

Obviamente el pendejo no usó condón, putísima la madre de su madre… ¿y si me pegó algún bicho? También tendré que hacerme la prueba del VIH.

Menos mal que no vivo en uno de esos puebluchos llenos de puritanos. Aquí estos pedos se resuelven en tres patadas. Me tomo las pastillitas que me de el gine, jijiji, jajaja y adios problemas. Le voy a mandar un mailito a mi primis por si las dudas:

“Isa,
Metí la pata un poquito y no sé ni con quién. Pero ya tengo todo resuelto. Voy con mi gine de toda la vida. Te aviso por si las flys o por si me busca mi mamá contigo. Tu calladita, ehh.
Vicky Maria.”

De niña, una de mis mayores dudas en todo el universo fue, durante mucho tiempo, qué chingados era un metro, de dónde lo sacaron, cómo y por qué, y también por qué demonios me tardaba tanto en alcanzarlo, hablando de estatura, claro. Luego de la explicación de las fracciones del meridiano y todo eso que en realidad ya no recuerdo muy bien, siguieron apareciendo en mí otras dudas, como cuál es la velocidad del pensamiento, por qué desaparecieron los griegos si eran tan chingones (aunque eso de ponerle Odisea a una historia que habla de un tal Odiseo, deja mucho que desear en cuanto a su capacidad creativa).

Después, en constantes sesiones de “cerebración profunda en mi cabeza”  caí en cuenta de que un factor decisivo para comprender todo misterio y por ende el sentido del universo, era el tiempo. Incluso, constaté, y eso se lo debo a Lovecraft, que mi mayor miedo es precisamente al tiempo, porque es lo único que no lograremos controlar jamás. Aparejado al tiempo vienen las distancias y sólo dentro de esa dicotomía* distancia-tiempo fue que comencé a inteligir que nunca acabaría de aprehender eso que llamamos “universo”.

Luego, el 18 de junio de 2005 dejó de importarme toda esa palabrería cuando descubrí el único sentido que tiene para mí el universo:
inmensidad oscura sobre un abismo de luz...

Yo lo llamo metafóricamente “La luz de mis ojos”

*Aunque no sé si hablar de estas dos entidades como una  dicotomía es realmente posible.

Pare de Sufrir

La vida es una monótona sucesión de días.  Algunos de ellos soleados otros, tristemente nublados. Cada uno de esos días, debes lidiar con el ruido, ese ente que te aliena y taladra tu mente a cada instante.  Pero hay alguien, que está contigo todo el tiempo, que sabe todo de ti, al grado de ser capaz de hacerte sonreir a la más mínima provocación. Sus decesiones pueden ser aleatorias o tener siempre un destino fijo, pero siempre sabrá que decirte, en el momento exácto.

Ese es……

tu ipod.

 Por ello ipodistas del mundo, aléjense de otros reproductores de audio paganos para que podamos vivir todos en armonía, más alla del itunes.

 

Alzheimer

Luz  despertó cantando “tú estás siempre en mi mente”. No reconoció la habitación y rompió en llanto.

 

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Paternidad resuelta

Fue tu mirada la madre de las sonrisas gemelas que nacieron en nuestras bocas.

 

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Sobrenatural

La lluvia ya hubiera cesado si deseara que te fueras

 

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Ezcape

Fuga de reoz en  Zacatecaz.  Incrédulo, miro el  periódico y al que ronca a mi  lado. Aterrizaremoz en Honolulu en diez minutoz.

-¡Vamonos de pedas!

- Pos vámonos.

- Oye, pero orita que venía subiendo me acordé que tenemos que transmitir el programa…

-Vale madre, ¿entonces?

-Pues  grabo unas partes que me faltan y dejamos el programa transmitiéndose, y ¡nos vamos de pedas!

*¡crak!*  *!zum¡* *¡cuaz¡* *patitas de gato corriendo*

- ¡No mames Kyo, tiraste el huevo!

- Ni pedo guey, hay que limpiar o van a hacer un desmadre… oye, suena tu phone

- ¿Qué, por donde vienes? ¡No guey, tienes que darle por el puente y ya llegas!

- Chale, ya no me va a dar tiempo de  escribir para metatextos… oye, sí vamos a tener que mover el refri, quedó asqueroso….

- No mames, no voy a terminar el programa… ¡ falta media hora para transmitir!

- Ya guey, yo termino de limpiar…

- ¿Bueno? Sí ahorita bajamos a abrirte… ¿guey has visto la llave de la entrada del estacionamiento?

- Nop, la trae tu rumi que quieres más que a mí, jajaja…

- ¡Orita te abrimos! *corre al cuarto de la rumi que quiere más que a mí* *suenan cosas cayendo al piso* ¿Guey bajas a abrirle?

- Seh…

- ¡No mames, no he terminado de editar!

- No hay pedo, yo ya sé de qué va mi metatexto… puta madre, se me esta acabando la bateri…………..

-

Hace unos doce o trece años estaría encantada con la noticia. Claro, si me alucinaba,  me debrayaba con toda esta parafernalia: la palidez mortal, el acechar como todo un depredador nocturno, Brad Pitt y Ann Rice, la ropa de terciopelo o de satín, el glamour y todo eso. No me molesta tanto que la poca sangre que me queda esté manchando mi bulsa de seda, lo que me molesta es que la sangre es tan difícil de limpiar, y ahora será el pan de cada día, más bien noche… 

Por dios, este ente desgraciado me destrozó la garganta, o al menos eso alcanzo a percibir con las yemas de los dedos, pero ¿debería confiar en lo que siento? muy pronto dejaré de hacerlo, o quién sabe, no recuerdo si en alguna novela se especula sobre ello… por lo pronto, empiezo a sentir el frío, ¿será que me desangraré y moriré? Se supone que cuando esas criaturas se alimentan terminan con la vida de su presa, pero ese cabrón, andaba tan borracho que luego de echarse un bloody mary a mi salud y chacualear en este inmundo charco se ha largado sin más, la sangre es tan espesa, qué asco, adios a mi dieta vegetariana…

¿Pasaré por eso del rigor mortis? No, creo que eso sólo pasa muchas horas después de la estirada de pata, aunque ¿cuánto tiempo ha pasado? Cinco, seis minutos…

Pero vaya, en realidad no me estoy quejando, (no deberían pensarlo o tomaré muy en serio la posibilidad de visitarlos un día de estos y cerciorarme que no tengan diabetes o algo así) la cuestión, lo jodido de la situación es que apenas hace tres días, le puse en la madre a mi cuenta del banco pagando el paquete avión-hospedaje-alimentos para largarme a las Bahamas.

Hola

Día soleado, de esos que inyectan adrenalina con sólo ver el profundo azul del cielo.  Pocas veces las cosas pintan tan bien como hoy, envuelta como estoy en este luminoso adormecimiento.  Y para coronar esta situación rebosante de energía y feromonas, nada mejor que la música, así que saco mi ipod. 

[Dato íntimo de la protagonista: En un ipod nano negro de 8 gigas caben aproximadamente 2000 canciones. Pero, como le gusta un género muy particular en el que los músicos disfrutan hacer canciones de 7 a 30 minutos, sólo le caben 1200, consideraremos entonces que ese es el número posible de canciones a las que se refiere esta h istoria]

No creo en el destino, no hay nada escrito (siasí fuera, podría echarme a dormir y rascarme el peluche esperando a que suceda lo que está determinado para mí). Existe el azar y donde no hay azar, me consuelo pensando que está la posibilidad de elegir.

En un gesto automático cuyo significado de evasión no es pertinente desentrañar en este momento, busco en el menú “shuffle songs”.

Y el pendejo ipod toca esa canción.

¿Desde cuando una canción tiene el poder de hacer que mi mirada, mis pasos, mi respiración, mi flujo sanguineo, la actividad de cada una de mis células -todo lo que soy- se detenga?

Me quedo suspendida como en un hoyo negro, pero es estúpido pensar eso, porque al mismo tiempo se crea esa sensación de vértigo, ese desmoronarse cuadrito a cuadrito desde el centro mismo que es otro tipo de vacío, y una vez que todo está derrumbado, de un punto muy lejano sobreviene un estallido interno.

Cuando una eternidad despues regresa el aire a mi cerebro, sólo el impulso funciona, 30.7 segundos despues está tu voz en el teléfono diciendo “Hola”.

no

Estadísitcamente sabemos que siempre se llega un punto en que las cosas son irremediables.

Todavía llegan a mí recuerdos de diez años atras, cuando paseábamos juntos por el parque en las mañanas. Tú eras muy pequeño y le tenías miedo a todo. Cuando pasaba un auto, cuando veías un perro grande, cuando te cansabas, volteabas a verme y me pedías que te cargara. Y lo hice así hasta que estuviste más grande que yo. Por supuesto era una situación que a todo el mundo le daba risa, que con ese tamañote, todavía me vieras con tus ojos de canica, suplicante.

Pero los años no pasan en balde, y todos sin excepción envejecemos, unos más rapido que otros, si a eso agregamos esa enfermedad tan rara que tuviste por casi tres años, y los feroces tratamientos médicos que tenía que aplicarte, sin importar que se me partiera el alma viendo lo que te dolía.

La vida está hecha de ciclos, alfa y omega. Yo sabía que nos acercábamos sin control a la omega. 

Las circunstancias siempre se las arreglan para ponerte en la encrucijada. En el punto de no retorno, cuando tienes que decidir. Y yo elegí. Lo que era mejor para mí, que era lo único que te restaba a ti.

Cuando tu médico llegó y vio el estado en que te encotrabas, no dudó. La que dudó fui yo, pero ya estaba todo hecho: la liga, el medicamento yendo a galope hacia tu corazón.  Fueron siete segundos.

No, no, no, no, no, no, no…

Pero ya te habías ido.

- La navidad nos da la oportunidad de amar y reconciliarnos con todo el mundo- aconseja una voz femenina desde la radio.

Pendeja ¿reconciliarme con el mundo? Cuándo me he peleado yo con el mundo… farfulla Christian mientras contesta un LG PRADA de pantalla rayada en el que celosamente guarda las fotos XXX que le llegan cuando envía “fotos jocosas” al 30400.

 

-Ya sé pendejo, no voy a llegar tarde, estoy a unos minutos, además ¡yo soy el espíritu de la navidad!, jajaja. 

 

Sube el volumen a la radio y canta “Baby te quiero wooo, baby te quiero wooo woooo”.

Se detiene a mitad de la glorieta de la Diana para tomarle fotos con el celular a las nalgas y las tetas de la estatua.  Varios automovilistas tienen que frenar sorpresivamente e inician una sinfonía en mi menor con los cláxones.

Arranca violentamente, en la parte trasera, se desploma una caja con varios disfraces y rueda la cabeza de una botarga. Su particular sentido del humor poco a poco le ha hecho cierta fama.

 

Continúa sobre Reforma hasta dar vuelta en Bucareli, se estaciona a una cuadra de un café que se hace publicidad con la leyenda urbana de que Castro planeo ahí el asalto al Cuartel Moncada.

 

Ahí entre sus guaruras, sentado siempre con la espalda contra la pared, un prestigiado abogado con altos cargos políticos, discute con el jefe de piso quien le indica que debe apagar su puro.

 

-¿Qué chingadera es esa? -pregunta el político, cuando a través de los cristales, ve avanzar a Christian con su disfraz por un costado del café.

-Un oso Coca Cola, señor –contesta uno de los guaruras mientras alerta a los otros dos.

 

Pero fue una reacción tardía, para ese momento de la manopla del oso salían una serie de disparos que atravesaron los cristales y al menos, un riñón del político.

 

Una camioneta sin placas levantó al oso ante la estuperfacción de las once y media de la mañana.

 

Feliz Navidad hijo de puta.

 

Ondeaba una narcomanta frente a un hospital en Santa Fe, a las tres de la tarde.

 

Amalia salía cada madrugada, con el pelo mojado y la cara lavada. El tiempo para pensar, para sentir escaseaba. Un pasado lleno de plenitud la inquietaba, cuando sus manos gráciles con el espacio y el color creaban, cuando un prometedor futuro le auguraban. Regresa a casa cansada, sin ánimo de encontrarse con la adolescente atolondrada, que cada día más le recuerda su juventud gastada. Con un breve sueño como puente, a su vida diurna se trasladaba. Otra mañana de escuela, banco, supermercado, tráfico, desesperanza. Una escala en el estanquillo la aclama, con el lápiz en los labios una combinación piensa, concentrada. Algún día un golpe de suerte la elevará en los hombros de la victoria alada. Se acabarían las quejas, los gastos, las cuentas pendientes, la vida simulada. Camina abrumada cuando una misteriosa mujer la llama. Parsimoniosamente explica una inquietante proposición que la tiene exaltada: un revolver con cien balas, una oportunidad soñada. La ansiedad de su alma resuelve en un minuto la gran encrucijada, a su trabajo se adelanta, buscando una agenda que la dueña atesoraba. Del primer disparo surge una flor roja que un pincel detalla. Con desden hojea, más de cien nombres muy conocidos encuentra. Del bolsillo saca la combinación que esa noche juega.  Los números barajea, elige destinos para cada bala. La velada empieza sin la rutina ensombrecida que tanto la atormenta, la noche, la ciudad, y por fin, los pinceles la esperan. Se le ve tan viva, ilusionada, emocionada…

 

No, no estoy hablando del trabajo que realiza un sastre o una costurera. Esta historia tampoco va a tratar de técnicas personalizadas de autoerotización del miembro viril. Nomás tiene que ver con las pinches y multimentadas tres-cien-tas palabras y la insana costumbre de cumplir con lo que pide “El Ejercicio” cuando antes, se me dificultaba tanto escribir “por encargo”.

Empecé escribiendo aquí historias muy complicadas, demasiadas ideas para el límite de palabras (con lo que me gustan los límites) pero poco a poco me fui adaptando, pensando y madurando mejor la historia, para encontrar la mejor manera de empezar a contarla y la forma más contundente de llegar al final. No siempre salía a la primera y muchas fueron las veces que hubo que rehacer no sólo la forma de contar las cosas sino la historia misma  (que lo haya logrado siempre, francamente lo dudo, pero como anecdota, suena re bonito, ¿o no?). Luego vino esa situación tan curiosa de que, fuera para metatextos o no, cuando me posicionaba frente a una hoja en blanco, terminaba escribiendo la idea en una cantidad tan cercana a las trescientas palabras que daba miedo. Así que decidí quitarme el molde y despejar un poquito mi mente.

Aquello de ser quisquillocita con la ortografía, también cambió. Al principio sí era, pero como llegaron otros que hacían muy bien esa chamba,  preferí dedicarme a chacotear, que es -tengo que decirlo- la mejor parte de este changarro. Además de que varias veces me descubrí ansiosa de que llegara el día de la publicación para leer lo que habían escrito Rox, Mulder o Controlzape, mis eternos favoritos: quen los quele a ellos.

Pero, ultimamente, ya no podía dedicarme con el suficiente esmero a esto, tan así, que varias veces decidí no participar, o como en esta última de los miedos, que llegué al sábado y me di cuenta que tenía un chingo que no entraba a Metatextos. Es más, alguna vez le dije a cierto administraitor del sitio que ya urgía un aire nuevo. Cosa que sigo pensando. Cómo lograrlo, no sé, es más, no me pregunten.  

El caso es que ya regresé. Feliz cumpleaños Metatextos. 

 

Mis ojos cayeron por del borde de la tasa de tanto mirarla, así es generalmente cuando no son claros los bordes o cuando las aristas aparecen de pronto, causando un sobresalto que puede ir de enorme a insignificante.

Pero ya casi no me sobresalto, luego de perder la cabeza por ti, qué más puede pasar, ¿que me desarticule? ¿que cada uno de mis huesos busque la forma de traspasar mi piel para ir a pintar en la pared con letras gigantes y demoledoras que no sé aceptar la derrota?

Esperabas más de mí y eso te pasa por esperar tanto de un pendejo.

Pero ultimadamente más pendeja eres tú, porque estás viendo los pedazos tirados, que podriás pegar con engrudo a tu antojo para moldear ese que quieres que sea yo, y nomás no haces nada. Te quedas esperando ahí, posiblemente frente al espejo, pensando que tienes que estar extremadamente bonita para que cuando te vea de nuevo sienta tu pérdida como una patada en los huevos.

Somos más ingenuos que pendejos.

Lo peor de todo es que sé perfectamente que si entraras por esa puerta, volveríamos a vivir una historia imborrable, llena de altibajos que me pondrían de nuevo ante esta tasa de café, o cualquier otra.

Y cuando por fin me decido a hacer efectiva tu partida, pago la cuenta y voy hacia la salida,  veo tu cara que en un nanosegundo se reproduce en mi mente con todas las sonrisas y muecas con las que siempre, siempre, siempre, me conquistas.

Somos más predecibles que ingenuos o pendejos.

¡Rosaaaaaaa!

Hay números que fonéticamente son muy próximos, por eso, al dar el mío, yo digo al final siete cero y no sententa que se puede confundir con sesenta. Al principio pensé que eso no se le había ocurrido a la pendeja de Rosa.

No faltaba ocasión en que sonara el móvil, viera un número desconocido y al contestar me topara con una voz agitada diciendo: ¿Rosa? Eres la elegida, tienes que encontrar el camino…  tranquilamente contestaba, no soy Rosa y este no es su número, debe tenerlo mal anotado y colgaba. Pobre vieja, la acosa un pervertido, pensaba.

Pero las llamadas seguían, constantes y en los momentos menos oportunos: cuando me regañaba mi jefe, estaba con mi psiquiatra, con la psicoanalista, y siempre eran pendejadas así de rebeliones y el fin de los tiempos. La cuestión no pasaba de que la compañía hubiera “reciclado” el número y que Rosa fuera algo así como novelista o actriz, trataba de convencerme la psicoanalista. Lo mejor será que tomes vacaciones, te puedo recomendar un lugar increíble.

Me di cuenta que el lugar no era increíble esta mañana cuando despierté en un hotel, sin un sólo cabello en la cabeza, con una cicatriz en la calva apenas perceptible. Aunque eso poco importó porque no pude refrenar el impulso de tome el maletín del buró, el celular que había a un lado y salir corriendo mientras marco al único número registrado:

-¿Rosa?

Pecado

El deseo es letal, pierdes la conciencia y el tiempo se disloca. No hay reglas o normas que valgan, sino, la satisfacción de aquello que te perturba.

Puedes ser la persona más buena del planeta: tener miedo de dios, rezar el rosario todos los días, estar en contra de la despenalización del aborto, de las uniones entre gays y del cambio de sexo de los transgénero, pero cuando te llega el deseo, te llega. No importa que estés a favor de la reforma energética y ores por las noches para que el presidente no se vuelva a caer de la bicicleta.

Nadie puede estar por encima del deseo, es más poderoso que tú, siempre cedes. Entonces, hasta el cuerpo revolotea manifestando su conformidad con lo que estás apunto de hacer. Te sientes sucia pero te regodeas en el pecado. Yo no soy quien para resistirme, por eso, dejé botado el informe financiero y voy camino hacia el cielo, el único que existe.

 

Y ahí está él, atareado como siempre, sonriendo a diestra y siniestra. Por un momento, un asomo de arrepentimiento me asalta, pero si ya llegué hasta aquí, no hay regreso. Me mira, luego de un gesto cómplice, entiende perfectamente lo que quiero y me señala que espere. Adoro a los hombres que me cumplen mis caprichos.

 

Pero algo dentro de mí se revuelve con furia. Soy tan mala para esperar. Caigo presa de la ofuscación, del síndrome de abstinencia o no sé de qué, una luz me ciega y siento como si el tiempo se encapsulara. Cuando recupero la visión, miro a mi alrededor, ahora es como si el tiempo se arrastrara.

Sigo esperando aquí sentada, luego de la visión no ha pasado gran cosa.

Sólo que el mesero, Don Manuel, esa alma de dios, nomás no llega con mis enchiladas verdes gratinadas, no aparece por ninguna parte, mi desesperación se acelera, ¿ahora qué hago? ¡Esto es el fin!

Para celebrar,
es condición jamás perder la fe,
abrir el corazón y servir el mezcal.

La abuela decía: Todo depende del cristal con que se mire, yo siempre le creí. Era una niña y no sabía nada de metáforas, pero con el tiempo fui entendiendo sus palabras. Curiosamente, aplica con especial certeza en todo lo relacionado con esos animales de dos patas, tres según algunos optimistas, llamados hombres.

 Al principio ingenuamente pensaba que se trataba de cualquier cristal y aprovechaba cuanta ventana, vaso, florero o artefacto que se le parezca se cruzara en mi camino. Y efectivamente, a través esos filtros se perciben visiones distorsionadas, coloreadas, engatuzadoras de los sentidos. Pero eso es apenas el primer nivel cognitivo en que se puede aplicar esta gran verdad.

 Existen niveles superiores donde la realidad adquiere nuevas perspectivas y aristas que pueden iluminar elevados rincones de la conciencia. Pero eso implica encontrar el punto de ruptura que dé inicio al ritual. Es necesaria la meditación y una botella de mezcal.

 El mezcal es una bebida espirituosa energetizante creada originalmente para el viaje. Sin importar cuán difícil sea el camino, el viajero, al sentir sus fuerzas disminuir, siempre puede recurrir a él. Aunque ahora los recursos para viajar son tan diversos, el viaje sigue teniendo un doble destino: Llegar a alguna parte y encontrarse a sí mismo. El ritual exige disciplina pero es harto sencillo:

 Ante cada obstáculo del camino, detente un momento y deja que una copa de mezcal ilumine el entendimiento. Así, poco a poco, las dudas, cuitas y obstáculos son vencidos por el razonamiento y la renovación. Así, poco a poco, mientras se va vaciando la botella, la sabiduría se impone a la oscuridad. Al final, podrás mirar a través de ese fondo de cristal, y ver que todo es diferente.

 Piel incolora a través de la cual dos membranas visualizan un objeto. Al menos dos metros de altura, comprimidos por la posición de reposo que implica su trabajo, El Bibliotecario sostiene un objeto con su única extremidad terminada en dos neviosos apendices.  A través de él intelige con asombro a Sky.

Sky mueve rítmicamente la cabeza, su cuerpo se adentra en un vaiven, sus pies siguen una base sonora que sólo la chica escucha a través de los audifonos. Sangra, sus ojos sangran, su voluntad sangra.  A sus pies, las hojas de un libro mutilado reciben esa agua que cae. Nada le importa, ni el extrañar, ni el posible presente que nunca fue. El suave río que corre a través de ella, la abandona, acorde a su único principio: el movimiento. Eso nunca se detiene. Eso es la única opción.

El Bibliotecario se urge a sí mismo para tratar de entender. En su larga vida ha catalogado millones de objetos de todas partes y siempre, con esta especie inferior, tropieza al intentar delucidar los fines, los medios, los móviles. Con la debilidad que normalmente produce el “Toque del espíritu” el extraño ser, luego de sentir lo que podría llamarse un estremecimiento, cataloga el objeto ỗ̒āʈ̕̕̕Ӕ, que ha logrado reconocer en la transparencia, dentro la esfera de plasma con la etiqueta Experiencia Terrestre/Compulsiones.

The Sheltering sky/King Crimson/Discipline/1981

 

One eye goes laughing,
one eye goes crying

“La felicidad es una trampa mental” escribo con mi uña en el respaldo del sillón. ¿Por qué si la arañé con estas mismas uñas, no corro a buscarla, si tengo su nombre, teléfono, dirección y las marcas de su látigo en la espalda? Por supuesto, porque la felicidad no tiene datos generales y mucho menos un látigo. Pero sobre todo porque tú no eres la felicidad, ni siquiera te pareces un poco.

Casi te puedo imaginar ahí sentado, con tu gato en el regazo, tu libro de Schopenhauer en la mano y el vaso de whiskey a un lado. Cierro los ojos y sacudo la cabeza antes de chocar con tu mirada para que no sepas que otra vez te estoy imaginando.

I´ve been waiting for the sun to come up,
waiting for the showers to stop

En el piso y las paredes están nuestros testigos en blanco y negro, he pasado la noche entera, ordenando la secuencia perfecta. Y no puedo concebirme como protagonista de esta historia. Me siento tan asqueada de mí, de esta inútil espera, de mi miedo a esos clichés que afirmo al evadirlos. Vaticiné con tanta precisión lo que ahora no soy capaz de enfrentar: “Ten cuidado con lo que pides que puede hacerse realidad” moraleja chafa para esta fábula de softporno.

La indecisión me carcome: sí, ardimos en la misma flama, ¿Y? ¿fue real o tan sólo la magia del instante? Yo, coleccionista de instantes, no puedo distinguir si son quimeras o presagios. ¡Las fotógrafas y los strippers no tienen finales felices, carajo!

-¿Si te dijera que esto es una trampa mental, me creerías? -Pregunto con mi último aliento en el teléfono,- y seguro sonríes irónicamente del otro lado.

Hoping for an open hand…
One time

One Time/Thrak/King Crimson/1995

noir

Hacia abajo, en lugares donde el agua es poco profunda y nítida, es posible ver piedras, miles de millones de piedras: pequeñas, grandes, redondeadas, filosas, en colores que van del gris brillante al negro, pasando por aquellas raras, de extraños minerales que les dan tonos rojizos o azules que reposan en su cama de fango y arena. En lugares donde el agua es más profunda y se vuelve insensiblemente turbia, agua marrón que todo lo envuelve, no se sabe si se está a poca distancia de una superficie salvadora o si ahí debajo se extiende un inmenso abismo.

Ahí donde el haz de luz halógena alcanza a iluminar las paredes, se constatan las batallas milenarias en las que la fuerza del agua, a través de millones de impactos con las mismas piedras que ves, ha creado ese inmenso espacio.

Las paredes, que en algunas de sus partes han sido acariciadas por el agua se desliza moldeando caprichosas formas, en algun momento se convierten en techo, guarida de murciélagos, arañas y demás insectos, que se guarecen en las amenazantes construcciones que de no ser por la luz, jamás sabrías que están sobre tu cabeza. 

Hacia atrás el paisaje es conocido, hacia adelante el paísaje promete siempre sorpresas. Además considera que no hay nadie más en muchos, muchos kilómetros…

 Ahí dentro no hay día ni luz ni sol, sólo existe la inmensa y negra noche.

Viernes 13 de junio de 2008.

Kyoto, Japón (Reuters)  A once años de la muerte del afamado pintor Bob Ross acaecida en 1995, surgió el rumor sobre el lanzamiento de un videojuego basado en el proyecto pictográfico del artista. Dicho proyecto fue la delicia de miles de televidentes al mostrar y difundir durante las dos últimas décadas del siglo pasado, un sencillo método para crear típicos paisajes bucólicos. No obstante, meses después de confirmada la noticia, el proyecto fue cancelado.

Ahora, a más de una década de aquel rumor, Nintendo anuncia el lanzamiento de su nuevo juego The Joy of Painting By Bob Ross para la consola Wii. El juego, que recrea el escenario de la serie que duró más de veinte años al aire, está pensado para todo tipo de público, cuenta con una Ardilla guía que orientará a los jugadores a lo largo de los diferentes niveles. Incluso se ha diseñado un controlador ex profeso en forma de pincel abanico.

Ante la expectativa por el desarrollo del juego, se realizó una breve demostración: el usuario debe crear obras pictóricas logrando bonos adicionales al incluir “happy little trees”, “pretty little mountains” o “litte accidents” que se irán puntuando de acuerdo a la destreza  y rapidez con la que hayan sido creados.

Sin embargo, de manera extraoficial trascendió que posteriormente se distribuirá por internet un paquete adicional en el que se dará una evolución total al concepto, el escenario del pintor junto a un  lienzo húmedo para pintura al óleo quedará atrás para dar lugar al body painting, teniendo como “lienzos” a figuras destacadas como Cameron Díaz, Gwyneth Paltrol, Scarlett Johansson, Brad Pitt, Johnny Deep, Justin Timberlak e incluso Penélope Cruz, quien -aseguraron- se declara fanática del pintor.

Cerré la puerta tras él. Para ese momento todo mi cuerpo gritaba que me le fuera encima. Cosa innecesaria, pues apenas solté la perilla, sus manos aprisionaron mi rostro y me besó con vehemencia.

- ¿De qué son todas esas fotografías? -susurró mientras besaba mi cuello y me recorría por debajo de la bata.

- Strippers. Hago una selección para un calendario -dije mientras avanzábamos hechos nudo hacia el sillón.

- Fotógrafa, ¿eh? -dijo mientras le quitaba la camisa.

- Te interesaría posar para mí -pregunté mientras mi pelo mojado caía sobre su rostro.

- Suena bien, sólo que mañana tengo que viajar. Nos podemos ver más adelante ¿no?

Esas palabras verdaderamente fueron música para mis oídos. Sólo había un inconveniente. Tenía que entregar la selección final en dos días.

- Podemos tomarlas hoy, tus cosas están en la recámara.

- ¿Ahora? -respondió jadeando.

-No precisamente ahora -contesté en el momento en que me levantaba en vilo, me llevaba hacia la recámara y me tumbaba en la cama junto a la maleta. Me incorporé y lo jalé hacia mí. Giramos hasta que quedé sobre él. Tomé el sombrero de Indiana Jones de la maleta, lo sujeté con los dientes mientras poco a poco me quitaba la bata. Nos miramos a los ojos mientras me ponía el sobrero, él esculcaba a tientas la maleta buscando preservativos-

- ¿Te importa si pongo la cámara para hacer algunas tomas? -pregunté.

- En lo absoluto.

Completamente desnuda, coloqué el tripie y la cámara. Él me seguía con la mirada.

-Te sonará extraño -dijo- pero jamás había hecho algo así.

- ¿Así cómo? Con una cámara de por medio o con una perfecta desconocida.

- Sé cómo te llamas, dónde vives -dijo, mientras esbozaba esa sonrisa que me derretía de tantas formas- no eres una total desconocida. Termina ya con eso y ven acá.

Obedecí al instante. Sus manos se apoderaron de mis caderas, mientras caían sobre nosotros los primeros flashes. Cada sensación se multiplicaba con la luz. Entonces una nueva luz iluminó mi mente:

- Oye, ¿Indiana Jones tiene un látigo, no?

Abro los ojos. Con este abominable calor me quedé profundamente dormida. Ocho horas de viaje más cuatro pisos con el equipo y la pinche maleta. Por qué, Dios, no me mandas un hombre guapo que cargue todo esto y ya de pasadita, tenga trabajo, coche y sea huérfano.

Pero bah, si no creo en las coincidencias, mucho menos en los milagros.

Pongo música antes de bañarme. Al salir, voy directo a la maleta por mis menjurjes. Al abrirla, dentro de mí se crea un hoyo en el que caigo lentamente…

Smoking, sombrero de Indiana Jones, ropa color kaki, sotana, overol desgastado, zapatos, botas mineras. Trusas minúsculas, espuma de afeitar y un encendedor grabado: “Confusion will be my epitaph”.

Observo la sotana, el tipo debe ser bastante alto y seguramente no se aburre en el trabajo. De mis menjurjes, mi ropa, mis anotaciones de dos meses de investigación, nada.

Respiro profundo, en la estación de autobuses habrá algún reporte, un video, lo que sea ¡Por dios, dos meses de trabajo! Levanto el auricular y me recibe una grabación. ¡Demonios! Grito justo cuando tocan la puerta.

- Hola, no sé si te diste cuenta, pero nos equivocamos de maleta -me dice un tipo que cumple con tres de los puntos: hombre, guapo y con trabajo.
- Ajá -balbuceo.
- Tu teléfono esta…
- Suspendido, olvidé pagarlo -interrumpo.

Lo miro incrédula mientras sonríe. En ese tenso silencio, llega la música desde el fondo:

When was a night so long
Long like the notes I’m sending
She waits in the air
Matte kudasai

- Por favor espera -murmura.
- ¿Qué?
- Matte kudasai significa por favor espera…
- Sí -digo cuando por fin logro sonreír-. Pasa por favor.
- Qué bueno que tú si etiquetaste la maleta -dice mientras cierro tras él la puerta.

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Matte kudasai/ Discipline/ King Crimson/1981
Epitaph Including March For No Reason And/ In the Court of the Crimson King/King Crimson/1969

Inés se detuvo en el umbral del lujoso salón que se dibujaba entre luz y penumbra. Al fondo, vio a Lucía, arrodillada frente al ataúd. Con asombro, observó en la pared un retrato conocido, cuya mirada le produjo un estremecimiento.Algunos rostros voltearon a mirarla. Lucía se levantó y caminó hacia ella.

- Qué haces aquí, qué quieres. -dijo en voz baja con un dejo de desprecio.

- Necesitaba venir. Lucía, le sonará extraño… pero quisiera recuperar algo que, en cierta forma, es mío.

- Nada que esté en mi casa es o fue alguna vez tuyo.

Inés fue hacia el fondo del salón sin mirar el ataúd y contempló el retrato.

- Esto es un recuerdo mío -le dijo.

Lucía rió acallando los murmullos. Cohibida volteó a mirar el ataúd y susurró:

- Yo mandé hacer este retrato poco después de nuestra boda.

- ¿Pagó por este cuadro?

- Por supuesto. Incluso le ofrecí a Leandro mi apoyo para el pintor, un tal Medina, aunque nunca volví a saber de él.

- ¿Ofreció ser mecenas del pintor? Vaya Lucía, su generosidad no tiene límites. ¿También pensaba condicionarlo a casarse con usted para tener sus favores?

Lucía se quedó sin habla mirándola con furia.

- Por lo visto, Leandro le guardaba algunos secretos -agregó Inés. Vera, este retrato se pintó mucho antes de lo que cree. ¿Recuerda el reloj que le regaló cuando empezó a “apoyarlo”? Busque en él una inscripción, es la misma que verá alrededor de su mano en el cuadro. Le dejo mi tarjeta, por si cambia de opinión.

Al volver del cementerio, Lucía buscó la caja donde su marido guardaba aquel obsequio, en la tapa leyó unas palabras, mismas que encontró en el reverso del reloj. Agitada, fue hasta donde estaba el retrato. En una minúscula y hermosa caligrafía halló la frase. Desconcertada, sacó del bolsillo la tarjeta y la leyó mientras sentía hervir su sangre:

Inés Medina. Pintora

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“Allá en el fondo está la muerte, pero no tengas miedo” es un fragmento de Instrucciones para dar cuerda a un reloj de Julio Cortázar.

“En tiempos ancestrales, cuando los varones buscaban el placer en soledad, ofrecían su simiente a la tierra en nombre de la diosa de la fertilidad, que al sentirse fecundada entonaba un hermoso canto que los llevaba a un incontenible placer. Así, semilla por semilla, lograban abundantes cosechas”.

Esa leyenda persiguió a Lucrecia Albassini, pues su increíble voz de soprano y  su rostro angelical rebasaban lo terrenal. Su fama se aderezaba con diversos rumores: los mozos decían limpiar pecaminosas inmundicias en los teatros, los envidiosos aseguraban que el encanto de su voz se debía al impuro gusto de beber de sus amantes el néctar que antaño fertilizara la tierra.

Indiferente a las habladurías, el Cardenal Aguilanti, auténtico apasionado de la ópera, fue el primero ocupar su balcón en el estreno de Ariadna.

Aquella noche, Lucrecia, ataviada con una túnica de blanca seda, entregaba su voz a la melancolía del Lamento. Conmovidos hasta sus más sensibles fibras, mujeres y hombres escuchaban. Éstos, devoraban con los ojos tan hermosa visión, mientras sentían dentro de sus ropas el empuje de sus turgentes miembros. El mismo Cardenal, dejaba caer un hilo de baba.

Por un misterioso infortunio, la túnica de la diva resbaló, dejando a la vista sus voluptuosas formas. La lujuria se apoderaba del teatro mientras ella, en total concentración, proseguía inocentemente su canto, elevando a los presentes al éxtasis. Dulces y salados fluidos mojaban el terciopelo de los trajes que eran arrebatados con frenesí, chorros impulsivos golpeaban los rostros y desbarataban los altos peinados de las damas.

Las beatas mujeres, sin comprender el placer experimentado, estallaron en ira contra Lucrecia, causante de toda esa depravación. La arrancaron del escenario y la martirizaron hasta el límite de sus fuerzas.

La historia se contenta diciendo que al enfermar la cantante, Monteverdi la sustituyó con una actriz. 

El Cardenal, en agradecimiento a su musa, no descansó hasta lograr que se le otorgara la gracia de la canonización, por supuesto, en nombre de la ópera.

No puedo distinguir
ningún presagio alentador
una mínima señal
alguna luz…

Luego del impacto, abro los ojos. Una lluvia atroz cae sobre nuestras indefensas cabezas, la gente gesticula y vocifera. Todo sucede tan lento que me siento en una película joligudense. Sigo sin creer que esto está pasando, aunque siempre hay signos que lo advierten, signos que no vemos, que no queremos ver. Más vale que me haga a la idea.

Entre las ruinas, pienso en el mundo que alguna vez tuvimos, el que sólo disfrutamos y no nos preocupamos por cuidar, cuestión que, ante esta devastación, se hace evidente.

Miro tus ojos y me revelan que no importa lo que haga, ya no estás ahí, conmigo. Suelto tu mano que me sujeta ya sin la fuerza con la que alguna vez lo hizo. Me tengo que ir, debo correr aunque te deje ahí, a la deriva. Más a la deriva estoy yo, que por el dolor que siento, sé que sigo viva. Balbuceo algo así como un adiós, aunque ya no hay palabras que puedas llegar a escuchar. Tengo que irme antes que todo me caiga encima.

Con la sorprendente agilidad del que corre para salvar su vida, bajo la escalera, en la calle, la penumbra lo envuelve todo. Las calles tranquilas por las que hace unos minutos caminábamos, son ahora un caos, la vorágine. Es el fin.

Transito sin rumbo y sin querer, deshago el camino andado, me pregunto si todavía me puede servir de algo el celular que tengo en las manos. Me siento desfallecer, me eclipso, me apago. Con mis últimas fuerzas, busco un número entre mis contactos, estoy temblando. Al encontrarlo, titubeo unos segundos pues lo que estoy a punto de hacer no es fácil, respiro y finalmente lo borro.

Levanto la frente y contengo las lágrimas, la llovizna sigue, la gente habla y sonríe alrededor.

Tango

Levanté las manos lo más que pude y disparé. Pero el flash de una polaroid no espanta ni a las arañas, mucho menos a los recuerdos.

Mientras la foto se revela, en la consola sigue dando vueltas el acetato. De reojo, echo una mirada al espejo. Ahí estoy, con mi vestido rojo, medias de seda, tacones altos… llego a una triste conclusión:

Yo sólo quería bailar tango contigo, una y mil noches.

Bailar por siempre contigo, como las parejas en la plaza, vestidos a la usanza de una época que no fue la mía.

Y sí, irremediablemente, salta sobre mí el recuerdo:

Abrazada a ti, mis pies descalzos sobre los tuyos, riendo mientras me cantas:

- Hay que contar
tres pasitos
arrastraditos

pa’ delante y para atrás.

- ¡No me cantes canciones de niños!

- Sos una niña. Mi niña.

¿Cuántas veces me enfadé contigo por lo mismo? Ponías el tiempo como una absurda barrera entre nosotros, que fuimos unidos para siempre por la misma pasión.

Miro varias fotos de aquel día en que me regalaste la polaroid. Nosotros, abrazados; algunas mías, con este gesto que traigo desde entonces.

¿No te das cuenta, mon petit, que traigo la tragedia atravesada? Le digo a tu retrato, tan sereno y apuesto, con el sombrero de lado.

El acetato llega a esos versos de los que quiero huir y no puedo. Tomo la polaroid y corro hacia la plaza, tras de mí van esos versos, esa canción de niños, lo último que cantaste a mi oído, y vuelvo entonces al recuerdo, otra vez, el tiempo, el miedo, un vestido que fue blanco, la vorágine, tu sombrero cayendo lento, las barreras ahora sí, cuando lo único que se interpuso entre nosotros fueron las balas de tus enemigos, cuando el único que se interpuso, fuiste tú, ante la que llevaba mi nombre…

Levanto las manos lo más que puedo y disparo.

H ermes ¡al Inframundo y más allá! dice:

Sigo sin entender esa fijación de los mediterráneos con las alas, o son muy grandes, o son muy pequeñas…

Mikha-El who as god? dice:

¿Cuál es vuestro problema? Vuestras alas no os obligan, como las mías, a ocupar dos espacios en las naves aéreas. Desde los ataques de los impíos, no podéis cruzar el nuevo mundo al vuelo, como Dios manda. ¡Y ni pensar en llevar consigo una espada!

H ermes ¡al Inframundo y más allá! dice:

:roll:

Mikha-El who as god? dice:

Por lo menos eso os evita la sordera, el aturdimiento con todos los comunicados que inundan el aire ¿también lo sentís así, saturado de voces?

H ermes ¡al Inframundo y más allá! dice:

Son ondas electromagnéticas y definitivamente rulean, me han simplificado la vida como no tienes idea, bueno sí tienes…

Mikha-El who as god? dice:

¡Son voces malignas, El Caído domina los aires!

H ermes ¡al Inframundo y más allá! dice:

No deberías ser tan anacrónico :???: Son señales de radio, telefonía celular y así…

H ermes ¡al Inframundo y más allá! dice:

Wait, me acaba de llegar una notificación de error de Babel Fish, lo arreglo y seguimos platicando.

H ermes es Ausente y puede que no conteste.

Mikha-El ha enviado un zumbido.

Mikha-El who as god? dice:

Será mañana, debo atender un email del Señor, otra vez un manojo de descarriados amenaza con un suicidio colectivo en Youtube. JHS os envía su bendición.

Mikha-El aparece como No conectado. Recibirá los mensajes que le envíes la próxima vez que inicie sesión. Enviar un mensaje de correo electrónico a este contacto en su lugar.

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Este texto fue patrocinado por el tequila de la botellita verde cuyo nombre empieza con S y termina con auza…

- ¿Cuál es la puta diferencia Gabriela?

- Sencillísimo, a mí todo el mundo me desea, y tú nomás llegaste a “casi bonita”. No es mi pedo, reclamale a Xavier.

- ¿Y quién te crees tú para decir si entro o no entro en tu dichosa clasificación?

- ¿Qué es mi clasificación? Yo qué sé Violetta, cuando yo llegué ya estaban los géneros y todo eso. Yo no tengo la culpa de que mi mayor logro haya sido conseguir auto, departamento y una nueva vida con tan sólo un movimiento de pestañas, y tú hayas tenido que cruzar el río Bravo en una maleta, menuda ocurrencia, jajajajajaja.

- Pues fue mucho más original. En eso si es muy diferente mi Xavierito, no como otros…

- ¡Ahh, no! ¿Qué quieres decir escuincla? ¿Qué Don Oscar no es original? Dime cuando en sus ordinarias vidas mis lectores se habían orgasmeado tanto como con mi escena en los rayos equis, dime cuándo?

- ¡Noo, Gabrielita! Más bien parece que Don Oscar, era fan de The Chemical Brothers, nunca viste el video de Hey Boy, Hey Girl, jajajajajaja

- ¿A ver nenita, cómo te tengo que decir, que al menos por experiencia, te doy seis vueltas y de regreso?

- ¡No es justo! Yo estoy más in.

- Pero en astucia y arte, nadie me gana, Violetta. Mira, aquí entre nos, ¿sabes qué fue lo que me puso en dónde estoy?

- ¿La escena del trenecito con los strippers?

- No. Pues es una historia curiosa que finalmente no quedó en la trama…

-¡Cuéntame!

- Hay un personaje que fue muy cuestionado en las correciones del libro. Era un escritor, medio bocón con el que me topé en el Club. Como desde el principio a Don Oscar le cayó gordo, pues decidió jugarle una bromita. Así que un día, me hizo salir en topless de la piscina y caminar directamente hacia él, ya sabes… desbordando sensualidad, el agua resbalando entre mis nenas y todo eso… Don Oscar terminó quitándolo, porque la acción, le pareció excesiva, faltaba a la verosimilitud…

- ¡No mames! ¿Con verte las tetas qué pudo pasarle?

- Pues mira, como Don Oscar no escribe precisamente realismo mágico, quién le iba a creer que nomás por verme así, el pendejo ese se volvería estrábico.

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Todo está permitido, Oscar de la Borbolla

Diablo Guardián, Xavier Velasco

iceberg

Tengo un frío tremendo y una sensación de miedo que van desde el esófago hasta la parte más infinita de mi sexo. Mis ideas, mis dudas, mi cuerpo erizado, todo esto que soy ahora se ha convertido en la punta del iceberg.

Mi consigna es no mirar más que hacia delante. [tal vez el movimiento es la consigna primordial]

En lontananza, veo la línea imaginaria del silencioso mar que nos separa. Debajo, en la transparencia veo la razón de todo esto: el iceberg en sí, el monstruo colosal que me sostiene. Mi desobediencia, desata su furia y empieza a extenderse sobre mí, cristalizándome por completo.

Mi misión es conservar la semilla, la esencia vital que armoniza la conciencia de todos los seres, que los pone en contacto consigo mismos. Y he fallado.

Antes de sucumbir, dentro de mi mente encapsulo con el poco calor que me queda, mi último recuerdo: la canción que escucho en mi mente.

Quedará para la posteridad, preservada en el hielo junto con mi cuerpo. Ella estará intacta, mi carne en cambio se ha corrompido.

En el futuro, espero, esa canción-semilla continuará avanzando por caminos no conocidos, fiel a su instinto, al impulso que la ha creado.

Abandono ese recuerdo, ese fragmento de conciencia y me des-enajeno.

Mientras el resto de mi conciencia se precipita hacia el universo, alcanzo a mirar en perspectiva el iceberg, la razón de todo esto y comprendo esa verdad colosal y transparente:

Todo, lo que he sido, lo que he vivido, lo que he sentido, TODO se desvanece.

Inexplicablemente, mientras me interno en la oscuridad absoluta, ya sin ninguna esperanza, comprendo mi soberbia y percibo nuevamente la melodía.

La semilla sigue ahí, transmitiendo con su lenguaje universal, ella sigue, ella permanece.

Parusía

Hace años, mientras celebrábamos mi cumpleaños y fumábamos las que serían sus últimas notas de hachís, pregunté a mi madre el porqué de mi nombre. Ella confesó que el día de mi concepción había tenido uno de los mejores viajes de su vida, aunque apenas recordaba a mi padre, pues luego de que él se esfumara, tuvo una visión en la que algo así como un ángel, tal vez un pollo, le anunció que sería la madre del salvador de los hombres. Aún en éxtasis, contestó que le parecía una buenísima onda tener una niña. El ángel o lo que fuera, dando un respingo se elevó gritándole que tendría un varón y otras cosas que por echarse a reír ya no escuchó. Ella, tan acostumbrada a los viajes, no le dio importancia, tampoco cuando supo que efectivamente estaba embarazada, sino hasta la noche misma de mi nacimiento y sus extrañas circunstancias.

De ella aprendí dos cosas fundamentales: lo que salva a los hombres es lo mismo que los pierde. Pero sobre todo que el sacrificio no es una opción. Al menos no para mí, que con los dones que “Dios” me dio, puedo conseguir lo que quiera.

Toda una vida de viajes por oriente y occidente, conociendo personas interesantes y extrañas, aprendiendo diferentes idiomas y por supuesto las artes de seducción y persuasión, fue el legado de mi santa madre.
Ahora, ciertas agencias se creen dueñas de mi destino, creen que están sobre mi voluntad. Este trabajo a veces me hace desear un poco de estabilidad, pero no puedo negar que es terriblemente excitante jugar al encubierto y saber que, en innumerables ocasiones, el destino de la humanidad depende de las palabras que yo susurre en los oídos de ciertos hombres y hasta de algunas mujeres.

Me gusta jugar con mi nombre diciendo que yo les garantizo más que una segunda venida.

Lo curioso del negocio funerario aquí, es la meticulosidad que lo caracteriza, siendo que cuando en otros lados o puntos fronterizos, uno se muere y ya, no hay más tu tía, aquí tal evento tiene una gran relevancia.

Pero en el hemisferio boreal la labor de planeación es más detallada que en el austral. En aquél, se puede ver a esos destellantes seres formando corrillos y discutiendo a grandes voces sus minuciosos planes: que si la corbata de seda del bisabuelo o la corona de acelgas para la cena, que si decorar las madreselvas con jitanjáforas o la procesión en carroza a las siete cincuenta y nueve de la tarde de dicho hemisferio, aunque los más excéntricos usan la hora de las estaciones espaciales y prefieren los domingos.

El origen de esta costumbre es ciertamente nebuloso, pero eso sí, desprovisto de toda mistificación innecesaria. Posiblemente provenga de ciertas aficiones intelectuales del Gran Maestre de La Enciclopedia (el mejor prosista de todos los tiempos según dijera el mejor prosista) y todo aquello se haya tergiversado en moda por seguir la costumbre de un pueblo más imaginario, si es que tal cosa es posible. Dicho pueblo postulaba el “cuidar de sí” (epiméleia heautoû) como la más fantástica y deliciosa de las ocupaciones vespertinas. Lo que verdaderamente los distingue de esa gran civilización, es el caracter completamente inútil de semejante tarea.

Más que otra cosa, lo que hacen es desvestir seductoramente el aburrimiento para ponerle el flamante traje del ocio y así, saborear con una gran sonrisa, un millon de planes y una inacabable montaña de guantes y calcetines por surcir, la eternidad que transparente y clara les aguarda.

Headache

Anoche la recogí en el aeropuerto. Cinco minutos después ya la quería matar. ¿Estudiante de intercambio? ¡Mis ovarios! Todo el camino de regreso balbuceando estupideces para subnormales.

- ¿Verdad que canto como Mía, la de RBD?

- No sé quien chingados es esa pero definitivamente no estabas cantando ¿te hizo daño la comida del avión? -le dije francamente harta.

No volvió a abrir la bocota.

En la mañana, cuando sacó su huesudo trasero del dormitorio, no pude reprimir una carcajada:

- Güey, en esta universidad no necesitas uniforme. Te me regresas en chinga a cambiarte.

Puso su cara de perrito atropellado. Ternurita, pensé, le voy a bajar a mi mamonez, esta pendeja necesita que la oriente.

La boté para que arreglara su ingreso. Dije que le hablaba para dar el rol en la noche. A las nueve pasé por ella.

- Hay un super concierto, ¡vamos! – me dijo.

- Bueh… ¿dónde es?

- En el Auditorio Nacional.

Cerca del estacionamiento, vi la fauna reunida, tratando de mantener la calma pregunté:

- ¿Concierto de qué?

- De RBD, ¡qué emoción! ¿no?

Moví la cabeza. Me lo merezco por confiar en los subnormales.

- Güey, esa “música” no me late – dije. Aquí tienes para el taxi, le das esta dirección. Voy a estar en el Circo Volador, cualquier cosa, me llamas. Ora, bájate que ya me está dando urticaria.

Bajó. Emprendí la huída pero al oir el alboroto voltee: la señalaban, una horda de subnormales avanzaba torpemente hacia ella, estiraban los brazos, gimiendo, babeando. La asquerosa masa, la rodeaba. Ella, fascinada, reía estúpidamente, posaba. Empezaron a jalonearla, pude ver el gesto de terror en su cara de french puddle. Intentó correr pero los tacones se lo impidieron. Cayó de bruces. Cual zombis ávidos de cerebros se amontonaron sobre ella. Doble chasco se van a llevar.

¡Es Mía! ¡Es Mía! balbuceaban.

Por mí que se la queden.