- ¿Cuál es la puta diferencia Gabriela?
- Sencillísimo, a mí todo el mundo me desea, y tú nomás llegaste a “casi bonita”. No es mi pedo, reclamale a Xavier.
- ¿Y quién te crees tú para decir si entro o no entro en tu dichosa clasificación?
- ¿Qué es mi clasificación? Yo qué sé Violetta, cuando yo llegué ya estaban los géneros y todo eso. Yo no tengo la culpa de que mi mayor logro haya sido conseguir auto, departamento y una nueva vida con tan sólo un movimiento de pestañas, y tú hayas tenido que cruzar el río Bravo en una maleta, menuda ocurrencia, jajajajajaja.
- Pues fue mucho más original. En eso si es muy diferente mi Xavierito, no como otros…
- ¡Ahh, no! ¿Qué quieres decir escuincla? ¿Qué Don Oscar no es original? Dime cuando en sus ordinarias vidas mis lectores se habían orgasmeado tanto como con mi escena en los rayos equis, dime cuándo?
- ¡Noo, Gabrielita! Más bien parece que Don Oscar, era fan de The Chemical Brothers, nunca viste el video de Hey Boy, Hey Girl, jajajajajaja
- ¿A ver nenita, cómo te tengo que decir, que al menos por experiencia, te doy seis vueltas y de regreso?
- ¡No es justo! Yo estoy más in.
- Pero en astucia y arte, nadie me gana, Violetta. Mira, aquí entre nos, ¿sabes qué fue lo que me puso en dónde estoy?
- ¿La escena del trenecito con los strippers?
- No. Pues es una historia curiosa que finalmente no quedó en la trama…
-¡Cuéntame!
- Hay un personaje que fue muy cuestionado en las correciones del libro. Era un escritor, medio bocón con el que me topé en el Club. Como desde el principio a Don Oscar le cayó gordo, pues decidió jugarle una bromita. Así que un día, me hizo salir en topless de la piscina y caminar directamente hacia él, ya sabes… desbordando sensualidad, el agua resbalando entre mis nenas y todo eso… Don Oscar terminó quitándolo, porque la acción, le pareció excesiva, faltaba a la verosimilitud…
- ¡No mames! ¿Con verte las tetas qué pudo pasarle?
- Pues mira, como Don Oscar no escribe precisamente realismo mágico, quién le iba a creer que nomás por verme así, el pendejo ese se volvería estrábico.
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Todo está permitido, Oscar de la Borbolla
Diablo Guardián, Xavier Velasco