Articles by Kuruni

Adicta a la cafeína y a las preguntas
… y a la ciencia, y a la magia y a los gatos.

Me miro al espejo extrañada. Abro y cierro los ojos, saco la lengua y toco el vidrio. Sí, es un espejo. No parece que esté soñando. Escucho unos ronquidos y me aterro. No quiero despertar a nadie hasta averiguar que hago aquí. Siento frío en mis pies y me doy cuenta que estoy descalza. Visto una bata blanca larga, no parezco tener ningún golpe. Cierro la puerta del baño.

Trato con cuidado de averiguar si el espejo tiene también un gabinete. El ruido al abrirse es un poco más fuerte de lo que esperaba pero al acercarme a la puerta no escucho a nadie acercarse. Hilo dental, rastrillos, algodón, alcohol y pastillas. Muchos medicamentos. Leo rápido las cajas de diferentes tamaños y colores: antiácidos, jarabe para la tos, varios tipos de pastillas para el dolor de cabeza, artritis. Veo un bote de pastillas atrás de las cajas. Tiene una etiqueta pero no alcanzo el envase. Al alcanzarlo tiro algo, escucho como a lo lejos un ruido pero no me importa. Comienzo a sentirme muy asustada.

El envase tiene una etiqueta: un nombre y una dirección que no me suenan familiares. Pero una palabra llama mi atención. Por fin siento acercarme a algo conocido:

—Clo-za-pi-ne. —Escucho mi voz y me suena hueca. Esa palabra es importante… ¿Porqué no puedo recordar?….
—¿Mami?

Volteo y detrás de mí, está un pequeño que me mira sorprendido.

Así la recordaré siempre. Cansada pero hermosa, con el vestido de fiesta de la noche anterior, mirándome.

Estaba yo despertando un poco desorientado por todos los huecos en mi memoria. Recordaba la pelea de la noche anterior, recordaba haber salido a caminar, pero no tenía idea ni cómo, ni a qué hora, ni en qué estado volví. La ignoré para ir al baño y despabilarme un poco. Volví a sentarme en el mismo sillón y ella seguía allí. Sentada en la orilla de la cama viendo hacia la ventana, esperando.

Me preocupó su expresión… era la primera vez en varios años que no me miraba con odio. Sus ojos no tenían lágrimas, simplemente me veían con tristeza. Empezó a hablar. No puse atención a sus palabras exactas… era obvio que se estaba despidiendo. En cuanto supe de qué se trataba preferí observarla que seguirla escuchando. Preferí guardar esa imagen para siempre. Su cuello estilizado, sus ojos brillantes… su expresión decidida y melancólica. Me di cuenta que realmente no tenía nada que decirle, no había ya nada que rescatar. En ese instante supe que ya no la amaba y me dolió.

Fue la última vez que la vi.

- Me llamo Ricardo, ¿y usted?
- Sonia.

Su acento me da buena espina, es de por aquí. La gente de la península es tranquila y amable. Me relajo. Se sienta en el suelo, me extiende la mano y la estrecho. Se ve mucho más calmado que el muchacho de playera que salió de la habitación para averiguar si había otra salida.

- ¿Tuvo suerte con eso? -Señala mi celular.
- Nada. -Digo tratando de verme tranquila-. Casi no tiene pila, entonces creo que lo voy a apagar un rato.

El chavo de playera deportiva regresa, me vuelve a mirar de reojo y se sienta al lado de Ricardo.
- El domo de la recepción debió caerse, no estoy seguro de que material estaba hecho pero al parecer la estructura parece no haber soportado tanta humedad…
- Mire, le presento a la señorita Sonia. – Dice el señor Ricardo, tratando de integrarme.

Estoy acostumbrada a sonreír en situaciones incómodas así que lo hago.
- Mucho gusto.- Digo, extendiendo mi mano.
- Encantado, Ingeniero Oscar Tejeda para servirle ¿Es empleada de este hotel?
- No, mi empresa tiene contrato y me quedo seguido… pero no.
- ¿A qué se dedica?
- Trabajo para la Aerolínea del Caribe…- Me detengo antes de recitar el eslogan de la compañía, debo estar muy cansada ya.
- No la conozco, digo, viajo mucho pero casi siempre es por negocios…
- ¿Y usted Ricardo? – Interrumpo. Observo cómo Oscar se molesta un poco, pero no dice nada.
- Soy médico, pero estoy de vacaciones.- Su rostro se endurece.
- ¡Qué interesante! – Ahora interrumpe él.- Yo estuve admitido en medicina pero a última hora me decidí por Ingeniería Civil…

Me excuso para ir al baño. Un insistente dolor en mi vientre me avisa que dentro de algunas horas voy a necesitar con más urgencia agua limpia.

- El Lobo es un pendejo.

En el bar, teniendo como sonido de fondo a la banda instalándose, Tomás –mejor conocido en el pueblo como “El Guapo”- y Juan –“El Oso”- bebían unas cervezas mientras miraban de reojo la puerta esperando al aludido.

- Neta güey, pudo tirarse a la menor de las López ayer… la morra no se le despegaba, y este nomás la avionó y se regresó a su casa a seguir lamentándose.
- ¿Y eso?
- No mames, ¿no te supiste la historia del Lobo?
- Ya sabes que vengo llegando idiota…

El Oso soltó una carcajada y le sirvió otra cerveza.
- Hay te va: el Lobo se iba a casar el mes pasado.
- ¿En serio?
- Chingado, déjame contarte rápido antes de que llegue. Pues sí, ya tenía como un año con una vieja de fuera. La verdad nunca supe de dónde.

Tomás asintió con la cabeza.
- El caso es que nadie del pueblo la quería… es que… era acá como muy rara, siempre vestida de negro o rojo… y no sonreía. O sea estaba de buen ver pero no para casarte ¿me explico?
- Ajá.
- Pues el pinche Lobo se aferró. Y estaba bien emocionado… la abuela le hizo un escándalo y hasta decía que si se casaba con ella se iba a morir, ya ves como son las viejitas…
- ¿Y luego…?
- Ps es un misterio. El nomás llegó a la cantina bien encabronado y entre que decía maldiciones y chillaba. Allí supe que valió madres.
- ¿Nomás eso sabes?
- Puros chismes. Tengo entendido que la morra simplemente lo mandó a la chingada, le dejó una nota y se largó.
- ¿Y qué decía la nota?

Juan garabateó en una servilleta: Él la tiene más grande.

Arboris.

La simbología de los Arbor se basa en el cariño y devoción a la naturaleza: después de 12 años de hambrunas y enfermedades debidas la mayoría,  a que todas las fuentes de agua estaban contaminadas con varios tipos de desechos (desde sustancias carcinogénicas complejas hasta metales pesados) cuatro géneros de árboles en distintas partes del mundo generaron una serie de mutaciones.  El milagro: las mutaciones codificaban para enzimas que les ayudaban a depurar los contaminantes del ambiente y generar frutos viables… limpios. A este evento se le considera la primera insignia.

Los demás símbolos fueron desarrollados por los dueños de los árboles salvadores, quienes son conocidos como los fundadores de los Arbor.

Las raíces.- Los conocimientos que acumuló la humanidad antes de las hambrunas, los valores que conservaron los sobrevivientes (respeto, amor, paz, fraternidad).

El tronco.- Los humanos elegidos por la naturaleza para cuidar su milagro y que lograron cuidarlo y compartirlo. Son los cuidadores de los sobrevivientes y es su misión preservar la paz y el alimento.

Las ramas.- Representan el futuro, que está en las manos de la humanidad. Si los seres humanos cuidamos al gran árbol, sus ramas nos cobijarán, nos alimentarán y protegerán.

Las flores
.- Representan la reproducción y los colores del mundo. Todas las flores tienen una función vital así que todos los colores deben ser respetados y amados. También representan a la mujer y se le otorga una función primordial en el grupo. Sin flor no hay fruto y sin mujer no hay humanidad.

La Vida.- Es el conjunto de toda la simbología y nuestra historia. La nueva oportunidad que se le ha regalado a la humanidad.

Isis lloraba en las orillas del Nilo, mientras Neftis le acariciaba sus cabellos y le secaba sus lágrimas. Era de noche y había luna llena.

-    No puedo creer que sea lo que queda de él. – Dijo Isis, apretando muy fuerte uno de los paquetes envueltos en papiro.
-    No te preocupes, ya sabes lo que tienes que hacer.
-    Sí. Lo sé: Reconstruir el cuerpo de mi esposo para engendrar un hijo varón que va a salvar al mundo y vengar a su padre.
-    No te escuchas muy convencida.
-    No lo estoy.
-    ¿Por qué?
-    Porque tuvimos que recorrer todo Egipto buscando pedacitos de alguien, ¿para revivirlo?, ¿tengo que criar un hijo, protegerlo, para que cuando crezca quizás lo maten?

Neftis sonrió un poco y tomó aire:

-    ¿Y si lo hacemos nosotras Isis?
-    ¿Hacer qué?
-    Destruir a Seth.

La voz de Neftis se escuchó como un arrullo… por un momento Isis tuvo miedo, siempre le temió a Seth… y siempre tuvo a Osiris para defenderla. Nunca entendió como fue que su hermana podía ser esposa de ese ente sin temerle.

-    ¿Estás segura?
-    ¿No estás cansada de descifrar oráculos y hacer lo que se les ocurre? Tienen desde que nacieron peleando por el Reino… y nunca van a detenerse.
-    ¿No sientes ningún sentimiento por él?
-    Pues sí, muchos… pero de cualquier manera él va a tratar de destruirme por ayudarte.

Isis miró a su hermana. Jamás consideró contrariar la voluntad de su esposo, y mucho menos desafiar su destino, sin embargo, sintió algo nuevo en su interior: la sensación de poder hacer algo por sí misma.

- Sin eufemismos, ni mentiras. Nunca.
- Hecho.
- Pacto. – Sonreí y tomé aire.- Esto es tan extraño… estar contigo ha sido… tienes razón, te vas justo a tiempo. Vas a poder decidir lo que quieres hacer con tu vida, me alegra que lo vuelvas a ver pero tengo que admitir que sentiré celos.
- Igual yo.
- Pero aún así… y pase lo que pase.
- Siempre estaremos en contacto, guarda lo que sentimos en la caja.
- Lo haré, lo prometo.
Y recordando nuestro pacto nos besamos.
- Te amo. Dije yo… y siempre estaré allí para recordarte que sigas tus sueños. – Lo abracé.
- Siempre estaré allí para protegerte, siempre. Nos volveremos a ver, no se cuándo ni en qué circunstancias… pero estoy seguro.
La noche nos alcanzó, comenzó a llover, pedimos un taxi. Mi corazón latía rápido al saber que lo extrañaría y que pronto dejaría de abrazarlo.
Bajamos del taxi y abrí la puerta, la torpe mascota de la casa en la que me hospedaba en aquél entónces quiso escapar y la detuvimos. Lo besé, me besó…. El adiós comenzaba doler, un abrazo. De nuevo ese perro trató de salir, nunca se me ocurrió que ese inmenso perro iba a acelerar la despedida, tenía que cerrar la puerta y rápido.
Nos besamos, una lágrima mía se escurrió al beso y a los labios de ambos.
- Te amo. – Le dije.
- Te amo. – Me dijo moviendo los labios y con sus hermosos y brillantes ojos mientras yo cerraba la puerta.

Abro mis ojos.

Toco mis heridas, hace algún tiempo me parecía hermoso quemarme con diferentes objetos: dibujaba constelaciones con cerillos en mis piernas, líneas que esbozaban runas, palabras que inventaba en mis crisis, poemas en mi cabeza. En esos días lastimarme se convirtió en una forma de expresión, mis cicatrices representaban en mi cuerpo todos esos sentimientos que no podía controlar. Era una forma creativa de obligarme a sentir un dolor distinto, una manera de ahuyentar mis demonios.

El ser perceptiva siempre fue mi maldición. Sentía la bondad y la maldad en las personas, siempre revueltas, siempre luchando en el interior de todos y veía tan claramente las debilidades en mi corazón que me atormentaba todo el tiempo… siempre me dolió ser tan débil, no controlar nada, no llegar a ningún lado.

Y todo cambió cuando hace poco, de la nada simplemente esa intensidad que me definía desapareció. Quizás mi ser se cansó de experimentar absolutamente todo su alrededor, quizás es una forma de equilibrar las cosas… quizás solamente se terminó mi tiempo.

A partir de ese día dejé de sentir.

Y hoy se que podré ponerle fin.

Cierro mis ojos.

Caminaba por un parque nebuloso. Parecía que se avecinaba una tormenta, las nubes esponjosas lo anunciaban. Yo lo sentía: algo estaba mal. A mi lado pasó un indigente arrastrando una caja de cartón cerrada. Pasó a mi lado y miré en cámara lenta la caja, la cuerda anudada, el polvo.

Seguí caminando tratando de ubicarme. Miré un periódico tirado junto a una banca: “Desaparece niña…”. Y de pronto lo recordé: estaban desapareciendo niños, por eso llegué allí. Me vino a la mente la caja de cartón y de pronto tuve esa visión: la caja tenía los pedacitos de la niña desaparecida y el indigente que la llevaba se la acababa de encontrar. No se porqué lo vi tan claro. Sólo lo supe.

Un viento frío me dio en la cara y alguien tocó mi hombro. Me di la vuelta y era una anciana que llevaba de la mano una niña de ojos claros.

- Vienen para acá. Corre.

Al escucharla supe que era una de mis guardianas, y fue como si ella, al tocarme me hubiera aclarado todo. El mirarlas me hizo sentir fuerte de pronto y le contesté:

- Huyan ustedes. Yo se qué hacer.

Corrí hacia mi casa. Me metí corriendo y cerré. Miré hacia fuera y ellas se habían ido. Entré al cuarto y tomé tres velas blancas. Cerré y comencé a prenderlas frente a la puerta:

La luz cierra esta puerta…

La vela se apagó sola. Lo intenté una vez más, y otra vez. De pronto, sentí que detrás de mi alguien suspiraba apagándola. Sentí un escalofrío y miedo, nuevamente estaban aquí y habían logrado entrar.

Un jalón a las cobijas me despertó. Miré el techo apacible y azul de mi habitación. Mis guardianas se subieron a la cama ronroneando y sonreí. Nuevamente estaba a salvo.

Mirando hacia dentro se veía todo en orden: la cama tendida con la colcha color azul de flores rosadas y blancas que solía ser la favorita de mi hijo para ensuciarla del mismo lado. Se veía la pequeña mancha, manitas de polvo, cerca de la almohada.

La lámpara encendida le daba un aire extraño a la poca luz que entraba por la ventana. Era media tarde y la oscuridad venía en camino, con calma… para anochecer despacio. El libro de mi esposa seguía en la mesita de noche con sus anteojos sobre el. No pude evitar imaginarla como siempre la miraba al llegar: recostada sobre las almohadas con un aire intelectual e indiferente al exterior, con su alma intrigada metida en sus letras, completamente tranquila.

El paisaje boscoso distante y nostálgico colgado en la pared me pareció por primera vez parte de la habitación. Observé la alfombra verde y mis zapatos perfectamente acomodados bajo la cama. Nada estaba fuera de su lugar: los objetos, las rutinas, el silencio.

Pagan diez mil euros por quince mililitros de semen.
Por: Calen K. Uruni

El coleccionista John F. Lohka, socio mayoritario de la empresa inglesa GENEbank pagó diez mil euros por quince mililitros de semen pertenencientes al famoso asesino Maynard R. Huttle.

Maynard fue acusado hace quince años de asesinar y descuartizar a su madre adoptiva Rosemary S. Huttle, evento funesto que fue denominado “la masacre de Nuremberg” por la particular crueldad y ferocidad observada en la escena del crimen. Howard Huttle, el padre, trató de asesinar al niño y al llegar la policía se suicidó (ver National Tattler vol. 145).

El escándalo desatado, hizo que la gente se interesara en el origen del muchacho, que en aquél entonces contaba con 12 años de edad. Varios árboles genealógicos lo relacionaron como descendiente indirecto de la realeza de Valaquia, y por ello fue nombrado New Tepes por la prensa sensacionalista de la época. Durante el principio de su estancia en una clínica psiquiátrica de alta seguridad de Berlín, Maynard atacó a varios de sus compañeros, actitud que fue disminuyendo con los años, aunque algunas de nuestras fuentes afirman que la actitud sanguinaria nunca se disipó. La muestra de esperma la obtuvo el hospital cuando varios de los internos se sometieron a una investigación clínica de salud mental y fertilidad. Sin embargo, John F. Lohka, socio de una importante empresa de manipulación genética y particular admirador y coleccionista de artículos históricamente relacionados con formas modernas de vampirismo, se interesó por la muestra. Diversos grupos religiosos retrasaron la compra, temiendo que Lohka quisiera hacer algún experimento “fuera de toda ética humana” con las células de Maynard Tepes, lo cual el empresario ha negado de manera terminante, alegando que su interés es “meramente de colección”.

(Historia completa en la página 56)

Pasaron varios años hasta que volví a ver a Arturo Belano. Estaba en el aeropuerto mirando la tormenta, esperando y él me reconoció:

- ¡Hey Polli!

Hacía mucho tiempo que nadie me llamaba así: en la secundaria me decían Polli porque tenía corazón de pollo. Antes de mirar atrás, yo ya sabía que era él y un escalofrío recorrió mi espalda. Al mirarlo vi que tenía algunas canas, sin embargo sus ojos seguían siendo profundos y hermosos. Se acercó a mí y me dio un beso.

- Tanto tiempo.- Dije.
- Te ves muy bien… ¿tu avión también se retrasó?
- Sí.

Sentí mi corazón volcarse al observar que acomodaba sus maletas para esperar a mi lado. Tenía dentro de mí un extraño sentimiento, entre miedo y nostalgia. Tomé aire y traté de iniciar una conversación:

- ¿Y para dónde viajas?
- Panamá… negocios de la familia, ¿y tú?
- De vuelta a casa… ¿vives aquí?
- Me la paso viajando pero sí tengo casa aquí… ¿Y tú?
- Vine a un funeral… pero tengo que volver a Houston.
- Que pena. ¿Estás bien?
- Sí. Creo… – sonreí- ¿Crees que la tormenta vaya a pasar pronto?
- No lo sé. Ya son varias horas… deja pregunto.

Lo miré alejarse, me puse a divagar mientras miraba a la gente alrededor. El dolor de mi presente se revolvía con la ilusión extraña de verlo de nuevo, de platicar con él. Me preguntaba si alguna vez él se habrá imaginado lo que solía sentir…

- Me dijeron que van a cancelar mi vuelo. Pregunté por el tuyo – se sonrojó- y dice que parece que también. En un rato van a dar el aviso… ¿Quieres tomar un café?

Creo que empecé a temblar… mi tonta timidez de la adolescencia se hizo presente… y por instante me puse a buscar en mi interior quien podría recogerme en el aeropuerto… pero no encontré a nadie.

Una mujer sentada en un sillón mira la lluvia. No le gusta la mirada del nuevo doctor, siempre ha tenido que acostumbrarse a la mirada de las personas antes de conocerlas.

- ¿Porqué todos los terapeutas comienzan preguntando por los padres?
- Es una costumbre, los padres suelen tener la culpa de casi todo.

Ella mira hacia el piso y toma aire.

- Mi padre es mexicano. Le tocó la Revolución Popular en su mero auge, estaba viviendo en Estados Unidos, allí conoció a mi mamá. Él con todo y todo siempre defendió la creación de la República Popular. A ella nunca le convenció tanto. Yo siempre tuve sentimientos encontrados.

- ¿Y eso porqué?

- Conocí México antes de que Estados Unidos empezara el bloqueo, cuando apenas se estaba formando la Liga de Unión Latinoamericana. Todo lo que me decía mi mamá de que la gente latina era muy fuerte, pero vivía muy mal. Era cierto. Fue extraño, aunque todo se veía muy viejito. Había una sensación de unión muy particular… todos se ayudaban. No había gente viviendo en la calle, no había gente con hambre. Mi papá siempre decía que en su cultura hubo mucho tiempo mucho descontento. Yo sentía feo que gente tan trabajadora y tan feliz con la vida no tuviera todo… pero era sólo una niña. Hablar de política en casa era interesante, y a la vez caótico. Me convencían ambas cosas.

- ¿Qué cosas?

- Todas las ideas opuestas que tenían, yo creo que porque amaba mucho a mis padres, y ellos se amaban mucho entre sí, pero era totalmente diferente su concepto de paraíso personal… sí eso. Tengo muchos paraísos, pero ninguno es mío.

Ella levanta la mirada y los ojos de él ya no se ven tan ajenos, existe una extraña comprensión en ellos.

Aura tomó de la mano a Lisa mientras entraban al bar. Alrededor se escuchaba una voz que tarareaba I feel love una y otra vez. Parecía un sueño estridente: gente bailando, abrazándose, besándose, riendo.

- ¿Cómo vamos a encontrarla? – Dijo Lisa al oído de su novia lo más claro que pudo.
- No sé. Creo que trabaja en los vestuarios. – Le contestó.
- Vamos de una vez.
- Coyona…

Lisa sonrió y llevó a Aura a la pista de baile. La abrazó mientras esa tierna voz femenina seguía entrando en los cuerpos de las personas que bailaban: fallin´ free, you and me, I`ll get you, I feel love…

De pronto una muchacha con cabello color azul tocó su hombro. Le entregó un paquete a una de ellas, quien habilmente lo guardó en su pantalón.

- Mira, son nuevas. – Dijo la chica mostrando su escote.
- Ya decía yo. – Contestó Aura y la invitó a bailar con ellas.

En la entrada de La Sotana, Ana y Julia se miraban una a la otra, pensando si entregar un encendedor bonito sería un motivo suficiente para entrar a ese lugar.

Julia olió el café de su taza, sonriendo como niña traviesa.

- Pásame el azúcar.
- Está frente a ti, ya termina de contar. – Dijo Ana acomodándose en el sillón.
- ¿En qué me quedé?
- En lo de tu maleta misteriosa, y lo de Miguel… ¿cuánto llevaban?
- Como año y medio viviendo juntos, andando… ya ni me acuerdo.
- ¿Y luego?
- ¿Qué te cuento primero?
- Ps lo que quieras, pero ya, ándele. Mucho café y nada de chisme.

- Fíjate: llegué a la ciudad el jueves, me equivoqué de maleta y no me di cuenta hasta llegar al depa. Llamé al aeropuerto y traté de abrirla pero tenía un mugre candadito. El martes llaman del aeropuerto y fui por mi maleta… traté de darles la otra, pero para regresarla tenía que firmar no sé qué tanto porque le quité el papelito de la aerolínea, había mucha gente y entonces mejor me regresé. Llega el idiota de Miguel el miércoles y hace un escándalo porque se le puso que era mi maleta y que yo acababa de llegar y que le estaba diciendo mentiras etcétera. Ya vez que es celoso patológico, hasta quitó el candadito a la maleta y…

- No mames, ¿y qué tenía adentro?

Julia respingó por la interrupción, pero le divirtió la curiosidad de su amiga.

- Eso es lo más raro. Tenía un álbum lleno de flores secas y de mariposas. Un como traje de baño con brillantina, ropa interior de mujer con relleno. Y como doce pases para La Sotana. Pero lo que más me gustó fue esto. – Dijo sacando algo de su bolsa.

- ¿Un encendedor?
- Mira la inscripción.

La inscripción decía, con letra casi ilegible: I beg your pardon. I didn’t recognize you. I’ve changed a lot.

Ámbar decidió quedarse sola un momento. Se fue alejando de los brazos protectores de su pareja, de las palabras de aliento de sus tías, del aura extraña que rodeaba el lugar. Estaba cansada de pensar y llorar así que se sentó quieta en un rincón para observarlos a todos. Observar a las mujeres que llegaban con los ojos llenos de lágrimas a abrazar a su madre, a los hombres y su expresión incómoda, a las sombras desconocidas que llegaban con morbo o buenas intenciones.

Miró llegar a alguien conocido y trató de desaparecer en vano. El hombre la alcanzó para darle el pésame.

- Tanto tiempo. – Dijo él y se sentó a su lado.
- ¿Qué haces aquí?
- Vine a acompañar a tu hermano. ¿No te da gusto verme?
- La verdad no.
- Aquí está, ¿verdad?
- Sí.

Ella miró a lo lejos buscando los ojos de su novio.

- ¿Me dejaste por ese pendejo?
- No, te dejé porque tú eres un pendejo.

Ámbar se levantó, su prometido fue hacia ella y la abrazó mirando al intruso y marcando territorio.

- ¿Estás bien niña?
- Sí. Bueno no… ¿De qué estaban hablando?
- ¿Viste a la muchacha que llegó con mi primo Luis?
- Mhmmm… ¿Luis es el grandote o el gordo?
- El grandote de bigote canoso que se fue hace ratito.
- ¿Qué tiene?
- Dice Jorge que esa morra anduvo muchos años con su jefe.
- Y dicen que las mujeres somos las chismosas…
- Tú preguntaste.
- Ya sé.

Ella se quedó mirando a la nada un rato. Él lo notó y la abrazó. Ella comenzó a llorar de nuevo, murmurando cosas. Él sólo entendió una frase:

- ¿Porqué… porqué hacerse eso si de todos modos se iba a morir pronto?

Mi piel desnuda a la luz de la luna llena lucía irreal. Recuerdo vagamente el olor a lavanda. Mi hermana mayor y su amiga me tomaron de ambos brazos mientras ella acariciaba todo mi cuerpo con una rosa blanca.

Recuerdo que dibujaron con sangre de dragón el emblema de la Diosa en mi pecho, y mi amante se acercó a mí y comenzó a besarme. Lo último que miré antes de perderme en sus labios fueron sus preciosos ojos café oscuro. Sus besos se volvieron más intensos y húmedos… de pronto, escuché a mi hermana cantar.

La bella sacerdotisa comenzó a estimularme con la rosa y comencé a gemir en voz baja. Los escalofríos que sentía se hacían más profundos y percibí los pétalos de flores silvestres y hojas pequeñas que iban danzando en mi cuerpo. Era un sacrificio de la naturaleza a cambio de mi virginidad. Mi preciosa madrina tomó el símbolo de madera, lo lubricó con la sábila que yo había cultivado años atrás y comenzó a desflorarme. Sentí un placer distinto a los que había experimentado antes, sentí estar en contacto con todo alrededor y que todo en el espacio presente me amaba. Ella presentó a las demás mi sangre y la guardaron en un paño.

Quedé mirando la luna el resto de la noche. Ella se recostó a mi lado y acariciando mi cabeza me dijo al oído:

- Eres una de nosotras.

Le sonreí y quise detener el tiempo para siempre.

El bip de mi reloj me indica que han pasado más de siete horas. Por alguna razón eso me tranquiliza: el tiempo no se ha detenido. Y aún puedo escuchar mi propia voz en la cabeza, cada vez con menos sentido. Tengo una conversación conmigo mismo después de tratar de escuchar el ruido de cualquier cosa alrededor. No hay sonidos, no logro sentir nada con mis manos, he caminado enceguecido desde hace un buen rato y sigo sin poder toparme con algo, apenas puedo sentirme. Sigo pensando, me aferro la conciencia que me queda, pienso para no enloquecer.

La oscuridad había tenido muchos significados en mi vida. La mayoría de ellos aterradores, pero jamás imaginé lo espantosa que puede ser la Luz.

Recuerdos. Acordarme de quién soy. Hace siete horas estaba en la calle. No puedo recordar mi propio rostro… Si tan solo pudiera mirarme… Estaba caminando por el… parque y platicando con… sus ojos eran café oscuro. Puedo recordar el café oscuro. Los árboles alrededor. La Vida. Gente viva a mí alrededor. Un sonido. Una luz a lo lejos. Yo la miré y alrededor nadie parecía notarla. Se acercaba. Yo la vi acercarse. No pude hacer nada. No pude huir, sólo la observaba fijamente… y no he logrado dejar de mirarla. No hay colores, solo ese espantoso y perfecto blanco.

La luminosidad que me envuelve me aterroriza. Cierro los ojos tratando de no percibirla pero aún así sigue estando presente. No se va, no disminuye. Sigue aquí, conmigo. Es una absoluta presencia del Todo. No me gusta.

Me siento solo.

Isaura puso el despertador en su celular y se dio cuenta de la fecha. Se recostó en la cama y suspiró.

El sonido de los grillos en su cuarto la arrullaban. Días antes, un compañero de clase, al verla evitar que alguien pisara un insecto, decidió regalarle un grillo que había atrapado en su casa. Isaura tenía varias supersticiones relacionadas con la naturaleza; sin embargo, le tenía especial aprecio a los grillos. Le recordaban las noches de su infancia en casa de su abuela.

Desde que llegó ese grillo, las serenatas nocturnas de los de su especie se hicieron más frecuentes. Isaura imaginaba que le pedían que lo liberara. Esa noche en particular le pareció un buen momento.

Isaura y su abuela tenían una conexión especial y se profesaban un cariño inmenso. Su abuelita le explicaba el porqué de todas las cosas que se le ocurrían a ambas: “Si matas a los grillos se acaban las lluvias”, “la persona que pone los tamales en la olla no debe salir de la cocina hasta que estén listos”, “el sonido del viento, y el canto de cualquier animalito son el abrazo de las personas que te quieren y ya no están contigo”.

- Abuelita. ¿Y tú siempre vas a estar conmigo?
- Siempre, mi niña.

Cuando pequeña, Isaura no entendía todo el tiempo lo que le contaba su abuelita, pero lo creía de corazón. Eran los porqués de su existencia. Esa noche se cumplían 12 años del día en que ella vio con sus propios ojos cómo la enterraban en ese lugar triste y lleno de flores. Empezó entonces a escuchar su voz dentro de sí, en su cabeza, sus percepciones y sus recuerdos.

Soltó al pequeño bicho y lo miró alejarse tímidamente, despacito. Como diciendo adiós.

- Eres adorable. Sigues siendo una romántica.

Ella se sentó mirando la ventana.

- Soy muchas cosas Lú.
- ¿Entonces?
- Pues sí, me uní a ellos.
- Sabes que van a perder. A los humanos ningún Dios los protege ya. Tú te estás metiendo en el grupo más iluso.
- Quizás. Pero sabes que no lo hago por los humanos.

Sintió ese frío tan característico que lo anunciaba. Volteó y lo miró a los ojos. Eran aún más fríos.

- No es personal Lú. Sólo tenemos intereses diferentes.
- Yo quiero conservar mi poder. Es todo.
- Exacto. Tú no has cambiado de giro. La política y la muerte son un buen negocio para tus intereses. Yo le voy a la vida, a eso me dedico y me parece más útil. Si tú y la… meretriz esa que te sigue logran tener ese poder absoluto que anunciaban los paranoicos de antes pues la verdad me vale madres.
- No me digas que no extrañas la atención, el poder, los regalos, los altares…
- Pues no tanto. Me hacían responsable por cualquier cosa. Los otros Dioses son unos caprichosos pervertidos y el mundo estaba lleno de semidioses con poderes. Es más fácil hacer las cosas si no tienes muchedumbres idiotas haciendo cosas en tu nombre. Me alegra que los humanos hayan aprendido a mover sus manitas para lograr lo que buscan. Ahora tengo más tiempo libre… por así decirlo.

Lú sonrió.

- Yo sólo te ofrecía un trabajo. Pues bien, eres demasiado tonta para ser una Diosa. Suerte con tu ciencia.

Y desapareció.

Pinche Lucifer, siempre que Lilit le pone el cuerno quiere reorganizar el Apocalipsis. ¿Quién chingados le dijo donde trabajo?

Hécate cerró la ventana y suspiró.

Esmeralda balanceaba los pies y miraba fijamente a Doroteo. Él se hacía el desentendido. Volverla a ver lo ponía emocionado… nervioso, y furioso a la vez.

- ¿No me vas a decir nada, Doro?
- Nadie me dice así.
- Pancho. Mi Pancho. Ya no le hagas al cuento y dime porqué estoy aquí.
- Yo no quería verte, pero viene aquí en la lista.
- ¿Qué dice?
- Tengo que reunir a esta gente.

Doroteo le mostró la hoja a Esmeralda, ella la tomó mirándolo a los ojos. Y comenzó a leer en voz alta:
- ¿Lilus Kikus?
- Es una pintora que vive en la Huasteca, dicen que tiene el don de gentes y que si la tenemos de nuestro lado nos puede hacer publicidad.
- Mhmm… ¿Aura?
- Esa va a estar difícil, porque no saben si es mexicana, es de familia de mexicanos pero nació más al sur, el punto es que dicen que es una bruja que puede envejecer y rejuvenecer a su antojo.

Esmeralda no le creyó pero estaba divertida mirándolo, siempre le gustó su seriedad y la brusquedad de su voz. Siguió leyendo:

- ¿Las dos Fridas?
- Unas gemelas, creo que estudian en Yucatán. No sé para qué las quieren.
- O sea que no sabes para que es todo esto.
- Yo nada más los tengo que juntar.
- ¿Quién es Juan Vargas?
- Es un político retirado. No nos va a querer ayudar. Está ganando muchísimo dinero y la parte poderosa del país le sigue. Allí es donde entras tú.
- ¿Yo?
- Tiene debilidad por las mujeres.
- ¿Y luego?
- Sabes a qué me refiero.

Se miraron un largo rato. Esmeralda seguía sonriendo.

- ¡Ay Pancho! Con tantas esposas, ahora resulta que estás ofendido conmigo.

Sentada frente a ella, trato de lograr lo que me pide y relajarme. Imita mi posición y sonríe.

- ¿Estás lista?
- La verdad no.

Cierro los ojos, su mirada siempre me ha asustado. Escucho su voz.

- Estás lista. No lo sabes pero lo estás.

No contesto. Escucho mi respiración acelerada. Trato de controlarme. No quiero que ella lo note.

Y lo recuerdo:

Era yo una niña la primera vez que la vi. Durante una tormenta fuerte, se fue la luz en casa. Mi mamá prendió unas cuantas velas y dejó una en la habitación donde jugaba. Cuando salió del cuarto, me quité los zapatos y me puse a brincar en la cama, una preciosa cama con cobertores rosas y almohadones con tejidos de colores. La vela estaba frente al espejo. Un estruendo se escuchó y un rayo iluminó la habitación. Y allí estaba ella. En calma, me miraba brincar, se acercó a mí y brincamos juntas. Me sentía contenta, al fin tenía una amiga con quien jugar. Desde ese día fuimos inseparables.

- ¿Qué es lo que estás viendo? – Me pregunta de pronto.

Vuelvo a notar mi respiración agitarse. Empieza a envolverme un miedo espantoso, la terrible seguridad de que puede saber que pienso y observar cualquier imagen que visualice.

- ¿Porqué no me contestas?
- Perdón, no te escuché. – Miento. Siempre percibo su voz. Tan particular, tan profunda, tan ajena.

- ¿Qué viste?
- La última vez que estuve sola.

Un momento de silencio, lo suficientemente largo para animarme a abrir los ojos. Sigue aquí. Me mira apacible y sus ojos, aunque sonrientes, me siguen dando miedo. Es su silencio lo que me intriga. Pero me doy cuenta. Me levanto y camino hacia ella, mientras comienzo a llorar.

Y rompo el espejo.

La cocina.

Entre cebolla acitronada, pavo relleno al horno. ¿Arroz o spaghetti con crema? Tengo una pequeña catarsis. Cada año es igual, cada año es más triste. Recuerdo a mi madre y sus palabras se hacen una con los olores de la cocina. “Mija, la navidad es familia, lo entenderás cuando tengas la tuya”. Pero no la he comprendido.

Pasa él y huele a alcohol. Lleva emborrachándose las mismas horas que yo cocinando. Lo recuerdo. Tuve que levantarme temprano para maquillar mi mejilla y espero que el calor no lo haya arruinado. El pavo parece que va a estar listo a tiempo. No voy a poder bañarme así que sólo me arreglaré el pelo. Tengo un hambre ridícula. ¿Cómo es posible que no haya comido nada si llevo horas aquí encerrada? Un sándwich llevaría tiempo, mejor voy a arreglarme, la cena no tarda.

Recuerdo a mamá cocinando y a mi papá en la sala tomando con mi padrino. Recuerdo a mi mamá haciendo como que no lloraba. Recuerdo los adornos, los regalos. La navidad. Mis regalos. Mamá está borrosa en mis regalos. Yo sólo comía postre y me iba a la cama temprano para despertarme de madrugada a jugar. La navidad. Que bonito. Sí, bonito, piensa en eso. ¿Dónde está Carlitos?

Mi niño entra al cuarto. En sus ojos, la inocencia. Se acerca a mí. Se queda en silencio un momento.

- ¿Qué pasó?
- Mhmmm…. ¿A ti santaclós no te regala juguetes mami?
- No, mijo. Yo estoy grande.
- ¿Y te gusta la navidad, aunque no te den nada?
- Sí mijo.

Me acerco a él para envolverlo en mis brazos.

- ¿Y porqué?
- Por la familia.

Le doy un beso y le digo que vaya al arbolito. Y lloro después del déjà vu más espantoso que he tenido.

La puerta.

Recuerdo que la miré y ella no. Estaba con su vista perdida esperando a que se pasara la hora completa. Vestía con ropas mucho más grandes que su delgada talla. Repasé mis técnicas para entablar una conversación. Pero ella siempre fue distinta.

- ¿No quieres hablar?
- No me creerá. No tiene caso.
- Prueba, cuéntame.
- ¿Sabe que es la psilocibina?
- Es una sustancia que…
- Pone a personas en un estado de conciencia distinto que el normal. En el sentido etnológico, perciben a Dios… (esbozó una sonrisa sarcástica al pronunciar la palabra “Dios”).
Le indiqué con la mirada que la escuchaba.
- … No es la única sustancia que lo hace. El punto es…- ¿Has tomado esas sustancias?
- … el punto es que no soy la única persona que lo hace. Pero yo no necesito sustancias. Yo soy la puerta.

Estuve a punto de escribir en mi libreta cuando la miré levantarse. Se volteó hacia mí. Comenzó a darme miedo, quizás por instinto. Sacó un arma de sus ropas y me apuntó.

- Sabe igual que yo lo peligroso que es si en lugar de escucharme grita.

Asentí con la cabeza. Realmente lo sabía.

- Verá Doctora, yo soy la puerta. No necesito sustancias para cruzar, ellos cruzan a través de mí. Vienen de Tlön. Pertenezco a ellos, es por eso que me buscaban… me perseguían. Allá todo tiene más sentido, y las cosas que me atormentaban se aclararon. He logrado atravesar a voluntad. Yo quería respuestas, saber cómo llegué a este lugar. Pero ya no me importa. Ahora lo sabe y no puede detenerme. Mis percepciones no son una enfermedad, son la Verdad. Esse est percipi.Y se disparó.Recuerdo mis gritos y la sangre. Recuerdo haber escrito en mi libreta: esquizofrenia.

El silencio.

Caminando por el pasaje que creía reconocer. El silencio. Recuerdos vagos y muy difusos, mi mente tratando de recordar y asociar en un orden lógico los acontecimientos. ¿Dónde estoy?

Recuerdos aleatorios. Mi profesora favorita, una Doctora rusa diciendome “los virruss son las herrrrramientas de Dios”. Recuerdos de correr y ocultarse. Tratar de sobrevivir. El camino es café y no hay nada. Sólo polvo. Y el silencio. El maldito silencio. No se ve nada vivo alrededor. Me siento. Cierro los ojos.

Esto es más que una pseudo-muerte contagiosa, el instinto de tratar de alimentarse de humanos tiene un principio mucho más complicado. Verá, los estudios preliminares mostraron que en modelos murinos, el virus se modifica. Tiene la capacidad de crear variantes de sí mismo a una velocidad aterradora. Sucede lo mismo en otros mamíferos. Se aprovecha de la diversidad. Uno de los estudiantes dijo que cuando dejaba a los sujetos de estudio cerca unos de otros se ponían más violentos. El estar en conjunto empeora su condición. También comentó que comían los cerebros de los cadáveres. Yo sólo vi que tenían preferencia por los globos oculares pero nada concluyente. El antropólogo de la unidad anexa busca patrones de comportamiento en leyendas vampíricas y canibalismo. Quiere establecer una correlación entre la creencia de “comer humanos-robar fuerza-espíritu-vivir eternamente” entre varias culturas humanas y nuestros resultados. Yo lo veía como un intento desesperado de entender… Encontramos catorce variantes en un mes solamente en este laboratorio. MUTAN. ¿Entiendes lo que eso significa? La epidemia se esparcirá más rápido que cualquier posible cura. Piensa. Trata de sobrevivir. Huye.

Miro mis manos ensangrentadas y mi vacío alrededor. El silencio. ¿Entonces porqué estoy vivo?