Ejercicio 17: Libertad

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La mañana trajo consigo visitas inesperadas, después de algunos años de reclamo, Dios mando a algunas de sus embajadoras a dialogar, en principio era de esperarse, sabía que Dios no daría la cara pero igual me conformo con su gesto de educación.

El desayuno acompañado del santoral, Santa Muerte, Santa Puta y Santa Maria a la mesa, degustando panes con mermelada mientras charlan de las noticias cotidianas, y yo preparo café para las damas.

¿Porque mandar a tres mujeres?, hubiera preferido dialogar con el diablo en alguna montaña de Gibraltar mientras monos lanzando bolas de fuego reclamaran mi cuerpo como banquete.

-He estado muy ocupada últimamente, recogiendo los cadáveres putrefactos de amor, corrompidos por Santa Puta,- profirió Santa Muerte, mientras clavaba su mirada en el escote de Santa Maria.

Interrumpí el delirio, les hable de ti, dije que construimos un castillo indestructible, fuerte, tanto, que ni el mismo Dios podría echar abajo; pero que el infeliz siempre se las arreglaba para consumir cada vez más lo que queda en mí de humanidad.

Pero las dos santas no escuchaban, sus gemidos eran más fuertes que mis gritos, Santa Muerte mordía el pezón derecho de Santa Maria mientras tocaba entre sus piernas.

-No se porque se preocupan tanto por el amor y la trascendencia- dijo Santa Puta, ni se porque se ocupan en pensar en un Dios que es sordo y ciego, y las figuras que vez a tu alrededor son tan falsas como tus aspiraciones, la pequeñez disfrazada de soberbia, después de morir no hay nada, es como cuando te duermes y no sueñas.

Tomo mi mano y me llevo a la habitación, y estuvimos haciendo un bello coro de gemidos Santa Muerte, Santa Maria, Santa Puta y yo, por más de tres días.

Después resucité, tres días en las fauces de la muerte, donde conocí a Lord Byron, él murió de malaria y fue quien me contó esta historia.

Reencontré el camino, descubrí las tres tazas sobre la mesa, pertenecientes a las tres Santas, y una jeringa con restos de heroína, fue cuando entendí que en verdad existe Dios, aun había restos para un nuevo viaje.

Sentí un fuerte dolor en las sienes… es lo ultimo que recuerdo. Cuando desperté estaba en esa fría sala de hospital con tubos insertados en mi nariz y boca. La sensación de un miedo que jamás había experimentado me recorrió por completo, intenté abrir un poco más los ojos pero me fue imposible, en este momento ya no sentía dolor pero el cansancio era total. Noté sombras fuera de la habitación, se escuchaban también algunas voces pero me fue imposible entender lo que hablaban. Mis párpados pesaban de manera exagerada, mi lucha insistente era por mantenerlos abiertos, aclarar la vista y descubrir de dónde salía el bip-bip que me estaba provocando tanta ansiedad.

- Hola, ¿cómo te sientes?, veo que ya despertaste. -

Una bata blanca, obviamente se trataba de algún médico o enfermera de turno.

No respondí. No podía. Qué estúpida pregunta, pensé.

Se acercó a mí, revisó los tubos, revisó también los aparatos a los que estaba conectado. Dijo alguna otra estupidez como: -Vaya, después de tantos días, era justo que despertaras, flojito.- Seguramente esbozó una sonrisa idiota y se fue.

No pude más, cedí ante el cansancio y la pesadez de mis ojos, y dormí. No sé cuántas horas después desperté nuevamente, ahora mis párpados pesaban menos, la vista se había aclarado, pero el bip-bip seguía turbándome sobremanera.

Un aroma distinto se alcanzaba a percibir en la habitación a pesar de la mascarilla de oxigeno que me cubría la cara. Olía a flores, giré un poco la cabeza para descubrir de donde provenía el aroma, en ese momento una mujer acercó su rostro al mío y susurrando me dijo: -esta vez no voy a fallar…-

Bip-bip bip-bip. Biiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii……

One eye goes laughing,
one eye goes crying

“La felicidad es una trampa mental” escribo con mi uña en el respaldo del sillón. ¿Por qué si la arañé con estas mismas uñas, no corro a buscarla, si tengo su nombre, teléfono, dirección y las marcas de su látigo en la espalda? Por supuesto, porque la felicidad no tiene datos generales y mucho menos un látigo. Pero sobre todo porque tú no eres la felicidad, ni siquiera te pareces un poco.

Casi te puedo imaginar ahí sentado, con tu gato en el regazo, tu libro de Schopenhauer en la mano y el vaso de whiskey a un lado. Cierro los ojos y sacudo la cabeza antes de chocar con tu mirada para que no sepas que otra vez te estoy imaginando.

I´ve been waiting for the sun to come up,
waiting for the showers to stop

En el piso y las paredes están nuestros testigos en blanco y negro, he pasado la noche entera, ordenando la secuencia perfecta. Y no puedo concebirme como protagonista de esta historia. Me siento tan asqueada de mí, de esta inútil espera, de mi miedo a esos clichés que afirmo al evadirlos. Vaticiné con tanta precisión lo que ahora no soy capaz de enfrentar: “Ten cuidado con lo que pides que puede hacerse realidad” moraleja chafa para esta fábula de softporno.

La indecisión me carcome: sí, ardimos en la misma flama, ¿Y? ¿fue real o tan sólo la magia del instante? Yo, coleccionista de instantes, no puedo distinguir si son quimeras o presagios. ¡Las fotógrafas y los strippers no tienen finales felices, carajo!

-¿Si te dijera que esto es una trampa mental, me creerías? -Pregunto con mi último aliento en el teléfono,- y seguro sonríes irónicamente del otro lado.

Hoping for an open hand…
One time

One Time/Thrak/King Crimson/1995

Unos pintan, otros cantan…Yo solo escribo.

¡Y QUE DIFICIL ES!

Escribir son una serie de confrontaciones incómodas, primero con estas perras negras, que son reacias a seguir el camino que va de mis entendederas a la punta de mis dedos. Caminan lentas y a cuentagotas. Malditas sean.

El siguiente rival son los surcos en los que se deben acomodar estas perras. Una línea se mueve, otra se va, otra regresa pero solo por un momento. Un odioso ballet de sentidos, de morfemas y de sustantivos. Malditos renglones.

Los renglones se vuelven entonces párrafos, que quedan como carras maltrechas y prognatas. Demasiado narizonas, demasiado frentonas. Los ojos muy juntos, los labios muy pequeños o como boquetes. Hay que limarlos y afinarlos. Malditos, malditos párrafos.

Las paginas, para mi, son lo peor, no tanto porque estén sino porque rara vez llegan. El tecleo sigue y sigue y parece nunca ser suficiente. Los dedos se han movido durante horas, pero las muy cabronas son reacias a llenarse, a completarse. Nadie se viste con tanta desidia como una hoja de escribir. Maldita sea.

Escribir es odioso, humillante, engorroso, una vil y puta tortura donde el verdugo y el azotado son uno y el mismo.

Dudo que haya alguien lo suficientemente masoquista o lo suficientemente idota para disfrutar de este proceso, aunque no lo descarto de todo…de todo hay en esta podrida viña.

Lo que a mi me mantiene clavado a mi teclado, es la recompensa deel final, no es el proceso lo gratificante ni lo adictivo, sino el resultado.

Odio, con toda mi alma escribir….pero amo y soy adicto al haber escrito.

Imaginen ustedes que hay una bolsa oscura. Imaginen que adentro de la bolsa hay objetos esféricos que conviven en paz. Imaginen que de esos objetos esféricos algunos son canicas y algunos (menos) son corchos. Como la bolsa es oscura y todos conviven, ninguno sabe que hay diferencias entre ellos.
Pero llega un buen día en el cual es hora de sacar a los objetos de la bolsa y los echan asi nomás sin preguntar a un cubo de agua (como es cuento y me interesa hacerlo poético, digamos que los avientan a una pecera). Y ahi si, las canicas se hunden, los corchos flotan.
Y ahi es donde empieza a suceder que las canicas son felices amontonadas en el fondo y el corcho se empieza a dar cuenta de la “separación natural”. Y voltea hacia abajo y empieza a darse cuenta que sus amigos se quedaron ahi en el fondo y al principio está bien contento, pero luego se empieza a preguntar que porqué será que se siente tan solito.
Y empieza a nadar hacia abajo, y recupera a sus amigas las canicas y está acompañado de nuevo y se siente contento. Hasta que un día se da cuenta que le duelen los bracitos y las piernas de tanto esfuerzo que hace de estar nadando hacia abajo. Y lucha por quedarse allí porque no quiere regresar arriba, donde, tal vez haya mejor vista, pero ¡no están las canicas! Y la triste realidad es que no están las canicas ahi porque no les toca estar ahi. Y no importa cuánto luche y patalee el corcho, tarde o temprano acaba flotando porque ese es el orden natural. Y cede y regresa a la superficie.

El resto de la historia la cuento cuando la conozca, por el momento estoy dejando de luchar porque ¿saben qué? A huevo las cosas nomás no suceden.

Confesiones

La casa está vacía. Ni siquiera el sol se atreve a asomarse por completo a través de las ventanas.

Me levanto de la cama y voy hacia la cocina, descalza. No recuerdo a qué fui. Me sirvo un vaso de leche. El silencio es el peor de los sonidos. Prendo la tele. Nada. Programas de concursos. Dejo que una fiesta ajena me haga compañía. Regreso a la cama. Olvido mi vaso.

Recargo mi cabeza en la almohada. Desde aquí, el ruido de la tele parece una horda de fantasmas que esperan tras mi puerta. Voy a apagarla.

Un baño, sí, el día podría empezar después de tomar un baño. Pero hacerlo me exige demasiado, es una decisión difícil. Si tan sólo el agua cayera sobre mí al imaginarla. Vuelvo a la cama. Cierro los ojos.

Duermo sin descansar. Sueño en demasiadas historias, como ir a un cine con permanencia voluntaria. La casa sigue vacía. Siento agua pasar por mi cabeza, miro como si aquí estuvieran enormes ramos de flores centauras, pálidas y violentas, señalándome con su gran centro amarillo. Si las flores pudieran hablar me estarían gritando una verdad enorme y concreta como las esquinas de sus pétalos.

En un segundo estoy ya de pie. Abro las cortinas, las tiro, rompo los vidrios. Asomo la cabeza. Gano polvo y sangre sobre mi cuerpo, un poco de aire. Nadie vuelve su mirada hacia mí.

No sé qué hacer con mi libertad.

8:40 p.m.

Verónica esta ansiosa, hace meses lee su blog. Él es como una estrella de rock, inteligente, sarcástico. Ella escribió que adora sus textos, le contó su vida y envió una fotografía. El exquisito cínico contestó: “Preciosa, pero veo poca carne”. Acordaron una cita.

Peina sus cabellos negros y perfuma su pálido cuerpo adolescente. Fantasea con que él sea quien le diga por fin: “descansa en mí, llora si debes”. De pronto, la misma sensación de hace días, un intenso calor baja por su pecho hasta el sexo, un dolor placentero. Se ruboriza, le avergüenza que Hugo le provoque tanto. Él es el indicado, tiene que ser, ¿verdad mi pobre niña?


9:30 p.m.

Hugo saborea la noche desde su ventana. Recuerda el último correo de ella: soledad, dolor y una fotografía. Demasiado delgada, ¿sería suficiente? Repasa la última línea: “ojala sea el comienzo de algo lindo“. “No lo sabes bien querida”, piensa mientras su rostro dibuja algo parecido a una sonrisa.

12:50 a.m.

Salen abrazados de “La Encrucijada”.

-Estuvimos muy poco, ¿adónde vamos?

-Es una sorpresa- contesta él sin emoción.

1:10 a.m.

-Asusta, esta muy solitario.

-¿Para que quieres compañía?- pregunta comenzando a tocarla.

Sabe lo que él espera, no quiere parecerle infantil. Su cuerpo responde a las caricias. Pensamientos románticos se mezclan con deseos primitivos, no quiere que pare. De pronto, nuevamente el estallido de dolor y placer entre sus piernas. Demasiado deseo. No siente la primera mordida.

1:30 a.m.

A medio carcomer, sangra los tapetes del bien cuidado auto. Que caro resulta un acostón en estos tiempos.

2:10 a.m.

Por el monte una figura huesuda y medio desnuda, vagamente parecida a una niña, corre a cuatro patas. Cerca, dos enamorados se besan.

Los ojos rojos de Verónica les miran, saca la lengua como un perro y lame la sangre fresca alrededor de su boca. No, ya no tiene hambre, ya nunca volverá a sentir hambre. Da la vuelta y se pierde en el laberinto de la noche.

Llueve. Llueve a cántaros. El agua llega a los tobillos y lo coches empapados, dejan de funcionar.

Afuera todo es gris y húmedo. El rumor de la ciudad (claxons, derrapones y alguna banda floja y mojada que rechina a lo lejos), y la lluvia que cae furiosa e interminable sobre las cabezotas de los transeúntes descuidados, componen una perfecta sinfonía en la mente de algún amante de todo lo inglés. Para los demás es un contratiempo gigante. La vida en pausa.

Un par de amigos tripulan un carro, y circulan sin rumbo fijo. El carro se jalonea y se mata. Se niega a encender. Los muchachos lo empujan para sacarlo de circulación. Mientras esperan que escampe, entran a una cafetería. Toman asiento y un mozo les ofrece unas toallas de papel para secarse. Cuando terminan les toma su orden:

—¿Que les ofrezco?

—Una coca.

—¿Y para usted?

—Café, por favor.

—En un momento se los traigo.

El mozo se marcha. Uno de ellos enciende un cigarro, y después de darle el toque, se lo ofrece a su amigo, que cortésmente, lo rechaza. El humo del cigarro, iluminado por la luz de la lámpara, baila haciendo espirales en el ambiente. Entonces, dando un jalón, uno de ellos escupe una pregunta:

—Eh guey, ¿por que nunca tomas coca? —dice al mismo tiempo que exhala el humo.

—Ya te dije que no me gusta.

—Pero te he visto tomar cubas.

—Con el pisto es diferente.

—¿Por gusto no?

—No.

—¿Por qué?

—Por que acabó con la vida de mi padre.

—¿Le dio diabetes?

—No. Un día como este, salió a comprar una. Cuando regresaba, lo atropelló una pipa que transportaba precisamente el jarabe de la coca cola. Nos compensaron en grande por lo que pasó. Nadie me devolverá a mi papá.

—No mames.

—No te creas cabron. Puro paro. Nomás no me gusta. Siempre te lo he dicho.

—Pendejo.

Bulder cruzó la puerta y recorrió con la mirada el despacho hasta que se topo con una figura al fondo del cuarto.

 

-¿Bulder? ¿Qué haces aquí? supé lo que pasó, te están buscando

 

- si, lo sé, y tu Val. ¿Qué haces tú aquí?

 

-yo solo… pensé que… fue horrible lo que te hicieron Bulder.

Pero dime ¿Cómo lograste salir de ahí?

 

-No soy tan ingenuo Val, cuando acabé de diseñar la estación planetaria escondí un interruptor de emergencia del que nadie sabia. Por si llegarán a pasar cosas… como estas.

 

-Aun no lo entiendo Bulder, un ingeniero tan brillante, y terminar así.

¿Porque mataste al senador?

 

-Yo no lo maté, me tendieron una trampa, y tú lo sabes Val.

 

- ¿Qué? ¿De que hablas?

 

-no sigas fingiendo, tu lo preparaste todo.

 

-Bulder, ¿pero que cosas dices? te recuerdo que esta oficina tiene múltiples dispositivos de seguridad que grabarán…

-lo se, quien podría  pensar siquiera en que el culpable del colapso de INCORE seria su propio presidente, pero todo se fue volviendo más claro, pensé que eras mi amigo Val.

 

-Y lo soy, yo y tu padre…

 

Pero Bulder no lo dejó terminar, al tiempo que lo decía, Bulder sacó un pequeño aparato rectangular de su bolsa.

 

-¿Recuerdas el prototipo de microondas que dijiste sería un fracaso?

 

-¡No! Bulder, porque lo haces, dejame explicarte!

 

Los ojos de Val empezaron a salirse de sus orbitas y 2 segundos después su cuerpo caía sin vida al piso.

 

-Lo sabia, yo tenia razón -gritó Bulder- eres un robot despues de todo.

 

En eso, miro el reloj, daban casi las 3:00 am

 

-Maldición, muy tárde.

 

Lo que dijo le habían dicho  sobre la inyección era verdad.

 

Empezó a convulsionar violentamente y su cuerpo se dejó caer sobre el oscuro piso del cuarto.

 

 

 

 

Carlos llegó tarde a la cita.

Le habían dado la libertad de escoger la hora. El la dejó libre para seleccionar el lugar. Y ahora iba corriendo para llegar. Habían dicho a las 5. Eran casi las 6.

Alicia se mordía una trenza que sujetaba con la mano izquierda. La otra flotaba libre.

Lo vio llegar, sentarse y pedir un café, pensó que era algo muy ordinario y común en sus costumbres, aunque esta vez notó algo diferente. No supo identificarlo con precisión.

Vaya, pensé que me ibas a tener esperando otra hora. ¿Y por qué piensas eso? Ya lo has hecho otras veces, no sería raro que lo hicieras esta vez también. Mujer, no soy tan inconsciente como para tenerte aquí esperando todo el día. Pues como digo, no sería nada raro. Claro, como tampoco sería raro que te enojaras… ¿Estás enojada? No estoy enojada, trato de ser irónica. Más bien eres rara. Bueno, es algo que yo decido ser, ¿no? Tu has elegido amarme. Sí, y quedarme contigo. Sí, y quedarte conmigo, entonces, ¿no ha sido todo esto cuestión de libre elección? Sí, y ahora elegí irme. ¿Dejarme? Sí, dejarte. ¿Por qué? Para ser libre. Pero, ¡Siempre lo has sido! No, no siempre, no quiero discutirlo. ¿Me lo estás prohibiendo? No podría prohibirte nada, ¿no entiendes? No, no entiendo. No explicaré nada, me voy. ¡Ok! Cuídate mucho, ¡que seas feliz y no regreses! ¿Que no regrese? ¿Por qué? ¿Hay otro esperando que deje mi lugar? Eres libre de pensar lo que te venga en gana. Pues prefiero no ser libre, entonces. Vete. No quiero. Que te vayas. Me quedo. Y ¿que vamos a hacer ahora? ¿Me quieres? Sí, sí te quiero, ¿y tú? ¡Yo también! ¡Mucho! Seamos libres entonces. ¡Ok!

Salieron abrazados a la calle.

Dime luna, que puedo hacer para olvidarlo, para que mi corazón deje de pensar en él.
 
 
Luna de plata, mi hermosa luna, la única que conoce mis sentimientos y mis miedos, dime entonces; ¿como borrarlo de mi mente y de mi corazón? que pueda verlo sin temblar, sin ponerme nerviosa y torpe, luna no se que hacer, siento un profundo vació…
 
 
Luna, me dice que somos amigos, pero yo no lo puedo ver así, ya no, mi corazón tiembla cuando ve su silueta, se oculta pensando en otra cosa, pero cuando me ve, pierdo el control y me pongo nerviosa, como si fuera a presentar un examen.
 
 
Dime luna de plata, como lo olvido, como lo borro de mi corazón, quiero vivir sin pensar en el, quiero mi vida de nuevo, mi corazón sano, mi mundo de felicidad…
 
 
Luna de plata ayúdame a olvidarlo, a que no piense en él; solo quiero un beso y me ire con mis sentimientos y morir en paz…
 
 
Solo quiero un beso de él y me iré lejos, luna concédeme ese deseo, por favor…
 
 
Dime luna…

			

No recuerdo el momento en que llegué, pero cuando me di cuenta ya estaba caminando por las calles de la ciudad.

No era una ciudad bonita pese a que tenía grandes edificios y formas que tal vez sólo existirían en un sueño. Para mí aquella ciudad estaba llena solamente de colores grises. Incluso el cielo parecía haber perdido su distintivo color.

Caminé por las calles y había miles de personas que iban y venían por todos lados, todas de color gris ante mis ojos, sin embargo, a pesar de estar rodeado de esa multitud, sentía que estaba solo.

¿Qué busco? ¿Por qué estoy aquí? Son preguntas que no dejaban mi mente tranquila.

Por un momento vi a alguien a lo lejos. Fue la única persona que vi con color y que no me hizo sentir solo. Decidí buscarle, a pesar que no sabia en donde comenzar. Susurré su nombre por la ciudad, aun cuando no sabia cual era. Caminé y hubo momentos en que esa figura aparecía y se esfumaba como la niebla.

Me guié solamente escuchando el sonido de su voz, y a pesar de que fue duro, pude encontrar mi camino hacia esa persona.

Estaba parada ahí, justo en medio de la calle, eso lo recuerdo bien. Me miró y yo le miré con añoranza mientras una sonrisa se dibujaba en mi rostro. Extendió su mano hacia mí y me sonrió con gentileza. Fue en un momento fugaz que nos tomamos de la mano y comenzamos a caminar por aquella ciudad de sólo grises.

Empecé a caminar con la persona que era para mí. Estaba feliz porque encontré a esa persona en medio de la ciudad. No hay necesidad de abandonarle. Aun cuando el tiempo esté en mi contra yo caminaré junto a esa persona siempre.

¿Cómo?dijo el quark encanto color rojo.

Fácille explicó el antiquark encanto anticolor rojo - nos juntamos de modo que no nos detecten y nos montamos en el primer fotón que pase cerca, a gran velocidad. Así llegaremos al borde y podremos saber qué hay más allá de esta condensada esfera.

- No sé… y ¿si fallamos? Es algo que nunca se ha intentado.

- Prefiero que ocurra algo diferente a seguir eternamente en esta rutina.

- Pero las leyes…

- ¡Al demonio las leyes!

- ¿Qué es el demonio?

- Luego te explico. Ahí viene un fotón, ¿subes o qué?

- Pues…

- ¡Rápido!

- Vamos antes que me arrepienta, confío en ti…

- ¡AHORA!

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Nunca imaginaron la reacción en cadena que generarían.

Hubo una gran explosión… el resto es historia.

En una esquina, rodeada de total oscuridad, estaba ella sentada en el suelo, se halaba las mangas del abrigo nerviosamente, queriendo desaparecer.

 

Abría sus ojos como si así pudiera ver lo que sus oídos le decían. Escuchaba sus palpitaciones reventar en su cabeza, sonaban mas alto que las pisadas de la ex Policía Secreta, podía escuchar el golpe de las puertas, cómo volteaban las camas, abrían los closets, las ollas caían de los estantes de la cocina. Rompieron la vajilla de la abuela, pensó.

 

Hace meses que duerme en la habitación falsa, uno por dos metros, tras el closet, puede ser un lugar fantástico si te devuelve la confianza de un día más de vida… junto a los tuyos.

 

Al papá se lo habían llevado en la mañana acusado de disidencia, sólo por quejarse en la cola de racionamiento de alimentos; y ahora venían en busca de la familia por supuesta conspiración.

 

Cada cuarto tiene su propio escondite, pero hoy, el primo que compartía la casa con ellos se rindió en la jefatura, no aguantó los modernos estilos de tortura, tan vejantes e indelebles como los de épocas pasadas, y dejó escapar el número exacto de habitantes de la casa.

Mientras esperaba en una fila larguísima del banco, frente a mí estaba un chico guapísimo que olia delicioso. Como no queriendo la cosa, me acerqué poquito a el y cerré los ojos para concentrarme en su olor, cuando de pronto escucho una voz:

-¿Te sucede algo?

Casi pierdo el equilibrio. Abrí los ojos lentamente y era una chica rubia hermosa frente a mi con una cara de pocos amigos.

-¿Te pregunté si te sucedía algo?

-No.

-¿Por que estas oliendo a mi novio?

Creo que me puse de mil colores por que sentí mi cara caliente y enseguida las miradas de todos los que estaban cerca.

-Es que … su perfume huele rico -dije en voz baja.

-¿Que?

-¿Que su perfume huele rico – dije un poco mas alto.

-¿Que qué?

-¿Que su perfume huele rico – grité.

Se escuchó un estallido de risas en la sucursal. Yo me puse aun mas roja de vergüenza, mientras la chica me veía como si tuviera enfrente a una especie de pervertida. Quería que se abriera un agujero ahí mismo debajo de mis pies, y mientras todos me veían con cara de burla o de asco, el chico me sonrió. Ante tal gesto de lindura y desenfado, sonreí.

Regresé a la realidad y decidí salir inmediatamente de ahí, jurándome a mi misma jamas volver a poner un pié en ese lugar.  Justo antes de cerrar detrás de mi las puertas del banco, una mano tomó de mi brazo y pensando lo peor,  que fuera la chica rubia, voltee. Era el. Abrió mi mano y me dio una tarjeta de presentación que al reverso decía:

” Es Hugo Boss, llámame”

Ahora en los aniversarios, contamos esta historia.

Llueve y veo a la gente en la calle correr a resguardarse, y mientras yo sonrío, yo no quiero ser adulta, aún puedo disfrutar de la lluvia; apuro el paso, se que tu ya estás ahí, mojándote igual que yo, pero se que eso a ti no te importa, tienes 16 años y se que lo disfrutas. Llego a este lugar que es en donde siempre nos encontramos, y donde siempre nos encontraremos cada verano, de repente recuerdo: “Alejandra, tu eres bonita, lo eres para mi”, palabras que a alguien como yo, una muchacha de 15 años insegura, sonaron a la mas perfecta declaración, quería que tu te fijarás en mi, tú mi vecino, mi mejor amigo, mi primer amor, y maravillosamente se realizó, en una tarde de verano como esta, en una tarde en la que la lluvia nos empapó por completo y mis lágrimas se mezclaban con la lluvia “nadie me considera bonita”, te decía, y de repente, me tomaste de la mano y me dijiste lo que sentías por mi, y luego, sentados bajo el durazno que estaba en tu jardín, me hiciste una promesa: “lo nuestro durará para siempre”, y te creí, desde el fondo de mi corazón, te creí, y aún te creo, aún ahora que han pasado muchos veranos, aún ahora que he tenido que crecer, aunque en mi corazón he elegido por voluntad propia la juventud, juventud que compartí contigo y que seguiré compartiendo, porque como aquella vez, en que mis lagrimas se mezclaban con la lluvia, de la misma manera lo hacen ahora, que me encuentro aquí, me pongo de rodillas y comienzo a sentirme reconfortada, abro los ojos y leo:

Alberto Muñíz Domínguez
1979 – 1995
Descanse en Paz.

Finalmente sonrío. Te creo, siempre te creeré. Lo nuestro durará para siempre.

No saldría jamás con el cuento ese de que me volví invisible. Más bien dejé de ser yo para convertirme en un espectro que no hacía más que molestar. Que si dale de comer a tu abuelo, que si hay que bañarlo, que si cámbiale el pañal. Hubiera preferido morirme rápido y sin molestias como mi flaca.

Mi rutina comenzaba cuando mi nieta venía por mí a la cama, me ponía sobre la silla de ruedas y me llevaba a la mesa donde todos desayunaban. ¿Yo lo hacía? Claro, si es que puede llamársele desayuno a ese pegoste verde que meten en mi boca. Si alguien era lo suficientemente valiente se ofrecía a darme un baño, si no, había que esperar hasta después de medio día que llegaba mi enfermera. Me bañaba los martes y los sábados, me ponía frente al televisor hasta que era hora de dormir y me acostaba antes de irse.

¡Cómo me habría gustado decirles que ya estaba harto! Que dejaran de alimentarme y de bañarme. Que me arrojaran a la calle o a un asilo. Pero desde que se fue mi flaca perdí la voz y las ganas de moverme.

Era de noche y oí un chisporroteo. Ví un destello y olí a cables quemados. Al parecer nadie estaba en casa, porque cuando volví a abrir los ojos, las luces intensas y el calor de las llamas me rodeaban. Agradecí a Dios que por fin iba a librarme de esta vida que era todo menos vida. Ni siquiera sentía dolor, sólo calor.

Cerré los ojos esperando el final. Ya veía la luz, veía a mi flaca sonriéndome, pero desperté y una voz dijo:

-Hacemos todo lo posible por mantenerlo vivo. Pero él debe luchar.

¿Luchar? ¡Carajo! Este cuerpo es mi prisión. ¡Quiero salir!

La jarra de agua tenía dentro un patito de plástico. Chiquito, claro. No cabría uno grande. Ahí nadaba apaciblemente sin que Alfredo lo molestara. Por la ventana, forrada con una cortina transparente, entraba la luz matinal del sol. El patito explotaba de felicidad. Salpicó algunas gotas alrededor de la jarra sobre un mantel con diseño de cuadritos azules. Chapoteaba con toda libertad. Alfredo fingía no verlo, con la cabeza gacha.
El patito entrecerró los ojos para mirar el sol placenteramente. Era una imagen conmovedora. Si alguien se hubiera asomado por la ventana, y hubiera visto al indefenso patito disfrutar de la vida como lo hacía éste, quedaría encantado, daría gracias a Darwin o al cielo por permitir una armonía sin maldad. El agua de la jarra, cristalina, limpia.
El inocente patito hubiera querido jugar en compañía de un amigo, quizá con Alfredo. Se le notó en el semblante una aflicción causada por la falta de compañía. Flotando en el agua quieta, quedó pensativo, y tras un breve azotón de su ala en el agua, se acercó a la orilla de la jarra donde había una pequeña escalera. Con dificultad subió a la orilla, primero colocó su pico para impulsarse hacia arriba, luego subió una pata y, con la delicada ala, se ayudó a subir por completo, este esfuerzo lo hizo ver tan indefenso como a una niña de año y medio que tratara de subir sobre algún banco. Parado orgulloso sobre la orilla, sacudió con ternura sus plumas de colores metálicos y brillantes. Bajó sigiloso por las escaleras, no se fuera a caer y romperse una patita. Caminó por la mesa unos pasos y luego se detuvo. Miró afligido hacia Alfredo que seguía con la cabeza gacha.
Alfredo era un niño como de doce años que colgaba de las muñecas, espaldas a la pared, por unas cadenas que lo sostenían del techo. Sangraba de la nariz y tenía varias lastimaduras en el torso desnudo. El patito dio media vuelta y soltó una liga estirada, en forma de catapulta, que impulsó un cuchillo directo al corazón de Alfredo.

-Sabes bien que esto no es justo.- Su voz sonaba tranquila, envuelta en la seguridad de quien se sabe inocente del crimen que se le imputa. Caminaban juntos con paso lento, a través de los largos pasillos de la fortaleza enclavada en lo alto de una montaña.

-Mi papel no es juzgar- contestó su acompañante- sólo ver que se cumplan las leyes. Tú las rompiste y mi deber es detener la rebelión, para llevarte junto con tus seguidores, ante el Alto Consejo.

-Pero ¿Seré juzgado por buscar la libertad? ¿Por apelar a la razón?- Ahora su voz sonaba un poco más elevada. Sus brillantes ojos color miel, contrastantes con el negro de su cabello, parecían casi dorados mientras defendía su postura con vehemencia.

-Por rebelarte contra el orden establecido.

-¿Orden? ¿No quisiste decir “régimen”, Hermano?

Su interlocutor giró lentamente la cabeza para ver el rostro de su otrora compañero. ¿De verdad lo seguía considerando así? Eso parecía.

-Tú sabes que no…- y por un momento dudó. Finalmente no lo llamó de ninguna otra manera.

-Así que seré juzgado. Qué ironía, yo, que fui uno de los primeros…

-El orgullo no es algo que debas cultivar en estos momentos.

-El orgullo parece ser lo único que me queda en estos momentos. Tengo entendido que me quitarás lo que he creado. ¿Quién se hará cargo de mi reino, Hermano? ¿Tú, acaso? O será Gabriel a quien he visto dentro de tu séquito?

-Ninguno de los dos. El Príncipe en persona se hará cargo.

Lucifer se detuvo de repente y encaró a Miguel:

-¿Qué? ¡Pero este planeta es mío! Yo lo creé, yo les dí libertad a sus habitantes. ¡Les di la capacidad de decidir!

-Hasta aquí llega tu rebelión- dijo Miguel.

-¿De verdad? Creo que la rebelión apenas comienza- contestó confiado Lucifer.

Iosephus

No era el mismo, aunque la calva disimulada con la gorra le regresaba algunos años, los pechos caídos y la panza de chelero le daban el aire de señor que tanto despreciaba cuando se miraba al espejo. Y ahí desnudo, Luis escrutaba el otrora cuerpo de deportista, daba la vuelta como bailarina en cajita de música y se miraba las nalgas escondidas debajo de la piel quemada y las estrías que no supieron borrarse ni con aquella pomada verde tan pinche cara. El blues de la calle de enfrente del hotelito se había callado por fin, y los ronquidos de un chilango y un pipope en los cuartos contiguos arrullaban la madrugada en la ciudad.

La noche fue tan larga como los dos quisieron, poco importó que aquella mujer fuera casada y que tuvieran que compartir los gemidos con un concierto de perros, de patas anudadas a la luna y brazos tejidos al nuevo sol, que vino tan puntual como siempre y tocó a la puerta que nunca pudieron cerrar; el viejo portero los vio salir a la misma hora de siempre y dar la vuelta por la misma esquina de ayer.

La señora que limpia los cuartos recogió los pedazos del espejo roto, que ya sabía que le cobrarían otra vez, como siempre, y ella y su marido, con tantos años a cuestas trabajando en aquel lugar, se guardaban sus historias para los nietos, que reían, jugueteaban, y emocionados y asustados le pedían al viejo: ándale abuelo, cuéntanos aquel cuento de fantasmas otra vez.

-         What’s up my nigah?

-         Nuthin’

-         ¿Ya con empleo?

-         ¡Nah!

-         ¿Y eso? Signo inequívoco de que no vales madre.

-         Soy demasiado listo para trabajar.

-         ¡Éramos un chingo y parió la abuela!

-         ¡Putísima y se casó de blanco!

-         Te pasas. Tus padres te van a poner de hinojos, luego de a perrito y no’más te van a temblar las piernitas.

-         Es que me entrevistan pero nunca me hablan. Te digo, soy demasiado listo.

-         ¡Mis bolas!

-         Sí, también más listo que tus bolas.

-         ¿Pues qué te dicen?

-         Lo de siempre, no nos llames, nosotros te llamaremos.

-         ¡Pelas!

-         Te digo que soy bien listo. Hablo español mejor que el 99% de la población hispanohablante, sé francés, se inglés, sé alemán, he ganado chingo de premios de conocimiento, hice una tesis de robotitos que hasta los japoneses mojarían sus bragas por entenderla y pu’s los cabrones no me hablan, eso los asusta.

-         No sabes alemán.

-         Pero ellos no saben que yo no sé.

-         ¿Qué te preguntan?

-         Ignominiosas mamadas psicológicas, ya sabes, mi peor defecto, mi mejor cualidad, cómo me veo en cinco años… lo de siempre.

-         ¿Y qué les contestas?

-         Cabrón, soy prácticamente perfecto en todo lo que hago. Y tengo buena ortografía.

-         ¿Y eso de qué les sirve?

-         De perdido los reportes saldrían divis divis.

-         ¡Qué maricón! Además, el Word los corrige.

-         Si goey, el Word es la gran patata.

-         Salve la gran patata.

-         Y mi mejor cualidad… pues por algo me llaman Dib 28 centímetros.

-         ¡Ja! Te la arrancas.

-         No, no’más me la jalo.

-         Por cierto ¿Quién habla español mejor que tú?

-         Los de metatextos

-         Salve.

-Ya lo viste, como es, esta completo? Anda dime

-Si, ya lo vi, es hermoso, es parecido a ti.

-Se parece a mi? Entonces dime como es!

-Vamos, no seas impaciente, todo a su tiempo, pronto lo tendras en tus brazos.

-Sabes que no podre cargarlo, pero dime como es!

-Tiene tu mismo pelo, negro y brillante; tu misma nariz, que distigue cada aroma; tu misma boca, que siempre dice la verdad y nunca habla de mas; tu mismo corazaon, amoroso, carinoso y dispusto a amar; tu mismo estomago, que come de todo; tus mismas piernas, que caminan y caminan y nunca se cansan; tus mismos pies, grandes y fuertes.

-Aun no se se realmente se parece a mi. Dime como es.

-Su pequena cabeza indica que sera inteligente y sabio, como tu; su corazon late con ganas de vivir y de dar amor, asi como el tuyo; sus pulmones se llenan de oxigeno para llevarlo a todo su cuerpo; su sangre esta en cada rincon de su pequeno cuerpo, que se mueve inquieto y pide libertad para ir de aqui para alla; su pequeno ser es igual que el tuyo, es una copia exacta de ti, de todo lo que eres, de todo lo que das.

-Y de verdad se parece a mi? Aun no lo se.

-Si, se parece a ti, tampoco podra ver.

Preparándome para meterme a bañar, noto que hay un escarabajo en el piso donde está la regadera. Qué dilema. Me da demasiado asco como para quitarlo de ahí con mi mano, pero tampoco me animo a matarlo. Debo hallar una solución. Tengo una cita con Laura y debo estar aseado, pero no puedo hacerlo si hay un bicho ahí. Me vomitaría.

Observo. Veo que hay un hoyo en la coladera. Seguramente el escarabajo vino de ahí. Debo pensar cómo regresarlo, pero sin tocarlo. Busco algún objeto con el cual pueda enviar a ese bicho por la coladera. Buscando a mí alrededor veo una bandeja roja en el lavabo. Tengo una idea.

Tomo la bandeja y comienzo a llenarla con agua. Mi plan es que al arrojársela al bicho, éste se vaya por la coladera. Es un plan perfecto. Ni le hago daño ni tengo qué tocarlo. Soy un genio.

Al llenar la bandeja roja, me preparo mentalmente para lanzársela al escarabajo. Debo hacerlo con suficiente fuerza para que el bicho se vaya por el hoyo. Me decido a hacerlo, tomo impulso y arrojo el agua.

El escarabajo es revolcado por el agua, de manera que queda colocado boca arriba. Ni siquiera se acercó al agujero de la coladera. El bichejo intenta reincorporarse, pero el piso mojado no se lo permite. Lo intenta con una desesperación francamente angustiante. Sólo se escucha el fuerte golpetear de su caparazón en el azulejo.

Creo que la cagué. Para sanar mi error, pienso que es mejor empujar al bicho con la misma bandeja en lugar de arrojarle agua. Acerco la bandeja al bicho intentando empujarle. Sin embargo, cuando estoy a punto de tocarlo, me resbalo y aplasto al bicho con mi codo.

Creo que cancelaré mi cita con Laura.

Caminaba por un parque nebuloso. Parecía que se avecinaba una tormenta, las nubes esponjosas lo anunciaban. Yo lo sentía: algo estaba mal. A mi lado pasó un indigente arrastrando una caja de cartón cerrada. Pasó a mi lado y miré en cámara lenta la caja, la cuerda anudada, el polvo.

Seguí caminando tratando de ubicarme. Miré un periódico tirado junto a una banca: “Desaparece niña…”. Y de pronto lo recordé: estaban desapareciendo niños, por eso llegué allí. Me vino a la mente la caja de cartón y de pronto tuve esa visión: la caja tenía los pedacitos de la niña desaparecida y el indigente que la llevaba se la acababa de encontrar. No se porqué lo vi tan claro. Sólo lo supe.

Un viento frío me dio en la cara y alguien tocó mi hombro. Me di la vuelta y era una anciana que llevaba de la mano una niña de ojos claros.

- Vienen para acá. Corre.

Al escucharla supe que era una de mis guardianas, y fue como si ella, al tocarme me hubiera aclarado todo. El mirarlas me hizo sentir fuerte de pronto y le contesté:

- Huyan ustedes. Yo se qué hacer.

Corrí hacia mi casa. Me metí corriendo y cerré. Miré hacia fuera y ellas se habían ido. Entré al cuarto y tomé tres velas blancas. Cerré y comencé a prenderlas frente a la puerta:

La luz cierra esta puerta…

La vela se apagó sola. Lo intenté una vez más, y otra vez. De pronto, sentí que detrás de mi alguien suspiraba apagándola. Sentí un escalofrío y miedo, nuevamente estaban aquí y habían logrado entrar.

Un jalón a las cobijas me despertó. Miré el techo apacible y azul de mi habitación. Mis guardianas se subieron a la cama ronroneando y sonreí. Nuevamente estaba a salvo.

Al principio estaba el Hombre. Pero éste no se percataba de su entorno y sobrevivía  por instinto. Descubrió el fuego y aprendió a utilizarlo a su favor, y vio que el fuego era bueno.  Al día siguiente descubrió que el metal es maleable, y vio que era bueno.

Llegó la conciencia y el Hombre vio que vivía en las tinieblas.

Conforme fueron pasando los días, el Hombre fue aprendiendo de su entorno. Pero a pesar de su conciencia, el Hombre no estaba consciente del Universo.

Entonces el Hombre dijo: Tengo curiosidad. Y se hizo la luz.

La historia es simple: empezó por el final. Y así que hizo una mueca antes de escurrirse por el pasillo, volverse a parar detrás de mi y jalonearme de las trenzas para darme un beso de despedida. Me gustaba en particular ese tacto duro de sus manos, los dedos torpes, rasposos, inexpertos pero desbordantes de ganas; me gustaba sentirlo experimentar.

A veces creo que olvidaba que mi calor era de mujer, simplemente se resignaba a seguir con alguna de sus muñecas de plástico y cuando le daban ganas me tomaba entre sus piernas para juguetear. Hace apenas dos meses que dijo adiós y luego regresó a la madrugada siguiente y se adentró en la casa con su llave, la depositó en el jarrón y sentí su respirar cuando se desnudaba para meterse en la cama, acostumbrado a ese misterio de ser señor, me tapó la boca con una mano y con la otra hurgó por debajo de la sábana, cabrón, si sabes que duermo desnuda, y su dedo en mi humedad me hizo gemir de tanto placer como antes, como cuando todavía era mi maestro, su alumna inexperta y tonta lamiéndole los muslos para escucharlo retorcerse de placer.

Me gustó venirme otra vez en la oscuridad de sus noches, de su panza en mi espalda, de su sexo agitándose dentro de mi y saliéndose rápido para llenarme la boca de néctar de luna. Me lo trago, bostezo, tomo agua, vocifero mi odio, y se largó otra vez.

Ya se le hizo costumbre al diablo cogerme por detrás, escribí al día siguiente en mi querido diario, ahora aumentan los gastos del mes, la despensa de siempre con un par de líneas que me di a la tarea de agregar:

- Lubricante
- Condones
- Curitas para remendar un corazón.

- Buenas tardes – dijo Héctor, al aproximarse al mostrador de la tienda donde alquilaban amigos.

- ¡Qué tal! – le respondió jovialmente el dependiente, un tipo alto y con rostro bonachón

- ¿Qué tipo de amigo estas buscando? – pregunto disimuladamente el dependiente.

- No lo sé – respondió Héctor – yo sólo buscaba un amigo, no tenía idea de que existían diferentes tipos.

- Un error frecuente – dijo el dependiente, saco de un cajón del mostrador un libro que tenía escrito en la cubierta con letras doradas Catalogo se Amigos” el dependiente le tendió el libro a Héctor.

En el índice se leían muchos tipos de amigos: Amigos Leales, Amigos Atentos, Amigos Discretos, Amigos Divertidos, etc., hojeo el cátalo y se detuvo en una pagina que decía:

Amigos Atentos

Continuamente dispuestos a escucharlo,

A velar por usted,

Estos amigos escucharan la historia de su vida,

Sus problemas y no lo juzgaran.

Amigos Divertidos

Graciosos por naturaleza,

Estos amigos pasaran con usted un rato muy ameno,

Bebiendo cerveza y recordando entretenidas

Anécdotas.

El rato de risa esta asegurado con los amigos divertidos.

Amigos Aduladores

Constantemente alabando sus hazañas,

Estos amigos los seguirán a donde usted vaya,

Siempre opinaran lo que usted opine.

- Te veo dudoso amigo – le dijo el dependiente – sabes me caíste bien, por eso te diré que tenemos disponible a un amigo que posee características de diferentes tipos, claro tiene un alquiler más alto, pero bueno ¿quien no daría un fortuna por un amigo?

- Solo necesito que firmes aquí – dijo mientras le pasaba un grueso contrato de alquiler, Héctor lo firmo sin siquiera leerlo, un amigo era lo que siempre había querido.

- Muy bien – dijo el dependiente – el día de mañana recibirás a tu amigo.

Al salir de la tienda escuchaba los hasta luego del dependiente. Se sentía feliz.

El Sr R, es feliz en su trabajo, ama verdaderamente a su esposa y sabe que ella lo ama a él, porque estas son emociones programadas. Hasta hace 10 años, más o menos en el año 2241, los humanos empezaron a dejar sus emociones en laboratorios, y las cambiaron por un regulador de baterías solares. Cada día se programan acorde a la situación, son alegres y productivos en el trabajo, despreocupados y graciosos en las fiestas y nunca están tristes, deprimidos o enojados, ya perdieron estas emociones negativas que tanto los habían afectado. Y se empezaron a llamar “Alegros”
Cuando los homobots (robots con figuras humanoides) empezaron a caminar en las calles e interactuar con los humanos, estos empezaron a desear ser como ellos, ser dueños de sus vidas sin dejarse dominar por impulsos viscerales .Los primeros en cambiar lo hicieron porque la vida había perdido significado, ya sea por una novia infiel, dolor ante la muerte de familiares, o sencillamente una vida ya sin significado.
El odio no existe en ellos, son libres para ser felices y amar, pues ahora es más fácil, una vez que ingresas en el programa, tus datos son capturados y se te empareja un individuo del sexo opuesto, (se les programa un enamoramiento mutuo) para asegurar la procreación del mejor individuo posible. Si aparece alguien mejor,  se deshace la programación y se crea una nueva con la nueva pareja, y nadie sufre.
Los “Emos” como ahora se les llama a los no se han sometido al cambio, aprovechan la situación y someten a burlas y vejaciones a los “Alegros”, pero ellos ni se inmutan, no saben que es ser rechazado, no saben que es ser un paria, solo saben que son libres de ser felices, productivos y sin importar lo que pase nunca más sentirán dolor.

-Te quiero -dijiste mientras sonreías, tu cara a cinco centímetros de la mía, los ojos grandes brillosos como perlas, tus manos entrelazadas tras de mi cuello, la noche fría y yo incrédulo.

Lo dijiste. No, ¡lo dijiste! Tanto tiempo, tanto esfuerzo, tanto sufrimiento y finalmente logré arrancar esas palabras de tu boca, provocarte ese sentimiento, penetrar en tu alma, hacerme un huequito en tu jodido corazón. ¿Sabes lo que me hiciste pasar? ¿Te imaginas las noches de agonía? ¿Las lágrimas que derramé? ¿Cuántas veces la rabia me hacía morderme los labios hasta sangrar? ¿Que incluso hasta pensé en quitarme la vida? Seguramente ni siquiera te cruza por la cabeza, los peores momentos de mi vida te los debo a ti y si me mantuve en pie fue con un solo objetivo, hacerte pasar lo mismo, así que ahora que me quieres, que por fin lo haces, podré portarme como el patán pusilánime e insensible que tú, mujer, fuiste conmigo, podré darme el lujo de rechazarte una y otra vez hasta terminar con tu autoestima, la vas a pasar mal, muy mal, y no creo que tú seas tan resistente como yo, estoy a punto de decirte que lo olvides, que ya de nada sirve, que no te necesito… y entonces lo escupo:

-Te amo.

¡Carajo! No, no de nuevo… no.

La cantidad exorbitante de reportes que han llegado a las instituciones de Salud Social de México, ha obligado que el tema sea llevado hasta el Presidente. Estos reportes -anónimos todos- indican una disminución de un 40% en el tamaño del pene en hombres entre 17 y 54 años. Los análisis no revelan ninguna otra patología relacionada. Únicamente se les ha hecho chiquito.

Al respecto, han surgido varias teorías, ninguna comprobable. La que atañe a este artículo esta relacionada a un grupo sexual subversivo llamado Las Coyotas.

En México, país machista por excelencia, se considera que los hombres cogen, nunca se los cogen. Por lo tanto, es imposible que existan hombres malcogidos. Sin embargo, Las Coyotas insisten que hay muchos hombres con esta condición sexual y que ellas están para remediarlo. Pero nada es gratis.

Investigaciones encubiertas revelan que estas mujeres eligen a sus presas sin distinción alguna. Los hombres caen en sus redes fácilmente debido a que, citando a la fuente “dan unas pinches mamadotas” y “aprietan como en ola”

Al parecer, todo comienza sin mayor aspaviento, con algunos movimientos de muñeca. Pero en cuanto posan la boca en el glande, la succión ejercida provoca contracciones nunca antes experimentadas, mientras sus manos juguetean por centímetros de piel que el receptor no sabía que tenía.

En el momento de la penetración, cualquier intento masculino por dominar la situación es nulificada con una fuerza extraordinaria y presión que viene del interior de la Coyota, mientras ella cabalga completamente perdida.

A la mañana siguiente, el varón se despierta solo, satisfecho y con algunos centímetros menos en su pene.

En las siguientes páginas se transcriben algunos reportes emitidos por las víctimas, visiblemente afectados por la considerable reducción de su miembro…

Para contrastar con el ejercicio pasado, esta semana no hay instrucciones.

La comunidad metatextual deberá escribir un texto LIBRE de 300 palabras o menos. No hay más límite que su propia imaginación.

Tienen hasta las 23:30 (hora de la ciudad de México) del Jueves 10 de Julio. Como siempre los textos serán publicados a partir de las cero horas del Viernes 11.

Suerte.

UPDATE

LA CATEGORIA CON LA QUE DEBEN GUARDAR ESTE EJERCICO ES “EJERCICIO 17: LIBERTAD”