Había sentido un leve cosquilleo en mis piernas, como si alguien me acariciara con un plumero. Pero no era éso lo que casi logra despertarme. Era un ruido. Un sonido armonioso pero en realidad molesto. ¿Qué era? El cuarto estaba todavía obscuro. Al menos ninguna luz podia sentirse a traves de mis párpados cerrados.
Otra vez el cosquilleo a lo largo de mis piernas, hasta mis pies. ¡Ya! Una de las cobijas cayó al suelo cuando me senté de golpe. Nada. Hasta que una mancha negra y muy grande se movió en el piso. Era una araña. Enorme, negra y con un montón de puntos rojos sobre su lomo. No reaccioné de inmediato. La imagen era absurda pero amenazante. Después de un momento grité, y mi grito competía con el ruido fuerte y rítmico que casi me había despertado antes. ¿Era éso el sonido de otro animal?
Volví a gritar y no dejé de hacerlo, como si de esa manera pudiera matar al bicho y acabar con el ruido. Luego, al sentir el peso de las cobijas sobre mi cuerpo, entendí todo. Abrí los ojos. El sonido extraño seguía ahí. El cuarto estaba ligeramente iluminado. No había ninguna araña y no necesitaba levantar las cobijas para comprobarlo. Me levanté para asomarme. En la base de la ventana estaba una paloma cantando. Me reí de la candidez de aquella situación. Mi mente inventó una araña para lidiar con el arrullo de la paloma.
Volví a la cama a descansar unos minutos antes de que sonara el despertador. Cuando sentí un ligero pinchazo, lo interpreté como el último sueño de la noche. Supongo que la viuda negra que me picó debió haber espantado a la persona que encontró mi cuerpo en la cama, dos días después.
