Ejercicio 35: Mitología Contrafactual

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Arturo sabía de las correrías erótico-amorosas de Ginebra, su reina. Sí, era cierto que Meleagant era un gran guerrero, que Mordret era mortífero en la batalla y que Lancelot, bueno, a Lancelot lo tenía en un alta estima.

Sin embargo, al principio no estaba seguro de que las habilidades bélicas de cualquiera de sus súbditos merecieran el dulce, dulce néctar del cuerpo de su esposa. Aun y cuando la tradición lo señalara, siempre sintió celos de todo lo que Ginebra representaba; si era cierto que ella encarnaba la Soberanía de todo el reino, era entonces obligatorio, en más de un sentido, entregarse a los guerreros que la defendían. Y de ser así, Arturo habría deseado no haberse casado con ella jamás.

Pero Arturo no era un improvisado, había llegado al trono con grandes esfuerzos y sacrificios, aunque ayudado por las artes de Morgana y de Merlín. Sabía cuando la gente le mentía, podía ver su alma a través de sus ojos.

No le gustaba sentarse en la mesa rectangular, al centro, frente a nadie. El carpintero real había muerto de cólera y su hijo era demasiado joven para continuar con el oficio. Su añorada mesa redonda, donde podía sentarse y mirarse frente a frente con sus caballeros no llegaría a tiempo para la deliberación previa a la batalla que se acercaba en Camlann.

Esa fue la razón por la que partió a la guerra entero, sin que nadie le rompiera el corazón. Lancelot había sido capaz de esconder su mirada de la del Rey, sabía que si Arturo tuviera conocimiento de su idilio con Ginebra, la batalla no sería más que un trámite para la muerte.

Lancelot fue muerto en combate pero Arturo volvió triunfante a Camelot. Pasado el tiempo, murió de causas naturales y fue olvidado por la historia.

Era el tiempo de Chaac, el Señor de la lluvia, y su tristeza por los campos secos del Mayab  con sus cosechas demasiado pobres.  Era el tiempo de quemar aquellas praderas y esperar que la tierra recuperase sus nutrientes para tener una siembra buena. Era el tiempo en que los pájaros de la región volaron en torno a la tremenda hoguera que se formó en todo el sector para rescatar las semillas de todas las plantas. Era el tiempo en que dziú mostró gran valor para salvar a los granos de maíz (tanto fue su arrojo que cambió el color de sus alas a grises y el de sus ojos a rojos por quemarse en el fuego). Al volar dentro del humo, encontró casi a ciegas un puño de maíz. Era tanta su determinación que, al alzar el vuelo, dos porciones cayeron de su pico hacia las brasas. Era tanto el calor que los granos, al caer empezaron a explotar uno a uno, emitiendo un sonido seco y hueco y un aroma particular. Toh, eterno rival de dziú quien llevaba una pequeña semilla de tomate verde, se tiró en picada hacia los cuerpos blancuzcos que ahora eran esos granos reventados. Dziú lo veía atónito, resguardando el único grano.

-Ah Mun (Dios del Maiz) y Huehuetéotl (Dios del Fuego) están con nosotros…

Chaac premió a dziú por su valor. A toh le ganó la soberbia y voló lejos.

En una tarde, dziú buscó a toh en su nido. Al fondo, una roseta de maíz inundaba con un agradable aroma el espacio. Toh había salvado al maíz reventón.

El momochtli fue descubierto. Los hombres olvidaron esta leyenda, pero el destino le hizo honor a Toh, la paloma.

La venta de palomitas de maíz representa grandes utilidades a las cadenas comerciales de cines.

 

Isis lloraba en las orillas del Nilo, mientras Neftis le acariciaba sus cabellos y le secaba sus lágrimas. Era de noche y había luna llena.

-    No puedo creer que sea lo que queda de él. – Dijo Isis, apretando muy fuerte uno de los paquetes envueltos en papiro.
-    No te preocupes, ya sabes lo que tienes que hacer.
-    Sí. Lo sé: Reconstruir el cuerpo de mi esposo para engendrar un hijo varón que va a salvar al mundo y vengar a su padre.
-    No te escuchas muy convencida.
-    No lo estoy.
-    ¿Por qué?
-    Porque tuvimos que recorrer todo Egipto buscando pedacitos de alguien, ¿para revivirlo?, ¿tengo que criar un hijo, protegerlo, para que cuando crezca quizás lo maten?

Neftis sonrió un poco y tomó aire:

-    ¿Y si lo hacemos nosotras Isis?
-    ¿Hacer qué?
-    Destruir a Seth.

La voz de Neftis se escuchó como un arrullo… por un momento Isis tuvo miedo, siempre le temió a Seth… y siempre tuvo a Osiris para defenderla. Nunca entendió como fue que su hermana podía ser esposa de ese ente sin temerle.

-    ¿Estás segura?
-    ¿No estás cansada de descifrar oráculos y hacer lo que se les ocurre? Tienen desde que nacieron peleando por el Reino… y nunca van a detenerse.
-    ¿No sientes ningún sentimiento por él?
-    Pues sí, muchos… pero de cualquier manera él va a tratar de destruirme por ayudarte.

Isis miró a su hermana. Jamás consideró contrariar la voluntad de su esposo, y mucho menos desafiar su destino, sin embargo, sintió algo nuevo en su interior: la sensación de poder hacer algo por sí misma.

Ya hemos realizado al menos un ejercicio de Historia contrafactual, aquella en la que nos preguntamos (y respondimos) ¿que hubiera pasado con México de haber formado parte de la URSS?

En esta ocasión vamos a cambiar la historia de lo que nunca ocurrió.

Los participantes de metatextos deberán, en trescientas palabras o menos, cambiar la historia de algun mito. No importa ni la cultura ni la epoca.

¿Cómo hubiera terminado la Guerra de Troya si Héctor no hubiera matado a Patroclo? ¿Que beberíamos en México si Quetzalóatl nunca hubiera conocido a Mayahuel? ¿Que hubiera sido de Loki si nadie lo hubiera castigado?

Tienen hasta las 23:30 horas del Jueves 16 de Abril para entregar sus textos, los cuales serán publicados a partir de las cero horas del Viernes 17.

El Lunes comienza el Metatextón.