Luis se hallaba ante la importante disyuntiva entre elegir dormir dentro del antiguo Cine Cosmos o refugiarse en el también ex cine Ópera. La ciudad y su vida nocturna lo llevaron a él y su botella de Red Cola, sin embargo, a recorrer el Circuito Interior. Con poco tiempo de andar en la calle, aún se le hacía fascinante recorrer las banquetas, porque los más experimentados ya ni siquiera podían fascinarse. Vamos, ya ni siquiera sentir algo. Luis los admiraba, no como esa chica que encontró llorando al lado de su auto, un Jetta jodidísimo, que había quedado con las intermitentes para avisarle a los impacientes que no se movería. La patrulla aún no hacía su ronda.
Luis pasó a su lado como si nada.
-Oye, ¿estás lúcido? –la chica le había hablado.
-¿Que si estoy qué?
-¿Dónde puedo matarme así bien, que de veras quede bien muerta?
-Pus en la calle, ¿no?
La cara de la chica se iluminó y subió a su vehículo. Luis se rascó la cabeza mientras ella giraba el auto en U.
Antes de pisar el acelerador a fondo, le gritó a Luis:
-Nada tiene sentido ¿verdad?
-Pus este es sentido contrario, seño.
-Creo que sí estás lúcido, después de todo. Adoro los chistes malos.
Luis se rascó la cabeza, preguntándose qué significaba estar lúcido y de repente tuvo una epifanía:
-Creo que no tendría sentido irme hasta el Ópera. Está re’ lejos.
Esa noche, sonaron las sirenas de una ambulancia que iban en sentido contrario por el Circuito…
