PLAYA DE PUNTA DE MITA – MEDIO DIA
MIRIAM, se clava en una ola, sale del otro lado y con mucho estilo nada hacia un bote anclado a más de ciento cincuenta metros de la orilla. BRAULIO, torpemente pasa la misma ola y la sigue como puede. No le importa la distancia, ni le avergüenza nadar tan mal a sus dieciocho años. Quedarse en la orilla es impensable.
MIRIAM
(esperandolo sonriente en el bote)
Ándale ya casi.
MIRIAM, con mucha familiaridad busca debajo de la cabina y saca dos cervezas frías, de otro lado toma una toalla y cigarros.
BRAULIO, sube agotado.
MIRIAM
(pasando una cerveza)
Chiflale a Miguel.
BRAULIO, en un segundo intento chifla con los dedos en la boca.
MIRIAM
(levantando su botella)
Mira…Miguel, quien se esta chingando tus cervezas.
MIGUEL, en la palapa no la escucha pero aprueba con el pulgar en alto.
BRAULIO, ríe y lo saluda.
MIRIAM
(desatándose el sostén)
Braulio, me quiero asolear, pero tú tranquilito. Puedes ver pero no tocar.
BRAULIO
(siguiéndola con la vista)
Perfecto.
MIRIAM, acomoda una toalla en el piso y decidiendo en un último segundo se quita también el calzón para luego acostarse boca abajo.
BRAULIO, la revisa atónito varios minutos y después va a la cabina por otra cerveza. De regreso se detiene ante la sorpresa; MIRIAM se ha volteado, ahora se asolea de frente. BRAULIO se sienta de nuevo en la orilla del bote, ahora más cerca de ella.
MIRIAM
(sin moverse y con sus ojos cerrados)
Sígueme contando de tu padrino.
BRAULIO
(carraspea)
Ay cabrón…me tienes sin poder hablar ¿Que te decía?
MIRIAM
(contenta de los apuros de BRAULIO)
Que a tu padrino se le quitó lo ateo después del accidente que tuvo cuando paseaba con su amante. Me decías que lo internaron muy grave….
BRAULIO
(carraspea más fuerte)
Pues…cuenta mi padrino que cuando lo tenían en urgencias, oía entre sueños que preguntaban por un expediente y que oyó muy claro a alguien decir “este lo que necesita es un milagro”. Platica que entonces despertó en medio de una sala circular muy grande, ahí había varios tipos vestidos con túnicas. Todos platicaban pero no le decían nada, entonces mi padrino se acordó del comentario de la sala de urgencias, se acercó a uno de ellos y le dijo ―perdon, vengo por un milagro―. El santo le contesto muy serio ―lo siento, pero no lo conozco―, entonces le preguntó a otros y le contestaron lo mismo. Ya desesperado se regresó al centro de la sala y que les grita -¡Me pueden decir quien putas tiene mi expediente!-. Despertó seguro de que uno de ellos lo salvo.
MIRIAM
(saca un cigarro)
¿En verdad lo cree?
BRAULIO
Sí. Yo le digo que con el alcohol y los golpes alucinó gacho.
MIRIAM
(sonríe)
¿Quieres uno?
BRAULIO, se acerca y se sienta por un lado. Trata de no parecer tan feliz.
