Paz miraba a través del cristal como una niña y su mamá colocaban la estrella al árbol de navidad, corriéndole una lágrima comenzó a agitar sus alas y voló sin dirección alguna en el cielo. Lidia vio al otro lado a Paz, movió su ala para saludarla y no tuvo respuesta, se dirigió a ella preguntándole
-¿Estas bien? ¿Te pasa algo? Ella no respondió solo prosiguió su camino.
Ya cansada se detuvo en un naranjal con su mirada fija al cielo solo se preguntaba que fue lo malo que hizo para que dios la castigara de esa forma.
-¿Señor cuando me devolverás a mi familia?
Recordando los sucesos de haces 5 años, en el que sus padres y su hermana se perdieron en la inmensidad del cielo durante la tormenta. Todo fue un caos, aun después de tanto tiempo no tenia las cosas muy claras, la mayoría de la parvada se desoriento ante el ruido y la luz intensa de los rayos, ya despierta bajo miles de hojas y mojada confundida por un golpe en la cabeza y sangrando su ala derecha, se incorporo mirando a todos lados y gritando
¡Mami! ¡Papi! ¡Melisa! ¿Dónde están?
Llorando y mirando la cicatriz en su ala, deseaba con toda su alma que esta navidad llegara su familia del norte con toda la migración.
Se dirigió en busca de ramas y flores para hacer su propio árbol de navidad y coloco tres pequeñas nueces debajo de el.
Se levanto muy temprano y alisto todo, ella estaba segura, tenia fe que este año su familia llegaría. La parvada empezó a pasar por su nido y muy atenta miraba en el rostro de todos a su familia dio un giro rápidamente cuando escucho
-¡Paz, hermanita!
Todo se volvió silencio a su alrededor en cuanto vio venir a Melisa y atrás a sus papas, los abrazo tan fuerte y gritaba gracias.
Ya sentados en su mesa daban gracias adiós por su bella familia y por dejarles pasar una noche buena juntos.
¡FELIZ NAVIDAD! J
Luna

