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soy un ente dentro de una burbuja, que a veces la picotea con el dedo índice para entrar en contacto con el exterior.

Trance

El interior de su cabeza parece dar vueltas al compás de las aspas del ventilador, un par de pupilas negras ausentes del cuerpo que las alberga giran siguiendo el movimiento, las sombras hacen adivinar la luz al otro lado de las gruesas cortinas, se alargan. De pronto el sonido del teléfono, la bronceada piel cubierta de sudor y veinticinco centímetros cuadrados de ropa interior continua inmóvil; el ruido desaparece por unos momentos, luego vuelve cinco veces más, hasta que un rápido movimiento del brazo lo hace callar.Luego del sopor vino el agua fría resbalando, llevandose los restos de la noche anterior. El espejo dibuja una imagen que habrá de esconder tras la máscara ritual: crema, polvo y brillo. El exterior y la ciudad, personas que esperan ser llamadas por el sacerdote para entrar, dentro la oscuridad lo envuelve todo, las luces al fondo invitan a descubrir si ese caos tiene algún sentido al final. Cada uno va ocupando un lugar, se mira a los lados: nunca arriba ni abajo, nunca a los ojos. Una docena de sacerdotisas recorren el lugar repartiendo bebidas, recibiendo los donativos. El calor va en aumento, el ruido es cada vez más fuerte. Un ser emerge al frente de todo, empieza a controlar el espacio entero, sube la intensidad, las luces se concentran en él y todos mueven sus cuerpos al sonido que escapa de los movimientos de sus manos. Sólo hay que moverse, los sonidos y colores se intensifican y rebasan fronteras, el mundo empieza a desaparecer. Más luz, ruido, más vueltas, pastilla, trago, luego nada.El cuarto oscuro y el ventilador quieto en la esquina. La piel bronceada, el cuerpo inerte, las sombras y el ring del teléfono que empieza a llenar la habitación.