Antes de dar otra arbitraria vuelta al Sol, ocurre uno de los rituales humanos más pintorescos: El cumpleaños de uno de sus personajes más importantes. Uno pensaría que lo adoran, pero en realidad los humanos tienden a adorar a ciertas coníferas. Otros rituales incluyen: el intercambio de regalos inútiles, el consumo de alcohol y animales galliformes, y el ataviado de sus refugios con luces y colores.
-Pinche viejita, ahora si va a ver, llevo once meses preparando esto.
-Ya cálmate, a ella ni le importa, está sola, deja que se divierta adornando su casa, es más, yo creo que este año no va a hacer nada, ni lucesitas ha puesto.
-¡La dejo! pero el chiste es compartir la navidad ¿no? La comparto adornando mejor la casa, para que todos vean que somos más buenos.
-¡Pero el pavo ya es mucho!
-¡Ya te lo expliqué!, los pavos que te venden están bien chiquitos, parecen pollos. Es mejor comprar uno y engordarlo hasta que esté como Dios manda.
-¡Pero es demasiado! me da miedo salir al patio de atrás, se come todo, te apuesto a que si le traemos uno de esos pavitos que dices, se lo come.
-Cállate y ve por el pino. Y que sea natural.
El placer de la pelea no sólo es dado por vencer, sino por ver humillado al contrincante.
-Despiértate, ¡rápido!
-…¿eh? ¡¿Qué tienes?! ¿Qué pasó?
-¡Nos robaron!
-No la chingues, ¿qué se llevaron?
-¿Pues qué más? ¡El pavo!
-Ay, que bueno que pudieron venir. Si vieran que me paso la navidad sola. Por eso la cena, para invitar a todos los vecinos, compartir la navidad y este pavo tan grandote.

