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Tomado de A First Encyclopaedia of Tlön. vol. XI. Haaer to Jangr.

Es por todos sabido que durante las persecuciones religiosas del siglo trece, los tsei vilves se refugiaron en las tierras bajas de Tsai Jaldún en la frontera sur de Uqbar. Entonces reinaba en todo Tlön la efervescencia del cambio y sus habitantes buscaban nuevas formas de redefinirse ante el caos de la no existencia de un dios en particular al cual rendir culto. Uqbar y sus provincias no eran la excepción.

Los habitantes de Tsai Jaldún, conocidos a lo largo de la historia aparde de por ser perfectos criadores de caballos salvajes, por haber descubierto y perfeccionado el proceso de los hrönir fueron pieza clave para que los tsei vilves se interesaran en crear a través de éste un dios a su medida.

En los descalabros de tan peligrosa misión, no previeron la abominabilidad de sus espejos de piedra y surgieron no solo un dios, muchos dioses, un nuevo sistema solar con imperfectos planetas, entre los que figuraba uno llamado tierra, dividido perfectamente en dos areas territoriales. Fue tan fuerte la maniobra, que no tardaron en aceptar que el caos creado era incluso peor que el propio.

Fue entonces que Lidhca vilvesi, libre pensador y lider de ese movimiento, propuso a los tsei vilves crear los suficientes hrönir para permitirse llegar al noveno grado y luego enterrar los espejos y entregarse a la destrucción total, y así permitir a tierra y sus dioses que en un arrebato de egoísmo nataural de su imperfección creyeran que ellos fueron quienes crearon Tlön y todo cuanto en el había y no como en realidad había sucedido. Esta se considera entonces, la gran batalla contra si mismos.

Aquella noche en que le pedí a Hernán que me regalara un zombi por mi cumpleaños sabía que no me lo negaría. Cuando niña tuve uno, vivíamos en la región de la playa y me lo regaló mi padre por mi cumpleaños numero siete. No le compres eso Juan, dijo mi madre en el espanto, tu tendrás que pagar los destrozos que haga. Pero no hizo ninguno, el calor y los peces con que intenté alimentarlo no le cayeron bien y murió antes de poderlo mandar siquiera a procurarse algo ´decente´ para comer, ya lo imaginaba yo colina abajo corriendo con trote torpe a la playa para buscar algo, al menos el brazo de algún turista, pero nada, dejó de existir la vez que intentando masticar una estrella de mar le tronó la mandibula y al querer acomodarsela le corté yo misma la cabeza.

Antenoche cumpli treintaysiete. Hace mas del mes le había pedido a Hernán el regalo. Para su creación se requiere de la luna y ese día era el justo, por eso no se negó. Me amaba. La noche de mi cumpleaños me trajo el envoltorio en correas de hierba calihuia, entonces supe que era mi zombi.

Al abrirlo estaba con su rostro gris y los ojos desorbitados articulando gemidos e intentando desprenderse de la hierba, fui la aprendiz de hechicera mas feliz de la isla.

Antenoche cumplí treintaysiete y ayer, mi zombi salió solo a cazar. Obtuvo lo que necesitaba, pero tengo que entrenarlo porque se comió a Hernán y destrozó a dos familias por la calle trece. Tengo que enseñarlo a no cazar mas de lo que se puede comer.

Creo que voy a extrañar a Hernán.