Articles by Azhatoth

Dedicado al trabajo en el laboratorio, me fascinan los videojuegos y las películas de terror, de libros extranjeros Stephen King (mi favorito) H.P Lovecraft y J.R. Campbell, nacionales Juan Rulfo. Para la música soy poco quizá The Eagles y algo de Ska

- ¿Dónde estoy? ¿Cómo llegué hasta aquí?-

Lo último que recuerdo es que caminaba en la oscuridad del parque de regreso a casa y de pronto…… nada.

Tirado sobre mis espaldas con las manos y las piernas atadas no puedo moverme, una herida de mal aspecto en mi costado derecho me produce un intenso dolor cuando trato de hacerlo, sus bordes amoratados se agitan al compás de mi respiración.

- ¿Dónde estoy? -

Las sucias bombillas que cuelgan del techo están  protegidas por cestas metálicas y proyectan una luz mortecina sobre lo que parece ser un túnel que se antoja interminable. Las desgastadas paredes de adoquín están cubiertas en tramos por un infecto limo de color pardo donde eventualmente se observan movimientos furtivos, aquí y allá se distinguen hongos blancuzcos y viscosos de apariencia venenosa. A mi lado corre lentamente el agua, turbia y de un color casi negro despide vapores de un hedor asfixiante, en ella flotan objetos de aspecto indefinible.

Algo se acerca. Una enorme rata viene hacia mí caminando con desconfianza, ocasionalmente se detiene y levantándose  sobre sus cuartos traseros olisquea el aire; sus ojillos, negros como dos gotas de aceite no me pierden de vista.

Me agito furiosamente para tratar de alejarla pero el dolor me obliga a detenerme, la sangre comienza a manar abundantemente por la herida

Ella permanece a distancia, con aspecto severo parece analizar la situación.

Me siento cada vez más débil, mi visión se hace borrosa, lo último que atino a pensar es como se sentirá su áspero y húmedo pelaje al contacto con mi piel y sus amarillentos dientecillos hundiéndose en mi carne.

DETIENEN A HOMBRE QUE DESCUARTIZÓ A SU MADRE.

 AP
El Universal
Las Vegas, Nevada.
Viernes 13 de junio de 2008
 

El sujeto de nombre Albert Fish de 36 años y dueño del restaurante “The grill” localizado en esa misma ciudad fue detenido esta mañana en su casa por un grupo de agentes estatales encabezados por el teniente William Graham.

 

Los empleados de “The grill” se mostraron consternados al ser entrevistados y manifestaron incredulidad ante la posibilidad de que Fish, al cual calificaron como una persona amable y reservada, fuese responsable del abominable crimen. 

Hace apenas una semana el restaurante se dio a conocer a nivel mundial por ofrecer al público la hamburguesa más cara del mundo ($5000 USD), la cual, según los pocos consumidores que tuvieron la oportunidad de degustarla se caracterizaba por el delicado sabor de su carne.

La desaparición de Helga Fish fue denunciada por su hermana Henrriette quien desde hacía mas de un mes trataba infructuosamente de localizarla. Al entrevistarlo en su casa los agentes se percataron que Albert actuaba con nerviosismo cayendo en varias contradicciones al cuestionarle sobre el paradero de su madre.

 

Según fuentes extraoficiales el cadáver de la señora Fish fue encontrado dentro de un congelador industrial en el sótano de la casa, cortado en piezas pequeñas y almacenado en bolsas de plástico. La misma fuente señaló que el análisis forense preeliminar parece indicar la ausencia de algunas partes del cuerpo lo que sugiere un posible acto de canibalismo.

 

 

Pasaron varios años hasta que volví a ver a Arturo Belano. La última vez corríamos juntos, tratando de escapar de las guardias que cerraban los accesos de la plaza donde la protesta, abruptamente interrumpida por ráfagas de ametralladora, se había desarrollado. A lo lejos se escuchaban todavía las voces suplicantes y los lamentos de los heridos. Acurrucados uno contra el otro en el dintel de una puerta, el miedo me subía por la garganta con un sabor acre.

- Tenemos que separarnos - Me dijo - Si nos ven juntos te van a chingar a ti también -

Asentí con la cabeza, tratando de fingir normalidad comencé a caminar en dirección opuesta. Ya estaba lejos cuando les oí gritar.

- Ese cabrón es uno de los organizadores - Vociferaba un militar vestido de paisano.

Por el rabillo del ojo vi como a culatazos lo sometían.

Pasó mucho tiempo, de habladas supe que estaba recluido en San Juan de Ulúa. Una parte de mi dio gracias al cielo por no compartir la misma suerte, aunque otra, con voz acusadora me juzgaba con severidad por mi cobardía.

Ahora estaba allí, tocando a mi puerta, vestido con harapos y el cuerpo cubierto de tierra y arañones.

- Se había escapado - me dijo - le seguían y necesitaba de mi ayuda -

Con un abrazo fraternal le recibí, era la oportunidad de reivindicarme. Después de comer le ofrecí mi mejor cama, se recostó cayendo rápidamente en un profundo sueño.

Pasaba la media noche cuando tocaron la puerta, aturdido me dirigí a abrir cuando ésta fue abatida y con presteza me tomaron prisionero. Comenzaron a golpearme mientras repetidamente me preguntaban - ¿Dónde está? -.

Acobardado señalé la habitación. Me exigieron que los llevara, con el peso de mi conciencia a cuestas abrí la puerta. El viento se colaba por la ventana abierta, miré al alrededor pero no encontré a nadie.

Decidimos terminar con nuestra mansedumbre. Nuestros espíritus inflamados por las arengas del autoproclamado Líder pusieron fin, apoyados en la fuerza de las armas, a décadas de opresión capitalista.
Jubilosos corrimos por las calles agitando nuestras manos gritando.

- ¡Viva la Segunda Revolución! -

Nos regocijamos ante la desaparición de la individualidad y del concepto de propiedad, al ver despojados y públicamente humillados a aquellos quienes en su momento nos despojaron y humillaron. Ahora todo era de todos, no habría ya más ricos ni pobres, todos seríamos iguales.

Gustosos marchábamos diariamente al trabajo, seguros de que a nuestro regreso habría comida suficiente en la mesa, de que no tendríamos que preocuparnos nunca más por la salud, la educación y el trabajo para nuestros hijos. Nuestro gobierno en su sabiduría y generosidad nos proveería.

Los más decidieron perpetuar el idílico paraíso, apoyando a su bienamado “Mesías” cuando decidió permanecer a la cabeza. Solo algunos nos opusimos, pensando en que las cosas iban demasiado lejos, pero nuestras voces fueron acalladas por la multitud.

- ¡Retrogradas! - Gritaban -¡Enemigos de la Patria y del Pueblo! -

Sin embargo, con el paso del tiempo, las cosas cambiaron lenta y progresivamente. La corrupta depredación de la empresa pública fue haciendo nuestras raciones cada vez más exiguas al grado de ser insuficientes, aún para satisfacer nuestras más elementales necesidades. Las detenciones de los detractores del régimen, en un principio esporádicas se suceden ahora con pavorosa frecuencia, la ominosa sensación de un ojo omnipresente que nos vigila incansable. Se nos impide viajar, los que se van sabiamente no regresan, estamos presos dentro de nuestras propias fronteras.

Escribo esto desde la recientemente reinaugurada prisión de San Juan de Ulúa, bajo la vacilante luz de una vela que se consume. Quizá alguien lo lea, después de que todo haya terminado, para que conozca la historia y no se vea, como nosotros, obligado a repetirla.

El primer tonto de tu vida quiero ser

La música salía estridente desde el interior de la cantina.

El Chivo se incorporó trabajosamente del suelo mientras que un parroquiano abría la cortina y pasaba tambaleante a su lado. A pesar del hambre y de la boca seca decidió no pedirle nada, a esas horas todos estaban bastante pedos e igual de jodidos que el, lo único que sacaría sería una mentada o una madriza. Lo mejor era irse al callejón, hacía mucho frío y no tardaban en empezar a pasar las patrullas. A sus sesenta años no quería pasar la noche enchiquerado. Recogió sus bolsas y comenzó a caminar.

La oscuridad del callejón le resultaba acogedora, después de todo era su casa. Al sentir su presencia un par de ratas salieron de entre las bolsas y huyeron despavoridas.

- ¡Orále!, a la chingada - Gritó con una mezcla de tristeza y jovialidad.

Estaba ya acomodado cuando en la penumbra escuchó un quejido. De la bolsa de su raída chaqueta sacó la desconchada navaja. Cauteloso se acercó al sitio donde provenían los ruidos.
Tirada en el piso sobre un charco cada vez más grande estaba la mujer, la sangre manaba al menos por una docena de heridas.

- ¡Chofy! ¿Qué te pasó? –
- El puto del Jarocho. Se me hace que después de todo no voy a ir a ningún lado - Respondió la mujer con una sonrisa.
- Deja te llevo a la Cruz pa que te compongan -
- No Chivito. Mejor vamos a quedarnos aquí un ratito -

Con su cabeza sobre las piernas le acarició el cada vez más rojo cabello mientras que moría lentamente. A lo lejos se escuchaba la misma canción por tercera o cuarta vez.

De cualquier modo yo te di mi corazón.

- Desayuno continental por favor - Dijo Luís a la camarera

A esas horas de la mañana era un milagro que hubiera encontrado una mesa en el atestado restaurante del aeropuerto.

La mujer, tras dirigirle una sonrisa institucional se retiró contoneando su generoso trasero enfundado en una ajustada falda caqui. La imagen de ese trasero desnudo apoyado sobre una reluciente mesa de cocina le cruzó por la mente. La paladeó por un momento y la descartó.

Abrió su periódico y comenzó a leer los encabezados.

Casi terminaba con la primera plana cuando ella regresó, equilibrando en una mano la bandeja. Tras depositar su contenido se marchó, ya no sonreía.

El café despedía un aroma estupendo. ¿Demasiado temprano para “condimentarlo”? Que va nunca es demasiado temprano. Se alargó en dirección a la valija a sus pies buscando la licorera. Tanteó infructuosamente las bolsas laterales.

- Carajo solo falta que la haya perdido -

Corrió un poco la cremallera principal, lo justo para introducir la mano sin desparramar por el suelo el contenido. Que extraño, no recordaba haber llevado ninguna prenda de color negro. Se trataba de un atuendo clerical.

Recordó la última vez que extravió su maleta, pasaron casi tres semanas hasta que la recuperó.

- Mierda -

Se decidió a huronear un poco más. Encontró una foto en blanco y negro de alguien que le resultaba vagamente conocido, un pasaporte en blanco y ¡Oh Dios! una enorme fajilla de billetes.

- Disculpe - Le dijo el extraño de mediana edad elegantemente vestido que tocaba su hombro - ¿Podría acompañarme?

Se percató del objeto cilíndrico apoyado en sus costillas. Sin decir nada se levantó y ambos se dirigieron al baño.

Quince minutos después Damián salía gritando histéricamente.

- ¡Hay alguien muerto allí adentro! -

La maleta y el extraño habían desaparecido.

Bunny se ve serena aunque no puedo distinguir sus ojos. Estoy contento con eso, su espíritu es fuerte y eso me tranquiliza. A su lado Jacob y Ámbar riñen por algo que no alcanzo a distinguir. Bendita inocencia. Ella revuelve sus ensortijadas cabelleras.

- Niños, no peleen - les dice con una sonrisa.

Yess se acerca y les toma de la mano.

- Vengan, les invito un helado -

En el rincón más alejado del cuarto, encogida y con las manos sobre el rostro está Princesa. Ha venido sola. Su mirada se cruza con la de Bunny al levantar la cabeza. Después de un momento de incertidumbre muestran ambas una tímida sonrisa.

- Hola, ¿Cómo como estas? - Le pregunta Bunny acercándose.

- Triste - responde Princesa rompiendo en llanto - ahora que Papá no está me siento muy sola -

Grandes lagrimones corren por sus mejillas.

- A pesar de todo lo amaba y lo extraño mucho -

El abrazo de Bunny hace que Princesa se sobresalte.
- No estas sola, El te amaba también y se que ahora los cuatro tenemos un ángel que nos protege desde arriba -

Si pudiera sonreír lo haría, ahora sé que todos estarán bien y que puedo marcharme tranquilo. Solo quisiera decirles algo más, Bunny, Princesa, Jacob, Ámbar los amo.

Veo acercarse a Mamá y Papá.
- Ven con nosotros - me dicen.

En la oscuridad paladeo los recuerdos mientras acaricio tu pelo, duermes plácidamente a mi lado como si las fuerzas por completo te hubiesen abandonado.

Recuerdo cuando subimos las escaleras, tú, orgullosa de haberme halagado con aromático trabajo en la cocina, yo, orgulloso de lo que había preparado.

Al abrir la puerta del cuarto noté la sorpresa dibujada en tu rostro.

- Hay amor - suspiraste.

Las fragancias del incienso de vainilla y los pétalos de rosa que cubrían la cama se combinaban.

- Desnúdate - te susurré al oído - Estas cansada, necesitas relajarte.

Lentamente te despojaste de la ropa mientras me dirigías ocasionalmente tímidas miradas. Te tumbaste en la cama, mis manos cubiertas con bálsamo de mentol se posaron en tu espalda, un ligero gemido salió de tus labios cuando comencé a frotarla. Con suaves movimientos me ocupé de ti, desde la punta de los pies, hasta los dedos de tus manos, pasando por tus torneadas piernas y generosas caderas. Los vapores de mentol me inundaban los sentidos haciéndome lagrimear los ojos.

- Tengo frío - dijiste.

Te acerqué la taza con té de manzana y canela. Bebiste algunos sorbos. Te arropé.

Nuestros labios se acercaron, nos besamos. Recuerdo tu sabor y nuestras lenguas jugueteando.

- Hazme el amor - me pediste.

Me desnudé y cuidadosamente te penetré. Al respirar sobre tu cuello percibí el olor de tu pelo, inconfundible, tan tuyo, como de yerbas y eucalipto.

Todo se aceleró, los gemidos en mi oído, los enérgicos movimientos de tu cadera, tus uñas hendiendo la piel de mi espalda. Y de pronto la explosión, estertores y un te amo entre gritos ahogados. También un nuevo olor, delicioso, que emanaba de entre tus piernas.

Ahora todo eso se ha difuminado en el aire contenido entre estas cuatro paredes. Pero en mi mente el recuerdo es vívido, como grabado al fuego.

Tengo sueño, mis ojos se cierran.

John escuchó pasos acercándose, se levantó del sillón y bajó el volumen de la televisión. El roce de la camisa le produjo un vivo ardor en el costado, allí donde la llaga más grande estaba aún en carne viva y supuraba.
Tomo la escopeta dirigiéndose hacia la puerta. Debo ser cuidadoso – pensó – especialmente con tantos menesterosos rondando en las calles. ¿Por qué el gobierno no hacía algo al respecto? ya ni siquiera en una ciudad antes tranquila como Davenport se podía estar en paz.

Los pasos se acercaban, era Hanna, su hija que regresaba con la ración diaria de agua. Hacía más de tres horas que se había ido y dos desde que cayó la noche, por lo que había pasado de estar preocupado a molesto.
Quitó los cerrojos y abrió la puerta de golpe dispuesto a reprenderla pero las palabras se ahogaron en su garganta al ver el miedo dibujado en su cara.

- ¿Estás bien? – preguntó.
- Si - respondió – vi un papel en un poste que decía: el fin se acerca, arrepiéntete, Dios aún puede perdonarte. Me asusté, pensé en todo lo que ha estado pasando, la guerra, el calor que nos impide salir, lo difícil que es conseguir agua y comida, las llagas y todo lo demás.
- Eso es mentira – la atajó – esto pasa por que fuimos descuidados con el planeta, contaminándolo, consumiendo los recursos y la guerra es porque aún hay gente que no es libre.

Hanna se acercó a la ventana mientras su padre subía de nuevo el volumen del televisor. De pronto las luces comenzaron a cintilar y se apagaron.
- Mierda – vociferó John – Sólo esto me faltaba
Desde la ventana escucho a su hija decir:
- Que raro, no se ve ninguna estrella, ni la luna –

Y entonces comenzó a temblar.

Escondida por los rincones temerosa de que alguien la vea…

La noche transcurría lúgubre y fría, lloviznaba, Sofía recorría la calle por enésima vez.

- Si sigue así me voy a ir en blanco de nuevo - Se repetía.

Los 50 habían pasado hace tiempo y cada vez resultaba más difícil disimularlos para ganarse la vida. Además estaban las madrizas que le daba el Jarocho. Hoy por ejemplo, había tenido que ponerse medias obscuras y una falda más larga para cubrir los moretones.

Un bracito ya se le rompió, su carita está llena de hollín…

- Hijo de la chingada, si por lo menos hiciera bien lo que dice que hace y los cuicos me dejaran de joder.

Dando tumbos un trasnochador se acercaba lentamente.

- Hola papi. ¿Quieres ir al hotel?
- Vete al carajo – Recibió como respuesta.
- Pos entonces chinga tu madre- Gritó.

Tus amigos no son los del mundo porque te olvidaron en este rincón…

Con el viento, el frío calaba en los huesos y se le ocurrió una manera de quitárselo. Comenzó a caminar hacia el callejón mientras sacaba la bolsa de cemento.

De repente, un ruido entre las bolsas de basura.

- ¿Eres tú Chivito?- dijo con voz trémula.
- Si mi Chofy. ¿No trairás un pesito pa’ la cruda?- Contestó el anciano, levantándose trabajosamente.
- Ora si te amolaste Chivito porque no saqué ni pa’l café.
- No te agüites Chofy, mañana nos va mejor.

Te quiere la araña y el viejo veliz, también yo te quiero y te quiero feliz.

- Si mi Chivito, mañana dios dirá – Dijo sonriendo.

Caminando de nuevo por la calle Sofía pensaba - Chingado, esto ya no deja, a ver si un día de estos me regreso pa’l pueblo.

También yo te quiero y te quiero feliz.

El sol se cuela por la ventana y me lastima los ojos, desperezándome me levanto de la cama maldiciendo. Fue una noche de perros y solo pude dormitar un poco. El despertador comienza a sonar, son las 8:00 a.m. y pronto vendrán a buscarme.

¿Cómo se me ocurrió involucrarme con esos tipos?

Creí que todo estaba bajo control y que podría pagarles, que era lo suficientemente bueno como para engañarlos a todos y salirme con la mía. Fui un imbécil, sabía que de no hacerlo no habría excusa válida para zafarme, simplemente cuando llegara el momento tendría el dinero o no, y ellos me dejarían ir o me romperían las piernas. Pero no me importó. La oportunidad era tentadora y yo tan encabronadamente bueno, era imposible que las cosas fueran mal.

Fui un imbécil y ahora estoy completamente jodido.

No se a quien recurrir ni donde esconderme, saben mi nombre y donde vivo, conocen a mi familia y saben donde encontrarla. Tengo miedo, mucho miedo. Un sudor frío me recorre la espalda.

En la penumbra distingo el crucifijo que me regaló mi madre cuando era pequeño, pobre mujer, siempre tan devota y tan preocupada. ¿Qué sentiría si me viera ahora?

En un arranque de desesperación caigo de rodillas frente a él y rezo con frases inconexas, pido por mí, por encontrar una solución, por que sean comprensivos y me den un poco de tiempo.

De pronto una voz susurra en mi oído.
- Mira a tu derecha - me dice.

Asustado giro mi cabeza y en el espejo de pared observo mi reflejo.
- Si eres tan bueno como crees ahora tú eres Dios y ya no me necesitas -

Alguien sube por las escaleras y golpea mi puerta, ruego por que sea rápido y para que dejen en paz a los míos.

3:34 p.m. En la guarida de la liga

- El Fajamaleón secuestró a Lupe tres piedras – grita Falopio.
- En este momento le han de estar dando violín entre el y sus secuaces - responde Condonman aventando su “sensacional de maistros” – hay que convocar a los demás –

Mientras tanto, en el centro de sano esparcimiento “El éxtasis de los dioses”.

- ¡Chaaaale, Drucker!, la condoseñal – Señala el Naco, botando a su curvibuena amiguita
- Rápido, vámonos antes de que nos cajetén como la última vez – contesta Drucker – Nomás me refino esta ultima bironga y le llegamos -

4 horas y 6 cartones después, ya en la guarida.

- ¡A ver a que horas cabritos! – vocifera Condonman.
- Pssss, es que no dábamos. Y, pos, está bien relejos – Se justifica el Naco
- ¿Ya estuvo, no? – dice Drucker encabritado - A ver, ¿que coños pasó? -.
- Pos que el Fajamaleón le dio el levantón a la Lupe – explica Falopio.
- ¡No succiones! ¿A la Lupe? – Repite el Naco - Vamos a partirle su mandarina en gajos –

2:15 a.m. En la tenebrosa, caliente y húmeda cueva del villano.

- ¡Ja,ja,ja,ja,ja ora si mamacita vas a probar lo que es bueno!- advierte el Fajamaleón mientras recorre a Lupe con cachondas miradas.
- ¡Noooooooooo, por allí no!- Se desgañita gritando Lupe – Mhhhh. Bueno, pero nomás despacito -
- Déjense hay y levanten las manos cabritos, ya les cayó la de hacer niños – Amenaza Drucker sujetando su potente arma.
- ¿Y a ustedes quien jijos de la tiznada los llamó? - Replica molesta Lupe.
- Utssss… que genio, si ya nos íbamos – se disculpa apenado Condonman – ¿Regresamos en una hora pá llevarte a tu casa? –
Al alejarse, se escucha entre pujidos la voz entrecortada del villano diciendo: ¡Mejor que sean dooooos!

Tengo que encontrarlo, aunque sea lo último que haga tengo que encontrarlo. Esas palabras resuenan en mi cabeza constantemente.

El muy cabrón me lo quitó todo y tiene que pagar. Es lo único que importa.

Aún recuerdo su mirada al despedirse esa mañana, un simple adiós y un te amo.

Desearía poder regresar el tiempo e impedirle a cualquier precio que se marchara. Carajo, si al menos hubiese estado lo suficientemente despierto y sobrio para saborear el sonido de sus palabras por última vez.

El calor del desierto me agobia y el sol me ciega.

Un águila real me acompaña desde partí. Debe ser un buen augurio.

A lo lejos se distingue ya el bar donde suelen reunirse. Espero no me reconozcan, después de todo solo nos topamos un par de veces.

A esta hora de la tarde el sitio luce vacío. El está sentado junto a la barra bebiendo, parece desprevenido y lo mas importante, solo.

Me acerco despacio sorteando las mesas, de entre mis ropas tomo el arma, la vieja .38 que estaba en el bolso cuando recuperé sus cosas en la morgue.

No te preocupes cariño, esta me cuida. Repetía cada vez que me dejaba.

Solo con ella debe morir, solo así las deudas quedarán saldadas.

A esta distancia no puedo fallar, pero debe de mirarme, quiero que mi rostro sea lo último que vea.

Ya lo ha hecho, en su boca se dibuja una sonrisa, no parece sorprendido.

A mis espaldas un estallido. Un agudo dolor me impide permanecer de pie.

Caigo de bruces y entre risas les oigo acercarse.

-Imbécil- Vocifera mientras me patea la cara.

La sangre mana por mi espalda y me recorre la columna, se que voy a morir, pero lo que más me duele cariño es haberte fallado, lo siento.

José se despertó sobresaltado al escuchar llorar a su hermanito, en el reloj eran las 3:34 a.m. del ya 25 de diciembre. Hacía apenas una hora desde que su madre había llegado, riendo a carcajadas con su acompañante, ambos despidiendo un intenso olor a alcohol.

Tras la cortina que separaba su cama ahora parecían dormir pues no se escuchaba nada más que su respiración y el llanto del pequeño. Se acercó a la cuna y le ofreció el sucio biberón que tomó al instante y comenzó a mamar.

A su mente vino el recuerdo de la fecha y de sus compañeros de escuela que durante el recreo comentaban animosamente de los regalos que esperaban recibir.

- Que caray, decía uno, me he portado muy bien durante el año y creo que Santa no me defraudará con el videojuego que le pedí.

- Pues yo no lo he hecho tan mal, respondía un segundo por lo que no espero menos que mi bicicleta junto al pino.

José solo los escuchaba y trataba de imaginar que es lo que el podría recibir de manos de su madre.

Caminando lentamente se acercó al arbolito, y hurgó entre las cajas vacías forradas por con papel brillante, nada, su madre lo había olvidado de nuevo.

A través del opaco cristal de la ventana se distinguían las casas profusamente decoradas con luces y adornos navideños.

Sentándose sobre sus piernas una lágrima corrió por su mejilla y para sus adentros se dijo: “Quizá no exista la navidad para la gente como yo”.