- ¿Dónde estoy? ¿Cómo llegué hasta aquí?-
Lo último que recuerdo es que caminaba en la oscuridad del parque de regreso a casa y de pronto…… nada.
Tirado sobre mis espaldas con las manos y las piernas atadas no puedo moverme, una herida de mal aspecto en mi costado derecho me produce un intenso dolor cuando trato de hacerlo, sus bordes amoratados se agitan al compás de mi respiración.
- ¿Dónde estoy? -
Las sucias bombillas que cuelgan del techo están protegidas por cestas metálicas y proyectan una luz mortecina sobre lo que parece ser un túnel que se antoja interminable. Las desgastadas paredes de adoquín están cubiertas en tramos por un infecto limo de color pardo donde eventualmente se observan movimientos furtivos, aquí y allá se distinguen hongos blancuzcos y viscosos de apariencia venenosa. A mi lado corre lentamente el agua, turbia y de un color casi negro despide vapores de un hedor asfixiante, en ella flotan objetos de aspecto indefinible.
Algo se acerca. Una enorme rata viene hacia mí caminando con desconfianza, ocasionalmente se detiene y levantándose sobre sus cuartos traseros olisquea el aire; sus ojillos, negros como dos gotas de aceite no me pierden de vista.
Me agito furiosamente para tratar de alejarla pero el dolor me obliga a detenerme, la sangre comienza a manar abundantemente por la herida
Ella permanece a distancia, con aspecto severo parece analizar la situación.
Me siento cada vez más débil, mi visión se hace borrosa, lo último que atino a pensar es como se sentirá su áspero y húmedo pelaje al contacto con mi piel y sus amarillentos dientecillos hundiéndose en mi carne.

