Articles by Boqueño Inapasionado

♪Dale bo, dale bo, dale bo.
Pongan huevos que aquí no pasa nada.
Los huevos del equipo, los huevos de la hinchada,
dale Boca, que vamos a ganar♫

Me pidieron recitar un poema. Me fusilé uno que leí en un blog. Mi preferencia por este tipo de escritura prácticamente es nula: Guarrísimo.

Un pinche negro panzón y una vieja que sólo habla de dildos, palenques y venidas, respondí después que preguntó por ellos. Su mirada; miedo.

Fui a la parroqia donde fui bautizado. Conocí a Gladys, cuerpo escultural y cara hermosa. Conseguí un número y yo sólo iba por mi apostasía.

Te pierdes en el pasillo que conduce a tu habitación, eres un pendejo. Te pierdes en el bosque, olvidaste el mapa te percatas, estás jodido.

Ella te bailará sensualmente, contoneará las caderas, tendrás una ereción. Lentamente se deshará de sus ropas, tú sufres eyaculación precoz.

Cuando estabamos en las cantinas sin lana mi compadre les pedía dinero a las meseras, si se negaban les propinaba un cachetadón. Era cabrón.

Mujer, dame feria, dijé. No tengo, Alberto, me respondió. Sin dudar le dejé ir toda mi mano a la cara. No soy cabrón como mi compadre, snif.

Fui a una clase de baile y dejé mis cosas junto a las demás pertenencias. Tardé en reaccionar. ¿Quién chingados se roba libros en este país?

Recuerdo la primera vez. Mis dedos fueron ágiles, precisos y veloces. Excitación y orgullo al lograrla en mi juguete con forma de guitarra.

A todos mundo le pasa, creemos que sólo escribió CF. Pero cuando salió con que eran dos autores distintos tuve que romperle la madre. Pendejo

Me miró directo, no pude sostener la mirada. No era digno. Sus ojos ¡Qué hermosos! Claros y verdes. ¡Oh, Dios! ¿Por qué nací 40 años antes?

Seis forajidos perseguían una mujer. Iban a violarla. Los ataqué por sorpresa y los maté. Antes que dijera algo la disfruté.

Consideré seriamente en suicidarme, pero preferí hacerme una chaqueta. ¿Ja!

Extendí mi mano izquierda y le dije al conductor “Dame 10 varos” como me enseñó El Ferras, el cabelliza de la palomilla. El vivir en la colonia me hacía parte de la palomilla por default. La mayoría del tiempo evitaba juntármeles, prefería librar los problemas y ellos siempre se metían en alguno con tal de mantener sus vicios. Como podían se las apañaban para chelear diario y fumar mota los fines de semana.”No tengo nada” dijo malhumorado y sin voltear a verme, previsto esto le reviré con tono autoritario “no te estoy preguntando, te estoy diciendo que me vas a dar 10 varos”. La palomilla me tildaba de monaguillo y pendejo por preferir trabajar honradamente por un miserable sueldo. Siempre buscaban a quien chingar, eso no va conmigo pero como miembro debía entrarle a la coopera, o como yo decía pagar tributo.

Todos tardan en comprender, este tipo no, sacó la billetera y sin tratar de ocultar su contenido me ofreció un billete de 20 “ahí tienes uno de cien” dije. Su mirada debía mostrar miedo, como siempre sucedía, pero su mirada no expresaba nada. Eso no estaba previsto pero funcionaba, devolvió y cambió por el de 100. Mi hermanito se emfermó y sin seguro popular debíamos pagar los estudios urgentemente, por eso le pedí al Ferras me echara la mano. “Nomás porque eres de la flota “trabajarás” en mi office, ¿sale?”

El conductor me desconcertó. “Ten, toda mi billetera”, no paró ahí. Comenzó a darme sus cosas: anillo, cadena, iphone; vació sus bolsillos y tuve que usar las dos manos. “Pero sabes, no creo que sea justo, te llevas mínimo unos 20,000 ¿y yo? Debes de retribuirlo, yo no quiero nada, que pida la niña” Sin tiempo para asimilarlo lentamente bajó la ventanilla trasera y pude vislumbrar una niña de unos 8 años vestida como de primera comunión. Sus ojos eran verdes y hermosos pero igualmente no expresaban nada.

“Quiero tu vida”. Antes de reaccionar levanto una pistola automática y me disparó, justo en medio de los ojos.

“Loco, vente, vamos a ver películas”, me dijo El Koelo una hora antes. Desde Año Nuevo la primada había venido haciendo estas reuniones, llegábamos a casa del Chente, rentábamos algunos VHS’s, la botana y listo, pasamos una noche entretenida que terminaba a la mitad de la segunda película. Después de la llamada de mi primo, me alisté, es un decir porque lo único que hice fue ponerme mis tennis, ya vestía mezclilla y una playera oscura holgada. Fui a donde Chente, cuando llegué algo no estaba bien, miré con sospecha y les pregunté “¿por qué tan arreglados?”, a lo que me contestaron “Es que hoy no va habrá películas sino peluches” y como fue, me llevaron al Zazazas.

Móndrigos, ellos bien vestiditos y yo en fachas ¬¬

Tomamos un taxi y llegamos al Climax, la fachada verde, amarilla y roja, dos televisores proyectando el video de La mesa que más aplauda, el anuncio luminoso con la imagen de un par de sabrosas en bikini, antes de ser invadido por Oscar Lobo. La entrada principal protegida por un tipo flacucho y moreno, tuve que mostrarle mi credencial de elector. Nunca había estado en un Table y ciertamente no estaba tan emocionado por ello. Dentro las mesas de Sol estaban casi pegadas, en medio una tarima donde se paseaban las teiboleras, en el lado opuesto de la entrada una pequeña tarima con un tubo y los “privados” hasta el fondo. El ambiente era de discoteca, a oscuras mucho juego de luces y música popular a todo lo que da. Lo más barato es comprar la cubeta, pero no me gusta la cerveza, pedí una coca de seiscientos, 50 pesos costó, me duró toda la noche.

Viendo lo apático que yo estaba El Koelo me invitó un privado. Esta es la mejor parte, pero me la reservo por discreción.

Siempre estuve orgulloso de conseguir a la mujer que se me antojara. Nunca ligué por razones absurdas y ofensivas, nunca follé por apuestas, nunca hice el amor para jactarme como el macho dominante de la manada. Por lo regular, las anécdotas de mis conquistas me las reservaba; cuando salía a flote el tema por supuesto que no me quedaba atrás, pero era modesto. De todas me gusta algo; su figura, su cabello, su rostro, sus chichis, su olor, su personalidad, su forma de hablar, de moverse… Podía ser la mujer más fea pero con que tuviera un detalle bello, me interesaba.

Ella definitivamente no es agraciada, no para el estándar al que nos atenemos. De hecho, parece “niño”. Pero tenía algo, un no sé qué, y conforme más la trataba más me interesaba. Me costó convencerla.

Cuando cojo me gusta tener el dominio, ser quien lleve las riendas del Acto. Besar cada rincón de su cuerpo, deslizar mis manos por toda su piel. Cuando llego al climax termino donde y como me plazca, sin consideración a mi pareja. La primera vez que estuve con Ella creía que tenía el control, tomé la iniciativa, Ella sólo acataba mis deseos. Desnudos, en el suelo, Ella encima de mí, Ella era todo, yo no existía, sólo la sensación que me proporcionaba, la sentía. Veía su cuerpo de muchacho emberbe mientras me hacía la felación, fue cuando me supe: yo fui su conquista. Aún con mi miembro en su boca sonrió con picardía, sabía que me tenía y que terminaría cuando y como quisiera.

Hice algo que nunca me creí capaz. Tímidamente, le pregunté:
—¿Puedo venirme en tu boca?
Siguió mamando con suavidad hasta que finalmente se detuvo y responde:
—Sólo si tu leche sabe a soya.

Me siguen gustando todas, pero sólo hago el amor con una.

Para alguien que extraño.

Una casa ordinaria. Un piso; una puerta y dos ventanas con protecciones al frente. Un pasillo repleto de macetas con plantas que conduce al patio en la parte trasera. El interior tampoco sobresale; un juego de sala que necesita una visita urgente al tapicero, una vitrina llena de vasos, copas, figurillas de porcelana y bajillas que probablemente nunca se usaron; en uno de los cajones inferiores guardados frascos con el sobrente de jarabes, paquetes de tabletas y pastillas; en el otro guarda latas que deberían estar en la alacena. Una mesa de madera rectangular con tanto tiempo que perdió el brillo del barniz. Dos recamaras, una cocina y un baño equipados con lo necesario para fungir con la función que deben cumplir.

En la calle otras casas tenían un ambiente pachangero, movido y lleno de vida. Esa casa ordinaria parecía vacía, pero no lo estaba. George y Anthony estaban en su habitación.

Era una noche fría, no demasiada, con una sabana ligera era suficiente para estar en confort. Y así es como se cubrían el par de hermanos. George, el mayor, sentado frente a la computadora jugando World of Warcraft; Anthony, el de en medio, recostado en la litera superior viendo canal Sony, haciendo zapping en el lapso de los comerciales. No había nadie más en casa. Muy parecido a los años anteriores en la misma fecha.

Anthony se levantó, fue a la cocina a tomar agua, de regreso, vio el reloj. “Ya son las 12:30″ dijo a George, “¿En serio? Ja, ni en cuenta” le respondió. El mayor se levantó y dijo “Feliz Navidad, entonces” y ambos se abrazaron afectuosamente por última vez.

Aunque ese abrazo fue por el convencionalismo de la fecha festiva, ya que ambos hermanos la Navidad no significaba nada, no dejó de ser sincero. Al menos es lo que Anthony quiere creer.

La distancia que me separaba del suicidio eran 3 centimetros. Mientras veía esa fina hoja de metal, deseosa de cortar mi palpitante vena, dudaba. Una voz hablaba directo a mi cerebro. “¿Por qué te detienes? ¡Entiende, nadie te extrañara! ¿Quieres hacer algo de provecho? Menos contemplación y más acción”. La hoja la sigo usando para rebanar el tomate.

No, Metatextos no salvó mi vida. Pero ¿a poco no hubiera estado bien chevere esa historia? Afortunada o desafortunadamente mis tendencias suicidas sólo han quedado en eso, tendencias, junto con sueños guajiros de que alguien necesitaba de mí.

Nos pidieron que relataramos la experiencia de participar en este taller minimalista en línea, pero mi participación se resume en: “Cada 15 días el Robotito propone hacer un texto de algún tema con tales característica, que no pase de 300 palabras. Si se me ocurría algo lo escribía y después era comentado y yo comentaba” Suena muy aburrido. Sobretodo cuando se vive rodeado de infieles, sniff.

¿Qué he sacado de Metatextos? La idea de que puedo hacerlo y lo seguiré intentando. Y se lo debo agradecer, no sólo a los administradores sino también a la banda metatextera que se tomó la molestia de comentar mis relatos, más pinches que la palabra pinche. Y tambien las amistades, aunque modestas no por eso poco significativas.

Felicidades por cumplir un año en esta tercera etapa (Yo participe una vez en la primera y de la segunda no me entere, más sniff).

Saludos!

-Porque no podía permitirlo. ¡No debía enterarse nunca!

No saben lo que es vivir como yo lo hice; siempre cuidando cada palabra, meditando que señas, que gestos usar y cuando; me autocensuraba, odié eso, pero no podía… no debía ser honesto. Sabía que la perdería, no me aceptaría tal cual soy, odiando sus creencias y burlándome a la menor provocación. No, intentarla cambiar era inútil, los fanáticos son intransigentes por defautl.

La amo, por eso me contuve todos estos años fingiendo aceptación y tolerancia, ¡oh, Dios suyo! Mis amistades, dejé de frecuentarlas por dejar mis hábitos, y fui feliz, o eso pensé. Por supuerto, ella nunca supo que yo iba contrario a su “fe”, no podía enterarse. Pero no podía dejar de blasfemar siquiera una vez a la semana, primero fui mi blog, podía usarlo anonimamente e impunemente, nunca lo sabría y de repente empezaron a dejar comentarios de apoyo, nunca supe como fue que dieron con la dirección, a nadie se la di y siempre fui cuidadoso a la hora de usar la computadora, conforme fue pasando el tiempo y recibiendo apoyo tenía que sacar mis frustaciones, rezaba en voz alta en la iglesia, rezandole al aire, porque eso es a lo que le rezabamos, al producto de la imaginación de algún convenenciero, borré el blog, no quería arriesgarme a que se supiera mi identidad y ella se enterada.

Cada día era más difícil ocultar algún ligero chascarrillo, se acumulaban mis rabietas pero lo que temía era que ella se diera cuenta… no, no podía seguir así, ella lo es todo para mí, por eso tuve que hacerlo terminar con mis temores, si ella se enterara, si ella me dejaba…

-Y por eso la mató- finalmente dijo el detetive a cargo de la investigación del asesinato de Guadalupe de Jesús Guillen.

Encañono la cabeza del último asesino de nuestra raza. Mary llora.

Ocurrió El Rapto, vino Dios y se llevó a sus elegidos, no fue espectacular. Simplemente desapareció más de la mitad de la población en un parpadeo. Quienes aún gimotean preguntándose por qué no fueron escogidos afirman que lo vieron en toda su magnificencia. Supongo era un lujo exclusivo.

Los fanáticos escépticos seguían negando la existencia de Dios a pesar de haberlo visto con sus propios ojos. Los religiosos culparon a los opositores de su castigo. Una nueva vida para lo que quedaba de la humanidad estaba gestándose y no faltaron los oportunistas que se autoproclamaron como nuevos mesías.

Opté por los que deseaban una sociedad libre de fanatismos, ansias de poder y crimen. En principio pensamos que una sociedad atea se regiría por la razón y el entendimiento, pero quienes estaban establecidos no cederían su lugar privilegiado por una sociedad menos injusta, no si eso costaba su status quo. Una nueva Guerra Santa. Me convertí en algo que detesto.

Exterminar a los crédulos no fue problema, estaban tan absortos en sus lamentaciones que no opusieron resistencia. Luego luchamos contra los que aún ostentaban poder y deseaban mantenerse así, las bajas fueron cuantiosas en ambos bandos, los derrotamos. Por último debíamos acabar con los criminales. Acepté pelear esta guerra por un futuro mejor. Me odio por los crímenes que cometí, un soldado es un asesino con licencia.

De miles de millones que se quedaron, la humanidad se redujo a miles y de esos miles todavía quedaban quienes tenían cuentas pendientes. Sabía que la violencia nunca terminaría si no acaba con todo aquel que fuera capaz de cometerla. Uno a uno los fui aniquilando hasta sólo quede yo.

Rodeado de los herederos de la Tierra, me despido de Mary: hasta nunca.

Al principio estaba el Hombre. Pero éste no se percataba de su entorno y sobrevivía  por instinto. Descubrió el fuego y aprendió a utilizarlo a su favor, y vio que el fuego era bueno.  Al día siguiente descubrió que el metal es maleable, y vio que era bueno.

Llegó la conciencia y el Hombre vio que vivía en las tinieblas.

Conforme fueron pasando los días, el Hombre fue aprendiendo de su entorno. Pero a pesar de su conciencia, el Hombre no estaba consciente del Universo.

Entonces el Hombre dijo: Tengo curiosidad. Y se hizo la luz.

Pasaron varios años hasta que volví a ver a Arturo Belano. El hijo de puta no había cambiado, lo cual me extrañó porque desfiguré su rostro en nuestro último encuentro. La cirugía reconstructiva debió costarle una fortuna.

En cuanto me vio, evitó encararme. Él sabía perfectamente que no tenía escapatoria y esa vez me aseguraría que no sobreviviera. Averigüé donde estaba hospedado e hice la visita. Estaba listo para encargarme de todos los matones que el muy maricón enviaría, sé cómo piensa. Pero no encontré a nadie.

- Antes que nada, permítame felicitarlo. Su novela es, sin duda, un gran trabajo. Desde la primera página atrapa y fascina. Usa un lenguaje muy ameno, la incursión de palabras “ostentosas” le dan a la narración elegancia sin perder la amenidad. Los aforismos empleados, son bellísimos. El desarrollo de la trama está bien logrado, termina uno involucrándose con el protagonista y la psique del mismo. Le repito, buen trabajo.

“Pero hay un ligero inconveniente. Es totalmente inapropiado el uso de cierta palabra, en la segunda escena de amor, y por eso no podemos publicar su historia.

- Ok, ya esperaba esta reacción. Dígame, ¿si cambiara esa palabrilla por un eufemismo “apropiado” publicarían la novela?

- No habría problema.

- ¿Cree qué deba hacerlo?

- Sinceramente, no. Su novela es perfecta tal como está. Lamento enormemente que no pueda ser publicada, pero como funcionario, tengo la obligación de proteger a la comunidad de material dañino. Normalmente le pedimos al autor en turno que haga ligeros cambios en su obra, para que sea apta para todos.

- Lo que me dice es, que hará a un lado todo el contexto expuesto en más de 500 mil palabras, sólo por una. Una palabra que la “comunidad” determinó maligna.

- Su obra es muy buena, de lo mejor que he leído en mucho tiempo y es una pena que no deba salir a la luz. Cambiando esa “palabrita” sería aprobada sin dudarlo, pero sé como piensa, yo alguna vez fui escritor, y sé que no está dispuesto a alterar su obra.

- Me devuelve mi borrador.

- Fue destruido.

- ¿Qué?

- No se sienta mal, en compensación el gobierno le concede este cupón.

- ¡¿Sólo un kilo de tortillas?!… ¿Me lo cambia por uno de frijoles?

- Desafortunadamente hay escasez. La lucha en contra del Imperio Americano es ardua.

- Dos años de trabajo… por un kilo de tortillas… ¡La verga que!

Ahí seguía, con el arma en sus manos, sudando frío del nerviosismo; toda la determinación que momentos antes tenía, se esfumó…

Ojos de Jesús, mírenme
Labios de Jesús, háblenme

Agachado en una esquina del campanario, ocultándose del padre Carmelo y de la gente que lo seguía, rezaba, y al mismo tiempo que cerraba sus ojos, deseando que al abrirlos viera a la persona por la que hacía esto. Para que le indicara el camino de la verdad…

Pies de Jesús, búsquenme
Manos de Jesús, bendíganme

Pero a la hora de la verdad flaqueó, -Señor, dame fuerza. Sé que todo esto es tu voluntad, que no debo permitir que sigan las iniquidades de Carmelo. Viniste y moriste por nosotros. ¡Cuán grande es tu amor, oh Señor! Ámense los unos a los otros, como yo los he amado. Esa es tu palabra Señor, y no las injusticias, la impunidad, la corrupción…

Brazos de Jesús, abrácenme
Corazón de Jesús, ámame

Aún implorando aprobación, no podía sacarse de la cabeza sus actos, con los cuales consiguió ese instrumento de muerte. “No matarás, no mentirás, no robarás”, frases que retumbaban en su mente. Desesperado por no recibir respuesta, desconsolado por el pecado más grande, dudar de su fe. El llanto nació de sus ojos y murió en el suelo.

Ahora estaba dispuesto a abandonar su misión -No puedo hacer nada para purificar a la iglesia-, pero después de abrir sus ojos lo vio entre las sombras, una figura que estaba a la expectativa; era él, con su corona de espinas, con su túnica, con sus heridas. Con su señal de aprobación.

Y a la eterna gloria, llévame. Amén.

Restablecida su confianza, el diácono Aquiles tomó con firmeza el rifle de francotirador, apuntó al padre Carmelo. Su dedo índice tocaba suavemente y con seguridad el gatillo y…

-Eres un maldito paranoico, sabias -Joaquin le reclamaba a su hermano, mientras este registraba la maleta que acababa de robar.

-No mames, seguramente este tipejo es un malnacido degenerado. Nomas deja que veamos que trae de equipaje y te daras cuenta. Veras que tengo razon.

Antonio revisaba la maleta que, mediante un soborno, logro robar para su meticuloso escrutinio, en la misión de encontrar algo perturbador en el pretendiente de su hija Estela. Los primeros segundos fueron algo desilusionantes, pues solo encontro ropa, cepillos, artículos de higiene personal, perfumes, unos libros, un par de zapatos envueltos en una bolsa de plastico.

-Ya viste, no hay nada extraño. Devuelve la maleta y vamonos - Joaquin le espeto nuevamente para que desistiera de una vez.

Pero Antonio no se conformo solo con mirar superficialmente. Reviso una por una todas las prendas, bolsa por bolsa, casilla por casilla. Con cuidado para que nada se le pasara por alto, hasta que encontro un viejo encendedor dorado con una inscripcion que decia: “Con mucho amor de Becky”. Esto le perturbo y comenzo a inventar teorías acerca del mentado pretendiente.

“Ha de ser un pinche mujeriego”, “solo quiere cogerse a mi hija”, “seguramente es un mariguano”, que esto, que lo otro. Mientras Antonio vociferaba, Joaquin en voz baja dijo: “si supieras…”

-¿Que dijiste?

-Nada. Ya acabaste, regresala y vamonos. Que quien sabe cuanto mas podran hacer esperar a tu yerno.

-Si todavia no acabo… Mira esto -le mostro un maltratado pasaporte. Joaquin no se inmuto. Despues de indicarle que el pasaporte no tenia ni fotografia ni nombre. Nuevamente comenzo a divagar acerca de quien era realmente el novio de su hija.

Joaquin no podía creer lo que estaba escuchando: “seguramente es espia, o agente encubierto, por eso el maldito es un puto mujeriego, bla bla bla…”, ya harto de todas las idioteces que se generaban en la mente de su hermano, Joaquin le dijo:

-¿Que quieres? Por eso Estela nunca te ha presentado a sus novios.

-¿Como que novios?

Cuando Antonio se dio cuenta del significado, quedo en shock.

Para Joako
por su cooperación, paciencia y mamonería.

-Tío, ¿se siente bien?

-Sí, solo un poco cansado del viaje. No te preocupes Estela.

-Por favor, siéntese. ¿Le sirvo café?

-Gracias.

-Mi tía Eveli, ¿cómo está?

-Bien. Viene en camino con los chamacos.

-Ese par de latosos. ¿Qué dicen mis primos?

-Pues, Jorge se acaba de titular y Joaquina apenas va a entrar a la universidad.

-¡Qué bueno!

-…

-…

-¿Cómo te sientes?

-Mal y usted lo sabe, pero debo hacer el esfuerzo. Aunque muchas veces él me dijo que ya estaba cerca su hora, no pude hacerme a la idea. Y ahora…

-¿Y… cómo pasó sus últimos momentos tu papá?

-Siempre decía que a lo que más le temía era formar parte de la inexistencia, pero no se le veía asustado ni angustiado, estuvo sereno y atento. ¿Papá nunca le dijo como deseaba morir?

-¿Te refieres a lo de Buñuel?

-Sí, en su último suspiro dijo: me muero y estoy consciente de ello. Y esbozó una sonrisa.

-Recuerdo el día que leí el texto del funeral. Le pregunté, ¿qué onda con tu “cuento”? Me contestó: así es como quiero morir. Y además, mi hija, si es que llego a tener una, se va llamar como La Jefa.

-¿Escogió mi nombre sin siquiera saber si yo llegaría?

-Ya sabes. Sus iris.

-¿Cómo el día de mis XV?

-Y que lo digas. Cuando me dijo que en lugar de darte tu última muñeca, te regalaría su libro de cuentos de Asimov, le dijé “¿Qué quieres?”.

-¿Qué le contestó?

-Nunca le he regalado una muñeca, para qué lo haré ahora que ya no juega con ellas. Este libro es un tesoro para mí.

-Y lo cuido como tal.

-Eso lo hacía feliz…

Ella pasa desapercibida; por eso no repare su presencia las primeras clases. La empecé a notar por su puntual asistencia, excelentes participaciones y pasión por la lengua extranjera que aspirábamos llegar a dominar.

Su apariencia no es excepcional: estatura promedio, cabello negro y lacio, piel morena, ojos negros, unas llantitas en la cintura, glúteos y pechos planos. Ni fea ni bella. En clases es entusiasta, pero fuera de eso es reservada, difícil hacerla platicar de cosas nimias y ajenas a los estudios que realizábamos.

Nunca llamaría mi atención.

Dos semanas falté a las clases de kanji, lo hice para ponerme al corriente en las experiencias educativas correspondientes a mi carrera. Ahora estaba retrasado en escritura de japonés. El examen final estaba próximo y necesitaba estar al tiro. Confiaba en mi capacidad pero no en mi disciplina, por eso le pedí ayuda a ella.

Accedió a ayudarme, me cito el salón del centro de idiomas viernes en la noche. El Sensei confiaba en mí y mucho más en ella, por eso nos prestó las llaves.

Comenzamos y después de cierto tiempo algo cambió en ella. Su figura comenzó a tomar una forma esbelta, su cintura agarro una forma más estrecha hasta que las llantitas desaparecieron; sus glúteos se tornaron redondos, firmes y gloriosos; así como sus pechos que poco a poco fueron aumentando de volumen hasta que llegaron a la medida exacta de mis manos; todo su cuerpo, piel, cabello, ojos, labios, pestañas, todo se transformo, para formar parte del cuerpo de la mujer perfecta.

De pronto lo entendí, esa metamorfosis transcurrió mientras ella escribía con ese talento que la práctica le concedió; firmeza y delicadeza en los trazos, creando símbolos de proporciones perfectas, legibles y hermosas. Mi excitación rebasó los límites.

Ella terminó y se percató. ¿Qué ocurre? Me pregunta. Me acerco lentamente a ella, ya a su lado apenas soy capaz de susurrarle: Te deseo.

Para JEMR
espero que en la inexistencia exista la conciencia

Una disculpa a Douglas Adams por la insolencia de haber usado su título tantas veces durante este año.

Se acerca 23 de marzo, no sólo viene acompañado con el inicio de la primavera, las flores y el endemoniado calor, también la nostalgia forma parte de la caravana. Se cumplirá un año desde que este despreciable e insignificante planeta azul verdoso dejo de engalanarse con la presencia de alguien, a quien en vida nunca le dije: “te amo”.

No narrare lo bueno, lo malo ni lo feo de mi hermano mayor, eso ya lo hice.

Lo conocí lo suficiente y al mismo tiempo tan poco, todavía me siento endeudado y egoísta.

La imprudencia nos lo arrebato.

Aún después del funeral, no estábamos listos para dejarlo ir. Un domingo lo enterramos, según la costumbre del lado materno, y un lunes intentamos retomar nuestras vidas. No sé si fueron cinco minutos, no importa. En la madrugada me despertaron los sollozos de La Jefa, quién se levanto para preparar el desayuno y el lunch a mi carnal, fue en ese instante cuando nuestras conciencias alcanzaron a la realidad. El mundo que conocíamos terminó justo ahí. No lo dijimos, pero todos lo entendimos: Se nos fue alguien y no volverá.

Toda la familia está preparándose para este aniversario luctuoso. La tristeza me embarga y me hace adoptar tendencias EMO, las de quequedrilo se generan espontáneamente y no puedo evitarlo.

Pedro me dijo: Las cosas pasan xk tienen k pasar d lo contrario no pasarian y lo unico k puede hacer uno es aprender a vivir d esta manera nos guste o no.

Y se lo agradezco.

Por favor, dispénsame compañero metatexteño, por tomarme la libertad de desahogarme en este espacio.

Allá en la fuente
había un chorrito,
se hacía grandote
se hacía chiquito;
estaba de mal humor…

Por todo lo que presenció.

El Chorrito veía todos los días a la gente apurada por llegar temprano a la iglesia para demostrar su devoción y pedir favores.

Como don Remigio, que todos los días le rezaba a san Judas Tadeo, al terminar le depositaba en la alcancía una generosa limosna, pero para El Ruedas, un pordiosero que se desplazaba en una “Avalancha” por faltarle las piernas, nunca tuvo ni un oxidado centavo. -¡Ponte a trabajar, pinche huevón!- siempre le contestaba don Remigio al inválido cuando éste le pedía una ayuda.

En otra ocasión un anciano desgreñado, sucio y con la ropa hecha jirones, se quedó dormido a un lado de la entrada del templo, las señoras que rezaban La Hora Santa, siempre pidiendo por el bienestar del prójimo anteponiéndolo al propio, lo ignoraron. Ninguna de esas dignas damas le ofreció siquiera un taco al moribundo viejo, sólo cuando la pestilencia de éste se volvió insoportable se indignaron.

No solamente el mochismo hipócrita fastidiaba al Chorrito, también el despotismo ejercido como profesión por “representantes del pueblo”. Esos funcionarios que primero prometían y una vez colocados, olvidaban. Que ejercían el poder a favor de personas, a las que les debían un favor.

Tampoco faltaba aquel que atentaba al pudor en la vía pública; como aquellos adolescentes cuyas lujuriosas cópulas detrás de un árbol ganaron un lugar en El-Cachondo-punto-com y que generaron, celular en mano, el siguiente diálogo:
-Ves buey, esta es la fuente que se ve de fondo.
-Neta loco, tons, aquel árbol es donde el Burro se refino a la Cuca.

Inclusive el Chorrito tenía que soportar a borrachos y niños que se orinaban en la fuente.

Corrupción, impunidad, hipocresía, pornografía, meados; pero lo que más le hacía estar cómo agua para chocolate era:

Pobre chorrito tenía calor.

Desde hace una hora estaba listo, Ángel sólo esperaba la llamada de su jefe, Cheu-Sing, para saber si tenía luz verde o no.

Un businessman estaba tomando un café cuando recibió una llamada; era un individuo con un acento extranjero que no podía identificar, probablemente es asiático pensó. El anónimo le habló con tanta familiaridad y confianza que el businessman le preguntó varias veces que de donde lo conocía.

—Me está confundiendo, yo no lo conozco. Voy a colgar.
—Espera un momento, hay algo importante que debes saber.
—Bien, ¿qué es?
—En pocos minutos vas a morir.— En ese momento observó un punto rojo en su pecho.
—¿Quién te ordeno matarme?
—¿Qué quién me ordeno? Oh, estás equivocado. Yo soy quien determina el día y la hora en que los hombres deben estirar la pata. Y he decido que tu hora es próxima. Pero, si te hablo es porque te conozco MUY BIEN y quizás me convenzas de darte prorroga.
—¿Cuánto quieres?
—A ustedes los mortales parece solo importarles los bienes monetarios. ¿Por qué lo primero que piensas que yo quiero es dinero? Quizás sólo quiero una foto tuya y tu linda familia o que me envíes una postal de tu próximo viaje de negocios o un sacrificio de gallinas.
—¡Deja de jugar y dime qué quieres!
—¿En cuánto valoras tu vida?
—¡Dime cuanto quieres!
—Yo aceptaré con gusto lo que me ofrezcas, según la medida del “sacrificio” es el tiempo que alargaras tu vida y el “sacrificio” debe ser proporcional a tus posibilidades. Debajo del mantel están los datos que necesitas para realizar el depósito, te hablo en media hora y recuerda que te conozco MUY BIEN.

El asesino recibió la llamada. Luz roja. Mientras se retiraba murmuró para sus adentros: “Hace un buen que no despacho a nadie, pero al menos paga a tiempo; Dios todavía me debe lo de Los Primogénitos”.

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CHEU-SING

Un lugar común puede convertirse en excepcional, sólo depende de quién pase por ahí.

Como aquella taquería de Coatzacoalcos: “Tacos Los Lagos”. Un lugar acogedor, limpio, con excelente servicio y donde tienen la costumbre de fotografiar a sus clientes, para posteriormente pegar la foto en una pared del recuerdo. Como otros tantos establecimientos donde sirven el exquisito platillo. Pero el detalle estriba en que resaltan una imagen muy especial, la de una celebridad, alguien que cuando disgusto su orden en aquella ocasión aún era una humilde paisana. El marquito rojo es de la vez que Salma Hayek se atascó con una orden de tacos de cabeza. La gente que iba a “Tacos Los Lagos” iba porque, la ahora diva, alguna vez estuvo ahí.

—No mames loco, aquí estuvo la Salma.
—Sí caon, esa vieja tiene un culo bien sabroso.

Aunque no tenían más clientela de la normal.

Hay otro lugar común por el que estuvieron de paso personas extraordinarias. Aunque nunca lo supieron como tampoco lo supo el dueño de los abarrotes “Manolín” y su impecable mandil blanco que tiempo después se tiñería de rojo.

Rodolfo Guzmán Huerta estaba de paso junto con su hijo, “necesitamos algunos víveres, comprémoslo en esa tienda”, aquella parada interrumpía el viaje que emprendían para entrenar al sucesor de la dinastía que iniciaba con Rodolfo Guzmán, dinastía de luchadores del pueblo y defensores de los débiles. Aquel día en particular se tropezaron con otro individuo que traía a una señora en la espalda, una señora que parecía estar en los huesos, simplemente lo ignoraron y acabando de comprar siguieron su camino. Jesús Pérez Gaona que había viajado tanto estaba en la necesidad de un aguardiente y sin un céntimo intento negociar con unos pescaditos de oro que le había “prestado” un coronel de Sudamérica.

Algunos más pasaron por esa abarrotes pero nunca supieron que tuvieron ese lugar en común.

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Referencia que hará falta aquí.

Cierro mis ojos y busco en la oscuridad. Nada encuentro. Esta penumbra me aprisiona, no puedo salir de ella, me retiene, porque no quiere que encuentre mi objetivo. ¡Hola! ¿Hay alguien ahí? No recibo respuesta. Sigo con mi peregrinaje sin saber a ciencia cierta si realmente tengo una meta. No. Sí tengo mi objetivo, y está totalmente definido, lo que no tengo es certeza, la certeza de cómo llegar a dar con él.

Por fin logro abrir mis ojos y las sombras siguen rondando alrededor mío, se aferran a mí. Me resisto. Déjenme, no las quiero conmigo. Es inútil luchar, no puedo en su contra. Sigo con lo mío, esperando a que las tinieblas desaparezcan por si solas. Espero y espero, nada ha cambiado desde el inicio.

Empiezo a desesperarme; Calma, me digo varias veces, no debes permitir que te dominen, tienes que superarlo. Aceptaste esta prueba, ya lo has hecho antes, no es tan diferente de otras ocasiones, tú puedes hacerlo. No importa cuántas veces me repita las mismas frases una y otra vez, en el fondo sé que son mentiras, aún así, quiero conservar la esperanza, pues es lo único que esta maldita oscuridad no puede quitarme.

El doctor Simmons estaba sentado en el sillón del laboratorio, descansando, asimilando. Contemplando el mayor logro de su vida, el sueño de toda su vida, el sueño que inicio desde que conoció a su mentor. El hombre al que debía todo lo que es, su “Gurú espiritual” como él mismo decía, el hombre que le sembró su amor por la ciencia y su pasión por utilizarla para beneficio del ser humano. El hombre al que nunca pudo conocer en persona. El tiempo y el lugar se lo impidieron.

Llevaba tanto tiempo haciendo esfuerzos, tantas horas, analizando algoritmos, diseñando diagramas, haciéndose del conocimiento, dirigiendo a otros expertos como él. Tanto esfuerzo, tanto desvelo, tanto sacrificio al fin dieron su fruto. Es lo que siempre deseo.

La noche anterior tuvo una revelación, se dio cuenta donde había errado, por eso no se detuvo. Fue un destello, una iluminación, por decirlo de alguna manera. Era tan obvio, ¿por qué no me di cuenta antes? Se decía a si mismo, reprochándose el no haber acertado antes, hubiera logrado su meta sin tener que romper su promesa. La promesa que le hizo a la persona más importante del mundo: no faltar la Nochebuena.

Pero después de su revelación, no podía esperar. El sueño de su vida estaba por hacerse realidad. Sólo había una forma de compensarlo; hacer un regalo. “Será un regalo que recordará toda su vida” dijo y sabía que era cierto, la persona más importante del mundo compartía su sueño con la misma intensidad. Se acerco al videófono e hizo la llamada.

-¿Papá?
-Lo siento hijo, sé que debía estar contigo ayer, pero es que alguien quiere conocerte.
En la pantalla apareció un hombre de metal. El niño no podía creerlo. Antes de que pudiera decir algo, el primer Robot dijo:

“Feliz Navidad Isaac”