Articles by Boqueño Inapasionado

Me llamo Antonio Morón, mucho gusto.

Ahí seguía, con el arma en sus manos, sudando frío del nerviosismo; toda la determinación que momentos antes tenía, se esfumó…

Ojos de Jesús, mírenme
Labios de Jesús, háblenme

Agachado en una esquina del campanario, ocultándose del padre Carmelo y de la gente que lo seguía, rezaba, y al mismo tiempo que cerraba sus ojos, deseando que al abrirlos viera a la persona por la que hacía esto. Para que le indicara el camino de la verdad…

Pies de Jesús, búsquenme
Manos de Jesús, bendíganme

Pero a la hora de la verdad flaqueó, -Señor, dame fuerza. Sé que todo esto es tu voluntad, que no debo permitir que sigan las iniquidades de Carmelo. Viniste y moriste por nosotros. ¡Cuán grande es tu amor, oh Señor! Ámense los unos a los otros, como yo los he amado. Esa es tu palabra Señor, y no las injusticias, la impunidad, la corrupción…

Brazos de Jesús, abrácenme
Corazón de Jesús, ámame

Aún implorando aprobación, no podía sacarse de la cabeza sus actos, con los cuales consiguió ese instrumento de muerte. “No matarás, no mentirás, no robarás”, frases que retumbaban en su mente. Desesperado por no recibir respuesta, desconsolado por el pecado más grande, dudar de su fe. El llanto nació de sus ojos y murió en el suelo.

Ahora estaba dispuesto a abandonar su misión -No puedo hacer nada para purificar a la iglesia-, pero después de abrir sus ojos lo vio entre las sombras, una figura que estaba a la expectativa; era él, con su corona de espinas, con su túnica, con sus heridas. Con su señal de aprobación.

Y a la eterna gloria, llévame. Amén.

Restablecida su confianza, el diácono Aquiles tomó con firmeza el rifle de francotirador, apuntó al padre Carmelo. Su dedo índice tocaba suavemente y con seguridad el gatillo y…

-Eres un maldito paranoico, sabias -Joaquin le reclamaba a su hermano, mientras este registraba la maleta que acababa de robar.

-No mames, seguramente este tipejo es un malnacido degenerado. Nomas deja que veamos que trae de equipaje y te daras cuenta. Veras que tengo razon.

Antonio revisaba la maleta que, mediante un soborno, logro robar para su meticuloso escrutinio, en la misión de encontrar algo perturbador en el pretendiente de su hija Estela. Los primeros segundos fueron algo desilusionantes, pues solo encontro ropa, cepillos, artículos de higiene personal, perfumes, unos libros, un par de zapatos envueltos en una bolsa de plastico.

-Ya viste, no hay nada extraño. Devuelve la maleta y vamonos - Joaquin le espeto nuevamente para que desistiera de una vez.

Pero Antonio no se conformo solo con mirar superficialmente. Reviso una por una todas las prendas, bolsa por bolsa, casilla por casilla. Con cuidado para que nada se le pasara por alto, hasta que encontro un viejo encendedor dorado con una inscripcion que decia: “Con mucho amor de Becky”. Esto le perturbo y comenzo a inventar teorías acerca del mentado pretendiente.

“Ha de ser un pinche mujeriego”, “solo quiere cogerse a mi hija”, “seguramente es un mariguano”, que esto, que lo otro. Mientras Antonio vociferaba, Joaquin en voz baja dijo: “si supieras…”

-¿Que dijiste?

-Nada. Ya acabaste, regresala y vamonos. Que quien sabe cuanto mas podran hacer esperar a tu yerno.

-Si todavia no acabo… Mira esto -le mostro un maltratado pasaporte. Joaquin no se inmuto. Despues de indicarle que el pasaporte no tenia ni fotografia ni nombre. Nuevamente comenzo a divagar acerca de quien era realmente el novio de su hija.

Joaquin no podía creer lo que estaba escuchando: “seguramente es espia, o agente encubierto, por eso el maldito es un puto mujeriego, bla bla bla…”, ya harto de todas las idioteces que se generaban en la mente de su hermano, Joaquin le dijo:

-¿Que quieres? Por eso Estela nunca te ha presentado a sus novios.

-¿Como que novios?

Cuando Antonio se dio cuenta del significado, quedo en shock.

Para Joako
por su cooperación, paciencia y mamonería.

-Tío, ¿se siente bien?

-Sí, solo un poco cansado del viaje. No te preocupes Estela.

-Por favor, siéntese. ¿Le sirvo café?

-Gracias.

-Mi tía Eveli, ¿cómo está?

-Bien. Viene en camino con los chamacos.

-Ese par de latosos. ¿Qué dicen mis primos?

-Pues, Jorge se acaba de titular y Joaquina apenas va a entrar a la universidad.

-¡Qué bueno!

-…

-…

-¿Cómo te sientes?

-Mal y usted lo sabe, pero debo hacer el esfuerzo. Aunque muchas veces él me dijo que ya estaba cerca su hora, no pude hacerme a la idea. Y ahora…

-¿Y… cómo pasó sus últimos momentos tu papá?

-Siempre decía que a lo que más le temía era formar parte de la inexistencia, pero no se le veía asustado ni angustiado, estuvo sereno y atento. ¿Papá nunca le dijo como deseaba morir?

-¿Te refieres a lo de Buñuel?

-Sí, en su último suspiro dijo: me muero y estoy consciente de ello. Y esbozó una sonrisa.

-Recuerdo el día que leí el texto del funeral. Le pregunté, ¿qué onda con tu “cuento”? Me contestó: así es como quiero morir. Y además, mi hija, si es que llego a tener una, se va llamar como La Jefa.

-¿Escogió mi nombre sin siquiera saber si yo llegaría?

-Ya sabes. Sus iris.

-¿Cómo el día de mis XV?

-Y que lo digas. Cuando me dijo que en lugar de darte tu última muñeca, te regalaría su libro de cuentos de Asimov, le dijé “¿Qué quieres?”.

-¿Qué le contestó?

-Nunca le he regalado una muñeca, para qué lo haré ahora que ya no juega con ellas. Este libro es un tesoro para mí.

-Y lo cuido como tal.

-Eso lo hacía feliz…

Ella pasa desapercibida; por eso no repare su presencia las primeras clases. La empecé a notar por su puntual asistencia, excelentes participaciones y pasión por la lengua extranjera que aspirábamos llegar a dominar.

Su apariencia no es excepcional: estatura promedio, cabello negro y lacio, piel morena, ojos negros, unas llantitas en la cintura, glúteos y pechos planos. Ni fea ni bella. En clases es entusiasta, pero fuera de eso es reservada, difícil hacerla platicar de cosas nimias y ajenas a los estudios que realizábamos.

Nunca llamaría mi atención.

Dos semanas falté a las clases de kanji, lo hice para ponerme al corriente en las experiencias educativas correspondientes a mi carrera. Ahora estaba retrasado en escritura de japonés. El examen final estaba próximo y necesitaba estar al tiro. Confiaba en mi capacidad pero no en mi disciplina, por eso le pedí ayuda a ella.

Accedió a ayudarme, me cito el salón del centro de idiomas viernes en la noche. El Sensei confiaba en mí y mucho más en ella, por eso nos prestó las llaves.

Comenzamos y después de cierto tiempo algo cambió en ella. Su figura comenzó a tomar una forma esbelta, su cintura agarro una forma más estrecha hasta que las llantitas desaparecieron; sus glúteos se tornaron redondos, firmes y gloriosos; así como sus pechos que poco a poco fueron aumentando de volumen hasta que llegaron a la medida exacta de mis manos; todo su cuerpo, piel, cabello, ojos, labios, pestañas, todo se transformo, para formar parte del cuerpo de la mujer perfecta.

De pronto lo entendí, esa metamorfosis transcurrió mientras ella escribía con ese talento que la práctica le concedió; firmeza y delicadeza en los trazos, creando símbolos de proporciones perfectas, legibles y hermosas. Mi excitación rebasó los límites.

Ella terminó y se percató. ¿Qué ocurre? Me pregunta. Me acerco lentamente a ella, ya a su lado apenas soy capaz de susurrarle: Te deseo.

Para JEMR
espero que en la inexistencia exista la conciencia

Una disculpa a Douglas Adams por la insolencia de haber usado su título tantas veces durante este año.

Se acerca 23 de marzo, no sólo viene acompañado con el inicio de la primavera, las flores y el endemoniado calor, también la nostalgia forma parte de la caravana. Se cumplirá un año desde que este despreciable e insignificante planeta azul verdoso dejo de engalanarse con la presencia de alguien, a quien en vida nunca le dije: “te amo”.

No narrare lo bueno, lo malo ni lo feo de mi hermano mayor, eso ya lo hice.

Lo conocí lo suficiente y al mismo tiempo tan poco, todavía me siento endeudado y egoísta.

La imprudencia nos lo arrebato.

Aún después del funeral, no estábamos listos para dejarlo ir. Un domingo lo enterramos, según la costumbre del lado materno, y un lunes intentamos retomar nuestras vidas. No sé si fueron cinco minutos, no importa. En la madrugada me despertaron los sollozos de La Jefa, quién se levanto para preparar el desayuno y el lunch a mi carnal, fue en ese instante cuando nuestras conciencias alcanzaron a la realidad. El mundo que conocíamos terminó justo ahí. No lo dijimos, pero todos lo entendimos: Se nos fue alguien y no volverá.

Toda la familia está preparándose para este aniversario luctuoso. La tristeza me embarga y me hace adoptar tendencias EMO, las de quequedrilo se generan espontáneamente y no puedo evitarlo.

Pedro me dijo: Las cosas pasan xk tienen k pasar d lo contrario no pasarian y lo unico k puede hacer uno es aprender a vivir d esta manera nos guste o no.

Y se lo agradezco.

Por favor, dispénsame compañero metatexteño, por tomarme la libertad de desahogarme en este espacio.

Allá en la fuente
había un chorrito,
se hacía grandote
se hacía chiquito;
estaba de mal humor…

Por todo lo que presenció.

El Chorrito veía todos los días a la gente apurada por llegar temprano a la iglesia para demostrar su devoción y pedir favores.

Como don Remigio, que todos los días le rezaba a san Judas Tadeo, al terminar le depositaba en la alcancía una generosa limosna, pero para El Ruedas, un pordiosero que se desplazaba en una “Avalancha” por faltarle las piernas, nunca tuvo ni un oxidado centavo. -¡Ponte a trabajar, pinche huevón!- siempre le contestaba don Remigio al inválido cuando éste le pedía una ayuda.

En otra ocasión un anciano desgreñado, sucio y con la ropa hecha jirones, se quedó dormido a un lado de la entrada del templo, las señoras que rezaban La Hora Santa, siempre pidiendo por el bienestar del prójimo anteponiéndolo al propio, lo ignoraron. Ninguna de esas dignas damas le ofreció siquiera un taco al moribundo viejo, sólo cuando la pestilencia de éste se volvió insoportable se indignaron.

No solamente el mochismo hipócrita fastidiaba al Chorrito, también el despotismo ejercido como profesión por “representantes del pueblo”. Esos funcionarios que primero prometían y una vez colocados, olvidaban. Que ejercían el poder a favor de personas, a las que les debían un favor.

Tampoco faltaba aquel que atentaba al pudor en la vía pública; como aquellos adolescentes cuyas lujuriosas cópulas detrás de un árbol ganaron un lugar en El-Cachondo-punto-com y que generaron, celular en mano, el siguiente diálogo:
-Ves buey, esta es la fuente que se ve de fondo.
-Neta loco, tons, aquel árbol es donde el Burro se refino a la Cuca.

Inclusive el Chorrito tenía que soportar a borrachos y niños que se orinaban en la fuente.

Corrupción, impunidad, hipocresía, pornografía, meados; pero lo que más le hacía estar cómo agua para chocolate era:

Pobre chorrito tenía calor.

Desde hace una hora estaba listo, Ángel sólo esperaba la llamada de su jefe, Cheu-Sing, para saber si tenía luz verde o no.

Un businessman estaba tomando un café cuando recibió una llamada; era un individuo con un acento extranjero que no podía identificar, probablemente es asiático pensó. El anónimo le habló con tanta familiaridad y confianza que el businessman le preguntó varias veces que de donde lo conocía.

—Me está confundiendo, yo no lo conozco. Voy a colgar.
—Espera un momento, hay algo importante que debes saber.
—Bien, ¿qué es?
—En pocos minutos vas a morir.— En ese momento observó un punto rojo en su pecho.
—¿Quién te ordeno matarme?
—¿Qué quién me ordeno? Oh, estás equivocado. Yo soy quien determina el día y la hora en que los hombres deben estirar la pata. Y he decido que tu hora es próxima. Pero, si te hablo es porque te conozco MUY BIEN y quizás me convenzas de darte prorroga.
—¿Cuánto quieres?
—A ustedes los mortales parece solo importarles los bienes monetarios. ¿Por qué lo primero que piensas que yo quiero es dinero? Quizás sólo quiero una foto tuya y tu linda familia o que me envíes una postal de tu próximo viaje de negocios o un sacrificio de gallinas.
—¡Deja de jugar y dime qué quieres!
—¿En cuánto valoras tu vida?
—¡Dime cuanto quieres!
—Yo aceptaré con gusto lo que me ofrezcas, según la medida del “sacrificio” es el tiempo que alargaras tu vida y el “sacrificio” debe ser proporcional a tus posibilidades. Debajo del mantel están los datos que necesitas para realizar el depósito, te hablo en media hora y recuerda que te conozco MUY BIEN.

El asesino recibió la llamada. Luz roja. Mientras se retiraba murmuró para sus adentros: “Hace un buen que no despacho a nadie, pero al menos paga a tiempo; Dios todavía me debe lo de Los Primogénitos”.

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CHEU-SING

Un lugar común puede convertirse en excepcional, sólo depende de quién pase por ahí.

Como aquella taquería de Coatzacoalcos: “Tacos Los Lagos”. Un lugar acogedor, limpio, con excelente servicio y donde tienen la costumbre de fotografiar a sus clientes, para posteriormente pegar la foto en una pared del recuerdo. Como otros tantos establecimientos donde sirven el exquisito platillo. Pero el detalle estriba en que resaltan una imagen muy especial, la de una celebridad, alguien que cuando disgusto su orden en aquella ocasión aún era una humilde paisana. El marquito rojo es de la vez que Salma Hayek se atascó con una orden de tacos de cabeza. La gente que iba a “Tacos Los Lagos” iba porque, la ahora diva, alguna vez estuvo ahí.

—No mames loco, aquí estuvo la Salma.
—Sí caon, esa vieja tiene un culo bien sabroso.

Aunque no tenían más clientela de la normal.

Hay otro lugar común por el que estuvieron de paso personas extraordinarias. Aunque nunca lo supieron como tampoco lo supo el dueño de los abarrotes “Manolín” y su impecable mandil blanco que tiempo después se tiñería de rojo.

Rodolfo Guzmán Huerta estaba de paso junto con su hijo, “necesitamos algunos víveres, comprémoslo en esa tienda”, aquella parada interrumpía el viaje que emprendían para entrenar al sucesor de la dinastía que iniciaba con Rodolfo Guzmán, dinastía de luchadores del pueblo y defensores de los débiles. Aquel día en particular se tropezaron con otro individuo que traía a una señora en la espalda, una señora que parecía estar en los huesos, simplemente lo ignoraron y acabando de comprar siguieron su camino. Jesús Pérez Gaona que había viajado tanto estaba en la necesidad de un aguardiente y sin un céntimo intento negociar con unos pescaditos de oro que le había “prestado” un coronel de Sudamérica.

Algunos más pasaron por esa abarrotes pero nunca supieron que tuvieron ese lugar en común.

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Referencia que hará falta aquí.

Cierro mis ojos y busco en la oscuridad. Nada encuentro. Esta penumbra me aprisiona, no puedo salir de ella, me retiene, porque no quiere que encuentre mi objetivo. ¡Hola! ¿Hay alguien ahí? No recibo respuesta. Sigo con mi peregrinaje sin saber a ciencia cierta si realmente tengo una meta. No. Sí tengo mi objetivo, y está totalmente definido, lo que no tengo es certeza, la certeza de cómo llegar a dar con él.

Por fin logro abrir mis ojos y las sombras siguen rondando alrededor mío, se aferran a mí. Me resisto. Déjenme, no las quiero conmigo. Es inútil luchar, no puedo en su contra. Sigo con lo mío, esperando a que las tinieblas desaparezcan por si solas. Espero y espero, nada ha cambiado desde el inicio.

Empiezo a desesperarme; Calma, me digo varias veces, no debes permitir que te dominen, tienes que superarlo. Aceptaste esta prueba, ya lo has hecho antes, no es tan diferente de otras ocasiones, tú puedes hacerlo. No importa cuántas veces me repita las mismas frases una y otra vez, en el fondo sé que son mentiras, aún así, quiero conservar la esperanza, pues es lo único que esta maldita oscuridad no puede quitarme.

El doctor Simmons estaba sentado en el sillón del laboratorio, descansando, asimilando. Contemplando el mayor logro de su vida, el sueño de toda su vida, el sueño que inicio desde que conoció a su mentor. El hombre al que debía todo lo que es, su “Gurú espiritual” como él mismo decía, el hombre que le sembró su amor por la ciencia y su pasión por utilizarla para beneficio del ser humano. El hombre al que nunca pudo conocer en persona. El tiempo y el lugar se lo impidieron.

Llevaba tanto tiempo haciendo esfuerzos, tantas horas, analizando algoritmos, diseñando diagramas, haciéndose del conocimiento, dirigiendo a otros expertos como él. Tanto esfuerzo, tanto desvelo, tanto sacrificio al fin dieron su fruto. Es lo que siempre deseo.

La noche anterior tuvo una revelación, se dio cuenta donde había errado, por eso no se detuvo. Fue un destello, una iluminación, por decirlo de alguna manera. Era tan obvio, ¿por qué no me di cuenta antes? Se decía a si mismo, reprochándose el no haber acertado antes, hubiera logrado su meta sin tener que romper su promesa. La promesa que le hizo a la persona más importante del mundo: no faltar la Nochebuena.

Pero después de su revelación, no podía esperar. El sueño de su vida estaba por hacerse realidad. Sólo había una forma de compensarlo; hacer un regalo. “Será un regalo que recordará toda su vida” dijo y sabía que era cierto, la persona más importante del mundo compartía su sueño con la misma intensidad. Se acerco al videófono e hizo la llamada.

-¿Papá?
-Lo siento hijo, sé que debía estar contigo ayer, pero es que alguien quiere conocerte.
En la pantalla apareció un hombre de metal. El niño no podía creerlo. Antes de que pudiera decir algo, el primer Robot dijo:

“Feliz Navidad Isaac”