Articles by Carlos

Lector fanático. Escritor principiante

La noche había sido pesada. Martín aun no se daba cuenta de que el sol salio y la hora se acercaba. Junto a la carta que le escribió a su esposa se encontraba su insignia de general otorgada por el presidente Juárez, pero a el solo le importaba la venganza, a cualquier precio.

- Señor… – Interrumpió sus pensamientos Solín, el joven aprendiz.

Martín Sánchez se le quedo viendo esperando que continuara.

- … General, los refuerzos ya llegaron. – Fue lo que dijo sin dejar de mirar la insignia.

- ¿Te refieres a El Pantera y sus amigos?

- Si señor. -

- Aun no se si ese ejercito de drogadictos realmente nos ayude de algo. ¿Cual es el estado de los heridos? - Pregunto el general mientras se paseaba la carta por sus manos.

- Carlangas aun esta inconciente, el doctor no cree que sobreviva a esta noche. Es una lastima, en la ultima batalla casi acabo con todos los enemigos el solo.

- Si. No me hubiera imaginado que ese niño fuera un soldado tan hábil. ¿Kaliman ya regreso de su viaje de peyote?

- ¡No es peyote!, es un viaje astral. Y no, aun no regresa, tiene sospechas de que la araña negra este ayudando al enemigo.

- Como sea, dile a El Pantera y sus amigos que vayan con El Santo y Mil Mascaras a que les den sus uniformes, imagino que ya vienen armados.

- ¡Señor, Señor! – Se escuchaban los gritos fuera de la tienda de campaña de Martín.

La voz era de Memín, el único que no acaba de entender el significado de la lucha.

- ¡Señor, ahí vienen los Orcos!

- ¡Por enésima vez Memín! - Le contesto Solín. - Aunque sean feos y prietos… ¡No son Orcos, es el Zarco y su ejercito!

El precio

La barca se acercaba a la orilla del río, el sonido del remo golpeando el agua era fuerte. La mirada del barquero se cruzo con la de su siguiente pasajero. Basto solo eso para que Caronte dijera para si mismo en voz alta mientras se alejaba de la orilla:

-Otro más…, me pregunto, ¿cuantos habrá y cuantos faltaran?

-¿Hacía donde remas, Caronte?, ¿No me llevaras al otro lado del río? – Dijo temeroso el pasajero.

-No, para todos ustedes existe un lugar diferente, uno que ni yo mismo conozco.

-¿Para todos nosotros?, ¿a quienes te refieres?

-¡Para ustedes, los “buscadores de la verdad”! Los que creen que con leer los diarios de sus predecesores, excavar en lugares desolados mientras imaginan que lo buscan les traerá lo que siempre desearon y soñaron, sin saber que fueron sus mismos sueños quienes moldearon y dieron ser a sus objetos “encontrados”. Sus propios Hrönir.

El pasajero empalideció aun mas al escuchar al barquero y observar la oscuridad hacia la que este le llevaba. Con voz temblorosa le dijo a su guiador:

- Entonces, ¿Mis investigaciones y hallazgos sobre…

- ¡Calla! – Lo interrumpió Caronte. – No me interesa el por que es que estas aquí. Ahí donde estas sentado estuvieron los que “creyeron encontrar” el grial, los que “descubrieron” una nueva especie de dinosaurio, y todo ese tipo de hombres. Ninguno entendió el precio de sus Hrönir, sus propias almas y en más de un caso, sus propias vidas. A todos ustedes les espera un destino diferente que a los demás hombres.

La barca llegó a su destino y el pasajero bajo. Caronte se alejo y por su mente pasaron las mismas palabras que siempre pasan cuando regresa de esa orilla:

- ¿Cuándo aprenderán los Tlönistas a dejar de creer en la Tierra….?