La noche había sido pesada. Martín aun no se daba cuenta de que el sol salio y la hora se acercaba. Junto a la carta que le escribió a su esposa se encontraba su insignia de general otorgada por el presidente Juárez, pero a el solo le importaba la venganza, a cualquier precio.
- Señor… – Interrumpió sus pensamientos Solín, el joven aprendiz.
Martín Sánchez se le quedo viendo esperando que continuara.
- … General, los refuerzos ya llegaron. – Fue lo que dijo sin dejar de mirar la insignia.
- ¿Te refieres a El Pantera y sus amigos?
- Si señor. -
- Aun no se si ese ejercito de drogadictos realmente nos ayude de algo. ¿Cual es el estado de los heridos? - Pregunto el general mientras se paseaba la carta por sus manos.
- Carlangas aun esta inconciente, el doctor no cree que sobreviva a esta noche. Es una lastima, en la ultima batalla casi acabo con todos los enemigos el solo.
- Si. No me hubiera imaginado que ese niño fuera un soldado tan hábil. ¿Kaliman ya regreso de su viaje de peyote?
- ¡No es peyote!, es un viaje astral. Y no, aun no regresa, tiene sospechas de que la araña negra este ayudando al enemigo.
- Como sea, dile a El Pantera y sus amigos que vayan con El Santo y Mil Mascaras a que les den sus uniformes, imagino que ya vienen armados.
- ¡Señor, Señor! – Se escuchaban los gritos fuera de la tienda de campaña de Martín.
La voz era de Memín, el único que no acaba de entender el significado de la lucha.
- ¡Señor, ahí vienen los Orcos!
- ¡Por enésima vez Memín! - Le contesto Solín. - Aunque sean feos y prietos… ¡No son Orcos, es el Zarco y su ejercito!

