Articles by Cesartzu

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Miró sin creer la lista de ciudades que habían desaparecido y era difícil de creer que estuviera en la última, en la que se resistía a caer. La última ciudad en sucumbir a los cuatro jinetes que desde hace más de dos mil años habían sido llamados a gritos según los fanáticos religiosos.

Paradójicamente la ciudad sagrada fue la primera en caer. Donde esta su Dios -pensó- mientras miraba las imágenes en televisión de un aparador del centro comercial que ardia en llamas. Le siguieron muchas más al azar. Como si no hubiera un orden en el fin.

La buscó afanosamente mientras corría entre los ríos de lava y las piedras que caían como disparadas por cañones invisibles del cielo. Nunca fue creyente así que sabia que era el final. Ni por un momento le pasó por la mente el sentarse a implorar como lo hacían la mayoría de las personas.

Los veía rezar y no veía a ningún Dios venir a recoger a nadie, solo el azar parecía escoger quien si y quien no sucumbía bajo una gran roca salida de quien sabe donde o perecía quemado bajo la lava que brotaba de las entrañas de la tierra.

Solo quería encontrarla, el mundo tenía días que se acababa y él quería verla por ultima vez. Pensó en su deseo de siempre. Morir con su nombre en los labios y si a eso le podía anexar su imagen en sus ojos, mucho mejor.

Y cuando al fin la miró ahí sentada en los columpios del viejo parque, viendo el espectáculo que se rendía a sus pies, no pudo entender porque Isabel cantaba mientras el mundo se caía a pedazos. Ella ni cuenta se dio de su llegada, cantaba mientras una gran roca los aplastaba a los dos.

Todavía recuerdo al buen Luís. Era listo como pocos aquí y tenia suerte con las chicas, tenia 27 años cuando eso pasó, creo que fue cuando salió campeón el Morelia, lo recuerdo porque era aficionado al fútbol y aun cuando que no le simpatizaba ese equipo igual lo festejó.

Estábamos sentados en las tribunas bebiendo cerveza cuando se lo dije. Así como si fuera cualquier cosa, así como comentábamos las estadísticas del equipo de torreón, así como cuando platicábamos de las putas y de las demás pendejadas perdidos en polvo y alcohol.

- No me gusta comer otra cosa que no sea sangre, no me llamo José Juan soy Kizin y soy un dios, de la muerte. Soy el apestado, rey de Xibalbá.

- Jajajajaja pinche Juan no mames, mira ¡Ahí va el gol! ¡Ahí va el gol! ¡Gooooooooool!

Y fue todo. Ese día golearon a las chivas y el buen Luís se la pasó toda la semana platicando de los goles del Jared, de las jugadas del Pony y demás pendejadas del fut. Pensé que había escuchado mal o que simplemente como lo hacia cuando jugábamos carreritas en los transportes en los que trabajábamos, lo había olvidado, como olvidaba todo lo que yo le decía. Pero un día, algunas semanas después me preguntó.

-He wey la vez que fuimos al fut, dijiste una pendejada, algo de que eras un dios o algo así, pinche mamón y luego dices que el chemo soy yo-.

-Naaaa pinche puto si luego como siempre que te digo algo te haces wey y me das el avión, por eso nunca te cuento nada.- le conteste.

-A ver haz algo que nadie más pueda hacer- me dijo como retándome con los ojos rojos por el alcohol y lo demás.

Y si. Me vi muy hojaldra con el buen Luís, y a pesar de que poda matarlo con solo pensarlo, a punta de chingadazos lo maté.

Ixtepec sabe que nunca, ni muerto podrá parar -C.F-

Conté solo 14 casas que apenas se dejaban ver entre los árboles. Polvo y solo polvo nos dio la bienvenida, había niños que caminaban descalzos y nos veían con extrañeza, después supe que habían pasado años desde la ultima vez que alguien se bajó de un autobús. Lo ultimo que escuche antes de bajar fue la voz del chofer preguntando ¿Seguro que se va a quedar aquí joven?

Lo primero que me tomo por sorpresa y me hizo reír era el letrero arriba de las dos bancas que jugaban a ser plaza alrededor del quiosco “Bienvenidos a En Nombre de Dios”, busque a lo largo de la callezuela mi destino, no era difícil reconocer la casa que buscaba, era la única de donde no se había asomado ningún niño. -Pasa-, me dijo al estar en el umbral de la puerta, me senté y después de saludar me ofreció algo de beber.

Sabes a que he venido y no quisiera hacerte perder el tiempo -dije-. Me da gusto que estés aquí, pero hoy me marchare al igual que tú, solo te esperaba para poder volar -contesto-. Le dije que no quería mas explicaciones, solo dime porque desperté una vez en este mismo cuarto y no volveré mas, levante los ojos intentando verla aprovechando su cercanía al beber del te que me sirvió. ¿Quieres saber por que estas aquí? es sencillo, nunca soñaste que estuviste aquí, solo saliste un día pero jure que te haría volver, no importa que te hayas ido antes, seguí tu camino, no eran tus pasos, era mi voz la que te guió de regreso. Se rió y pude ver sus ojos verdes como esmeraldas que ahora brillaban, y ya acostumbrado a la poca luz casi di un grito al reconocerla, ¿Tú? Si -contestó-, Y se fue y no pude, ni quise detenerla.

Hoy estoy aquí, en el lugar al que me hizo volver, se que nos encontraremos otra vez. Estoy sentado solo en una de las dos bancas viendo jugar a los niños descalzos, pero al igual que antes ella me hará alcanzarla. Y ya no estaremos tan solos ni tan niños.

Siempre supiste que todo era una treta, un engaño para cubrir la verdad, para hacerte crecer a fuerzas, por más que el mundo entero quisiera tú lo sabias, siempre lo supiste por ti mismo. La magia nunca desaparece pues no tiene a donde ir.

Escogiste sin pensarlo la pistola de doble cañón pues sabias que una sola carga bastaría. Dejaste los demás cartuchos ahí regados mientras releías la nota del duende malencarado aquel, el que te dio sin preguntar nada, a cambio de dos cervezas, la dirección de la taberna donde el gordo egoísta que odiaba a los adultos acostumbraba tomarse una cerveza todas las noches en especial las que le tocaba trabajar.

Llegaste temprano nadie estaba en la barra aun, solo había dos enanos que acariciaban lascivamente a una tipa que parecía estar en otro mundo al fondo del salón y te pusiste a esperar.

Siete minutos después a las ocho con cincuenta y seis minutos lo viste llegar, engalanado para navidad, el gorro rojo que ahora te parecía tan ridículo pero que de niño te hizo muchas veces soñar, colgaba de su mano dejando ver su cabellera blanca y su amplia barba. Viste también detalladamente su espalda y notaste la falta del morral descrito en mil cuentos infantiles, ¡pff! una mentira más, te pusiste de pie y sin pensar en los niños que llorarían como tú 30 años atrás, tomaste el arma que tenias oculta bajo chaqueta y un solo tiro basto.

Lo viste caer boca abajo, no alcanzo ni siquiera a girar para ver quien le disparo, sonreíste pensando que esta vez si era el adiós y no aquel 23 de diciembre cuando en pleno funeral de tu padre, alguien que no recuerdas te dijo la mentira que termino de tirar tu mundo en el ataúd de tu padre. Santa son los padres. No pudiste evitar sonreír mientras recordabas su risa, mientras esta vez decías para siempre y con justa razón adiós pinche gordo bye bye navidad.