Era hermosa, su piel blanca reluciente, su pasividad inminente y su sonrisa impasible.
Más blanca que nunca, acostada en la plancha, lentamente descubrí su cuerpo, que algún día fue perfecto y que ahora esta marcado con una cicatriz burda y áspera.
Nada me enloquecía más que tocarla y hacerla mía. Mi bella durmiente le llamaba, aunque nunca me ha dicho una palabra, imagino su voz dulce.
No puedo dejar de tenerla esta noche, será la primera y la ultima vez que la veré antes que caiga entre llamas y desaparezca para siempre.
Mi único consuelo es el comienzo de las vacaciones de semana santa, seguro que vendrán muchas más.

