Articles by controlzape

Escéptico mamoncérrimo.

Durante el examen profesional de un aspirante:

- Ahora describe la escena del crimen. Apégate sólo a los hechos. Ahórrame tus impresiones – exigió el examinador.

El aspirante contempló la escena y comenzó.

- Un hombre prietísimo y gordo, treintañero, está sentado ante un plato de leche en la que flotan cherios sabor manzana y canela. Su cara está hundida en la leche. Un foco amarillento oscurecido por pintas de moscas ilumina al gordo y al escaso mobiliario consistente en la mesa, la silla y un librero polvoriento con más huecos que libros. El gordo viste un traje claro lustrado por el uso. Apesta. Sus esfínteres se aflojaron y se ha cagado encima. Además de la cuchara de la misma madera que el plato, sobre la mesa hay mechones de su cabello largo, oscuro y desordenado. Alguien lo tomó con firmeza de su hirsuta pelambrera para hundirle la jeta en el cereal con leche. Las pocas señales de lucha consisten en los intentos del gordo por incorporarse mientras se ahogaba. Son las marcas de las patas de la silla en el suelo de barro pintado y un zapato gastado del gordo que fue a parar al pie de la pared de la que cuelga la única decoración en la diminuta habitación: un poster de un hombre con la jeta hundida en un plato de cherios con la leyenda “te morirás por probarlos”.

- Ahora sí, dime el sentimiento más notable que tengas en este momento – pidió el examinador.

- Regocijo. Quedó mejor mi cuadro que el poster que cuelga en la pared – dijo el aspirante a cerealkiller.

por controlzape, reportero de lo insólito.

Una multitud abarrotó desde temprana hora las inmediaciones del conocido club para caballeros El Pelo en la Sopa.

Desde las 8 de la mañana empezó a llegar la gente y al cabo de pocas horas ya había formada una fila que se extendía desde las puertas de acceso del club hasta avenida Chapultepec.

“Es que una de las muchachas tiene a Jesús en el culo” – explicó el que estaba hasta adelante en la fila cuando preguntamos que hacía ahí tan temprano.

Intrigado, hice uso del pase de prensa y de la feliz coincidencia de que conocía al dueño merced a la frecuencia de las visitas que hacía a su fino establecimiento. Cuando abrió el acceso por la tarde entré.

En el interior no hallé ni a las peludas ni a la sopa habituales que eran los atractivos del lugar. También faltaban las luces estrambóticas que hacían ver el diminuto lugar más grande de lo que era.

En vez de todo ello, el interior de El Pelo en la Sopa estaba iluminado con cirios de distintos tamaños. En medio había un altar que consistía en una plataforma sobre la que una de las empleadas más activas del club estaba en permanente genuflexión presentando al visitante su trasero. Lo más notable de esta escena era la reacción de los parroquianos: se acercaban, miraban el culo, se santiguaban y antes de irse dejaban el importe del cover en la urna puesta para el efecto.

Al llegar mi turno, noté que entre el vello bien recortado de la empleada había un lunar que si uno miraba bizqueando adquiría un fugaz parecido a un barbón greñudo alzando la mano para dar una bendición.

Mientras contemplaba esta paraidolia me tragué un pedo de la única atracción del club.

La enviada de Tlön estaba cansada pero satisfecha. Pronto regresaría a su hogar.

“Extermínalos. Sobre todo a uno que se llama controlzape. Ese escéptico execrable impide que platiquemos con Dios.”

Ejecutar esas instrucciones para que Tlön no fuera un páramo borgiano fue fácil al principio. Igual que con Carbonello, se hizo pasar por entrevistador de revista literaria y concertó una reunión a la que acudió la mayoría de los metatexteros. A los atolondrados de egos inflados era sencillos matarlos.

Las dificultades llegaron después. Había unos pocos a los que no interesaban las entrevistas. A esos hubo que seguirlos. Algunos, notablemente lúcidos, comprendieron quién era y antes de morir modificaron a Tlön. Beam convirtió en zombies a muchos de Tlön. Caníbal mandó una invasión de vacas voladoras que inundaron a Tlön de mierda. Rox, volteó todo de cabeza: invirtió los sexos de los tlönitas.

Por eso ahora tenía tetas y vagina pero su afán por cumplir sus instrucciones no había cambiado. Ya sólo quedaba uno y caminaba frente suyo por la calle.

- ¿Eres controlzape?

Controlzape se detuvo y la miró.

- Sí.
- ¿Es cierto que no crees en Dios?
- Lo que crea no importa. ¿Tienes evidencia de que existe?

La tlönita sacó su arma y disparó al pecho de controlzape.

- Toma tu evidencia.

Con extraña torpeza usó su comunicador.

- Terminé. Ya nadie influye en Tlön. Regrésenme a casa.
- No podemos.
- ¿Falta alguno?
- No. Pero con el último olvidamos mucho de lo que aprendimos, incluso a usar la máquina que te transportaría a Tlön. Ahora pensamos que un señor invisible proveerá de lo que haga falta. Ya le rezamos pero aún no responde. Ten fe.

La tlönita se percató de que controlzape aún no moría. Sonreía.

- ¿Qué es lo chistoso? – dijo enfurecida.
- Que yo tenía razón. Del otro lado no hay nadie – dijo controlzape antes de morir.

La enjoyadísima marquesa de Cruzalta recibió la noticia de la pérdida de su maleta con humor.

- Había ahí un vestido exclusivo mío. Como estoy deforme quien haya robado la maleta nomás lo va a poder usar de trapo.

- No la robaron – le informó su dama de compañia. - Confundí la maleta de otro por la tuya.

- ¿Como en esa película de Daniel Jimenez Cacho que nunca he terminado de ver porque me tumba de sueño?

- ¿…?

- Sí. Daniel Jimenez Cacho se lleva la maleta de una fulana y la fulana se lleva la maleta de Daniel. Al llegar a sus casas descubren su error y empiezan a hurgar en las pertenencias del otro para dar con su paradero. Él lee el diario de ella y ella escucha las grabaciones de él. Se idealizan y se enamoran del otro y luego no sé que pasa porque me da sueño y me duermo. Ha de ser porque temo que ambos se conozcan y vivan felices para siempre en lugar de que se aborrezcan nomás de verse, que es lo que pasaría en la realidad. Mejor miremos la maleta que te trajiste.

Abrieron la maleta. Dentro había un encendedor con la frase “carpe diem” grabada y un oso de peluche tan relleno de mota que por las costuras asomaba su contenido.

La marquesa de Cruzalta siguió la recomendación de la inscripción del encendedor. Consiguieron pipas pues ni ella ni su dama de compañía sabían liar un cigarro. Cuando ya se habían fumado a medio oso de peluche la marquesa creyó que era buena idea redecorar su casa. Puso en práctica esa idea encendiendo las cortinas.

Al otro día el servicio forense sólo pudo reconocer a la marquesa de Cruzalta por el oro fundido que cubría su cuerpo carbonizado.

Dos viejas beatas tenebrosas asistieron al funeral de su contemporáneo Fofógoras, un notable ateo con quien por años habían sostenido largas y agrias discusiones sobre religión.

- Vamos a rezar un ruega por nosotros – le dijo una beata a la otra cuando vió que ninguno de los asistentes guardaba el debido respeto por el muerto.

- ¿Y no nos correrá su nieta?

- Esa atea alzada como su abuelo no se va a atrever. Avísale a la gente.

Luego de la letanía.

- Este funeral es muy raro. ¿Ya te fijaste que estamos velando un ataud vacío?

- Es que Fofógoras se hizo cremar tan pronto como falleció.

- Fofógoras estaba loco. ¿Viste que su nieta se salió cuando empezamos a rezar?

- Te digo que es igualita a su abuelo quien ahorita ha de estar pagando sus pecados en el infierno.

- Shhh. Ahí viene la nieta.

- Hola, gracias por venir. Mi abuelo me indicó que a las que rezaran por él les sirviera de este café exótico. Ya ven que le gustaba viajar por todo el mundo.

- Ah gracias, qué considerada.

Luego de que las beatas se zamparan varias tazas de café.

- ¡Qué café tan sabroso! Parece que el viejo al final se ablandó. Así les pasa a todos los que enfrentan a la muerte. A la mera hora se vuelven muy mansitos. Le tengo que preguntar a su nieta dónde lo puedo conseguir… ¿niña, sabes dónde consiguió este café tu abuelo?

- De sí mismo. Me pidió que lo preparara con sus cenizas. Para ustedes.

Ciridongo caminaba por Reforma para cumplir con su ritual de todas la noches antes de irse a acostar a las escaleras del metro. En su mente de ideas cortas y precisas iba disfrutando del único momento de anticipación que tenía en el día. Tanto era el placer anticipado que se le agrietaban las costras de mugre de la cara por ir sonriendo.

Cuando arribaba al cruce de Reforma y Sevilla se sentaba en una de las bancas de piedra que rodean la glorieta. Alzaba la mirada a la fuente y contemplaba, extasiado, el culo más redondo que conocía.

Al cabo de un momento sentía una erección. Metia la mano en las profundidades de su pantalón que le quedaba grande y se masturbaba. Con discreción para que los policías rodantes que pasaban ocasionalmente por ahí no lo interrumpieran.

Al terminar, Ciridongo le dedicaba una última mirada al trasero de bronce contundente de la diana y se iba a dormir. Así terminaba cada día Ciridongo: plenamente satisfecho.

Esa rutina duró hasta la noche que Ciridongo ya no pudo cumplir con el ritual. Algún funcionario del gobierno del DF que sentía lo mismo que Ciridongo en la entrepierna cada vez que pasaba frente a la diana rumbo a su oficina, mandó ponerle, alarmado, una falda de bronce.

Ciridongo no conocía la causa de que la diana tuviera falda pues no leía periódicos. Sólo sabía que por más que estuviera contemplándola, la erección no llegaba. Por primera vez en mucho tiempo, se fue a dormir insatisfecho.

Esa noche Ciridongo soñó con un culo de bronce. Mientras otros más prósperos que él soñaban con culos de carne a los que no se atrevían a acercarse.

Hoy, celebrando mi centésimo cumpleaños mi nieto me notó aburrido.

- Tengo algo que te va a animar – me dijo.

Lo seguí rodando hasta el patio a donde no dejaba entrar a nadie desde que se instaló en mi casa. Ahí se elevaba el cohete apuntando al sol.

- El cohete sólo es la envoltura. Llevo años preparándolo. Para hoy.

Miré a mi nieto quien me dijo encogiéndose de hombros.

- Yo también me aburro. Creo que lo heredé de tí. Tolero mal al mundo.

Abordamos el cohete. Pronto fuego y humo lo envolvieron y nos llevaron a cientos de kilómetros por encima del suelo. Debajo nuestro la Tierra daba vueltas.

- Ten tu regalo – me dijo mi nieto. - Feliz cumpleaños.

Abrí la caja que me tendía. Adentro había un aparato que tenía un botón.

Deslicé el pulgar por la superficie bruñida del botón. Miré hacia abajo, a la esfera azul y blanca sin chiste y apreté el botón.

Pasó un minuto entero. Ya abría la boca para protestar cuando noté que perdía color la Tierra. Cambiaba de azul a gris.

- Acabas de mandar la atmósfera al espacio. Los océanos están en ebullición y se evaporan. No hay presión atmosférica que los contenga – me explicó mi nieto.

Tenía razón. Al cabo de otro minuto la Tierra ya tenía una hermosa cola. No tardaría en adquirir una longitud de millones de kilómetros. Era aire y agua siguiéndola.

Mi nieto me tendió el hipervisor. Estaba enfocado sobre una ciudad porteña. Ví a criaturas marinas boqueando. Sus gestos de estertor no eran diferentes a los de la gente que consumía los pocos centímetros cúbicos de aire que les quedaban en los pulmones, mientras los rayos del sol los cocían.

Dejé el hipervisor a un lado y contemplé, feliz, el cometa que me había regalado mi nieto.

Gabilondo Soler abrió los ojos después de lo que le pareció un largo sueño. Miró al hombre que lo contemplaba. Era muy extraño. Alto, delgado y pálido. El cabello, los ojos y sus ropas eran de oscuridad y estrellas.

- ¿Con que Juan Pestañas, eh? De todos los nombres con los que me han llamado -y son muchos- ese es el más jocoso de todos – dijo el hombre sin una pizca de humor.

- ¿Quién eres? ¿Dónde estoy? - preguntó Gabilondo.

- Algunos me llaman Daniel. Soy un Interminable. Tú llámame Sandman. Estás en mi reino.

- ¿…?

- Ya he pasado por esto. Con un colega tuyo. Se llamaba Esopo, quizá hayas sabido de él. Hacía fábulas. Nomás que él no las cantaba. También usaba a animales. Lo que me lleva al quid del problema por el que estás aquí. Antes de que continues haciendo preguntas idiotas te explicaré. Moriste. Tu corazón estaba viejo. Estabas en el ámbito sin sueños de mi hermana pero hice un trato con ella para traerte aquí. Para que compongas lo que echaste a perder.

- ¿Qué eché a perder? Yo era un compositor de temas infantiles. Muy querido y apreciado por mi público.

- Sí. La gente puede ser muy idiota a veces. Pero aquí estoy yo para evitarlo. Verás: pasaste muchos años componiendo historias de animales y objetos inanimados haciendo cosas de humanos. Eso estuvo muy mal. A los niños (no a todos afortunadamente) les parecieron maravillosas tus canciones y las cacarearon hasta dejar de imaginar cosas más interesantes por sí mismos. ¿Reyes de chocolate? ¿Ratones vaqueros? ¿Un chorrito? Pffffff. Ahora hay un déficit de sueños e imaginación de calidad en mi reino. Y alguien va a pagar por ello.

Demetrio Macías comenzó el ataque en el flanco oeste del Tepeyac. Los feligreses, furiosos y peligrosos como zombies con hambre atrasada, contraatacaron.

Cuando más de la mitad de sus fuerzas había sido abatida, Demetrio Macías se preguntó a qué horas llegaría el apoyo. Entonces, una explosión retumbó desde el flanco sur del cerro. Su comunicador carraspeó.

- Perdón por el retraso – escuchó.

- Eres un cabrón Lupe Arroyo.

- Espera que ya voy para allá y juntos subimos el cerro.

Las fuerzas de Demetrio Macías y José Guadalupe Arroyo subieron por el cerro abriéndose paso a machetazos y a balazos.

A la cima sólo llegaron Macías y Arroyo, junto con sus compadres, el Codorniz y Germán Trenza. Prontro fueron sometidos y capturados.

Cuando el combate cesó, salió del búnker una mujer ataviada de verde. Los miles de defensores del Tepeyac se arrodillaron santigüándose.

- ¿Porqué atacan mi iglesia? - preguntó.

Demetrio Macías le susurró a Guadalupe Arroyo.

- Es tu tocaya, tú háblale. A mi me da miedo.

- A mí también pero ya pronto terminará todo. Hay que distraerla hasta que el gringo llegue.

Guadalupe Arroyo se aclaró la garganta y dijo a la mujer.

- Convertiste a todo un país en adoratrices descerebrados tuyos.

- Lo hice por su bien…

El rugido de un motor interrumpió a la mujer. Venía desde lo alto.

Alzaron la vista y vieron un aeroplano precipitarse hacia ellos. Demetrio Macías y Guadalupe Arroyo reconocieron al piloto. Era el gringo. También la mujer lo reconoció.

- ¿Ambrose? - alcanzó a decir antes de que el aeroplano se estrellara.

La explosión del Tepeyac fue contemplada a lo lejos por dos hombres.

- Hasta ahí llegó esa puta disfrazada de virgen – dijo uno.

- ¿Y si no?

- Pues ya estarás reviviéndolos, Macario. Para volver a atacarla.

Los amigos del cazador contenían el aliento. Sabían que si interrumpían con sus preguntas necias, el cazador se encabronaría con ellos. Llevaban varios minutos mirando con sus binoculares la presa que el cazador acechaba. Un magnífico león en la pradera.

El cazador levantó su mano para indicar silencio. Se disponía a disparar. Sus amigos aguardaban el sonido del disparo. Justo cuando el índice del cazador presionaba el gatillo un aullido los interrumpió.

  -  ¡Basta de tanta muerte!  -vociferó alguien a sus espaldas haciéndolos respingar a todos.

El cazador y sus amigos voltearon a ver a quien los había interrumpido. La furia que sentían se trocó en asombro al contemplar al que les gritaba,

Un hombre de barba, vestido de levita estaba ante ellos. Caminaba rengueando pues le faltaba una pierna.

  -  Insensatos – decía mientras tomaba el arma del cazador y la rompía contra una piedra en el suelo.

El cazador salió de su estupor y se abalanzó sobre el hombre de levita. Este sin esfuerzo lo contuvo y lo mandó también al suelo, sin aliento.

   -  Regresen a sus casas y dejen a los leones en paz – exigió.

Los amigos del cazador lo ayudaban a levantarse. Uno tuvo el ánimo de preguntar al de la levita que ya se iba.

  -   ¿Quién carajos es usted?

  -   Ahab – dijo – y llevo prisa, debo detener a unos que están tumbando árboles en el amazonas. Es lo que cuesta ser liberado de una ballena blanca.

Los pastores esperaban en la oscuridad. La aparición alada que vieron en la víspera les dijo que una luz aparecería en el cielo para guiarlos.

Al cabo, una luz brillantísima apareció en el cenit. Los pastores la miraron asombrados. La siguieron hasta dar con un pesebre donde una pareja cuidaba a su recién nacido.

La continuación de esa historia ha sido contada muchas veces. Nada nuevo que ver ahí. Pero hay un aspecto poco conocido del relato que merece atención. Para conocerlo sigamos hasta su origen, al rayo de luz que llegó a la Tierra. Es una supernova que ocurrió mucho antes de que existieran los pastores y el recién nacido que buscaban.

En una órbita lejana encontraremos un planeta helado y de superficie estéril. Sus compañeros planetarios más cercanos a la estrella, se evaporaron en las primeras horas de la supernova. Debajo de su superficie, en las cavernas más profundas que pudieron hallar, ocurre el siguiente diálogo entre los supervivientes de una raza inteligente y llena de esperanzas.

- Trajimos todo lo que pudimos. Mucho se perdió.

- Los sistemas de soporte vital no durarán.

Miraban al que los había convocado.

- Estamos condenados. Pero aquí preservaremos lo que logramos rescatar de nuestra civilización; la música, la ciencia. Lo que nos hace lo que somos.

- ¿Pero para qué este esfuerzo inútil? Moriremos de cualquier manera.

- Nosotros sí, pero no lo que sabemos. Lo catalogaremos y guardaremos. Encederemos un faro atómico y quizá dentro de eones, otros logren captarlo, vengan y aprendan de esta lección.

- ¿Y que lección es esa?

- Que es una estupidez creer que uno es el favorito del Cosmos… o de Dios.

El erudito estudió su imagen en el espejo. Se sacudió polvo inexistente de su solapa. Quería estar impecable para la entrevista.

Sonó el timbre. Acudió a la puerta.-

¿Profesor Carbonello? - inquirió un joven con aspecto de extranjero.

- ¿El entrevistador? Pase. Entremos a mi estudio. Tome asiento.

El entrevistador se sentó frente al escritorio de Carbonello. Comenzó a preguntar.

- Entiendo, profesor, que ud es el estudioso más notable de la obra de Borges, en particular su texto Tlön…

- ¿Tlön, Uqbar, Orbis Tertius? Soy de los primeros que lo leyeron hace 60 años.

- ¿Qué opina de él?

- Es magnífico. Desde que lo leí, he escrito sobre Tlön. Esculpiéndolo con mi contribución.

- ¿En qué consiste esa contribución? ¿Ha escrito sobre aeronáutica?

- No, pues los habitantes de Tlön no vuelan.

- ¿Y sobre la sexualidad de los Tlönicos?

- Tampoco. Exceptuando a los caballos, los de Tlön se reproducen por gemación. Sus relaciones son platónicas.

- Entonces ¿qué ha escrito sobre Tlön ?

- Pues de sus dunas. Soy cartógrafo y tengo apego por los desiertos.

El entrevistador sacó una pistola y la vació en la cara del profesor Carbonello. Luego activó un comunicador.

- Carbonello está muerto. ¿Hay alguna mejora?

- Sí. Empezaron a crecer árboles.

- ¿Nada más?

- Me temo que sí.

- Pfff, ¿quién falta?

- Unos escritores wannabe en México. Inventan burradas metafísicas sobre Tlön. Extermínalos. Sobre todo uno que se llama controlzape. Ese escéptico execrable impide que hagamos magia.

- Va.

El exterminador salió de casa de Carbonello lamentándose:

”¿Porqué nos tocó Borges y no Tolkien? ¿Cuándo se ha visto que Gandalf pase trabajos en el mundo real para que la Tierra Media no sea un páramo pomposo y aburrido?”

Autor: controlzape

Durante las primeras horas de la Zombificación.

- Oye papá ¿dónde está mi mamita?

- Afuera.

- ¿Y porqué no la dejas entrar?

- Porque si la dejo entrar nos va a morder hasta matarnos… junto con sus amigas.

- ¿Qué le pasó?

- No sé. La última explicación que oí decía que era por el polvo de la cola del cometa que cayó la semana pasada. Dicen que ese polvo se mezcló con una sustancia que tienen más las mujeres que los hombres que se llama estrógeno y que eso las convirtió en zombies.

La puerta se sacudió con violencia. Alguien intentaba entrar. Al niño no le gustaba ese ruido. Cerró los ojos y se tapó los oidos. Cuando los volvió a abrir vió a su papá empuñando la motosierra listo para accionarla.

Ya no se sacudían ni la puerta ni las dos ventanas de la cochera tapiadas con pesadas planchas de madera.

- Duerme – le dijo su papá.

- No puedo. Extraño a mamita.

Mientras su papá examinaba por enésima vez los cartuchos de su escopeta, el niño preguntó.

- ¿Si todas las mujeres se convirtieron en zombies quién va a tener bebes?

- Quizá las niñas cuando crezcan, si no se convierten en zombies también.

- ¿Las niñas no son zombies?

- No. Cuando fuí a la cocina por comida ví por la ventana a nuestro vecino bajar con sus 2 hijas al sótano mientras tú mamá y sus amigas del club rotario se metian por las ventanas.

- ¿Y ahora qué pasará?

- Sobreviviremos. La humanidad nomás acaba de perder algunas recetas de pozole y la costumbre de andar con la ropa planchada.

Autor: controlzape