- Sácalo ahora y larguémonos.
- No, ya llegaste hasta aquí. Termina el trabajo.
- No seas pendejo. Tienes que salir ahora.
- ¿Qué no eres macho? Planeaste esto por meses. ¿Vas a desperdiciar TODO por el consejo de un grillo llamado José? Los machos no nos echamos pa’trás; terminamos el trabajo.
- Si no te vas ahora pasarás mucho tiempo recordando este momento.
- No va a pasar nada. Exagera este cabrón. Además, te puedes zafar fácil si algo sale mal.
- No queda mucho tiempo, si no sales ahora la vas a cagar. Tu vida se va a ir a la verga. Es cadena perpetua.
- ¡No te me rajes ahora! Si terminas esto, todos estarán complacidos. Tu reputación aumentaría. No eres precisamente el más popular en estos menesteres.
- Ya vienen cabrón, chingao’ hazme caso por una puta vez, yo soy el bueno.
- ¡A la verga todo! Termina rápido.
Todo eso pasó por la mente del sujeto en una fracción de segundo. La llegada de los indeseables era inminente. Él ya no pensaba. Oyó lo que quiso: Macho. Al individuo le gustó como sonó. La decisión estaba tomada: terminaría el trabajo.
Dejó de pensar y regresó a lo suyo. Estaba a punto de conseguirlo y él lo sabía, ya no había marcha atrás; era ahora o nunca. Sudaba, aunque definitivamente no era por los nervios. Ya había terminado.
Sin prestar oído a la voz que le aconsejaba retirarse, se afianzó de donde pudo y se limitó a gritar:
- ¡Me vengo!

