Pasaron varios años hasta que volví a ver a Arturo Belano…Abandono su casa el día en que Jimena y yo nos casamos, no sin antes prometer que algún día regresaría para recuperar el que fuera el amor de su vida, y finalmente hoy estaba de vuelta caminando tranquilamente por el malecón principal. Seguía teniendo el rostro enjuto y la mirada fría, conservaba aún ese rostro inexpresivo que intimidaba a cualquiera.
Trate de esconderme para evitar su encuentro, no tenía respuestas o consuelo que ofrecerle; el se merecía mas que palabras a la medida o discursos prefabricados, no puedes llegar a decirle a alguien que está enamorado perdidamente, que el objeto de su amor se ha fundido en otros ojos, que son otras manos las que toman su cintura cuando caminan por la calle; que no han de ser sus labios los que acaricien su cuerpo desnudo antes de dormir. No me fue posible evitarlo, supongo que me había visto incluso desde antes que yo advirtiera su presencia.
Si su rostro fuera capaz de expresar algún tipo de sentimiento, estoy seguro que sería felicidad. Finalmente llego a mi lado y sin decir palabra alguna se sentó a mi lado. Permanecimos en silencio un par de minutos, hasta que finalmente me dijo:
- He vuelto para luchar por el amor que me robaron.
- Nadie te robo nada, así es el amor.
- Eso no importa ahora, ojala hubieras podido ver su rostro cuando le hable de nosotros, cuando le enseñe la foto.
Al tiempo que decía esto último estiro su mano hasta tocar la mía. Salí corriendo de ahí, pensando en como explicarle a Jimena que antes de conocerla tuve un romance con él, prepare mis mejores palabras antes de llegar a la casa, pero no encontré a nadie.

