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Pasaron varios años hasta que volví a ver a Arturo Belano…Abandono su casa el día en que Jimena y yo nos casamos, no sin antes prometer que algún día regresaría para recuperar el que fuera el amor de su vida, y finalmente hoy estaba de vuelta caminando tranquilamente por el malecón principal. Seguía teniendo el rostro enjuto y la mirada fría, conservaba aún ese rostro inexpresivo que intimidaba a cualquiera.

Trate de esconderme para evitar su encuentro, no tenía respuestas o consuelo que ofrecerle; el se merecía mas que palabras a la medida o discursos prefabricados, no puedes llegar a decirle a alguien que está enamorado perdidamente, que el objeto de su amor se ha fundido en otros ojos, que son otras manos las que toman su cintura cuando caminan por la calle; que no han de ser sus labios los que acaricien su cuerpo desnudo antes de dormir. No me fue posible evitarlo, supongo que me había visto incluso desde antes que yo advirtiera su presencia.

Si su rostro fuera capaz de expresar algún tipo de sentimiento, estoy seguro que sería felicidad. Finalmente llego a mi lado y sin decir palabra alguna se sentó a mi lado. Permanecimos en silencio un par de minutos, hasta que finalmente me dijo:

- He vuelto para luchar por el amor que me robaron.

- Nadie te robo nada, así es el amor.

- Eso no importa ahora, ojala hubieras podido ver su rostro cuando le hable de nosotros, cuando le enseñe la foto.

Al tiempo que decía esto último estiro su mano hasta tocar la mía. Salí corriendo de ahí, pensando en como explicarle a Jimena que antes de conocerla tuve un romance con él, prepare mis mejores palabras antes de llegar a la casa, pero no encontré a nadie.

¡¡¡Ah chinga!!! Y este osito, ¿qué pedo? No mames, esta maleta no es mía. ¿Y esto? Había visto flores secas en libros, pero un ramo completo. Seguro es de una chava, y a juzgar por el osito y las flores, va a estar un rato sin el galán, si no es que ya la dejo. No, ya hubiera tirado todo al carajo, a menos que sea de esas a las que les gusta sufrir recordando, o recordar simplemente para que no les pase lo mismo de nuevo, no mames como pienso pendejadas. Ya sé porque la dejaron, con este pinche vestidote… No chingues es una sotana, que mal pedo, cuando menos me hubiera encontrado una maleta con ropa de mi talla. Ya chingue, aquí esta el pasaporte, vamos a ver… ¿Y la foto? ¿Y el nombre? No me jodas a quién demonios le voy a reclamar.

Ah cabrón, pues para ser una monjita es bastante liberal, mira nada más los hilitos que trae la santa mujer, y la lencería esta demasiado cachonda. Qué más trae, cigarros, un espejo, zapatillas, un poco más de ropa, cosméticos, un látigo… ah cabrón un látigo, no es una monjita entonces… ¿Qué opciones hay? Puede ser que le guste el maltrato, o maltratar, bueno no tienes porque ser mal pensado, a lo mejor colecciona este tipo de objetos, aunque tampoco puedo descartar del todo que se trate de una monjita, religiosamente perversa… jajajaja, bueno puede que sea de esas fanáticas que les gusta expiar sus culpas a través del dolor. Claro que también puede ser que trabaje para esos servicios de citas, o tal vez trabaje por su cuenta. Si tan solo tuviera una manera de localizarla, igual y hasta podría probar nuevas emociones, a lo mejor y hasta me hacía un descuento, ni modo.

Para cuando salgo del baño ya estás lista, esperando impaciente mi llegada, cubierta solamente con una delgada sábana blanca, que quito delicadamente dejando al descubierto tu bendita desnudez, inhalo tan profundo como puedo para llenarme de tu olor, y de ti.

Con la punta de los dedos toco suavemente tus pies, ahí es donde siempre inicia el recorrido, mis manos suben poco a poco por tus pantorrillas, puedo notar que te depilaste hace poco tiempo y para comprobarlo acaricio tus espinillas, y sonrío al confirmar mi suposición, más no me detengo y me impresiona la fortaleza de tus muslos blancos como la nieve y suaves como el algodón. Separo ligeramente tus piernas y puedo admirar la flor de tu cuerpo, acerco entonces mi rostro para robar su perfume mientras juego con el poco vello negro que contrasta con la blancura de tu piel. Me incorporo y descubro que me he enamorado de nuevo, siempre me pasa.

Cuidadosamente paso por tu vientre, para no quedar atrapado en la gravedad del agujero negro que lo adorna. Finalmente llego a tu pecho, y con ambas manos lo tomo y estrujo suavemente, envuelvo con mis dedos tus pezones que se erigen majestuosos, tan excitados como yo, acerco mi boca y con el ansía del recién nacido los chupo intentando saciar mis instintos más primitivos.

Levanto la cara y acaricio tus mejillas, beso tu cuello y tus suaves labios mientras juego con tu sedoso pelo que cae por debajo de tus hombros, mi mano recorre de nuevo tu cuerpo hasta llegar a tu pubis, mientras mi lengua juega con la tuya, mis dedos juegan con tu sexo y así continúo hasta terminar.

Finalmente me pongo los guantes para poder llegar al fondo de tu alma y si es posible, descubrir la causa de tu muerte.

- Yo digo que los matemos.

- Eres demasiado violento cabrón, no los podemos matar, aunque no te guste ellos son las estrellas del espectáculo y necesitamos el trabajo. Además, después del último muertito la gente ha comenzado a sospechar de nosotros.

- Está bien, está bien, yo nada más decía, tampoco es para que te pongas en ese plan. Pero a poco no te dan ganas de madrear a estos pendejitos que se creen dioses, nada más porque otro grupo de chamaquitos babosos gritan su nombre y compran sus playeras. ¿A poco no añoras esos días en que las multitudes se rendían ante ti, y hacían fiestas en tu honor?

- La verdad si. Esos días cuando todos se inclinaban al oír mi nombre y me rendían tributo. Cuando no tenía que trabajar porque con las ofrendas bastaba y nada más decir quien era, las mujeres caían rendidas a mis pies. ¿Que tiempos aquellos no?

- Por eso te digo, vamos a darles aunque sea una madriza.

- Que no cabrón. Mejor ayúdame a colocar esta madre en posición.

- Oye y ya sabes usarla.

- No, y ya sabes que yo pienso que no debes dejar el trabajo de un Dios a una máquina.

- No mames. Valiente Dios que solo sirve para echar humo y aire en los conciertos.

- Pues si pero al menos me ejercito, ¿Tú que haces? Prender y apagar un reflector.

- Por eso te digo vamos a madrearlos y práctico mis habilidades, veras que no te decepciono.

- Que no cabrón.

- Ya pues, no te encabrones, invitame un café.

- ¡Huitzi! ¡Ehecátl! No llego el plomero y nuestro baño esta tapado, creo que comimos demasiados tacos anoche. Vengan a destaparlo y a limpiar el piso.

- Pinche joto pelos morados. Tienes razón vamos a madrearlos, total si nos corren vamos y le pedimos trabajo de saca borrachos en el congal a la Xochiquetzal.

Todavía recuerdo la primera vez que lo vi, tan blanco, tan irreal, corriendo como loco porque se le acababa el tiempo.

Al principio pensé que estaba loco, pero la curiosidad (que dicho sea de paso ojala algún día mate al miserable gato que se aparece de vez en cuando y no me deja dormir) me hizo seguirlo hasta su guarida, la cual estaba repleta de cenzontles que cantaban sin sentido. Luciérnagas iluminando la noche silbando incesantes y caóticas melodías. Elefantes azules que tocan el mejor jazz del mundo. Ballenas que con su música te hacen olvidar todos tus problemas. Enormes Leones que controlan a todas las criaturas del lugar. 

Desde entonces comencé a ir con el conejo cada que se aparecía, y siempre era diferente.

Sin embargo las cosas cambiaron mucho a partir de que empezamos a visitar la luna que ilumina el cielo morado, a ver al viejo conejo sabio que ahí vive.  Al principio pensé que era un juego más, ¿Cómo habría yo de poder matar a un diablo? pero, ¿Quién en su sano juicio se puede negar a entrenar con espadas y arcos? ¿Cómo dejar pasar la oportunidad de aprender algunos trucos de magia?

Así que aquí estoy, metido hasta el fondo de las apestosas y oscuras catacumbas, en busca del Diablo que en ellas vive. Claro que no es la primera vez que alguien intenta destruirlo, es mas, algunos han tenido éxito, sin embargo, la tentación los convirtió en sucesores de aquel que eliminaron.

Yo solo espero poder salir victorioso de esta extraña misión, quizá si logro vencer al maligno sin convertirme en el mismo, esos dos conejos blancos que me metieron en esto, dejen venir a mis amigos a verme mas seguido, y no solo una vez cada mes, como siempre de nueve a una.

De que sirvieron los días de sacrificio. Levantarme temprano, ir a la escuela sin rezongar, hacer siempre lo correcto por mas aburrido que fuese, deje de fumar y que dios me perdone, pero no probé ni gota de alcohol durante este tiempo.

Desde que supe que finalmente saldría al mercado ese juego, supe solo lo obtendría portándome bien para que Santa lo dejara muy bonito en mi zapato derecho.

Los primeros días fueron los más difíciles, con una reputación que cuidar en la colonia y la escuela ese papelito de niño bueno para nada ayudaba. Deje de salir para evitar problemas, saque buenas calificaciones, incluso llegue a presentar mis tareas. Así, ayer al anochecer, me sentí como un maratonista que llega a la meta.

Sé que no estuvo bien que esperara escondido la llegada del regalo pero tenia que estar seguro. Total que ahí estoy yo de pendejo dejando de hacer lo que me gusta para obtener el regalo, y resulta que el pinché panzón saca del costal nada más un carrito de control remoto y una bolsa de dulces para mi carnal, de inmediato lo pare y le dije –Se te olvida algo ¿no?- y que me dice el muy cabrón –¿No te parece que ya estas grandecito como para que te traiga regalos?

En ese momento perdí el control y le solté el primer madrazo, fue maravilloso ver sus 200 kilos cayendo sin control al suelo, y para su mala suerte que cae encima del carro de mi carnal que bajaba las escaleras en ese momento. Error fatal. Entre los dos le pusimos la madriza de su vida, y si ya se, a lo mejor el año que entra tampoco nos trae regalos, pero no importa, ya estamos cazando a los pinches maguitos esos que también traen regalos.

Lucía

No era la más hermosa, pero lo volvía loco. Era una obra de arte que solo él entendía. Se enamoró perdidamente desde el primer momento, pero nunca tuvo siquiera el valor suficiente para sentarse a su lado. Una noche que veía una película de muertos vivientes en compañía del único amigo que tenía, se le ocurrió aquello de aprender a revivir muertos, así podría tenerla a ella. Tener que matarla primero no le incomodaba, de cualquier modo la iba a revivir ¿O no? Con este pensamiento abandono todas las comodidades y se lanzó a la búsqueda del anhelado conocimiento. Una vez aprendido, su primer experimento lo realizó con el único amigo que tenia. - Si funciona con mi perro funcionara con ella – y funciono. Le quitó la vida en un callejón oscuro, sin golpes, sin dolor, sin sangre. Realizó el embrujo de resurrección ahí mismo, y como le enseñaron dejó solo el cuerpo sin vida para que despertara cuando tuviera que hacerlo. Esa Noche al tiempo que preparaba la cena, se iba sintiendo más satisfecho de lo que había logrado. Colocó un candelero en el centro de la mesa y se miró en medio de uno de los rituales vudú a los que asistió tantas veces. Siempre supo que todo valdría la pena el día que alcanzara a tener una parte del poder de Dios. - Levántate y anda - dijo entre risas. Estaba dormido cuando llegó, - Lucia - dijo entre suspiros. Lucía, semidesnuda, con el pecho y abdomen abiertos, sin parte de la piel, sin sus hermosos ojos negros, sin corazón, escurriendo por todos lados, estiraba los brazos para alcanzarlo, el perro muerto igual que ella, intentaba arrancar los músculos expuestos de su pantorrilla. El vomitando por toda la casa gritaba como loco. - Maldita donación de órganos…