Articles by Ephra

Acá llegan mis letras, las que se escapan, las que se dejan caer.

No era el mismo, aunque la calva disimulada con la gorra le regresaba algunos años, los pechos caídos y la panza de chelero le daban el aire de señor que tanto despreciaba cuando se miraba al espejo. Y ahí desnudo, Luis escrutaba el otrora cuerpo de deportista, daba la vuelta como bailarina en cajita de música y se miraba las nalgas escondidas debajo de la piel quemada y las estrías que no supieron borrarse ni con aquella pomada verde tan pinche cara. El blues de la calle de enfrente del hotelito se había callado por fin, y los ronquidos de un chilango y un pipope en los cuartos contiguos arrullaban la madrugada en la ciudad.

La noche fue tan larga como los dos quisieron, poco importó que aquella mujer fuera casada y que tuvieran que compartir los gemidos con un concierto de perros, de patas anudadas a la luna y brazos tejidos al nuevo sol, que vino tan puntual como siempre y tocó a la puerta que nunca pudieron cerrar; el viejo portero los vio salir a la misma hora de siempre y dar la vuelta por la misma esquina de ayer.

La señora que limpia los cuartos recogió los pedazos del espejo roto, que ya sabía que le cobrarían otra vez, como siempre, y ella y su marido, con tantos años a cuestas trabajando en aquel lugar, se guardaban sus historias para los nietos, que reían, jugueteaban, y emocionados y asustados le pedían al viejo: ándale abuelo, cuéntanos aquel cuento de fantasmas otra vez.

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La idea es para morirse. Un cuarto oscuro, un par de almohadas en forzada retirada del colchón, un cobertor en el suelo, una sábana hecha rollito a los pies de la cama, un foco con sed, tu cuerpo desnudo, tus ojos cerrados, tu silueta dibujándose perfecta ante los ojos de alguien más. La idea es para morirse. Tus labios mojados, tus pechos erguidos, tu cadera ansiosa, un vaso de agua sin fe, un blues apagado, la pared vouyerista, el techo de la habitación hastiado de tanto vacío que ve, tus manos atadas a una firma, tu voz desperdiciada en un te amo sin convicción, tu mente volando, y sus besos, acechando de nuevo desde el trono perdido del sol. La idea es para morirse. Un espejo a tu lado, tu alma tendida, tu humedad suspirando, y del otro lado, mis dedos, rezongando letras, mi ropa tirada, tu imagen en la pantalla, y estas ganas atravesando el espacio, hiriéndole el corazón a la nada…

Tengo la fría intención de morderlos a todos. Uno a uno. Y todavía no sé que carajos me pasa. Me siento un cerdo, un cerdo siendo castrado que grita y nadie viene a mi auxilio. Esta pinche manía de pensar en inglés. ¡Im so fucked!.
Este es el segundo día de esta inmensa cruda que me cargo. Pero sigo sin entender el ardor, el dolor, el espejo hecho trizas y el gato muerto en la mesa de la cocina. Estoy sudando el infierno. Me pregunto si el ruido afuera es por el desfile del 20 de Noviembre. Nadie ha venido a tocar. ¿Será Halloween?. Nadie ha venido a pedirme dulces, ya no sé si acaso hoy será Navidad. La siesta, el ponche, las posadas, las nalgas de Alicia moviéndose al compás de aquel mambo sobre mi.
Tengo la fría sensación de morderlos a todos. A todas. El pinche dvd ya no sirve. Las noticias están en ese extraño idioma que sigo sin entender, escucho el tumulto otra vez afuera, las sirenas, cosas que caen, los ciegos corriendo, los perros, las putas, las gordas, los nerds del departamento de arriba, la señora de la limpieza, mi ex jefe, el vecino pacheco, la chamaca tan crecidita del 3B.
Creo que es hora de salir (o de entrar), ha vuelto el ardor en los ojos, el hambre, el hambre es tanta y no sé de que, quiero gritar, me duelen los rasguños, me arden las mordidas del gato. Tengo tanto frío como aquel día de angelitos en la nieve. Solo quiero salir a buscarla, quizá deba correr, hay que salvarse, hay que huír, pero todos ríen, todos suspiran, todos murmuran lo mismo que yo desde ayer…