Articles by Fargok

Me llamo Francisco, tengo 18 años, soy mexicano y estudio Letras Latinoamericanas por la Universidad Autónoma del Estado de México.

Del ejercicio 7: Cri-cri.

El Ratón Vaquero se defendía hablando en inglés. Había aprendido a hablarlo de su papá, que era un gringuito bastante lindo: ojos verdes, pies grandes, además de ser güerito… aunque, eso sí, un verdadero hijo de puta.

Michael Smith Sánchez se llamaba. Su mamá, la señora Sánchez, se había divorciado del gringo hidepú, como lo llamaba, cuando el pequeño tenía cuatro años, que para ese entonces ya hablaba los dos idiomas perfectamente. Por lo menos ya no tendría que aprenderlo en la escuela; a los niños eso se les dificulta bastante.

Ese día, Michael había roto unos vasos muy finos que Ángela María le había regalado el día de su cumpleaños, y la señora Sánchez estabe enfadada, así que lo había encerrado en su habitación para que se le quitara. El niño, que era muy berrinchudo, parecía olvidar todo lo que sabía de español cuando se encontraba en situaciones de estrés; la mujero no conocía ni jota de inglés (y el hidepú hablaba español, también, así que no habían tenido problema… por lo menos, no en cuanto al idioma).

Algunas horas después de que el chamacho terminará de dar alaridos en inglés, la señora entró tranquilamente en el cuarto. Y el niño ahí estaba, bien calladito, con los ojos y la boca muy abiertos y un alacrancito güero caminándole por el cuello. Sobra decir que la mujer comprendió lo importante que es aprender inglés.

-¡Demonios!

Ésa no era su maleta y ahí llevaba su ropa e instrumentos de trabajo (¡eran las cinco treinta y a las siete tenía que empezar!). Se reprochó por maldecir y se sentó en la cama.

-Tranquilo -se dijo, tomando lo primero que vio: un osito de peluche-. Seguramente me podrán prestar allá.

El osito tenía una tarjetita de tortugas ninja que rezaba “Para Arty”. Sería un niño… probablemente era su regalo de cumpleaños. Pensando en el pobre chico, dejó el juguete en la maleta y vio, cuidadosamente doblada, una sotana. Abriendo mucho los ojos, la tomó y lo primero que se le vino a la mente fue la imagen del niño vestido de sacerdote (cosa bastante absurda). Pensó que quizá el sacerdote iría a ver a su sobrinito, o quién sabe, quizá tenía un hijo adoptivo o de antes de ordenarse. Imaginó al hombre saliendo al zoológico con el niño y sonrió al visualizar tan tierna imagen.

Lo último en lo que pensó fue en la pederastía. Todo el mundo asociaba sacerdocio con pederastía, como invierno y frío.

-Puro prejuicio -decía-; sí, hay casos, y qué triste, pero no es cierto que todos, ni siquiera la mayoría… Es como decir que las enfermeras matan ancianas sólo porque algunas… Son falacias.

En eso pensaba viendo que en la maleta había Biblia, estolas y otros artículos religiosos. Al ver que la sotana era de su talla, miró al cielo, sonriendo, y dijo.

-¡Siempre piensas en todo! ¡Sabes que me encantan las tortugas ninja!

Y se metió al baño para darse una ducha. A las siete en punto debía oficiar misa y el padre Artemio nunca era impuntual.

Me habían dicho que cuando uno se muere el cuerpo deja de funcionar… ¡pamplinas! ¡Que me devuelvan mi dinero!

Resulta que mis oídos seguirán siendo funcionales hasta que me incineren; oí a uno de los de acá decir que es un pequeño defecto en el modelo humano, pero que las nuevas generaciones ya están arregladas. Se escucha como un micrófono distante, pero lo suficientemente audible como para escuchar en un radio de un metro.

He oído a tías que no conozco decir que era un buen chico, aplicado, amable… Nunca nadie había estado tan cerca de mí hablando sobre mí y no conmigo. Bueno, sin contar cuando mis papás me sentaban en la mesa del comedor y discutían sobre qué iban a hacer conmigo y quién de los dos tenía la culpa mientras yo miraba mis uñas crecer.

Hablando de papá y mamá: hace rato los oí, o, más bien, sus gemidos. Pobrecitos, están peor que nunca. Ahora oigo a mis amigos: hablan de esas extrañas cosas que hacemos… bueno, hacíamos juntos… ¡y se ríen! Se ve mal en un funeral hacerlo, pero bueno, siempre fueron muy… ¡Joder! ¿Ahora lloran? ¡Quién los entiende! ¡No lloren! ¡Este lugar es la onda! ¡Me siento genial!

Tal vez estoy siendo egoísta… creo que me extrañarán. Aquí me dijeron que ni me preocupara por eso: que no extrañaré a nadie. Intenté ponerme triste pero no pude. Parece ser que la tristeza está prohibida aquí. Qué raras reglas… pero todos se ven muy contentos, eso es bueno… creo.

Diablos… quiero que me incineren ya para contemplar a los pajaritos sin distracciones…

Todos dicen muy joven… ¿Quince años es muy joven?