Del ejercicio 7: Cri-cri.
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El Ratón Vaquero se defendía hablando en inglés. Había aprendido a hablarlo de su papá, que era un gringuito bastante lindo: ojos verdes, pies grandes, además de ser güerito… aunque, eso sí, un verdadero hijo de puta.
Michael Smith Sánchez se llamaba. Su mamá, la señora Sánchez, se había divorciado del gringo hidepú, como lo llamaba, cuando el pequeño tenía cuatro años, que para ese entonces ya hablaba los dos idiomas perfectamente. Por lo menos ya no tendría que aprenderlo en la escuela; a los niños eso se les dificulta bastante.
Ese día, Michael había roto unos vasos muy finos que Ángela María le había regalado el día de su cumpleaños, y la señora Sánchez estabe enfadada, así que lo había encerrado en su habitación para que se le quitara. El niño, que era muy berrinchudo, parecía olvidar todo lo que sabía de español cuando se encontraba en situaciones de estrés; la mujero no conocía ni jota de inglés (y el hidepú hablaba español, también, así que no habían tenido problema… por lo menos, no en cuanto al idioma).
Algunas horas después de que el chamacho terminará de dar alaridos en inglés, la señora entró tranquilamente en el cuarto. Y el niño ahí estaba, bien calladito, con los ojos y la boca muy abiertos y un alacrancito güero caminándole por el cuello. Sobra decir que la mujer comprendió lo importante que es aprender inglés.

