Pasaron varios años hasta que volví a ver a Arturo Belano, estaba desde luego diferente pues ocho años y una guerra mundial no dejan a nadie igual, el primer día que lo vi estaba llorando de coraje al tiempo que no paraba de decir: “Te vas a Francia para conocer a la futura esposa de tu hijo y regresas jodido y con la nueva de que tu hijo esta muerto, ¡que hijos de puta!”. Estaba acabado, estaba cambiado.
Entre otras cosas Arturo no paraba de explicar el por que de su tardanza, decía que había quedado atrapado en un pueblo de Francia y juraba que lo habían mandado a uno de los muchos campos de concentración del ejercito alemán. De los putos nazis asesinos como el les decía.
A Arturo lo recuerdo mucho, en primera por que era muy amigo de mi padre y en segunda por que fue la primera persona cercana a mí que supe que había muerto, recuerdo el día que murió, la gente rodeaba su casa mientras la policía trataba de alejarla, yo tenia ganas de ver el cadáver, era algo nuevo para mi y no quería perdérmelo, busque una entrada alterna a su casa por medio del techo, entre y busque el cadáver, de verdad que tenia muchas ganas de verlo, finalmente ahí estaba el sillón donde siempre se sentaba y donde decían que había dejado su ultimo aliento, pero no encontré a nadie.

