Paseando por el boulevard una noche, Yani se abraza a la espalda de su marido y le dice, ¿Sientes?
¿Qué? - preguntó desconcertado.
- Cierra tus ojos por favor y respira hondo.
Siente el olor del mar y la mezcla exquisita de coco y sal, la suave brisa que acaricia tu rostro y el sonido que el vaivén de las olas produce al llegar a la orilla.
Escucha los sonidos cargados de armonías que vienen de lejos y deja que atrapen tus sentidos; levanta los brazos, deja que el calor recorra tu cuerpo y muévete al son de sus notas.
Percibe las risas que vienen en el viento y el eco que producen los fuegos artificiales al caer como lluvia sobre las oscuras aguas del mar y que llenan de luz y energía la noche.
Todas estas sensaciones maravillosas que se sienten hoy, son las que hay siempre en mi corazón y que vibran por ti.
Imagina ahora que aquí no hay nadie más que nosotros y la inmensa luna llena. Ella se convierte en cómplice, nos ilumina con su brillo y extasiada sigue el camino de fuego que dejan mis manos y mis labios sobre tu piel. Tú quieres más, pides más, pero aún no es tiempo; por eso tomas mi boca como un sediento y bebes de ella mientras que tus manos buscan ansiosas el centro que guarda la pasión que arde en mí. Me encuentras, me sientes y la humedad te invita a entrar. Cabalgas como un corcel furioso, ansioso y gritando mi nombre, me haces gozar aferrada a tú espalda ¡Qué placer, que delicia! Y estando así, juntos los dos no existe nada mejor.
- ¡Wow, amor! ¿Qué hacemos aquí? Vayamos a hacer realidad lo que me has descrito tan vívidamente.

