Articles by Ivonne

Soy lo que la tinta y un papel quieran decir, pues es posible que los sentimientos se vuelvan palabra o quizá todo sea al revés.

 

Paseando por el boulevard una noche,  Yani se abraza a  la espalda de su marido y le dice, ¿Sientes?

 

¿Qué?  - preguntó desconcertado.

 

- Cierra tus ojos por favor y respira hondo.

 

Siente el olor del mar y la mezcla exquisita de coco y sal,  la suave brisa que acaricia tu rostro y el sonido que el vaivén de las olas produce al llegar a la orilla.

 

Escucha los sonidos cargados de armonías que vienen de lejos y deja que atrapen tus sentidos; levanta los brazos, deja que el calor recorra tu cuerpo y muévete al son de sus notas.

 

Percibe las risas que vienen en el viento y el eco que producen los fuegos  artificiales al caer como lluvia sobre las oscuras aguas del mar y que llenan de luz y energía la noche.

 

Todas estas sensaciones maravillosas que se sienten hoy, son las que hay siempre en mi corazón y que vibran por ti.

 

Imagina ahora que aquí no hay nadie más que nosotros y la inmensa luna llena. Ella se convierte en cómplice, nos ilumina con su brillo y extasiada sigue el camino de fuego que dejan mis manos y mis labios sobre tu piel.   Tú quieres más, pides más,  pero aún no es tiempo; por eso tomas mi boca como un sediento y bebes de ella mientras que tus manos buscan ansiosas el centro que guarda la pasión que arde en mí. Me encuentras, me sientes y la humedad te invita a entrar. Cabalgas como un corcel furioso, ansioso y gritando mi nombre, me haces  gozar aferrada a tú espalda ¡Qué placer, que delicia!  Y estando así, juntos los dos no existe nada mejor.

 

- ¡Wow, amor!  ¿Qué hacemos aquí? Vayamos a hacer realidad lo que me has descrito tan vívidamente.

Pasaron varios años hasta que volví a ver a Arturo Belano.

Me sorprendí mirando a un Arturo totalmente diferente del que me despedí hace catorce años. Acordar este encuentro después de tanto tiempo me hacía feliz y él estaba más hermoso que nunca; los años le habían sentado de maravilla. Sus ojos tan grandes y expresivos me dijeron todo y dentro de mí, un corazón que parecía salírseme del pecho ignorando por completo que desde hace mucho tiempo ambos llevábamos vidas ajenas, pero fue claro que aún causaba el mismo efecto en mí.

- Por fin llegaste – su voz un tanto nerviosa me volvió a la realidad.

¡Estás tan hermosa como siempre! ¿Tuviste buen viaje? ¿Quieres comer o tomar algo antes de marcharnos?

Dije que no. Nuestro tiempo era muy corto y en mi mente solo existía una necesidad. Salimos del aeropuerto y antes de subir al auto me regaló una rosa, nos abrazamos e inmediatamente nos dirigimos a un hotel.

Los besos fueron profundos y apasionados, como queriendo recuperar el tiempo perdido, nos arrancamos la ropa con prisa dando rienda suelta al deseo que nos consumió por años. Recorrimos palmo a palmo cada espacio, impregnándonos de olor, sabor, sudor y lágrimas; el placer fue infinito. Al final perdidos en un abrazo quisimos creer que podríamos detener el tiempo, planeamos compartir nuestras vidas una vez más y nos despedimos felices, creyendo poder conseguirlo. ¡Que ironía!

De vuelta a nuestra realidad, despertando cada mañana junto a seres que no amamos y envueltos en una rutina en donde lo único maravilloso suele ser escuchar decir: ¡mamá! ¡papá! Amor inocente.

El tiempo pasa, el amor sigue y la realidad nos golpea. Es claro que los errores del pasado se pagan y de qué manera. ¿Cómo pedirle al tiempo que vuelva?

Un año después, el mismo lugar, la misma hora… pero no encontré a nadie.

Estoy muriendo…

Tengo miedo y lloro, han muerto casi todos. A mí alrededor todo es caos, gritos y dolor.
Sólo pienso en la oportunidad de volver el tiempo atrás, para esforzarme y conseguir que cada ser humano comprendiera lo que le hemos hecho a nuestro mundo; de la inconciencia que nos domina y que hoy nos arrebata la vida.

Algunos científicos dijeron hace algunos años que los deshielos empezarían en un lapso de +/- 100 años y que con esto veríamos llegar al desastre; pero al parecer sus pronósticos no fueron acertados y en la confianza de que así sería no hicimos nada para evitar nuestro propio Apocalipsis.

¿A quién culpar? Si de algún modo todos sin excepción incurrimos en el error y así como yo, todos están llorando, todos están aterrados, todos buscan una respuesta pero ya es tarde. Jamás volveremos a disfrutar de una puesta de sol ni de la brisa del mar, mucho menos de un cielo estrellado. Al parecer en nombre de la modernidad dejamos de apreciar las cosas simples, las sencillas, como toda la naturaleza y acabamos con todos los recursos con todo lo que era bueno para subsistir y que caro estamos pagando la vanidad. ¡Egoísmo puro!

Bajo mi espalda la tierra se sacude brutal, gimiendo, lanzando fuego de sus entrañas, en otros lados llora furiosa inundando cada rincón y en otras se consume desnuda por la sed. Nos está exigiendo su espacio y ha decidido por cuenta propia desaparecer a cada ser que le hizo daño. Tengo mucho miedo, las lágrimas corren por mi rostro, pero tengo que aceptar que nos equivocamos.

-Dios, tierra, prójimo, perdón por no haber entendido y peor aún por no haber corregido el camino a tiempo-.

El suelo cede debajo de mí, es mi fin. Adiós.

Verónica camina muy rápido por el pasillo en busca de su equipaje, envuelta en sus pensamientos, recuerda las palabras de su mejor amiga: “Las coincidencias son lecciones de vida, una razón para entender el porqué de las cosas”. Pensó –pobre Pilar, es una tonta soñadora- vio su maleta y la tomó, le pareció un poco más pesada de lo que recordaba, pero siguió su camino sin darle mayor importancia.

Al día siguiente, despertó con esa sensación de cansancio que la perseguía últimamente, sin embargo recordó que solo le quedaba un día para ordenar la casa, antes de regresar al trabajo. Apresurada abrió la maleta y su asombro fue mayúsculo, gritó: ¡CARAJOS, ESTA NO ES MI MALETA!

Enojada y preocupada, busca alguna identificación que la lleve a dar con el dueño de la maleta pero no hay nada. Observa detenidamente el contenido, todo perfectamente organizado, es ropa de mujer al parecer contemporánea, con clase y buen gusto. Dos pares de zapatos, que combinan perfectamente con el resto de la ropa y dos bolsos a juego, un par de sandalias exquisitas por su color y su textura, que son para descanso y ropa interior de suaves tonos lisos. Pero algo más que la ropa atrapa su atención, -¿que es eso al fondo de la maleta?- se pregunta. Parece un libro, sin embargo no lo es y se sorprende al comprobar que es un diario y junto a él un lindo oso de peluche.

¿Que clase de mujer viaja con un diario y un oso? Piensa y se ríe. Sin prisa y llena de curiosidad abre el diario en su última página escrita en donde encuentra un ramo de flores secas que aún marchitas parecieran un tesoro de solo mirarlas y en donde el tiempo parece no haber dejado tan grande huella.

El diario decía así:

“No hay nostalgia peor, que añorar lo que nunca jamás existió”, fueron tus palabras, que son también las mías.

Justo ahí había, dentro una carta perfumada divinamente que decía lo siguiente:

Luis:

Es verdad. He de añorarte por siempre, he de amarte por la eternidad aún cuando no estás junto a mí. Porque el amor es una llama infinita que abraza mi alma gracias a ti; y si bien es cierto que es posible que jamás compartamos nuestras vidas, siempre seguirás vivo aquí en este corazón que es tuyo desde hace más de veinte años. Sé feliz porque ese es mi mayor deseo, ya que yo lo soy gracias a tu recuerdo; sigamos con nuestras vidas como hasta hoy, mismas que no murieron al no poder compartirlas, porque nuestro amor supera por mucho al tiempo y a la distancia que nos separó.

Fuimos parte de un todo que la vida nos arrebato, pero que jamás nunca nuestro amor se pudo llevar.

Por siempre tuya,

Celeste.

Al terminar de leer, con lágrimas en los ojos y llena de una emoción que desconocía siente que su dolor comienza a partir dando paso a una nueva luz en la que finalmente pudo entender lo que significa el verdadero amor, fue entonces que comprendió las palabras de Pilar y hoy, esta maleta había resultado ser SU LECCIÓN DE VIDA. Bendita coincidencia, se prepararía para encontrar a la dueña de la Maleta a quién tendría que agradecer calladamente, haber podido resolver un sentimiento que hoy le quedaba más claro que nunca.