Un patio durante el día, un cuarto durante la noche, toda su vida a sido así, encontrando el gusto cuando la comida por fin llega, siempre rodeada de personas diferentes a ella, que la tocan, la acarician, sus mejores sensaciones son cuando juegan con ella y le hacen cosquillas, pero eso nunca ha bastado para satisfacer sus deseos sexuales, unos deseos desconocidos para ella, solo siente eso que no comprende, y que no la deja de molestar, creándole una gran inquietud desde los huesos hasta casi quemarle la carne.
Una noche, ya cuando estaba en edad de hacer frente a las leyes de la naturaleza, de hacer caso a sus instintos, cuando las hormonas golpeaban contundentemente, no lo soporto más y encontró como pudo una forma de auto satisfacerse, a partir de ese momento, su compañera sexual fue su propia cobija, se frotaba en ella hasta alcanzar el ansiado orgasmo que pedía explotar. A partir de entonces se sintió feliz, completa, ya no le faltaba nada, a fin de cuentas ella no sabía que existían otros placeres aparte de su cobija, que ahora protegía como algo sagrado.
Y no es muy difícil entenderla ya que nosotros nos encontramos en la misma situación atrapados en este mundo sin saber si existen otros con placeres diferentes a los que estamos acostumbrados, infinitamente mayores que aquí, puede que exista algún lugar donde se vive en un constante orgasmo y tienen algo todavía más intenso que no conocemos ni su nombre, donde el sexo es poco comparado con lo que se vive en esos mundos desconocidos para nosotros.
Así que por ahora seguiremos felices con los placeres que conocemos, como lo es la Polka, la perrita de mi amiga que vive en su propio universo.

