Articles by Kuruni

Adicta a la cafeína y a las preguntas…
… y a la ciencia, y a la magia y a los gatos.

Aura tomó de la mano a Lisa mientras entraban al bar. Alrededor se escuchaba una voz que tarareaba I feel love una y otra vez. Parecía un sueño estridente: gente bailando, abrazándose, besándose, riendo.

- ¿Cómo vamos a encontrarla? – Dijo Lisa al oído de su novia lo más claro que pudo.
- No sé. Creo que trabaja en los vestuarios. – Le contestó.
- Vamos de una vez.
- Coyona…

Lisa sonrió y llevó a Aura a la pista de baile. La abrazó mientras esa tierna voz femenina seguía entrando en los cuerpos de las personas que bailaban: fallin´ free, you and me, I`ll get you, I feel love…

De pronto una muchacha con cabello color azul tocó su hombro. Le entregó un paquete a una de ellas, quien habilmente lo guardó en su pantalón.

- Mira, son nuevas. – Dijo la chica mostrando su escote.
- Ya decía yo. – Contestó Aura y la invitó a bailar con ellas.

En la entrada de La Sotana, Ana y Julia se miraban una a la otra, pensando si entregar un encendedor bonito sería un motivo suficiente para entrar a ese lugar.

Julia olió el café de su taza, sonriendo como niña traviesa.

- Pásame el azúcar.
- Está frente a ti, ya termina de contar. – Dijo Ana acomodándose en el sillón.
- ¿En qué me quedé?
- En lo de tu maleta misteriosa, y lo de Miguel… ¿cuánto llevaban?
- Como año y medio viviendo juntos, andando… ya ni me acuerdo.
- ¿Y luego?
- ¿Qué te cuento primero?
- Ps lo que quieras, pero ya, ándele. Mucho café y nada de chisme.

- Fíjate: llegué a la ciudad el jueves, me equivoqué de maleta y no me di cuenta hasta llegar al depa. Llamé al aeropuerto y traté de abrirla pero tenía un mugre candadito. El martes llaman del aeropuerto y fui por mi maleta… traté de darles la otra, pero para regresarla tenía que firmar no sé qué tanto porque le quité el papelito de la aerolínea, había mucha gente y entonces mejor me regresé. Llega el idiota de Miguel el miércoles y hace un escándalo porque se le puso que era mi maleta y que yo acababa de llegar y que le estaba diciendo mentiras etcétera. Ya vez que es celoso patológico, hasta quitó el candadito a la maleta y…

- No mames, ¿y qué tenía adentro?

Julia respingó por la interrupción, pero le divirtió la curiosidad de su amiga.

- Eso es lo más raro. Tenía un álbum lleno de flores secas y de mariposas. Un como traje de baño con brillantina, ropa interior de mujer con relleno. Y como doce pases para La Sotana. Pero lo que más me gustó fue esto. – Dijo sacando algo de su bolsa.

- ¿Un encendedor?
- Mira la inscripción.

La inscripción decía, con letra casi ilegible: I beg your pardon. I didn’t recognize you. I’ve changed a lot.

Ámbar decidió quedarse sola un momento. Se fue alejando de los brazos protectores de su pareja, de las palabras de aliento de sus tías, del aura extraña que rodeaba el lugar. Estaba cansada de pensar y llorar así que se sentó quieta en un rincón para observarlos a todos. Observar a las mujeres que llegaban con los ojos llenos de lágrimas a abrazar a su madre, a los hombres y su expresión incómoda, a las sombras desconocidas que llegaban con morbo o buenas intenciones.

Miró llegar a alguien conocido y trató de desaparecer en vano. El hombre la alcanzó para darle el pésame.

- Tanto tiempo. - Dijo él y se sentó a su lado.
- ¿Qué haces aquí?
- Vine a acompañar a tu hermano. ¿No te da gusto verme?
- La verdad no.
- Aquí está, ¿verdad?
- Sí.

Ella miró a lo lejos buscando los ojos de su novio.

- ¿Me dejaste por ese pendejo?
- No, te dejé porque tú eres un pendejo.

Ámbar se levantó, su prometido fue hacia ella y la abrazó mirando al intruso y marcando territorio.

- ¿Estás bien niña?
- Sí. Bueno no… ¿De qué estaban hablando?
- ¿Viste a la muchacha que llegó con mi primo Luis?
- Mhmmm… ¿Luis es el grandote o el gordo?
- El grandote de bigote canoso que se fue hace ratito.
- ¿Qué tiene?
- Dice Jorge que esa morra anduvo muchos años con su jefe.
- Y dicen que las mujeres somos las chismosas…
- Tú preguntaste.
- Ya sé.

Ella se quedó mirando a la nada un rato. Él lo notó y la abrazó. Ella comenzó a llorar de nuevo, murmurando cosas. Él sólo entendió una frase:

- ¿Porqué… porqué hacerse eso si de todos modos se iba a morir pronto?

Mi piel desnuda a la luz de la luna llena lucía irreal. Recuerdo vagamente el olor a lavanda. Mi hermana mayor y su amiga me tomaron de ambos brazos mientras ella acariciaba todo mi cuerpo con una rosa blanca.

Recuerdo que dibujaron con sangre de dragón el emblema de la Diosa en mi pecho, y mi amante se acercó a mí y comenzó a besarme. Lo último que miré antes de perderme en sus labios fueron sus preciosos ojos café oscuro. Sus besos se volvieron más intensos y húmedos… de pronto, escuché a mi hermana cantar.

La bella sacerdotisa comenzó a estimularme con la rosa y comencé a gemir en voz baja. Los escalofríos que sentía se hacían más profundos y percibí los pétalos de flores silvestres y hojas pequeñas que iban danzando en mi cuerpo. Era un sacrificio de la naturaleza a cambio de mi virginidad. Mi preciosa madrina tomó el símbolo de madera, lo lubricó con la sábila que yo había cultivado años atrás y comenzó a desflorarme. Sentí un placer distinto a los que había experimentado antes, sentí estar en contacto con todo alrededor y que todo en el espacio presente me amaba. Ella presentó a las demás mi sangre y la guardaron en un paño.

Quedé mirando la luna el resto de la noche. Ella se recostó a mi lado y acariciando mi cabeza me dijo al oído:

- Eres una de nosotras.

Le sonreí y quise detener el tiempo para siempre.

El bip de mi reloj me indica que han pasado más de siete horas. Por alguna razón eso me tranquiliza: el tiempo no se ha detenido. Y aún puedo escuchar mi propia voz en la cabeza, cada vez con menos sentido. Tengo una conversación conmigo mismo después de tratar de escuchar el ruido de cualquier cosa alrededor. No hay sonidos, no logro sentir nada con mis manos, he caminado enceguecido desde hace un buen rato y sigo sin poder toparme con algo, apenas puedo sentirme. Sigo pensando, me aferro la conciencia que me queda, pienso para no enloquecer.

La oscuridad había tenido muchos significados en mi vida. La mayoría de ellos aterradores, pero jamás imaginé lo espantosa que puede ser la Luz.

Recuerdos. Acordarme de quién soy. Hace siete horas estaba en la calle. No puedo recordar mi propio rostro… Si tan solo pudiera mirarme… Estaba caminando por el… parque y platicando con… sus ojos eran café oscuro. Puedo recordar el café oscuro. Los árboles alrededor. La Vida. Gente viva a mí alrededor. Un sonido. Una luz a lo lejos. Yo la miré y alrededor nadie parecía notarla. Se acercaba. Yo la vi acercarse. No pude hacer nada. No pude huir, sólo la observaba fijamente… y no he logrado dejar de mirarla. No hay colores, solo ese espantoso y perfecto blanco.

La luminosidad que me envuelve me aterroriza. Cierro los ojos tratando de no percibirla pero aún así sigue estando presente. No se va, no disminuye. Sigue aquí, conmigo. Es una absoluta presencia del Todo. No me gusta.

Me siento solo.

Isaura puso el despertador en su celular y se dio cuenta de la fecha. Se recostó en la cama y suspiró.

El sonido de los grillos en su cuarto la arrullaban. Días antes, un compañero de clase, al verla evitar que alguien pisara un insecto, decidió regalarle un grillo que había atrapado en su casa. Isaura tenía varias supersticiones relacionadas con la naturaleza; sin embargo, le tenía especial aprecio a los grillos. Le recordaban las noches de su infancia en casa de su abuela.

Desde que llegó ese grillo, las serenatas nocturnas de los de su especie se hicieron más frecuentes. Isaura imaginaba que le pedían que lo liberara. Esa noche en particular le pareció un buen momento.

Isaura y su abuela tenían una conexión especial y se profesaban un cariño inmenso. Su abuelita le explicaba el porqué de todas las cosas que se le ocurrían a ambas: “Si matas a los grillos se acaban las lluvias”, “la persona que pone los tamales en la olla no debe salir de la cocina hasta que estén listos”, “el sonido del viento, y el canto de cualquier animalito son el abrazo de las personas que te quieren y ya no están contigo”.

- Abuelita. ¿Y tú siempre vas a estar conmigo?
- Siempre, mi niña.

Cuando pequeña, Isaura no entendía todo el tiempo lo que le contaba su abuelita, pero lo creía de corazón. Eran los porqués de su existencia. Esa noche se cumplían 12 años del día en que ella vio con sus propios ojos cómo la enterraban en ese lugar triste y lleno de flores. Empezó entonces a escuchar su voz dentro de sí, en su cabeza, sus percepciones y sus recuerdos.

Soltó al pequeño bicho y lo miró alejarse tímidamente, despacito. Como diciendo adiós.

- Eres adorable. Sigues siendo una romántica.

Ella se sentó mirando la ventana.

- Soy muchas cosas Lú.
- ¿Entonces?
- Pues sí, me uní a ellos.
- Sabes que van a perder. A los humanos ningún Dios los protege ya. Tú te estás metiendo en el grupo más iluso.
- Quizás. Pero sabes que no lo hago por los humanos.

Sintió ese frío tan característico que lo anunciaba. Volteó y lo miró a los ojos. Eran aún más fríos.

- No es personal Lú. Sólo tenemos intereses diferentes.
- Yo quiero conservar mi poder. Es todo.
- Exacto. Tú no has cambiado de giro. La política y la muerte son un buen negocio para tus intereses. Yo le voy a la vida, a eso me dedico y me parece más útil. Si tú y la… meretriz esa que te sigue logran tener ese poder absoluto que anunciaban los paranoicos de antes pues la verdad me vale madres.
- No me digas que no extrañas la atención, el poder, los regalos, los altares…
- Pues no tanto. Me hacían responsable por cualquier cosa. Los otros Dioses son unos caprichosos pervertidos y el mundo estaba lleno de semidioses con poderes. Es más fácil hacer las cosas si no tienes muchedumbres idiotas haciendo cosas en tu nombre. Me alegra que los humanos hayan aprendido a mover sus manitas para lograr lo que buscan. Ahora tengo más tiempo libre… por así decirlo.

Lú sonrió.

- Yo sólo te ofrecía un trabajo. Pues bien, eres demasiado tonta para ser una Diosa. Suerte con tu ciencia.

Y desapareció.

Pinche Lucifer, siempre que Lilit le pone el cuerno quiere reorganizar el Apocalipsis. ¿Quién chingados le dijo donde trabajo?

Hécate cerró la ventana y suspiró.

Esmeralda balanceaba los pies y miraba fijamente a Doroteo. Él se hacía el desentendido. Volverla a ver lo ponía emocionado… nervioso, y furioso a la vez.

- ¿No me vas a decir nada, Doro?
- Nadie me dice así.
- Pancho. Mi Pancho. Ya no le hagas al cuento y dime porqué estoy aquí.
- Yo no quería verte, pero viene aquí en la lista.
- ¿Qué dice?
- Tengo que reunir a esta gente.

Doroteo le mostró la hoja a Esmeralda, ella la tomó mirándolo a los ojos. Y comenzó a leer en voz alta:
- ¿Lilus Kikus?
- Es una pintora que vive en la Huasteca, dicen que tiene el don de gentes y que si la tenemos de nuestro lado nos puede hacer publicidad.
- Mhmm… ¿Aura?
- Esa va a estar difícil, porque no saben si es mexicana, es de familia de mexicanos pero nació más al sur, el punto es que dicen que es una bruja que puede envejecer y rejuvenecer a su antojo.

Esmeralda no le creyó pero estaba divertida mirándolo, siempre le gustó su seriedad y la brusquedad de su voz. Siguió leyendo:

- ¿Las dos Fridas?
- Unas gemelas, creo que estudian en Yucatán. No sé para qué las quieren.
- O sea que no sabes para que es todo esto.
- Yo nada más los tengo que juntar.
- ¿Quién es Juan Vargas?
- Es un político retirado. No nos va a querer ayudar. Está ganando muchísimo dinero y la parte poderosa del país le sigue. Allí es donde entras tú.
- ¿Yo?
- Tiene debilidad por las mujeres.
- ¿Y luego?
- Sabes a qué me refiero.

Se miraron un largo rato. Esmeralda seguía sonriendo.

- ¡Ay Pancho! Con tantas esposas, ahora resulta que estás ofendido conmigo.

Sentada frente a ella, trato de lograr lo que me pide y relajarme. Imita mi posición y sonríe.

- ¿Estás lista?
- La verdad no.

Cierro los ojos, su mirada siempre me ha asustado. Escucho su voz.

- Estás lista. No lo sabes pero lo estás.

No contesto. Escucho mi respiración acelerada. Trato de controlarme. No quiero que ella lo note.

Y lo recuerdo:

Era yo una niña la primera vez que la vi. Durante una tormenta fuerte, se fue la luz en casa. Mi mamá prendió unas cuantas velas y dejó una en la habitación donde jugaba. Cuando salió del cuarto, me quité los zapatos y me puse a brincar en la cama, una preciosa cama con cobertores rosas y almohadones con tejidos de colores. La vela estaba frente al espejo. Un estruendo se escuchó y un rayo iluminó la habitación. Y allí estaba ella. En calma, me miraba brincar, se acercó a mí y brincamos juntas. Me sentía contenta, al fin tenía una amiga con quien jugar. Desde ese día fuimos inseparables.

- ¿Qué es lo que estás viendo? – Me pregunta de pronto.

Vuelvo a notar mi respiración agitarse. Empieza a envolverme un miedo espantoso, la terrible seguridad de que puede saber que pienso y observar cualquier imagen que visualice.

- ¿Porqué no me contestas?
- Perdón, no te escuché. – Miento. Siempre percibo su voz. Tan particular, tan profunda, tan ajena.

- ¿Qué viste?
- La última vez que estuve sola.

Un momento de silencio, lo suficientemente largo para animarme a abrir los ojos. Sigue aquí. Me mira apacible y sus ojos, aunque sonrientes, me siguen dando miedo. Es su silencio lo que me intriga. Pero me doy cuenta. Me levanto y camino hacia ella, mientras comienzo a llorar.

Y rompo el espejo.

La cocina.

Entre cebolla acitronada, pavo relleno al horno. ¿Arroz o spaghetti con crema? Tengo una pequeña catarsis. Cada año es igual, cada año es más triste. Recuerdo a mi madre y sus palabras se hacen una con los olores de la cocina. “Mija, la navidad es familia, lo entenderás cuando tengas la tuya”. Pero no la he comprendido.

Pasa él y huele a alcohol. Lleva emborrachándose las mismas horas que yo cocinando. Lo recuerdo. Tuve que levantarme temprano para maquillar mi mejilla y espero que el calor no lo haya arruinado. El pavo parece que va a estar listo a tiempo. No voy a poder bañarme así que sólo me arreglaré el pelo. Tengo un hambre ridícula. ¿Cómo es posible que no haya comido nada si llevo horas aquí encerrada? Un sándwich llevaría tiempo, mejor voy a arreglarme, la cena no tarda.

Recuerdo a mamá cocinando y a mi papá en la sala tomando con mi padrino. Recuerdo a mi mamá haciendo como que no lloraba. Recuerdo los adornos, los regalos. La navidad. Mis regalos. Mamá está borrosa en mis regalos. Yo sólo comía postre y me iba a la cama temprano para despertarme de madrugada a jugar. La navidad. Que bonito. Sí, bonito, piensa en eso. ¿Dónde está Carlitos?

Mi niño entra al cuarto. En sus ojos, la inocencia. Se acerca a mí. Se queda en silencio un momento.

- ¿Qué pasó?
- Mhmmm…. ¿A ti santaclós no te regala juguetes mami?
- No, mijo. Yo estoy grande.
- ¿Y te gusta la navidad, aunque no te den nada?
- Sí mijo.

Me acerco a él para envolverlo en mis brazos.

- ¿Y porqué?
- Por la familia.

Le doy un beso y le digo que vaya al arbolito. Y lloro después del déjà vu más espantoso que he tenido.

La puerta.

Recuerdo que la miré y ella no. Estaba con su vista perdida esperando a que se pasara la hora completa. Vestía con ropas mucho más grandes que su delgada talla. Repasé mis técnicas para entablar una conversación. Pero ella siempre fue distinta.

- ¿No quieres hablar?
- No me creerá. No tiene caso.
- Prueba, cuéntame.
- ¿Sabe que es la psilocibina?
- Es una sustancia que…
- Pone a personas en un estado de conciencia distinto que el normal. En el sentido etnológico, perciben a Dios… (esbozó una sonrisa sarcástica al pronunciar la palabra “Dios”).
Le indiqué con la mirada que la escuchaba.
- … No es la única sustancia que lo hace. El punto es…- ¿Has tomado esas sustancias?
- … el punto es que no soy la única persona que lo hace. Pero yo no necesito sustancias. Yo soy la puerta.

Estuve a punto de escribir en mi libreta cuando la miré levantarse. Se volteó hacia mí. Comenzó a darme miedo, quizás por instinto. Sacó un arma de sus ropas y me apuntó.

- Sabe igual que yo lo peligroso que es si en lugar de escucharme grita.

Asentí con la cabeza. Realmente lo sabía.

- Verá Doctora, yo soy la puerta. No necesito sustancias para cruzar, ellos cruzan a través de mí. Vienen de Tlön. Pertenezco a ellos, es por eso que me buscaban… me perseguían. Allá todo tiene más sentido, y las cosas que me atormentaban se aclararon. He logrado atravesar a voluntad. Yo quería respuestas, saber cómo llegué a este lugar. Pero ya no me importa. Ahora lo sabe y no puede detenerme. Mis percepciones no son una enfermedad, son la Verdad. Esse est percipi.Y se disparó.Recuerdo mis gritos y la sangre. Recuerdo haber escrito en mi libreta: esquizofrenia.

El silencio.

Caminando por el pasaje que creía reconocer. El silencio. Recuerdos vagos y muy difusos, mi mente tratando de recordar y asociar en un orden lógico los acontecimientos. ¿Dónde estoy?

Recuerdos aleatorios. Mi profesora favorita, una Doctora rusa diciendome “los virruss son las herrrrramientas de Dios”. Recuerdos de correr y ocultarse. Tratar de sobrevivir. El camino es café y no hay nada. Sólo polvo. Y el silencio. El maldito silencio. No se ve nada vivo alrededor. Me siento. Cierro los ojos.

Esto es más que una pseudo-muerte contagiosa, el instinto de tratar de alimentarse de humanos tiene un principio mucho más complicado. Verá, los estudios preliminares mostraron que en modelos murinos, el virus se modifica. Tiene la capacidad de crear variantes de sí mismo a una velocidad aterradora. Sucede lo mismo en otros mamíferos. Se aprovecha de la diversidad. Uno de los estudiantes dijo que cuando dejaba a los sujetos de estudio cerca unos de otros se ponían más violentos. El estar en conjunto empeora su condición. También comentó que comían los cerebros de los cadáveres. Yo sólo vi que tenían preferencia por los globos oculares pero nada concluyente. El antropólogo de la unidad anexa busca patrones de comportamiento en leyendas vampíricas y canibalismo. Quiere establecer una correlación entre la creencia de “comer humanos-robar fuerza-espíritu-vivir eternamente” entre varias culturas humanas y nuestros resultados. Yo lo veía como un intento desesperado de entender… Encontramos catorce variantes en un mes solamente en este laboratorio. MUTAN. ¿Entiendes lo que eso significa? La epidemia se esparcirá más rápido que cualquier posible cura. Piensa. Trata de sobrevivir. Huye.

Miro mis manos ensangrentadas y mi vacío alrededor. El silencio. ¿Entonces porqué estoy vivo?