Había dos hombres dentro del coche: Uno viejo del lado del pasajero que no dejaba de temblar y otro un poco más joven en el asiento del conductor que le apuntaba con un revólver:
- … El mundo merece saber que la descendencia de Jesús está entre nosotros y aquí en México. El Santo Padre que tanto quiere esté país… -
- Él ya lo sabe. Ese es el motivo de sus visitas constantes -
- Pero la humanidad… -
- Cállese. Usted va a morir hoy, hoy. Aquí y ahora -
El ruido ensordecedor de la turbina de un avión opacó el sonido de un disparo.
Varias horas después el asesino dejó atrás unas puestas dobles de madera y entró en una habitación bien iluminada. Dentro estaban una mujer y otro hombre que, como él, traía puesta una máscara. El recién llegado asintió, para confirmar que había cumplido su misión y el otro se despidió de la mujer besándole las manos y salió sin decir una palabra:
- ¿Cuál es tu nombre, hijo? - Preguntó la mujer
- He pues… Me llamo Vicente, Madre -
- Vicente… Salvaste a mi familia. Y aunque ya sé que cobraste bien por ello, dime ¿Hay algo, que yo puede hacer para agradecerte? -
Vicente primero pensó en no pedirle nada. Pero luego recordó al hombre que se acababa de ir y en sus enormes orejas que la máscara no podía ocultar… Ese hombre y su grupo tenían casi setenta años protegiendo a esa mujer y a su familia y sabía muy bien como cobraban esa protección:
- Ya no quiero ser un asesino… -
- Es un hecho, Vicente -
- … Y también hay otra cosa… Sí no es mucha molestia… -
El milagro se le cumplió a Vicente 7 años después…

