Articles by LUBLLO

Nacido en Ciudad de México el 13 de diciembre de 1973. Vivo en el Centro del Espiral que no tiene final (Ciudad Juárez, Chihuahua)

Fue sencillo enrolarse en la vertiente la primera vez. Dejarse llevar por la corriente semanal al abrir la compuerta de las ideas y de las razones de las palabras, de los puntos, de las comas, de los sentimientos mas escondidos en el fondo de una caja de metal donde están las fotos y las hojas de cuadernos viejos. Es fácil imaginarse el detonar la bomba; inmediatamente la lluvia de ideas inunda cada rincón y es inevitable la referencia onírica, la que hace que cada día se escriba algo en automático.

 

Por lo general todo va fluyendo. Todo va trasponiendo a los lugares comunes y rápidamente el check list del viaje anterior evita que se  cometan los mismos errores: al menos se sabe que un sábado o un domingo se  puede esbozar un argumento que se verá influido por la desesperanza del lunes y habrá un sentimiento completamente no inspirado. El agua mojará  la cubierta de la nave entre martes y miércoles, cuando el resto de los navegantes ya encontraron  la vertiente y la hacen su aliada. Para ese entonces, las velas estarán gastadas, los motores enmohecidos y el capitán de la nave tendrá ganas de saltar por la borda.

 

Sin embargo, el jueves descubrirá entre las tres o cuatro de la madrugada la razón por la que pretende cada semana terminar la travesía (un raro sueño determinará la ruta más conveniente) y se despertará, utilizará el astrolabio, mirará la ubicación de las estrellas y descubrirá lo kitsch que puede ser el llegar al destino.  De vez en cuando sonreirá cuando se acuerde de aquel gato de porcelana con cuentas doradas. Será lo mismo que llegar al final.

 

Lo hará otra vez. Zarpará a la misma hora y en el mismo lugar.

Acostado en la cuna, con una mamila en la boca y succionando leche azucarada, viendo el pequeño carrusel colgante girar, percibe por cuarta o quinta ocasión los sonidos del tocadiscos. Son hermosas las vibraciones, las notas que salen de las bocinas. Mágicamente eso es lo que lo calma, pero de repente  la música se detiene y empieza una sucesión de sonidos que él jamás había escuchado.

Es lo más tarde de lo temprano: siete de la noche y el sol se ha metido rápido. Nadie ha prendido la luz del cuarto y los arbotantes de la calle se van encendiendo: luz amarilla y blanca que ahora juegan con las sombras que se forman en las paredes solas y sin voluntad: un elefante, una estrella, un círculo… el sonido de las bocinas ahora son gritos intensos, música de piano tocada al revés, frases sin sentido y sólo una de ellas repitiéndose intermitentemente… sus ojos se cierran y ven explosiones  de colores y se abren de inmediato y parece que las formas son llamas. Lo dulce en su boca se junta con lo amargo y hay algo que lo paraliza, lo electriza y lo cambia todo: violines de orquesta, un coro, unos acordes graves, sonidos de claxon, campanas, murmullo de gente…

-Number nine, number nine, number nine…

El llanto de un niño que se confunde con el quejido de un hombre, la risa de mil mujeres…

-Number nine, number nine, number nine…

Interferencia.

Su corazón late a mil por hora. La confusión no deja su mente, hasta que la última secuencia de voces lentamente desaparece.  

-¿Viste sus ojos cómo se movieron?- dice mamá. ¡Qué lindo es mi niño!

-Si. Sintió miedo. – dice papá.

De las bocinas el sonido de unas cuerdas sale y sin entender lo que ha pasado se queda dormido.

Mediombre.

La sentencia fue rápida…

Será condenado a ser un Mediombre. Será condenado a perderse y a repetirse en un laberinto y jamás salir de él o al menos una de sus partes. Sentirá lentamente cómo sus entrañas se desgarran. No tenga miedo. Esa sensación será dolorosa, pero placentera después de unos años: Imagínese su otra mitad navegando el Océano Índico, conociendo la razón de la sinrazón y muriendo y renaciendo con cada amanecer en Ulán Bator, mientras que, la otra, sobreviviendo día tras día las múltiples metamorfosis del ser y su mimetización al cotidiano;  a la taza de café amargo y al desayuno frío; al perder la cabeza en los sudokus y al revisar miles de cuentas con ceros que no son suyas y que vigila como el espantapájaros al centeno;  al  manejar por carreteras gastadas y llenas de carros como agua que circula en un río de luces rojas, blancas y amarillas.

Se preguntará el por qué de esta sentencia. Hace mucho que nos ha llamado la atención sus convicciones al lado oscuro; sus muchos intentos por desdoblarse, conectarse y reinventarse en diferentes formas, tratando de retar el principio de las cosas  (aunque casi lo logra). El alfa significa el inicio: Amor, amar, amputar, abolir, anterior, ajeno, ámpula, axioma, ángulo, antítesis, apología, analogía, ámbar, andante… almeja en un mundo gris;  ostra de los cielos que se desplaza en tierra y se asfixia.   

Así que, joven amigo, no se preocupe más de lo que pueda. Vivir a la mitad será su tarea y verá que no todo es mal; todo es bajo el cristal con el que mira: medio llena o medio vacía, una es la vida.

Mil formas despiertan. Una secuencia tras otra y todo, todo parce que se está desintegrando. Y sólo soy un dibujo en la pared.

El frío lo situó en Nueva York cuando despertó  en su cama del Hotel Sheraton. No supo cuando se quedó dormido: las imágenes, los sonidos y las texturas en la pared, principalmente las que le recordaban el porqué estaba ahí, le jugaron mil bromas. Su lengua parecía velcro y buscó desesperadamente la jarra con agua. De repente, como un flash, recordó lo que soñó entrada la madrugada.

(Mark sentado en el escritorio, leyendo The Catcher in the Rye. Holden Caulfield de frente)

-Mark D., eres un perdedor. Eres una gran mierda. Ahora lo necesitas hacer.

- ¡Ja! ¿Cómo hacerle caso a un mocoso como tú?

- Tendré dieciséis años, pero no soy un pendejo como tú: deseando ser yo. ¡Hazlo y punto!

(Mark se queda pensando.)

- Ya lo habíamos comentado… “Él conoció a donde fueron los patos en el invierno. Tú lo necesitas saber…” Perdiste una oportunidad de oro en octubre. En su cumpleaños. Fuiste una nena. ¡Marica!.

- ¿Por qué lo querré hacer?- Pregunta Mark, escribiendo en el libro “This is my statement…”

- Pon también: Holden Cauldfield

- Porque si lo haces, serás recordado  por todos. Serás “El hombre del Karma Instantáneo”.   Jai  guru deva om- replica Holden.

-Jai  guru deva om. ¡Ahora todos brillamos como la luna, las estrellas y el sol!¡Sí! De acuerdo, Holden.

Mark se asea, se viste y muerde una manzana.  Se sienta en el escritorio. Limpia su Revolver .38 y pone las balas con cuidado. Pone el arma, la cartera y el libro dentro de su pantalón. Se abriga  y sale del cuarto.

-Lo haré porque sí. ¡No hay ni una puta razón!- piensa.

Baja en elevador. En recepción  deja su llave y un mensaje.

-Si preguntan por mí, entregue este papel.

- Muy bien, Mr. Chapman.

Y sale del hotel.

Dios inventó el libre albedrío.

-¡Una buena estrategia…!

Sin embargo, es su arma de doble filo: por un lado el hombre ha crecido en sus habilidades cognitivas, ha desarrollado grandes inventos, ha viajado al espacio y ha generado la carretera virtual de la información; por otro, el hombre se ha olvidado del principio de las cosas y ha antepuesto la satisfacción que da el poder en su sentido más amplio creando sistemas basados en la explotación del hombre por el hombre mismo.

Es por ello que desde hace mucho este libre albedrío es “influido celestialmente” por un Consejo cuya tarea es la de provocar que la humanidad siga avanzando vertiginosamente en el orden del caos para así allanar el camino de Dios en la preparación de su siguiente paso.

Dentro del grupo existen diversas opiniones, pero hace poco concordaron en algo al poner su visión en México:

-¿Cómo es posible que teniéndolo todo, lo echen a perder?

- Malas decisiones, definitivamente.

- Es hora de la lección final. Utilizaremos el plan 8804.

-Mmmmm…. Severo. Demasiado severo. ¡ Es peor que la inquisición!

- ¡Adelante!

PLAN 8804.- Sale de sobra hablar de él. Sobresale que algunos distorsionarán su capacidad de decidir y fincarán sus esperanzas en un nuevo mecías que pronto dejará de brillar para decepción de algunos y beneplácito de muchos. Poco a poco los mexicanos se darán cuenta de lo que pasa cuando se escupe al cielo.

Por eso estamos como estamos donde estamos.

En serio: no puede haber mejor explicación a todo lo que pasa aquí.

Señal.

                          (…cuando todo esto suceda,

                                                                                         nunca  dejes de caminar

 al sur…)

Un estruendo. Un sonido hizo que dejara el sueño. Después, mis tímpanos vibraron sin control durante varios minutos en los que tardé en despertar por completo. No era la primera vez que soñaba lo mismo: Raquel  pidiéndome que nunca dejara de caminar al sur. Lo más extraño fue  que,  después de la separación y de buscarla a ella y a mis hijas  sin resultados, siguiera soñando lo mismo.  Lo atribuí a un efecto postraumático; a una imperiosa necesidad de sentirme en mi zona de confort que se desdibujó desde entonces y que fui reconstruyendo con cualquier indicio.

Al salir de mi casa,  percibí al sol que caía con fuerza desde temprano. El silencio en el ambiente era igual al que se percibía cuando la nieve se amontonaba en la ciudad, pero con calor. Me subí al carro y manejé hacía el trabajo. Fue por la radio que me enteré de lo que pasaba.

-…y no hay más futuro. Muchos se han ido. A las cuatro y media de la mañana un rayo estremeció al mundo… ha sido todo… ¡Qué Dios se apiade de todos los que quedamos…!

No tuve miedo.  Sólo recordé  la imagen de mi sueño recurrente. Descubrí el significado de la señal  y me arrepentí por no haber hecho más de lo que pude. Definitivamente ellas ya se habían ido. Me alegré por ello y derramé una lágrima. Seguí las instrucciones: saqué un poco de dinero y cargué gasolina. Las personas se arrodillaron  en las calles y se vistieron de blanco. Algunos sacaron sus espejos.  Muchos se congregaron en el desierto. Yo manejé al sur hasta que la mujer vestida de sol con la luna a sus pies apareció en el cielo.

Este tiempo ya  había comenzado.

“Es algo difícil de describir…” digo José Hernández Moreno y pensó en las noches de su niñez. Muchas veces se preguntó sí eran reales las estrellas en el cielo que veía en su pueblo natal, en California. “No lo puedo decir. Es muy distinto a lo que había imaginado…”. José habló por el micrófono intercomunicador de su traje espacial y las imágenes que la NASA transmitió mostraron el reflejo de una luz en su casco. La voz de José se entrecortaba por la emoción y por la interferencia.

Antes de viajar, José fue entrevistado por CNN. “La verdad no fue fácil. Me preparé para ser el mejor: sé pilotear aviones y desmantelar bombas atómicas; sé bucear y hablar ruso”. ” Cuando esté allá seré un hombre humilde en busca de paz y sabiduría”. “¡Claro que llevaré tortillas!”. ”Espero que haya muchas personas apoyándome en el despegue en Cabo Cañaveral”.

La vista era nítida. Se conmovió por la escena y se maravilló con los nuevos paisajes que percibieron sus sentidos. Vio nuevos colores y deseó intensamente guardar esas imágenes para escudriñarlas en su contexto terrenal. “Esto es tan bello que puedo volverme loco… ¡Tranquilo…!”

La luz iluminó lentamente el lugar donde estaba parado. Al fondo, La Tierra en el horizonte brilló resplandeciente. De un compartimiento de su traje sacó cuidadosamente un tubo telescópico y dos pedazos de tela. Desdobló el primero: las barras y las estrellas fueron inconfundibles. Extendió el segundo: el verde, el blanco y el rojo resaltaron al águila parada en el nopal devorando a la serpiente; armó el tubo, lo colocó sobre los ganchos y jaló del otro extremo. Levantó el pulgar…

El mundo entero supo en ese 2012 que José Hernández Moreno, siendo norteamericano, siempre tuvo a México en sus agallas.

Estados Unidos nunca lo superó…

-¿Una casa en el árbol?

- Sí. Eso quiero. Así que…

_ Si. Ya sé. Lo prometí, lo cumplo.

-Y sin chistar. La quiero en ese árbol.

-¿En ese árbol la quieres? ¡No inventes, Güera!

-Over there…

(What fuckin’ hell I’m doing here? )

Pinche Güera. Mientras atornillaba los pedazos de madera como mi padre y Pepe El Toro me dieron a entender un día, tú estabas sentada bebiendo. Nada más porque me  gustaste muchísimo, Güera. Desde que te conocí, accedí a realizar cada uno de tus deseos. Con sólo mirar esos ojos azul perdido, me volvías loco.- Güera, si me muero… ¿Quién te cantará esas rolas locochonas-?. Una casa del árbol para jugar a tener tu club.

-Güera, ya estás grande.

- No. Lo que estoy es pedísima. Sube el volumen

Mientras Black Hole Sun sonaba macizo te pusiste a bailar seductoramente, con la botella en la mano.

Eras la neta, Güera.

Cuando logré montar la casa en el árbol, dijiste:

-¡Vamos a inaugurarla como a un barco! ¡Le pondremos un nombre a la casa! A ver…a ver…le pondremos…

En ese momento, vi tus intenciones. Agarraste la botella y la estrellaste contra las ramas. Los pedazos cayeron en tus ojos. La felicidad que había en tu cara y la sangre un momento después formaron un remolino rojo del cual me acuerdo sólo cuando viene la idea de  que, ahora, el color se fue y el azul perdido no brillará más.

Mis hijos ahora juegan en ella, mientras escucho a Sound Garden en mi IPod.

 ¡Cuánto cambiamos, Güera!

Eras la neta.

-Le pondremos Fiorella, como a una vaca que ya nos comimos.