- Bob Cratchit fue siempre tu más meticuloso admirador, Ebenezer. Nada ha hecho que no aprendiera de ti.
- Marley, tú me dijiste que…
- ¡NADA! Sólo te pedí que no agregaras peso a tus cadenas, ¿creíste que una vida de pecado se lavaría con tres años de buenas acciones?
- Cambié de verdad, cada centavo que regalé…
- ¡IMBÉCIL! Quisiste paliar con migajas el dolor provocado por tus actos. Veinte años ayudaste a esos gordos miserables a inflarse de dinero a costa de impuestos robados a la Corona. ¿Y te dijiste sorprendido al conocer el destino final del oro que les diste?
- Nunca me di cuenta, tantos ladrones pasaron por el despacho ¿cómo habría podido reconocerlos? Sé que merecí tal deshonra; pero Fred…
- Fred, como Cratchit, siguió tus pasos. Si no fueras tan hipócrita lo querrías por ser tal como tú, lo amarías por superar tu ejemplo. ¿Defraudar a su propio tío, robarle su fortuna, dejarlo morir como corresponde a un usurero hijo de puta? Eso, Ebenezer, lo aprendió de ti. De su madre aprendió cómo es el amor, por eso pudo fingirlo. Fred Scrooge, digno portador del apellido.
- Tim… Timmy…
- Su muerte era inevitable, la enfermedad avanzó tanto en los años que su familia no tenía para comer… Patético, abrazar al niño asesinado por tu negligencia. El odio en los ojos de Cratchit, ¿cómo no lo viste? Scrooge y Cratchit, el nuevo despacho continuará nuestro legado: siéntete orgulloso, acepta lo que fuimos. Entre las llamas del infierno no hay mentira que se sostenga.
Un espectro envuelto en una túnica negra se llevó a Ebenezer Scrooge aquella noche. Los días siguientes la muerte del usurero provocó la risa y desdén de aquellos a quienes aprendió a querer los últimos años de su vida.

