Articles by Maria()

Soy una mujer que no sabe silbar, hacer bombitas con chicle ni describirse a sí misma.

Entre muchas otras cosas.

-Marica, qué asco. Vámonos ¿sí?

-Ay Juliana, no molestes. Sólo cinco minutos, estos papayazos no se ven todos los días. A ver, ve copiando:

“En extrañas circunstancias muere ciudadano bogotano. El pensionado Carlos Mendoza fue hallado el pasado sábado por sus vecinos. Su cuerpo desnudo fue encontrado con una bolsa plástica en la cabeza, por lo que se presume sufriría de asfixiofilia…”

-¿Asifixo-qué?

-Asfixiofilia, es cuando sólo se obtiene placer sexual si se obstruye la respiración durante el sexo, la masturbación en este caso.

-¡Ew! Manu, ¿tú crees que don Carlos era de esos?

-Pues hay gente para todo. Sigue escribiendo…

-No, no más, nos vamos ya de acá.

-Agh, no sé para qué te traje. Mira, terminamos esto, tomamos las fotos y nos vamos. Con esta chiva seguro me gano el ascenso en el programa.

“Las autoridades afirmaron que es probable que el occiso haya tenido un paro cardiaco mientras se estimulaba a sí mismo al tiempo que se asfixiaba y veía un documental en Animal Planet.”

-Idiota, el televisor está apagado.

-Lo prendemos.

-¿Estás loco? Si encuentran nuestras huellas nos van a acusar de matar a don Carlos.

-Estás viendo demasiado CSI.

-Y tú estás viendo demasiado Venus, ¿de dónde sacaste eso de la asfixo-cosa?

-Cultura general. Pero dime si no te gustaría, dicen que la falta de aire aumenta el placer, además hay que probar de todo en esta vida ¿no crees?

-Pues yo he probado muchas cosas, pero a eso no llegaría. ¡Cochino!, no toques el cadáver. ¿Qué haces con esa bolsa? ¡Manuel! Deja eso, me estás asustando.

 

-Mmmm, Manuel. ¡No pares!

 

Bogotá, Colombia.

Arrestado empleado de esta emisora por la muerte en extrañas circunstancias de su hermana y su vecino. Las víctimas del pasante Manuel Antonio Botero al parecer sufrían de Asfixiofilia, una parafilia que…

Era un miércoles como cualquier otro, quizá un poco más nublado. Ningún ser humano imaginaba lo que estaba a punto de suceder…

Primero, los niños empezaron a caer víctimas de una extraña somnolencia, sólo tomó unos cuantos segundos para que todos, absolutamente todos los niños de la Tierra durmieran profundamente con una sonrisa en su rostro, ante la mirada confundida de padres y maestros.

Fue entonces cuando comenzó lo realmente interesante. Alrededor del planeta la temperatura del ambiente aumentó uno quince grados y, repentinamente, las personas se sintieron invadidas por una sensación de tranquilidad y placer.

La ropa les quemaba la piel, así que se deshicieron de ella lo más rápido posible. Su respiración aumentó el ritmo y sin entender nada se miraron unos a otros, pero ya no podían razonar, su fuerza motriz era la lujuria.

Las filas en los bancos, los supermercados e incluso los templos se convirtieron de un momento a otro en la más descomunal de las orgías, donde hombres con mujeres, u hombres con hombres, mujeres con mujeres, y algunos desafortunados en soledad, se fueron consumiendo entre sudor y gemidos, para coincidir finalmente en una sorprendente explosión exotérmica.

Al instante siguiente: silencio total.

De esta forma, la humanidad se extinguió en un colosal orgasmo que científicos de toda la galaxia han intentado explicar y reproducir sin éxito alguno.

En la escuela de Macondo que alguna vez fuera el cuartel de su sobrino Arcadio, el coronel Aureliano Buendía aguardaba tranquilamente, perdiendo poco a poco la esperanza de que sus invitados llegaran.

-Talvez ya es muy tarde para todo esto –se reclamó el anciano-. Talvez no debí citarlos en este pueblo olvidado por Dios.
-O talvez no debió usted enviar a una señorita tan atravesada para reclutarnos –contestó Arturo Cova desde la puerta-. Coronel, un honor conocerlo.

Se veía agotado, la ciénaga que rodea a Macondo es casi imposible de cruzar, incluso para Arturo que se había enfrentado a la geografía amazónica, donde la selva decide quién es o no digno de penetrarla.

-¿Y Rosario? –. Indagó el coronel sirviendo un vaso de aguapanela al recién llegado.
-Se fue al Valle. Al ver que tardaba tanto decidí venir por mi cuenta.

En ese momento, tenía lugar en la hacienda El Paraíso esta conversación:

-Le repito señorita Rosario, me encuentro hundido en el duelo más profundo. No puedo colaborarle con la empresa que me propone.
-¿Sabés qué? Don Aureliano no necesita mariquitas como vos en su ejército. Por mí quedate con tu duelito. Suerte parcero.

Días después, mientras Arturo aprendía a fabricar pescaditos de oro, Rosario Tijeras llegó al pueblo. La guerrera, la de los besos con sabor a muerto, regresaba sola pero decidida a cumplirle al coronel la alianza que habían pactado tiempo atrás. Él quería recuperar la gloria de sus mejores días, ella amaba el poder.

-¿Encontraste a Efraín?
-El man no quiso unirse a la causa. Dizque anda de mucho luto por la tal María. Fresco patrón, sus pelaos y Cova son suficientes.

Aureliano acordó la partida esa misma tarde. Alejándose de su Macondo, consciente de que nunca volvería, pronunció las palabras que quedarían grabadas en Arturo, Rosario y su reducido pero fiel pelotón:

-Caballeros: ahora sí. ¡A acabar con esos hijueputas de las FARC!