¡Me lleva la chingada! Mi trabajo de milenios, ¿para que pitos sirvió? Siempre dije que los humanos eran estúpidos que no valía la pena tenerlos mucho tiempo aquí, pero como siempre a mi abuelo le importó poco mi opinión. ¡Claro!, como el siempre tuvo los mejores templos…
Regreso diez mil años después y con que me encuentro… aparte de que cada vez son más pendejos, ahora tengo que vivir entre ellos, fingir que soy una más, y si se me ocurre decir que soy quién soy, probablemente la bola de estupidos me acaben encerrando en un manicomio.
Ver un atardecer igual que antes, para estos, no es importante. Que las artes no dejan para vivir ¡pu-ta ma-dre! Quisiera de una maldita vez llevarlos al apocalipsis. Pero mientras esté aquí cuidando a mis hijas no puedo hacerles nada. Pero definitivamente ya me las pagaran.
De mi casa lo único que quedó fueron unas cuantas piedras, del lago frente al que nací estos lo convirtieron en presa y por ende ya lo secaron, mis mascotas escondidas, no vayan a confundirlas con dinosaurios, mis joyas en el vaticano. Chale.
Ahora solo me queda fingir que soy como ellos sin la seguridad de estar detrás de un cristal, ir al mercado, limpiar yo misma la casa (pues los sirvientes ya no son lo que eran y ya ni el consuelo de los esclavos nos queda).
¡Eris, madre, disfrazarme de humana ya no es divertido, regresanos a casa!

