Continuación de The Last Twilight.
Han pasado seis horas desde que el agujero brana los trajo de regreso a NGC-1300. Seis horas en las que el silencio ha sido la única constante.
Sitlvana con la cabeza hundida entre las manos sigue derramando lágrimas; Tridensky, acostado boca arriba se toma la parte superior de la nariz con una mano, la otra descansando sobre su vientre, mantiene los ojos cerrados. Raddax, manipulando la consola se ha sumido en cálculos innecesarios, comprobaciones de rutas, vías alternas, escenarios y condiciones para la llegada a T-Horto.
-¡Listo! Estoy harto de esta falsa nostalgia, ¿por qué sentirnos mal por un lugar en el que nunca pusimos un pie? Dejamos ese planeta hace nueve punto siete milenios-E, ni siquiera puedo pensar a cuantas generaciones equivale eso – dice Ebvre, representante del gobierno central encargado de supervisar la misión.
Todos lo miran, sin embargo, la expresión de cada uno es diferente: Tridensky parece molesto, Sitlvana es la ejemplificación física de la incredulidad, Raddax le dedica una mirada seria, inexpresiva.
-¡¿Qué?! Puede que nunca haya puesto un pie en ese lugar, pero ahí es donde nacimos, de ahí venimos, fue nuestra incubadora, ¿no entiendes lo importante que fue ese planeta para nuestra civilización? ¿Nunca te dieron ganas de haberlo visitado en sus momentos de mayor esplendor? – responde Sitlvana visiblemente ofendida.
-¿Visitarla? Hemos terraformado T-Horto perfectamente, tenemos absolutamente todo lo bueno que había en ese planeta en sus mejores momentos y nada de lo malo – dice Ebvre levantando la voz.
-¿Nada de lo malo? Aquí estamos, nosotros acabamos con ese planeta, si tuvimos que demolerlo fue por nuestra culpa, como raza, ¿o acaso…
-¡Silencio! – interrumpe Raddax con un grito, -hemos llegado, hora de abandonar la nave – dice un poco más tranquilo.
Uno a uno los integrantes de la tripulación salen de la semiesfera que los transportaba, la misión fue un éxito pero esta vez no hay aplausos, no hay alegría en el cumplimiento de esta tarea. La raza humana acaba de destruir la mayor prueba de su estupidez.

