Llueve y veo a la gente en la calle correr a resguardarse, y mientras yo sonrío, yo no quiero ser adulta, aún puedo disfrutar de la lluvia; apuro el paso, se que tu ya estás ahí, mojándote igual que yo, pero se que eso a ti no te importa, tienes 16 años y se que lo disfrutas. Llego a este lugar que es en donde siempre nos encontramos, y donde siempre nos encontraremos cada verano, de repente recuerdo: “Alejandra, tu eres bonita, lo eres para mi”, palabras que a alguien como yo, una muchacha de 15 años insegura, sonaron a la mas perfecta declaración, quería que tu te fijarás en mi, tú mi vecino, mi mejor amigo, mi primer amor, y maravillosamente se realizó, en una tarde de verano como esta, en una tarde en la que la lluvia nos empapó por completo y mis lágrimas se mezclaban con la lluvia “nadie me considera bonita”, te decía, y de repente, me tomaste de la mano y me dijiste lo que sentías por mi, y luego, sentados bajo el durazno que estaba en tu jardín, me hiciste una promesa: “lo nuestro durará para siempre”, y te creí, desde el fondo de mi corazón, te creí, y aún te creo, aún ahora que han pasado muchos veranos, aún ahora que he tenido que crecer, aunque en mi corazón he elegido por voluntad propia la juventud, juventud que compartí contigo y que seguiré compartiendo, porque como aquella vez, en que mis lagrimas se mezclaban con la lluvia, de la misma manera lo hacen ahora, que me encuentro aquí, me pongo de rodillas y comienzo a sentirme reconfortada, abro los ojos y leo:
Alberto Muñíz Domínguez
1979 – 1995
Descanse en Paz.
Finalmente sonrío. Te creo, siempre te creeré. Lo nuestro durará para siempre.

